Sun

El Alquimista Impaciente. Juan José Heras.

(Foto: Serge Jespers, Flickr) La semana del 13 al 17 de noviembre tuvo lugar en Tenerife el Congreso científico SHIFT 2017 (www.shift2017.es) sobre las aplicaciones que la modificación del espectro de la luz tiene en biomedicina y energías renovables. 4ASIA asistió al evento para conocer de primera mano cuales podrían ser esas aplicaciones y qué papel juega Asia, y especialmente China, en la investigación y el desarrollo científico.

Estas conferencias, organizadas por la Universidad de La Laguna (ULL), bajo la dirección del profesor del Departamento de Física Jorge Méndez, reunieron a investigadores de 64 universidades y 27 países que expusieron sus últimos avances científicos. Algunos de ellos permitirán, entre otras cosas, construir en el futuro centrales solares más eficientes o diagnosticar y curar tumores cancerígenos sin necesidad de intervenciones quirúrgicas.

¿Pero en consisten exactamente estas investigaciones? Según explicó el profesor Méndez, de forma didáctica y comprensible para los profanos, “el sol es como una naranja que al exprimirla nos da zumo, pero nos dejamos mucha pulpa de la que todavía se puede sacar provecho”. La luz del sol es el zumo de la naranja y la pulpa es el infrarrojo, que no es visible pero constituye un 50% de la radiación solar. Mediante determinados materiales luminiscentes se puede transformar la luz del infrarrojo en luz visible, que si aprovechan los paneles solares. El problema es que, de momento, no se ha conseguido una técnica lo suficientemente buena que permita recuperar toda la pulpa de la naranja y es, precisamente en eso, en lo que trabajan algunos de los mejores físicos del mundo.

Pero no todos los especialistas asistentes al congreso buscaban la “pulpa de la naranja” para mejorar la eficiencia energética, otros estudiaban cómo aprovecharla en aplicaciones biomédicas. Aunque pueda parecer sorprendente, también en este campo se puede aprovechar la luz. De forma muy gráfica, Jorge Méndez encendió la linterna de su móvil, luego acercó su dedo índice hasta tapar completamente el foco de luz y este se volvió rojo. “El dedo de ET” dijo bromeando, mientras explicaba que la luz infrarroja es capaz atravesar los tejidos del cuerpo humano sin dañarlos. Esto permite depositar nano-partículas en las zonas afectadas por un tumor y activarlas mediante radiación infrarroja, facilitando así el diagnostico e incluso la eliminación de las células cancerígenas. Es una forma de actuar de manera selectiva sobre las zonas dañadas y evitar la cirugía. También se está aplicando a la investigación de enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer.

Y eso es lo fantástico de este congreso que, utilizando la Física como aglutinante, ha reunido a científicos de sectores tan diferentes como las energías renovables y la biomedicina. El programa incluía la visita al ITER (Instituto de Energías Renovables), al Centro de Supercomputación y al Observatorio Astronómico de Tenerife. Canarias, además de ser un atractivo destino turístico, es también un polo científico muy relevante dentro de España.

En la organización del evento han colaborado la Universidad de la Laguna (ULL), el Cabildo de Tenerife, el Ayuntamiento de Costa Adeje, la Zona Especial Canaria (ZEC), el ITER (Instituto Tecnológico de Energías Renovables) o PROEXCA (Promoción Exterior Canaria). Esta última es una entidad pública encargada de promocionar la inversión en las Islas Canarias y, su presencia en SHIFT2017 estaba orientada a informar a las empresas tecnológicas que asistieron acerca de las ventajas fiscales que tendría establecerse en Tenerife, tal y como explicó su responsable, Carmen Sosa, a 4ASIA.

En las jornadas también participaron empresas especializadas en la comercialización de instrumentos científicos, como Edinburgh Instruments, Optical Materials, o el interesantísimo proyecto de Woopix. Se trata de una iniciativa que nace de la ULL y que, tal y como explicó José Manuel R. Ramos, aprovecha la corrección de fase de onda (aplicada tradicionalmente en astrofísica) para mejorar el enfoque de fotos tomadas en condiciones difíciles, borrosas, bajo el agua, etc. Woopix ha desarrollado algunas aplicaciones para teléfonos móviles con un resultado realmente asombroso, lo que les ha llevado a conseguir financiación en el extranjero y les está permitiendo retener el talento de muchos investigadores españoles. Un buen ejemplo de aprovechamiento del conocimiento especializado aplicado al mundo de la empresa.

Asia ha tenido un lugar destacado en estas conferencias científicas. Asistieron investigadores de 27 países diferentes, incluidos Corea, Japón, Singapur y China, que forman el pelotón de cabeza del continente. Los tres primeros tienen una trayectoria científica reconocida a nivel internacional. China en cambio, es un recién llegado que se está abriendo camino a pasos agigantados entre las potencias científicas más consolidadas. Y lo está haciendo como todo, con las “características chinas” que le confieren su descomunal tamaño, población, economía y sistema político.

