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INTERREGNUM: Trump en Asia. Fernando Delage

El 3 de noviembre, Trump comienza su segundo gran viaje al exterior, con una gira de 12 días que le llevará a cinco países de Asia. Además de los tres grandes del noreste asiático—Japón, China y Corea del Sur—, el presidente norteamericano visitará dos naciones del sureste de la región—Vietnam y Filipinas—para asistir a dos cumbres multilaterales.

En los tres primeros predominará la agenda bilateral. Comercio y seguridad ocuparán la mayor parte de su tiempo con Shinzo Abe, Xi Jinping y Moon Jae-in. Tras su victoria electoral del 22 de octubre, un Abe reforzado políticamente tratará de convencer a Trump de lo inviable de su política comercial: Japón, como la mayoría de las economías asiáticas, necesita mayor liberalización e integración, y preferiría evitar una excesiva dependencia del mercado chino. El primer ministro surcoreano tendrá que emplearse a fondo también para que Trump no añada el acuerdo de libre comercio Estados Unidos-Corea del Sur (KORUS) a la lista de los pactos, encabezados por NAFTA, que quiere deshacer. En China, cuyo superávit comercial con Estados Unidos el presidente no ha dejado de denunciar desde la campaña electoral, quizá desvele por fin cómo piensa responder. Con los tres líderes, Trump discutirá asimismo la evolución del desafío norcoreano, para concluir, lo reconozca o no, que carece de opciones de actuación en solitario.

Tras diez meses en la Casa Blanca, el principal problema asiático de Trump es la ausencia de una política. Ni en el departamento de Estado ni en el Pentágono se ha nombrado aún a los responsables de Asia, mientras también siguen vacantes muchas de las embajadas de Estados Unidos en la región. Tampoco se ha expuesto una estrategia articulada sobre los objetivos de la administración. Se espera con notable expectación, por tanto, que en su discurso en Vietnam, donde Trump asistirá a su primera cumbre del foro de Cooperación Económica del Asia-Pacífico (APEC), anuncie su visión de Asia y cómo propone defender los intereses norteamericanos en un contexto de profunda transformación. Asia nunca ha sido más importante para el futuro económico y diplomático de Estados Unidos y, sin embargo, se acelera la percepción de debilitamiento de su posición. La Casa Blanca quiere apartarse de las propuestas de Obama y su famoso “pivot” hacia Asia, pero lo que ha provocado ha sido un vacío de un año tras el abandono del TPP, letal para su credibilidad.

Un anticipo de lo que pueda decir Trump lo ofreció su secretario de Estado, Rex Tillerson, en un discurso pronunciado en Washington el 18 de octubre, en vísperas de su primer viaje oficial a India. Fue algo más que un examen de las relaciones entre las dos mayores democracias del mundo. Tillerson volvió al discurso de administraciones anteriores sobre un orden regional libre y abierto, y “basado en reglas”. Aunque de manera poco explícita, también dio a entender que Washington va a reaccionar a la iniciativa china de la Nueva Ruta de la Seda, y que, ante la redistribución en curso del poder internacional, India será uno de sus principales socios de preferencia. Cabe esperar que, en su intervención en Vietnam, por fin Trump anuncie cómo Estados Unidos va a intentar abrirse un espacio en Eurasia para equilibrar las ambiciones económicas y geopolíticas chinas.

En Filipinas, Trump no asistirá a la Cumbre de Asia Oriental, segunda gran cumbre anual multilateral en Asia, a la que Estados Unidos se incorporó en 2010, y que Obama trató de reconvertir en el principal foro regional de seguridad. Aunque es el único proceso, junto a APEC, que reúne a los jefes de Estado y de gobierno, la ausencia de Trump en su primera convocatoria es difícilmente justificable. Al menos, participará la víspera en la cena de conmemoración del 50 aniversario de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN), institución que ocupó un papel relevante en la estrategia asiática de Obama pero que ha ignorado hasta la fecha la actual administración. Quizá tras sus conversaciones con Rodrigo Duterte, Trump pueda afinar sus ideas al conocer de primera mano la percepción local sobre el ascenso de China y sobre lo que se espera de Estados Unidos.

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