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Estas son las razones por las que China compra equipos de fútbol europeos (2). Miguel Ors Villarejo

“Mi gran sueño es que el fútbol chino se convierta en uno de los mejores del mundo”, proclamaba en 2015 el presidente Xi Jinping. Los motivos de este anhelo no están claros, como es habitual en los regímenes autoritarios. Influye sin duda que Xi “es un gran aficionado”, explica Ned Kelly, “pero el juego es asimismo un instrumento de poder blando, un modo de presentar un rostro amable ante una comunidad internacional que mira a China con suspicacia”.

La decisión tiene también una justificación económica. “El crecimiento de doble dígito ha perdido fuelle”, escribe Mark Dreyer. El Gobierno ha explorado nuevas áreas de desarrollo y ha visto un gran potencial en el deporte. “Pekín quiere que esta industria aporte 750.000 millones de dólares en 2025, lo que la convertiría en la mayor del planeta”.

Finalmente, Charlie Campbell no descarta que tras el anuncio se oculte el deseo de “distraer a la población” de la languideciente prosperidad.

Sea como fuere, Pekín ha lanzado un pormenorizado plan de 50 puntos que, por fortuna para ustedes, voy a resumirles en tres: clasificarse para Rusia 2018, organizar un Mundial y, finalmente, ganarlo antes de 2050.

De momento, el primer objetivo ya está descartado. La selección ha caído en la fase previa, a pesar de la contratación de un entrenador de la talla de Marcello Lippi.

El segundo parece más asequible. A raíz de los escándalos protagonizados por Sepp Blatter, la FIFA lo estaba pasando regular para encontrar financiación, porque las multinacionales europeas y estadounidenses son muy sensibles al riesgo reputacional. Pero eso no ha sido nunca un inconveniente para las chinas, y Vivo, Wanda y Hisense han accedido encantadas a patrocinar el campeonato de Rusia.

En cuanto a ganar un Mundial hacia 2050, queda por delante una labor ciclópea. “Nuestro equipo nacional es un chiste”, admite con pesar en The New York Times un aficionado de 16 años. Es lo mismo que, más educadamente, sugieren los números. En el ranking de la FIFA, China ocupa el puesto 62, justo por debajo de Jamaica, una modesta isla de tres millones de habitantes.

Para sacar al fútbol patrio de su postración, Xi va a construir 70.000 terrenos de juego y multiplicar por 10 las 5.000 escuelas actualmente existentes. Además, se ha propuesto que en 2020 haya 50 millones de jóvenes federados y ha fichado a técnicos de todo Occidente para entrenarlos.

La última pieza de esta operación son las compañías, que han reaccionado como cabía esperar en un régimen donde la rentabilidad depende de lo bien que uno se lleve con las autoridades. (Continuará)

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