Antes de entrar en la valoración que la comunidad científica tiene de China conviene echar un vistazo a algunos datos que nos permitan situar su ascenso en el ámbito de la investigación y desarrollo (I+D). Actualmente el segundo país a nivel mundial en I+D, aportando el 20% del gasto global en este ámbito, solo por detrás de EE.UU. que aporta el 27% del total. En este sentido, según la Agencia de Ciencia y Tecnología de Japón, China y EE.UU. serían los dos países más influyentes en cuatro de los ocho campos científicos principales. China gana la partida en Informática, Matemáticas, Ingeniería y Ciencia de Materiales mientras que EE.UU. lo hace en Física, Medioambiente y Medicina clínica.

Asimismo, según el índice mundial de innovación publicado en 2016, China estaría ya entre las 25 economías más innovadoras del mundo. Un ranking encabezado todavía por Suiza, Suecia, Reino Unido, EE.UU., Finlandia y Singapur, pero en el cual aparece por primera vez China, un país de ingresos medios entre las economías altamente desarrolladas. En cuanto a la calidad de la innovación, China también mejora su posición, situándose en el puesto 17, seguido de India. Este ranking, liderado por Japón, EE.UU., Reino Unido y Alemania, es un indicador de alto nivel que tiene en cuenta el nivel de las universidades, el número de publicaciones científicas y el número de solicitudes internacionales de patentes.

Como datos más técnicos que significativos de la situación global de la investigación científica en China, resulta interesante destacar que la revista Nature designo este año a Pekín como la capital que más contribuye al desarrollo científico, por delante de Paris, Nueva York y Cambridge. Shanghái aparece en quinto lugar. Tampoco deja indiferente que, en su intento de reproducir el éxito norteamericano de Silicon Valley, China esté planificando la construcción de una ciudad de la ciencia, como ya hicieran en el pasado sus vecinos de Japón y Singapur. Pretenden que el proyecto se complete en 2020 y, según las autoridades chinas, concentraría a los mejores investigadores, científicos nacionales, universidades, institutos de innovación y centros de I+D internacionales.

¿Cómo ha conseguido China avanzar tan rápido en el ámbito científico?

En los últimos años China ha tomado una serie de medidas para acelerar su transformación de país manufacturero a centro mundial de innovación, siguiendo las directrices políticas para convertirse en una “nación de innovación” para 2020, líder en 2030 y potencia en 2050.

En este sentido, ha lanzado planes gubernamentales (Clase mundial 2.0, proyecto de los 1.000 Talentos, etc.) que proporcionaban financiación y medios para la investigación, al tiempo que trataba de recuperar los científicos formados en el extranjero para aprovechar su conocimiento y experiencia. Asimismo, ha establecido una red de parques tecnológicos y ha ofrecido apoyo financiero a las empresas encargadas de transformar los avances científicos en productos y servicios.

Sin embargo todavía les queda camino que recorrer. Aunque China ocupa el tercer puesto mundial en registro de patentes, el porcentaje de transferencia tecnológica evidencia un gap entre la investigación académica y su utilización para obtener resultados comerciales. Asimismo, aunque China tiene el mayor número de publicaciones científicas del mundo, su calidad todavía está algo por debajo de la media internacional (medida por el número de veces que se cita a sus investigadores). También se mantienen las trabas burocráticas y administrativas que provocan una excesiva supervisión y control gubernamental.

Aunque parece que Trump está empeñado a ayudar al Imperio del Medio. Cómo se explica si no su política basada en recortes presupuestarios, cuotas de inmigración (que afecta también a los investigadores extranjeros de los que se nutren los centros de investigación norteamericanos), o la falta de liderazgo político, como demuestra que todavía no haya sido designado un Consejero Presidencial de Ciencia. Pese a todo, EE.UU. todavía sigue siendo el destino predilecto por los estudiantes asiáticos para realizar o complementar su formación académica.

¿Qué piensan los investigadores de la comunidad científica internacional sobre el papel de Asia en el ámbito del I+D? Tras realizar numerosas entrevistas a los asistentes al Congreso SHIFT2017, se constató que existe un consenso respecto a que China ha avanzado muy rápido en el ámbito científico, aumentando tanto la cantidad como la calidad de sus investigaciones. Sin embargo, se percibe una gran disparidad en términos de calidad, dependiendo de la universidad china de procedencia.

Respecto a su proyección de futuro existen diferentes sesgos en función de si la valoración corresponde a los países asiáticos o si procede de Europa o EE.UU. Los primeros presentan más dudas sobre la preeminencia científica de China a corto plazo, mientras que los segundos son mucho más optimistas en sus previsiones, apuntando incluso que ya han superado a Occidente en algunas especialidades científicas.

En cualquier caso, y así se pudo comprobar durante las conferencias, la comunidad científica internacional tiene una gran predisposición, y quizá también necesidad, de compartir sus resultados para avanzar en sus investigaciones. En este sentido, es muy esperanzador que la base científica internacional colabore de manera tan eficaz y sea capaz de mantener a cierta distancia las cuestiones políticas que impregnan muchos otros ámbitos de la sociedad.

