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MALABARES ENERGÉTICOS

La contaminación en China constituye uno de los mayores focos de descontento social y, eventualmente, podría cuestionar la capacidad de sus autoridades para mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos. El Gobierno, consciente de la urgencia de mejorar esta situación, anunció en el plan quinquenal de 2015 que doblaría la producción eólica y quintuplicaría la solar. Con ello pretendía reducir  el uso intensivo del carbón que todavía supone un 65% de la mezcla energética del país, y que le convierte en el mayor emisor de CO2 del mundo.

Gracias a las fuertes inversiones estatales y al impulso de la producción propia, China se ha convertido en el país con más potencia eólica y solar instalada. Además, es el mayor productor y consumidor de tecnología para renovables.

Sin embargo, esta capacidad para generar energías limpias no está siendo aprovechada en toda su extensión debido a varios factores. En primer lugar, la mala ubicación de los parques energéticos, que se encuentran situados en la región noroeste, principalmente Gansu, Xinjiang y Tibet, alejada de las zonas más pobladas de la costa, y por tanto las que mayor demanda presentan. En segundo lugar, la deficiente red de distribución, con pérdidas de hasta el 30%, y la baja calidad de las turbinas eólicas y paneles solares instalados, cuyo rendimiento es mucho menor que el de los fabricados en Europa o EEUU.

En tercer lugar está la resistencia de los lobbies de las energías fósiles y de los gobiernos locales. Los primeros defienden sus privilegios, mientras que los segundos tratan de proteger el empleo que genera el sector de carbón, que se compone de pequeñas industrias diseminadas por todo el país. Esto provoca que los gobiernos locales prioricen la distribución de la energía procedente de fuentes fósiles, y explica la existencia de parques eólicos y solares preparados para producir energía limpia que no se conectan a la red.

Este conjunto de limitaciones en el uso de energías renovables es lo que se conoce como “curtailment”, y son las responsables de que China, con el doble de potencia instalada que EEUU, tenga prácticamente la misma capacidad de generación.

Por tanto, mientras que mejorar la ubicación de los nuevos parques, aumentar su rendimiento, o evitar pérdidas en la distribución, constituyen una cuestión técnica de la que ya está ocupando el gobierno de Pekín, conectarlos a la red (y en que medida) es una cuestión política que dependerá de la osmosis existente entre el descontento generado por la contaminación y el provocado por la falta de empleo. Pero los gobernantes chinos, con Xi Jinping a la cabeza, ya nos tienen acostumbrados a este tipo de malabares, donde tratan de  compensar reformas y desempleo o inversión y deuda. Aunque siempre con un denominador común, evitar la inestabilidad social que deslegitime al Partido y pueda hacerles perder el poder.

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