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China: auge de las firmas y artículos de lujo. Nieves C. Pérez Rodríguez

Mucho se ha hablado sobre el crecimiento espectacular que ha experimentado China en los últimos años. Hay quienes afirman que será la economía más grande del planeta antes de lo previsto. Su presencia internacional es cada vez más fuerte y su voz cada día más clara. Y a pesar de que siguen definiéndose a sí mismos como socialistas, gobernados por un partido comunista, los números demuestran que son el Estado que practica el capitalismo más agresivo, siendo el primer exportador e importador de bienes y la primera potencial industrial.

Una prueba de este espectacular desarrollo económico es el consumo de artículos de lujo y el auge de las casas de moda de renombre en su territorio. Aunque son 20 años los que llevan celebrando la semana china de la moda en Beijing, esta última edición consolidó su posición global y contó con la presencia de más de 520 firmas de diseño.

Según la academia china de ciencias sociales, ya en 2010 el mercado de artículos de lujo había aumentado a 9,4 billones de dólares. Y hoy en día, los consumidores chinos son responsables de un tercio de las compras de lujo en el mundo, que hasta hace muy poco se hacían en su mayoría en París. Las principales urbes chinas cuentan con boutiques de primeras marcas, pero los precios en su territorio han sido siempre mucho más elevados que en el exterior. Y a pesar de que en el último año los precios de estos artículos han bajado considerablemente, según los cálculos hechos por el Financial Times, se estima que seguirán estando alrededor del 40% por encima comparado con otras ciudades del mundo, debido a los elevados impuestos que el gobierno chino les impone.

A principios de este año Bain & Co. publicó un estudio que demuestra que tanto las joyas como los bolsos de firmas de lujo aumentarán sus ventas entre un 2 y un 4%, lo que representa unos 290 billones de dólares sólo en el año 2017, aumento que se debe al creciente interés de los consumidores chinos en estos productos. Estos números despertaron rápidamente interés en las plataformas de venta digital, como Alibaba, que ha lanzado un departamento de lujo en su web. Asimismo, otro fenómeno paralelo es el de los blogs que se han sumado a esta tendencia en crecimiento. Jóvenes blogueras chinas han comenzado a aconsejar a sus seguidores dónde comprar piezas de ropa de moda y como combinarlas, a lo que las grandes firmas han respondido con contrataciones para publicitar sus productos directamente a través de sus blogs. Según la revista Forbes, el sentido chino de sus derechos, después de tantos años de economía utilitaria, es especialmente fuerte cuando se trata de adquirir experiencias únicas, y qué mejor que caprichos que están reservados sólo para pocos bolsillos.

Los gustos excéntricos son una demostración de poder económico, sin lugar a dudas. En un viaje que hice a Zambia en el 2011, pude percibir la influencia china en Lusaka, desde las obras de infraestructura hasta los anaqueles del supermercado. Pero como si todo eso no fuera suficiente, me llamó especialmente la atención que los inversionistas chinos tenían especial interés en hacerse con las piedras preciosas de gran dimensión, y Zambia como el segundo país productor de esmeraldas del mundo, vende sus piedras más valiosas a chinos que las usan como objeto decorativo en sus hogares, como símbolo de status y posición económica. Lo mismo sucede en Madagascar, en donde compran por un valor irrisorio zafiros multicolores que se extraen en el sur de esta isla, así como las maderas más codiciadas en el mercado internacional, extraídas ilegalmente de sus bosques, para elaborar muebles finos.

En una sociedad tan numerosa, que ha tenido un crecimiento económico tan acelerado, hay una imperiosa necesidad de parecerse más a occidente, y demostrar con objetos su liquidez. El gigante asiático adelantó en el consumo de bienes de lujo a Japón en 2012 y con ello ha acelerado el crecimiento de este sector a nivel mundial. Lo mismo ocurrió con los vinos cuando empezaron a consumirlos, pues hoy se estima que unos 38 millones de chinos son consumidores asiduos de vinos. Queda claro que cada día son más los chinos que pueden permitirse una vida de confort donde el dinero no representa una traba, a pesar de que aún 55 millones de sus ciudades siguen viviendo en una precaria pobreza, según datos del banco mundial.

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