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Primer aniversario de un proyecto en marcha

Hace poco más de un año, un grupo de amigos interesados en ver y analizar lo que ocurre en la región de Asia Pacífico nos pusimos en marcha con 4Asia. Con más entusiasmo que recursos logramos poner en pie esta pagina y traer a ella a unos colaboradores que se encuentran entre los principales expertos en esta región del mundo que ha ido ganando importancia económica, política y geoestratégica y de la que España no puede ni debe estar ausente en la medida de sus posibilidades. Unos colaboradores que, cada semana, desde Madrid, desde Washington, desde Sevilla y desde los diversos puntos a los que les llevara su actividad profesional de analistas y expertos han acudido puntualmente a su cita con 4Asia.
Un año después podemos decir con orgullo que hemos consolidado el proyecto y queremos comenzar una nueva fase. Además de ofrecer cada semana una serie de artículos sobre los acontecimientos de aquella región, queremos presentar 4Asia en público y hacerlo con un debate sobre el principal punto de tensión de la zona y, en este momento, del mundo, dadas las fuerzas y las circunstancias que concurren. Hablamos de Corea del Norte y queremos organizar estos debates varias veces al año.
El viernes 1 de diciembre os convocamos en Madrid (Hotel NH Paseo de la Habana) a un debate que hemos titulado Corea del Norte: ¿La guerra que viene? en el que hablarán dos colaboradores de 4Asia y dos expertos más sobre la situación geostratégica, el papel de China y el análisis de la política exterior de Estados Unidos y el liderazgo de Donald Trump.
El acto tendrá dos partes: una de ponencias de los expertos y otra de coloquio entre ellos en el que queremos que participe al público asistente con sus dudas, interrogantes o ideas sobre un problema que puede arrastrar al mundo a un conflicto de gran envergadura en un escenario cambiante. Ahí estaremos.
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Las bodas de oro de la ASEAN contaron con la presencia de Trump. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La década de los 60 vio el comienzo de los acuerdos comerciales en la región asiática. La Asociación de Naciones del Sudoeste Asiático (ASEAN por sus siglas en ingles), inició la tendencia de agrupaciones que bajo la búsqueda de un bien común consiguieron unirse, y con el paso del tiempo crecieron en número de miembros. A partir de entonces, muchas otras organizaciones, sobre todo de tipo económico, se han creado en el Pacífico.

Donald Trump acudió a la cumbre que celebró los 50 años de la ASEAN, donde remarcó la visión económica de su Administración, basada fundamentalmente en el unilateralismo y en segundo lugar, pero no menos importante, en el hecho de que nadie es dueño del mar y de que la libertad de navegación y sobrevuelo de los mares son críticos para la seguridad y prosperidad de las naciones del mundo.

Fue éste crucial punto el que llevó a los líderes de Australia, India y Japón a reunirse para discutir este compromiso y presentarse unidos para defender este derecho fundamental de la Convención de Ginebra.

Cuatro miembros de ASEAN, Filipinas, Vietnam, Brunei y Malasia, se disputan varias islas con China en esta zona marítima, en un contencioso en el que China apela a sus derechos históricos y que en el pasado ha puesto al descubierto las diferencias internas entre sus diez socios. Y en que la voz firme de Estados Unidos vino a marcar un gran momento, donde se dejó por sentado su liderazgo en la región, así como también el respeto por la libertad de tránsito marítimo y las decisiones del tribunal de arbitraje de la Haya y los fallos en los que ha desestimado las pretensiones chinas. En este punto la administración Trump ha sido consecuente con la política exterior estadounidense de los últimos 60 años.

La ASEAN reúne 622 millones de habitantes y aspira a elevar su PIB conjunto hasta los 4,7 millones de dólares en 2020 para así convertirse en la cuarta potencia económica del mundo en 15 años. En 2015, la economía global de los diez países alcanzó los 2,43 billones de dólares, mientras que las previsiones de crecimiento son del 4,8% para este año, según cifras oficiales de la organización.

De acuerdo con el experto Alberto Solares Gaite, los procesos de integración en Asia han sido radicalmente opuestos a los que ha experimentado Occidente. Las agrupaciones asiáticas se han caracterizado por el desarrollo de pocas instituciones y de mecanismos de bajo compromiso. No existen acuerdos oficiales, los vínculos comerciales y financieros se han llevado a cabo de modo fáctico entre los países de la región. Lo que se conoce como integración “silenciosa”, en las que se fomenta sobre todo los agentes microeconómicos, pese al bajo perfil de los gobiernos.

Mireya Solís, experta en Asia del Instituto Brookings sintetizó el viaje asiático de Trump en estas palabras: “Su Administración está fundamentalmente redefiniendo la estrategia y el rol de Estados Unidos en el comercio internacional y cambiando la diplomacia de intercambios.  Si hay que reconocerle algo es que fue consistente en cada uno de sus paradas en su gira por Asia, rechazando explícitamente el multilateralismo, sin dobleces en sus palabras, y explicando que Estados Unidos apuesta por tratados bilaterales, y que todos los países interesados en negociar con Washington son bienvenidos a sentarse en una mesa a dos partes”. Mientras que Xi Jinping, en su intervención en la APEC, dejó claro que China está a favor del multilateralismo, convirtiéndose en el nuevo y gran líder que apoya los acuerdos multilaterales de libre comercio sin exclusión.

