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Washington lo sigue intentando con Pyongyang. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- El último informe del Organismo Internacional para la Energía Atómica, con fecha del pasado 20 de agosto, sostiene que el continuo desarrollo del programa nuclear norcoreano es muy preocupante. Una vez más, Kim Jong-un ha puesto en práctica la táctica de adulterar la realidad. Las esperanzas crecieron significativamente a raíz de ese emblemático momento en Singapur, en el que Trump lo legitimó como jefe de Estado, dejando a un lado -al menos un por un tiempo- las sanciones, los ejercicios militares en la península e incluso parte del aislamiento, al que el mismo régimen norcoreano se somete. Todo como un acto de fe o quizá de ingenuidad en el que parecía se comenzaba a escribir un nuevo capítulo en la historia de las relaciones entre Pyongyang y occidente.

Lo cierto es que lo que cautivó la atención del mundo rápidamente comenzó a dar señales dudosas, y la Administración Trump lo sabe, aunque nunca lo reconocerá abiertamente.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, cerró el mes de agosto con el gran anuncio de que Steve Biegun se convertía en el representante especial para Corea del Norte. Una buena noticia considerando que el anterior en esa posición -Joe Yun- fue nombrado por Obama y se retiró de sus funciones el pasado febrero. Seis meses vacante, en plena crisis interna de cambio de secretario, y sin embajador en Seúl, lo que es una muestra de la prioridad que ocupa Corea del Norte para la Casa Blanca.

Las palabras de Pompeo fueron muy claras: “Biegun liderará los esfuerzos de la Administración Trump para presionar a Corea del Norte hacia la desnuclearización de la península”. Mientras, aseguró que le acompañaría en el viaje que estaba previsto a Pyongyang, seguramente para hacer una presentación y entrega formal de la responsabilidad, siguiendo los protocolos coreanos.

No hay duda que este nombramiento es muy positivo, pues Steve Biegun acumula una larga experiencia laboral. Ha pasado los últimos 14 años en el sector privado como vicepresidente de las relaciones internacionales de Ford Motor. Pero, previamente a esto, sirvió en el sector público mucho tiempo. Fue el asesor internacional de Sarah Palin durante la campaña presidencial de John McCain, formó parte del Consejo de Seguridad Nacional durante la presidencia de George W. Bush, e informaba directamente a Condoleezza Rice. Previamente, además, fue asesor de política exterior en el Congreso. Sin duda una trayectoria que tiene mucho valor, considerando a muchos de los otros personajes nombrados por la Administración Trump.

Pero a tan solo horas de haberse hecho público este nombramiento, Trump twitteó que el viaje del secretario de Estado a Corea del Norte quedaba suspendido, en su muy habitual manera de informar a través de su cuenta de Twitter. Un hecho que desautoriza públicamente a Pompeo, por lo que no es de extrañar que en el viaje previo que hizo en julio el secretario de Estado a Pyongyang, no fuera recibido por Kim Jong-un, muy a pesar de que era parte del plan. Sin embargo, se reunió con Kim Yong-chol, exespía e importante figura en el partido norcoreano.

A día de hoy, la Administración Trump no descarta otro encuentro entre Kim y Trump a finales del año, mientras Pyongyang sigue avanzando en sus negociaciones con Seúl; se sabe que habrá un tercer encuentro entre los líderes coreanos cuyo objetivo será discutir las medidas prácticas para la desnuclearización.

Junto a la suspensión del viaje de Pompeo y Biegun, la Casa Blanca informa que Trump tampoco asistirá a la cumbre de la ASEAN que tendrá lugar en Singapur en noviembre, ni a la de la APEP, pero que en su lugar enviará al vicepresidente, Mike Pence. Este es otro ejemplo de lo mal que la Administración gestiona su influencia internacional. Pero es sabido que a Trump no le gusta viajar fuera de los Estados Unidos.

Dejar tantos espacios vacíos le abre el camino a China para ganar más dominio y posicionarse mejor en la región, y a Xi Jinping para asumir el liderazgo que el presidente estadounidense no tiene ningún interés en ejercer, ni tan siquiera entender su importancia.

Por otra parte, los aliados se quedan en una situación de mayor vulnerabilidad ante la agresiva expansión china en Asia, la incertidumbre que plantea Corea del Norte, y la gran desconexión que parece existir entre la Casa Blanca de Trump y la importancia estratégica para Estados Unidos de mantener la hegemonía en el Pacífico.

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