Derechos humanos

Cinco consecuencias de la salida de EEUU del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La semana pasada transcurrió en los Estados Unidos con el foco puesto en los derechos humanos. Por un lado, los extensos informes hechos por los medios de comunicación sobre las innecesarias separaciones de niños de sus padres en las fronteras, producto de una “política de máxima presión” impuesta por la Administración Trump, que busca controlar y contener las enormes oleadas de inmigrantes centroamericanos que están llegando cada día a territorio estadounidense. Y, por otro lado, la salida de Estados Unidos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, con una extensa y sensata explicación hecha por la embajadora estadounidense ante Naciones Unidas -Nikki Haley- con el espaldarazo del Secretario de Estado -Mike Pompeo- (quien estuvo a su lado), para que no quedará ninguna duda de que es una política de la Administración, en la que están totalmente coordinados.

La Comisión de Derechos Humanos hasta 2006, fue renombrada como Consejo de Derechos Humanos, en una búsqueda desesperada de cambiar la imagen y las críticas a sus miembros, quienes, en su mayoría no podían garantizar estos derechos en sus propios países de origen. A la vez, la misma ONU ha sido criticada por su disfuncionalidad y espléndidos presupuestos que se evaporan en una gran cantidad de gastos administrativos, que no dejan de ser vitales para su funcionamiento. Como buena organización supraestatal, la gestión es compleja y la burocracia probablemente su mayor debilidad. Son muchos los que cuestionan el mero hecho de su existencia, pues Naciones Unidas fue creada después de la II Guerra Mundial con un imperante deseo de paz y estabilidad mundial, que respondió a ese momento histórico, pero que en un escenario totalmente diferente a día de no tiene razón de existir. Sin embargo, no hay que olvidar que ha sido el foro donde se han podido sentar todas las líneas políticas e ideológicas, aliadas o enemigas, y ha sido un verdadero freno de conflictos que en mayor o menor medida impone respeto ante tiranos opresores.

En la página oficial del Departamento de Estado están definidos los derechos humanos como parte fundamental de la concepción del Estado estadounidense, desde el momento de su creación hace más de 200 años, así como también precisa que son el centro de la política exterior de este país, tal y como figuran en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, suscrita por Washington. Ahora bien, ¿cuáles son las consecuencias de que el país más poderoso del planeta se retire de la Comisión de Derechos Humanos?:

  1. The Guardian afirmaba que la salida de Estados Unidos de la Comisión de Derechos Humanos es un gran regalo para Xi Jinping pues China está encantada de llenar el vacío dejado por Washington y convertirse en el líder de dicha comisión. Y, desde dentro, emprender un proceso de redefinición de los derechos humanos a lo chino.

  1. Después de la Cumbre de Singapur, si realmente se comienza un proceso de negociación, los derechos humanos constituyen un punto que irá paralelo a la desnuclearización. ¿Como podrá Estados Unidos presionar a Pyongyang si no tiene la estructura de apoyo, como el Consejo de Derechos Humanos, y las organizaciones encargadas de evaluar el estado de los derechos humanos en Corea del Norte?

  1. Rusia ahora está aspirando a entrar a formar parte del Consejo. A finales de la semana pasada, el Moscow Times publicaba un artículo que explícitamente expresaba que Moscú aspira a llenar la silla dejada por Washington. Con la presencia de Rusia y China, la lectura de los derechos humanos podría cambiar completamente de tono. Además de que los grandes explotadores de estos derechos no serían ni tan siquiera cuestionados.

  1. Filipinas y su presidente -Rodrigo Dutarte-, cuya campaña más emblemática contra las drogas a elevado a miles el número de homicidio de parte de policías y otros grupos políticos que violan los derechos humanos de sus ciudadanos. Dutarte ha expresado en varias ocasiones que buscará un acercamiento con China, a la que Estados Unidos debería replicar haciendo uso de las estrechas relaciones entre ambas naciones durante décadas. Si Manila se acerca a Beijing, Washington perdería influencia regional pero también control sobre la lucha contra “Abu Sayyaf”, un grupo islámico separatista asentado en el sur, que se creó con dinero proveniente de Osama Bin Laden.

  1. La soledad de los aliados. Con el aislacionismo de Washington, los aliados entran en una situación vulnerable al estar rodeados de peligros de los que solos tal vez no son capaces de afrontar. Podrían verse presionados a rendirse a los deseos de los más fuertes. Por ejemplo, Japón, cada día se encuentra más aislado en Asia con un Beijing más fuerte y un Moscú con mucho afán de protagonismo a pocos kilómetros de sus fronteras

Trump ha redefinido claramente la agenda y la política exterior. Primero fue la salida del Acuerdo de París, al que Xi Jinping no perdió ocasión de demostrar que él estaba encantado en liderar y con ello llenar más espacio internacional. El acuerdo de Siria es otro ejemplo de ausentarse de un foro por no considerarlo la salida correcta, en vez de presionar desde dentro hacia un acuerdo más deseado. Y ahora la salida del Consejo de Derechos Humanos, que marca un momento en la historia, pues es el primer país en hacerlo.

El problema de no estar presente es que no se puede usar la diplomacia como un mecanismo disuasorio. El no participar puede, no sólo aislar a Washington, sino hacerle perder influencia internacional o regional. El estar ausente deja un vacío de liderazgo, que hasta hace poco asumía Estados Unidos, en manos de Rusia y/o China, quienes tienen un gran deseo de ostentarlo e influir libremente en la comunidad internacional sin tantos cuestionamientos, que les frenan a sus ambiciones económicas y de poder. (Foto: Dave McFarlane, Flickr)

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