Tal y como afirmó Trump al regresar a casa la semana pasada, el viaje a Asia tuvo tres objetivos: unificar el  mundo en contra de la amenaza nuclear del régimen norcoreano, afianzar las alianzas políticas y económicas estadounidenses en el Indo-pacífico, nuevo término que demuestra una nueva visión de la región, y, por último, intercambios comerciales justos y recíprocos, que, en otras palabras, viene a decir acuerdos donde la Administración Trump pueda imponer sus reglas y no ceder frente a la presiones de bloques económicos ya establecidos. Sin lugar a dudas, estamos frente a una nueva diplomacia de intercambios.

Rock-em Sock-em robots as still life in the studio on black. Lit by a snooted light overhead and a grated light to the right. ©2009, Ariel Waldman

INTERREGNUM: El multipolarismo que viene. Fernando Delage

Desde hace ya unos años, Australia se ha convertido en un revelador sismógrafo de la dinámica asiática. De manera más extrema que otros de sus vecinos, el país se encuentra ante un dilema sin precedente: su principal socio económico y motor de su prosperidad—China—es el gran rival de su principal aliado de seguridad y clave de su defensa, Estados Unidos. Quizá esta circunstancia explica que sea en Australia donde pueden encontrarse algunos de los más agudos análisis sobre la transformación regional en curso. Fue en sus universidades donde surgió el concepto del “Indo-Pacífico”, empleado por el presidente Trump durante su reciente gira por Asia; y son los documentos oficiales de su gobierno los que mejor permiten seguir de cerca la evolución de la percepción local de los acontecimientos. La semana pasada, el primer ministro, Malcolm Turnbull, presentó un nuevo Libro Blanco de política exterior. La edición anterior, en 2003, describía una región en la que la primacía de Estados Unidos permanecería inalterable durante varias décadas, y la política de seguridad de Australia no necesitaría por tanto cambios significativos. Catorce años más tarde, la descripción del entorno no puede ser más diferente: “China, indica el texto, está desafiando la posición de Estados Unidos”. Si Washington era el protagonista absoluto del Libro Blanco de 2003, en la versión actualizada tiene que compartir su influencia con Pekín.

También parece indicarse lo que está por venir. En la actualidad, señala el documento, la economía china representa el 18 por cien del PIB global, y la norteamericana el 15 por cien. Pero según las estimaciones del Tesoro australiano, en 2030—en términos de paridad de poder adquisitivo—el PIB chino será de 42,4 billones de dólares, y el de Estados Unidos de 24 billones de dólares. Es un dato que por sí solo explica la histórica redistribución de poder en marcha, y el desafío que supone para la estructura económica y estratégica de Asia.

Como señala con acierto el Libro Blanco, “[Estados Unidos y China] tienen un interés mutuo en gestionar las tensiones estratégicas, pero ello no es por sí mismo una garantía de estabilidad”. Ahora bien, es a la hora de formular una respuesta cuando se mantiene la resistencia a reconocer las implicaciones de fondo del diagnóstico realizado. Las autoridades australianas insisten en que el multipolarismo hacia el que avanza la región puede consolidarse en un “orden basado en reglas”, término—también utilizado por Washington—con el que se refieren al orden de la segunda posguerra mundial anclado en el liderazgo y el poder militar de Estados Unidos. Es poco realista, sin embargo, pensar que Pekín vaya a aceptar tal sistema. ¿Por qué asumir una posición subordinada en una estructura cuyas reglas han sido definidas por otros?

Ha habido a lo largo de la última década una tendencia a subestimar el ascenso de China y a sobrevalorar las capacidades de Estados Unidos. El debate se acelera, no obstante, coincidiendo con el cambio de administración en Washington. En su último número, publicado también la semana pasada, la revista “Quarterly Essay” incluye un extenso ensayo al respecto de Hugh White, profesor de estrategia en la Universidad Nacional de Australia, y uno de los más perceptivos analistas de nuestro tiempo. Como señala White en su monografía, de lectura obligatoria para los observadores de la región, necesitamos nuevas ideas, ¡y con rapidez!

Bosque oscuro

La Teoría del Bosque Oscuro. Miguel Ors Villarejo

El pasado mes de enero la Academia China de las Ciencias invitó al novelista de ciencia ficción Liu Cinxi a visitar el imponente radiotelescopio que las autoridades han construido en la remota y atrasada provincia de Guizhou. El FAST (iniciales de Five-hundred-meter Aperture Spherical Telescope o Telescopio Esférico de 500 Metros de Apertura) es una ensaladera del tamaño de 40 campos de fútbol cuya sensibilidad duplica la del observatorio de Arecibo.

