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Nafta con nuevo nombre y consecuencias sobre China. Nieves C. Pérez Rodríguez

Mucho se ha escrito y discutido sobre el Nafta desde 1994, año en que entró en vigor. Aunque en sus comienzos fue un acuerdo modesto, con el paso de los años evolucionó y consiguió la unificación de las economías de los Estados Unidos, Canadá y México a un nivel excepcional en ramos como el automotriz. Y a pesar de que el acuerdo ha sido exitoso, la Administración Trump decidió declararle la guerra con la excusa de que era perjudicial para Estados Unidos. Y una vez más se comprobó que la política de máxima presión que tanto le gusta a Trump da resultados. Amenazar con dejar en el aire dos economías que tienen una gran dependencia de la estadounidense fue la mejor arma para ganar.

México sucumbió a las exigencias de Washington por la fragilidad de su economía y el impacto negativo que ha padecido desde que Trump se convirtió en presidente. Canadá, por su parte, cuenta con una economía mucho más sólida, que creció 3% en el 2017, lo que muestra un crecimiento por encima del de su vecino estadounidense (2.2%).  Pero a pesar de las cifras es tremendamente dependiente del que ha sido su gran aliado histórico. Tan sólo el año pasado importó 332 mil millones de dólares de los Estados Unidos. Esta dependencia no es nueva, ni había sido valorado como negativa hasta que las discusiones para mantener vivo Nafta se mantuvieron por 14 largos meses en los que los canadienses entendieron que están realmente amarrados.

El hecho de que Canadá dependa tanto de Estados Unidos no es casual. Washington le facilitó el acceso a su mercado durante muchos años. Si se considera su cercanía y que ese vecino y socio comercial era y sigue siendo aún la primera economía del mundo, simplemente era lo más lógico. Lo que ahora analizan los economistas canadienses es que se debió hacer una valoración de la posibilidad de abrir sus relaciones comerciales con Asia, sobre todo con China, que es actualmente la segunda economía del mundo, y que potencialmente superará a Estados Unidos en pocos años.

En este aspecto la Administración Trump también se ha adelantado y ha impuestos sus exigencias en el nuevo NAFTA o USMCA (por sus siglas en inglés, Acuerdo de Estados Unidos, México y Canadá). El apartado 32.10 del nuevo acuerdo especifica en siete puntos detallados las consecuencias para alguna de las partes de establecer otro tratado de libre comercio con terceros países (es decir, fuera de los 3 miembros). A esto, Micheal Chong (actual miembro de la Cámara de los Comunes de Canadá, del partido conservador) ha dicho que se le ha cedido soberanía canadiense a Washington, “pues ahora tenemos que pedirles permiso antes de establecer nuestros propios acuerdos comerciales; esto literalmente nos hace un Estado vasallo de los americanos”.

La embajada china en Ottawa ha expresado su rechazo a esta cláusula. Ha dicho que lo considera un acto de dominación política de los Estados Unidos. Ha insistido en que la Casa Blanca está usando este punto como un mecanismo de control para evitar que Canadá y México puedan establecer intercambios con China, aunque no se cita al gigante asiático expresamente. Funcionarios diplomáticos chinos insisten en que su país forma parte de la Organización Mundial del Comercio, y aunque no sea miembro del nuevo NAFTA, no deberían bloquearse el acceso al mercado de sus miembros.

Otra batalla que ganó Trump a Peña Nieto fue imponer un salario mínimo a los trabajadores, con ellos se garantiza que las industrias domésticas no se desplacen a México, mientras obliga al gobierno mexicano a pasar una ley que mantenga los estándares de los trabajadores. Washington también consiguió incorporar en el acuerdo que se mantengan los tipos de cambios determinados por el mercado, y no se incurra en manipulación cambiaría y se combata la corrupción. Otra medida que fue dirigida a México, claramente.

La administración Trump también consiguió que Canadá le abriera acceso al mercado de los lácteos, que estaba altamente protegido. Esta apertura puede llegar a representar unos 16.000 millones de dólares más de intercambios -de acuerdo a la BBC- y lo que era uno de los retos de Trump, pues de cara a los agricultores estadounidense les ayuda tremendamente a cumplir con una de sus promesas electorales.

Trump ha ganado con este acuerdo reducir el desequilibrio en el comercio internacional de Estados Unidos, obligando a sus socios a seguir sus pautas mientras pone barreras a China. Arrastra a los miembros del nuevo NAFTA hacerle la guerra comercial a China indirectamente, mientras avanza en su proteccionismo económico y usa estos éxitos en la campaña electoral de noviembre.

Habrá que estar atentos a los siguientes movimientos de la Casa Blanca, pues Larry Kudlon -director del consejo económico nacional de Trump- advirtió que ellos “están atacando el origen de las enfermedades de la economía estadounidense y la prueba de ello es que se consiguió una coalición que se le plantará a China. Lo siguiente será reclutar a Japón y la Unión Europea”, afirmó. (Foto: Bob King, Flickr.com)

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