Coreas

El presidente surcoreano gana protagonismo. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Analizando los hechos de la tercera cumbre entre los líderes coreanos, hay que subrayar que el presidente Moon Jae-in llegó acompañado con una delegación sustanciosa de 110 miembros, entre los que se encontraron la primera dama, 14 miembros del gobierno de alto nivel -la ministra de Exteriores, el titular de Defensa y el de la Unificación- y representantes empresariales surcoreanos, lo que es una indicación de cómo Moon visualiza las relaciones bilaterales.

Unas relaciones que trascienden lo estrictamente diplomático a una potencial cooperación económica que valga señalar entra en conflicto con las sanciones impuestas al régimen de Pyongyang. Pero todos estos esfuerzos parecen justificados en la imperiosa necesidad de que Kim Jon-un acepte desnuclearizarse.

La visita histórica que ha tenido lugar en Pyongyang es la prueba de que nos encontramos en otro momento de las relaciones coreanas.  El dictador que apenas se dejaba ver ha cambiado radicalmente su estrategia, con una aparente apertura que no deja de ser escrupulosamente medida y valorada, a cambio de conseguir más concesiones.

Moon por su parte sigue intensamente centrado en ser el mediador de la paz en la Península, por lo que entiende que su rol es el de servir de punto de equilibrio entre Pyongyang y Washington. De momento lo ha ido consiguiendo al menos en el plano diplomático. Y Trump ha expresado su confianza en él, lo que lo legitima frente a Kim y el mundo.

En palabras del propio presidente surcoreano, “encontrar un punto de coincidencia entre las exigencias de la Administración Trump sobre la desnuclearización y la exigencia de Kim que demanda una declaración de Paz, que a su vez garantice su seguridad y ponga fin a la hostil relación” es de lo que se trata.

Pero la dificultad está en que Pyongyang quiere la declaración de paz antes de llevar a cabo el proceso de desnuclearización. Y es ahí donde los surcoreanos están haciendo juegos malabares para equilibrar el deseo de Kim contra la necesidad de un avance objetiva, en la que ambas acciones se den simultáneamente.

Desde Washington se valora positivamente el encuentro. El departamento de Estado declaró que todo lo que avance la desnuclearización de Corea del Norte es positivo. Mientras, reconocían el trabajo del presidente Moon. El mismo Trump twitteó al respecto que, “Kim Jon-un acordó permitir inspectores nucleares, así como el desmantelamiento definitivo de un sitio de pruebas y lanzamientos de misiles en presencia de expertos internacionales. Y mientras todo eso sucede no habrá cohetes volando ni ensayos”. Expresó su complacencia con los resultados del tercer encuentro entre líderes coreanos, mientras enfatizaba también (en otro tweet) el hecho de que las Coreas acordaron presentarse juntas para ser sede de las Olimpiadas de 2032.

Moon Jae-in también avanzó la idea de un segundo encuentro entre Trump y Kim. Y a pesar de que no ha habido declaraciones expresas sobre ello desde Washington, sabemos que Trump aceptaría a cambio del protagonismo mediático y la posibilidad de que sea él quién se quede con los méritos de la renuncia al programa nuclear norcoreano y la estabilidad en la región.

No hay duda que la lectura hecha desde Estados Unidos es muy positiva, pues el secretario de Estado, por su parte, publicó una felicitación a ambos líderes coreanos por el exitoso encuentro, mientras que informaba de que había extendido una invitación a su homólogo norcoreano -Ri Jong Ho- para un encuentro en New York esta semana, en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas.

A pesar del escepticismo de algunos expertos, quienes citan las ocasiones en las que el abuelo o el padre de Kim no respetaron los acuerdos, reconocen que está vez al menos, los hechos parecen estar tomando una dirección distinta, lo que responde a un cambio de estrategia del régimen de Kim.

La visita de un líder surcoreano a Pyongyang es un gran cambio a priori, sumado a que desfiló junto al supremo líder de Corea del Norte por las calles de Pyongyang. Así como el encuentro entre las primeras damas -otro hecho llamativo- pues el régimen norcoreano no la deja figurar apenas en público, y casi todos los aspectos de su vida son desconocidos, incluido su edad, o número de hijos.

La firma del acuerdo entre Moon y Kim, que consta de la paralización de ejercicios militares a lo largo de la línea de demarcación de las Coreas, la creación de enlaces ferroviarios entre el norte y el sur, junto con el acuerdo de 17 páginas firmado por los titulares de Defensa de ambas naciones y que busca “el cese de todos los actos hostiles entre sí”, son otra prueba de ese cambio de estrategia.

“El mundo verá como esta nación dividida va a generar un nuevo futuro para sí misma” fueron las palabras de Kim Jon-un durante la cumbre y en las que se deposita esperanza, pues está comprobado que la diplomacia es siempre la mejor fórmula.

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