Aparte de abordar proyectos abstrusos, como aclarar el modo en que el universo se expande o aprovechar el latido de los púlsares para detectar las ondas gravitacionales de Einstein (y, eventualmente, ganar algún Nobel), el FAST se ocupará también de la búsqueda de inteligencia extraterrestre, más conocida por su acrónimo inglés SETI. De ahí la invitación de la Academia a Liu. “En cierto modo”, escribe Ross Andersen en The Atlantic, “[su] presencia no constituye ninguna sorpresa. Su opinión es muy apreciada […] y la agencia aeroespacial ya le ha consultado para otras misiones”.

“Pero”, añade a continuación, “no deja de ser una extraña elección”. La obra de Liu gira en torno a los encuentros en la tercera fase, pero a diferencia del Spielberg de ET, no dibuja a los alienígenas como encantadores e inofensivos enanitos verdes, sino como implacables máquinas de matar. Cuando los humanos agitamos los brazos como náufragos para alertar de nuestra existencia, nos ponemos absurdamente en su punto de mira. Es la Teoría del Bosque Oscuro: cada civilización es un cazador al acecho en una noche sin luna.

Liu no tiene por qué estar en lo cierto, pero su hipótesis es inquietantemente congruente con la paradoja de Enrico Fermi. Este físico italiano consideraba que, dada la ingente cantidad de estrellas, la probabilidad de que hubiera otros seres inteligentes en la galaxia era muy elevada. “¿Dónde están?”, se preguntaba. “¿Por qué no hemos encontrado ningún rastro […], por ejemplo, sondas, naves […] o transmisiones?” La respuesta de Liu es que están agazapados en el Bosque Oscuro.

Hay que decir, no obstante, que la capacidad de anticipación de la ciencia ficción es relativa, como revelan la abundancia (jamás materializada) de coches voladores en el género, desde Los Supersónicos a Regreso al futuro, o el triste destino de firmas como Pan Am o Atari, cuyos anuncios aparecen triunfalmente en Blade Runner, pero que quebraron hace tiempo.

Más que oráculos, estas utopías/distopías son a menudo el reflejo de obsesiones colectivas. Las películas de marcianos de los 50 eran una alegoría de la Guerra Fría y el terror que en su día inspiró La invasión de los ladrones de cuerpos a los americanos no se debía tanto al peligro remoto de ser abducido por un platillo volante, como a la amenaza mucho más próxima de acabar convertido al comunismo.

Del mismo modo, la Teoría del Bosque Oscuro recoge los ecos de un doble trauma. Por un lado, el error incomprensible que supuso el abandono de la vanguardia científica. China descubrió la pólvora, la brújula, la imprenta y, en un momento dado, dejó de innovar. ¿Por qué? Voltaire culpaba al énfasis que Confucio pone en el respeto de la tradición. Otros han hablado de la molicie que genera la falta de competencia: mientras en Europa media docena de naciones debían urdir constantemente modos de imponerse a sus vecinas, los mandarines carecían de rivales a su nivel y se acomodaron. Sea como fuere, cuando a mediados del XIX las potencias occidentales irrumpieron con sus acorazados de vapor y sus modernos cañones, la tecnología bélica casi medieval de Pekín sufrió una humillación detrás de otra. Este es el segundo trauma.

La moraleja que extrae Liu de la historia es tajante: las civilizaciones superiores aplastan a las inferiores. Sus compatriotas quizás no compartan su negra opinión sobre los alienígenas, pero no pueden decir lo mismo de los demás habitantes de este planeta y por eso impulsan proyectos científicos como la ensaladera de Guizhou.

Polucion

Una China bella. Gema Sánchez.

(Foto: Ankhbayar Tumurbaatar, Flickr) Ahora que en Madrid se habla tanto de los índices de contaminación atmosférica y de los protocolos municipales para intentar disminuir las emisiones procedentes del tráfico rodado, me cuenta un amigo residente en Pekín que, en esta ciudad, acaban de entrar en alerta naranja. Los medidores (el más fiable el de la Embajada de EE. UU.) han registrado niveles de dióxido de nitrógeno de hasta 269 microgramos el metro cúbico, más de diez veces el valor que la OMS establece como seguro, que son 25 microgramos. (Para que los lectores se hagan una idea, la media anual en Madrid en 2016 fue de 39.) Ante tal situación, las autoridades recomiendan que los niños, ancianos y enfermos no salgan a la calle.

El desarrollo acelerado y descontrolado de China en las últimas décadas ha provocado un envenenamiento del medioambiente. A las densas columnas de humo que expulsan las fábricas, se une el humo de millones de vehículos y, la semana pasada, el encendido de las calefacciones que siguen empleando carbón como combustible. Todo ello se agrava por la ausencia de viento y lluvia que podrían limpiar la densa nube. Hay que recordar que en Pekín se llegó a alcanzar en diciembre de 2015 un valor superior a 500 microgramos, el tope de los sistemas de medición.

La exposición a unos niveles tan elevados de contaminantes produce afecciones respiratorias severas, no en vano 1,5 millones de personas mueren al año en China por causas relacionadas con la contaminación. La población está preocupada, la mayoría ya se ha acostumbrado a usar mascarilla como un complemento más de su atuendo callejero y, los más afortunados, pueden respirar un ambiente algo más limpio en su hogar mediante el uso de filtros. Pero ¿qué se puede hacer?

Las autoridades chinas reiteran que están adoptando medidas para rebajar la polución; sin embargo, no parece que estén dando los resultados positivos esperados. Un informe del Centro Tyndall para Investigación del Cambio Climático de la Universidad de East Anglia (Reino Unido) afirma que “las emisiones mundiales de NO2 parecen estar subiendo, después de un período estable de 3 años”, y el 28% de ese total corresponde a China. El coautor del mismo informe, Glen Peters, habla de que China está teniendo un repunte en las emisiones, un 3,5% en 2017. Estos datos parecen encajar muy bien con el retorno a las viejas políticas de producción industrial, características del modelo económico de crecimiento de los últimos años y, aunque están buscando la forma de cambiar el modelo por otro más eficiente, no es una tarea sencilla y conseguir resultados llevará tiempo.

El presidente Xi Jinping, en su discurso en el 19º Congreso Nacional de octubre, se comprometió a reducir la contaminación y cuidar el medio ambiente, lo expresó de una forma más poética: lograr “una China bella”. Él sabe que la polución preocupa a millones de compatriotas y que puede generar descontento, lo cual encendería todas las alarmas. Sabe también que, tan importante como volcar esfuerzos en conseguir que China sea reconocida internacionalmente como una gran nación, lo es conseguir unos estándares de vida razonables, donde no entrarían tales niveles de contaminación sostenidos durante mucho tiempo. Habría que recordar un viejo proverbio chino: “antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa”.

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El laberinto Trump

Trabajar para el Gobierno y la Administración que dirige Donald Trump se ha convertido en un laberinto. Si sumamos las dimisiones, los ceses y nuevos nombramientos y la falta de nominación para numerosos puestos estratégicos, es fácil llegar a la conclusión de que la política estadounidense pasa por una de sus etapas de mayor inestabilidad e incertidumbre.
¿Qué está pasando? En primer lugar que en la Casa Blanca hay un presidente outsider, que llegó a la presidencia con apoyo del Partido Republicano pero sin ser parte del Partido Republicano, que parece improvisar, que se guía de una intuición cultivada no en medios políticos sino en sectores empresariales propios de una economía volátil, donde el juego de capitales y la especulación sustituyen criterios más tradicionales como estrategia a plazo medio y largo, productividad y respeto a los mercados.Eso lleva a Donald Trump a cambiar de caballo y de ruta, aliarse con líderes coyunturales, medir su propio éxito por el estado de ánimo de sus electores y así, llegar a impulsos populistas que están desestabilizando la tradición política estadounidense. Aunque, al parecer, no está produciendo merma en sus apoyos electorales y sociales.
Este fenómeno no deja de tener importancia mundial, fundamentalmente por el papel de liderazgo objetivo, y estabilizador, que desempeña Estados Unidos desde la II posguerra mundial. Una Administración errabunda, que trata de combinar posiciones de fuerza con giros tácticos poco explicados, su intento de combatir la globalización desde un proteccionismo nacionalista que está creando incertidumbres mundiales junto a estrategias para fortalecer alianzas viejas, está llevando a sus aliados a la perplejidad y a sus adversarios a nuevas oportunidades de ocupar espacios e influencias.
En ese panorama, la moral está baja en la Administración USA, crecen las rebeldías de los críticos de Trump y los intentos de reconducción desde el Partido republicano y, mientras tanto, la dinámica en conflictos potencialmente muy peligrosos (Corea del Norte, Siria e Irak, el centro de África), sigue su propio ritmo sin esperar a que Trump ponga algo de coherencia en sus decisiones. (Foto, Kalamarrak, Flickr)
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INTERREGNUM: ¿La hora de India? Fernando Delage

(Foto: Fermín Ezcurdia, Flickr) Las reuniones anuales del foro de Cooperación Económica del Asia-Pacífico (APEC) y de la Cumbre de Asia Oriental, celebradas en Vietnam y Filipinas, respectivamente, concentraron la atención de los medios en la evolución de la competencia entre Estados Unidos y China. Había expectación por conocer cómo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, piensa sustituir la política asiática de su antecesor; y por cómo el presidente chino, Xi Jinping, reforzado tras el reciente XIX Congreso del Partido Comunista, aprovecharía estos nuevos encuentros multilaterales para seguir ampliando su influencia regional y global.

Ha pasado relativamente inadvertido, sin embargo, el espacio abierto a un tercero, India. Camino de convertirse en la nación más poblada del mundo, hacia 2024, India será también la tercera mayor economía en 2029. Aunque su presupuesto de defensa es el quinto del planeta, sus fuerzas armadas son las terceras por número de tropas (1,4 millones). El FMI estima que India representará el ocho por cien del PIB mundial en 2020, mientras que un informe de KPMG identifica el país como destino preferido para la inversión extranjera, por sus oportunidades de crecimiento, los próximos tres años. La percepción interna también ha dado un notable giro: un reciente sondeo de Pew indica que un 70 por cien de los indios están satisfechos con la dirección del país; en 2013, sólo un 29 por cien lo estaban.

No deben sorprender pues los altos índices de popularidad mantenidos por el primer ministro, Narendra Modi, quien con casi toda seguridad será reelegido en 2019. La transformación que persigue Modi, quien desea que India juegue en la liga de las grandes potencias, requiere más de una legislatura (incluso de dos). ¿Ha llegado la hora de India?

Dos claves para su ascenso salieron a la luz en Vietnam y Filipinas. La primera: su adhesión a APEC. Es toda una anomalía que la tercera economía asiática no forme aún parte del grupo. Delhi presentó su candidatura hace ya unos años, pero esta vez contó con el apoyo explícito del presidente Trump. Aunque no deja de ser una ironía que un enemigo de los procesos multilaterales desee que India se sume a uno de ellos, es revelador de las preferencia de Washington por Delhi como socio, aunque en otro terreno: el de seguridad. Esta es la segunda clave: la recuperación del Diálogo Cuadrilateral entre Estados Unidos, Japón, India y Australia, sobre el que discutieron sus ministros de Asuntos Exteriores en Manila. Si Delhi vaciló frente a la propuesta original de Japón hace 10 años, esta vez—asumida la iniciativa por Washington—la ha defendido con mayor interés. Las implicaciones de las iniciativas geoeconómicas chinas se han hecho evidentes durante los últimos años, y también India está más decidida a hacer realidad sus ambiciones de proyección más allá del subcontinente.

En último término, sin embargo, las posibilidades indias dependen en gran medida de su dinámica interna. Sus capacidades estratégicas y diplomáticas crecerán con el tiempo. Pero la extraordinaria fragmentación económica y social del país representa un considerable obstáculo para su ascenso. Buena parte de las reformas legislativas de Modi van orientadas precisamente a crear una unidad de mercado. Y el nacionalismo hindú de su partido, el Janata Party, no parece provocar, por ahora, la oposición de la mayoría de la población (quizá porque su prioridad es el crecimiento económico). La construcción de una identidad unificada como Estado es una exigencia no menor para que India pueda convertirse en la gran potencia mundial que aspira a ser.

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Rex Tillerson será relevado en enero. Nieves C. Pérez Rodríguez

(Foto: db72, Flickr) Washington.- Según ha podido saber 4Asia, el Departamento de Estado estrenará nuevo secretario en enero. Desde que Trump tomó posesión de la presidencia una de las cosas más llamativas ha sido la propuesta histórica del aumento del gasto de Defensa, paralelo a la reducción considerable del presupuesto de los programas de ayuda internacional y del Departamento de Estado.

Otro elemento llamativo es el vacío que después de más de diez meses en el poder sigue habiendo en unos 400 puestos del Departamento de Estado. Esto incluye embajadores, encargados de negocios y, siguiendo hacia abajo en el escalafón, hasta lo que son puestos en cada uno de las oficinas regionales en Washington, que hacen el seguimiento de las embajadas y preparan los documentos, tanto para el Secretario de Estado como el Congreso, o el mismo presidente. Asimismo, los exámenes de entrada para nuevos diplomáticos fueron “congelados”. Y a día de hoy, la salida de Rex Tillerson del Departamento de Estado está elegantemente planificada.

El presidente Trump anunciará quien lo sustituirá y, según nuestras fuentes, todo apunta a que será Mike Pompeo.

A finales de octubre, Nahal Toosi (analista de político.com) explicaba en un artículo muy riguroso que se habían filtrado unos documentos del Departamento de Estado que documentaban como Tillerson estaba tratando de centralizar las decisiones de la política exterior,  alarmando a los diplomáticos más veteranos por la concentración de poder alrededor de su figura, y desestimando a los incontables grupos de expertos y asesores que han servido por tradición, con una larga experiencia en países y regiones del mundo.

Estos documentos son la prueba de un cambio radical en el corazón del Departamento de Estado, y la ruptura con la línea tradicional que ha manejado esta entidad en administraciones anteriores, en donde el conocimiento y la experiencia eran valoradas y tomadas en cuenta por los secretarios de Estado, a pesar de que éstos trajeran consigo personas externas para hacer equipo.

Los diplomáticos estadounidenses al entrar al servicio debían hacer un juramento de 3 principios fundamentales: Uno, mantener imparcialidad pública ante los cambios de presidentes y partidos políticos; dos, ejercer cualquier trabajo dentro del departamento manteniendo la línea oficial; y tres, trabajar en cualquier parte del mundo. Y el movimiento telúrico que ha experimentado el Departamento de Estado ha sido tan brusco que las críticas a través de Facebook y twitter no se hicieron esperar. Rompiendo con este venerable juramento, larga ha sido la lista de diplomáticos que han utilizado estas plataformas para manifestar su desacuerdo con Tillerson y con el cambio tan profundo que está imponiendo. En conversaciones con muchos de ellos hemos podido percibir la incertidumbre en la que siguen a pesar de los meses que han pasado. Y muchos que se encuentran en servicio en el exterior se sienten en una posición muy comprometida al no poder expresar su desacuerdo en el país receptor y ser testigos desde las embajadas de los cambio,  lo que también los ha llevado a estas plataformas para expresarse.  Algo que incluso a los altos rangos del Departamento les ha dejado perplejos.

Tillerson es un hombre con experiencia en el sector privado y seguro que quiso utilizar ese conocimiento en el Departamento de Estado llevando su equipo consigo, reinventándose las líneas institucionales,  intentando reducir el presupuesto de la institución a un tercio y bloqueando los nombramientos. Esto ha despertado el deseo de muchos de marcharse y dejar la carrera diplomática.

Menos diplomáticos estadounidenses por el mundo impactaría dramáticamente en la influencia global de Washington. Estos hacen un minucioso trabajo de apertura, de diálogo, de presencia, de inteligencia. Son los diplomáticos los que previenen conflictos, enfrentamientos y guerras. En esta época de penetración de radicalismos son las embajadas las que tienen equipos con capacidad de detectar estas situaciones e informar a Washington de estos peligros.

Ha habido un par de incidentes, en el que se ha dejado ver las diferencias entre Trump y Tillerson.  Es muy probable que éstos, unidos al descontento del Congreso con el secretario de Estado, hayan sido parte de las razones que han llevado al inquilino de la Casa Blanca a considerar sustituirle por Mike Pompeo, el actual director de la CIA. Casi cada día, Pompeo informa a Trump, alrededor de las 10 am, y según fuentes cercanas a la Casa Blanca, el ocupante del despacho oval le escucha y le respeta profesionalmente, que es exactamente lo más difícil de conseguir como asesor de éste personaje. Aparentemente las formas directas de Pompeo le han caído en gracia a Donald Trump, quien cada vez que le presenta hace alarde de que es abogado egresado de Harvard y que salió como el número uno de “West Point” (Academia Militar de los Estados Unidos).

Para nadie es un secreto que Trump respeta mucho a los veteranos de guerra y los militares. Esperemos que este cambio calme los mares internos de Departamento de Estado, y con ello la normalización de la diplomacia estadounidense por el mundo.

Minitrump

El asombroso líder menguante. Miguel Ors.

(Foto: Woodrow Village, Flickr) Los republicanos están encantados con Donald Trump. Hace un año, cuando la era de Barack Obama tocaba a su fin, el 70% creía que el mundo respetaba cada vez menos a Estados Unidos. El último sondeo de Pew Research revela que esa proporción se ha reducido al 42%. Los demócratas discrepan: los que piensan que el mundo respeta menos a Estados Unidos han pasado en el último año del 58% al 87%.

¿Y qué opina el mundo? Discrepa, como los demócratas. En Occidente, los niveles de aceptación de Trump son peores que los de George W. Bush cuando invadió Irak. Solo hay dos países cuya población se fía más de él que de Obama: Israel y Rusia.

“Es posible que los republicanos estén simplemente desconectados de la realidad”, reflexiona The Economist. “Otra opción, sin embargo, es que prefieran ser temidos que amados”. Se trata de una conocida recomendación de Maquiavelo. “Es más seguro”, argumentaba el pensador florentino, porque el miedo es una emoción que el príncipe puede inspirar a voluntad y de forma casi ilimitada, mientras que el afecto es un vínculo que no depende enteramente de él y que “los hombres, perversos por naturaleza, rompen cada vez que les conviene”.

Esta lógica funciona muy bien en determinados ámbitos. Por ejemplo, si eres la primera economía del planeta y debes cerrar un acuerdo agrícola con Ecuador, es más fácil salirte con la tuya negociando mano a mano que en el seno de la Organización Mundial del Comercio. Por eso Trump reniega de los tratados multilaterales, cuyas reglas constriñen absurdamente sus movimientos como los liliputienses a Gulliver.

Siendo esto tan obvio, ¿cómo es que Washington ha liderado la creación de un entramado institucional que somete las disputas a la fuerza de la razón (que no siempre tiene) y no a la razón de la fuerza (que le favorece claramente)? Porque la intimidación tiene un recorrido limitado. Lo estamos viendo en Oriente Próximo y en Asia. No es que el Pentágono no pueda torcerle el brazo a Irán o Corea del Norte; es que es incapaz de ganarles una guerra a los zarrapastrosos de los talibanes.

Mantener la estabilidad que ha permitido al planeta alcanzar niveles de bienestar desconocidos en la historia de la humanidad requiere la cooperación del resto de la comunidad de naciones, y ¿quién va a sumarse al proyecto de un déspota que antepone sus intereses a cualquier otra consideración? La inmensa mayoría de los Gobiernos se alinean hoy con la Casa Blanca porque desconfían de Putin o de Xi Jinping. Pero si al final no va a haber diferencia entre la una y los otros, Trump se va a encontrar bastante aislado.

Muchos republicanos disfrutan cuando su presidente aparta de un manotazo al primer ministro de Montenegro para quedar en el centro de la fotografía. Creen que así recuperan el lugar que les corresponde en el concierto internacional, pero solo socavan un poco más un poder blando que echarán de menos en el futuro. “Esta es la paradoja de Trump”, escribe Richard Wolffe en The Guardian: “cuanto más intenta afianzar el liderazgo de Estados Unidos, menos liderazgo ejerce”.