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THE ASIAN DOOR: Huawei en el meridiano 0. Águeda Parra

Siglos después de que el Imperio de China haya perdido esa posición de supremacía de la que gozaba cuando sus vecinos se organizaban como Estados vasallos entregando tributos al país del centro, 中国, de ahí su nombre en chino, China aspira de nuevo a recuperar un lugar que considera suyo por derecho propio. Una posición ocupada desde hace décadas por otras potencias occidentales que encuentran en el gigante asiático un rival complejo, diferente, y fuera de su órbita de influencia. Sin embargo, en un mundo globalizado, la geoestrategia y la geopolítica se ponen al servicio de las grandes potencias para establecer juegos de equilibrio de poder, situando en esta ocasión a Huawei en el meridiano 0, donde el grupo de élite de grandes potencias deben posicionarse a favor o en contra del veto ejercido por Estados Unidos a la tecnológica china.

China no solamente es el país del centro, sino que se ha convertido en el centro de las reticencias del resto de grandes potencias que miran con recelo el gran milagro de la recuperación económica que ha logrado el país en cuatro décadas, un hecho sin precedentes en la historia mundial. Las luchas cuerpo a cuerpo ya son historias del pasado, y las guerras se libran ahora en los mercados bursátiles como golpes en la línea de flotación del sustento económico de los países. De ahí que, en un intento por reproducir los antiguos Estados vasallos de China, la administración Trump haya iniciado una guerra comercial con el gigante asiático imponiendo una primera fase de aranceles que tuvieron una respuesta inmediata por parte de China. Una medida que por sí sola ha resultado poco operativa para reducir el déficit comercial existente entre ambos países, lo que ha motivado que la ofensiva pasara primero de la presión sobre ZTE, que supuso casi la quiebra de la compañía china muy dependiente del abastecimiento de componentes americanos para la fabricación de sus dispositivos, a centrarse en el imperio de Huawei. La sospecha se centra en que el Partido Comunista Chino tenga acceso a la inmensa cantidad de datos que pasan por el equipamiento de Huawei en las redes 5G y que gracias a la potencialidad de la inteligencia artificial genere un estado policial que afecte a la seguridad nacional de las grandes potencias.

Considerada uno de los grandes titanes tecnológicos chinos al frente de la iniciativa Made in China 2025, Huawei ha pasado en una década de ser un pequeño fabricante de precios bajos a tener una cuota mayor que Ericsson, Nokia, ZTE y Samsung en el mercado de infraestructuras de redes móviles, mientras que como fabricante de móviles, ha conseguido situarse como segundo mayor fabricante de móviles del mundo al superar en ventas a la americana Apple. La amenaza tecnológica se intensifica.

Cuestionada la hegemonía tecnológica de Estados Unidos, y después de décadas de promover la globalización, el siguiente paso de la administración Trump ha sido promover un enfoque nacionalista y conseguir que bajo la sospecha de incidentes relacionados con la ciberseguridad se vete la participación de Huawei en el despliegue de la red 5G entre los países aliados que forman el grupo denominado “Five Eyes” del que, además de Estados Unidos, forman parte Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido y Canadá. Las reacciones no se han hecho esperar por parte de los consumidores chinos que han iniciado un boicot a los productos canadienses como contraofensiva a la detención en Vancouver de la hija del magnate de Huawei, Meng Wanzhou, acusada de violar las sanciones de Estados Unidos contra Irán. Una guerra que se cierne sobre Huawei cuando, según parece, muchas otras empresas extranjeras, incluso estadounidenses, han violado anteriormente estas sanciones, pagando cuantiosas multas sin que por ello hayan sido arrestados en un aeropuerto y puestos bajo custodia policial.

Difícilmente las guerras se ganan en una única batalla. Por una parte, Washington ha ampliado su advertencia a aquellos estados occidentales que cuentan con bases militares americanas, de los que Japón ya ha anunciado el veto a Huawei, mientras Alemania mantiene su confianza con restricciones a ciertas inversiones en 5G. Otras potencias como India, siguiendo el juego de equilibrios de poder que está marcando el desarrollo de la nueva Ruta de la Seda por el Indo-Pacífico, también se ha sumado a las consideraciones de Estados Unidos de excluir a Huawei en el despliegue de la red 5G, mientras Papúa Nueva Guinea y Portugal forman parte del grupo de contrapeso que favorece las inversiones.

Sin embargo, China sigue siendo el principal mercado de Huawei, obteniendo un cuarto de sus ingresos de Europa, Oriente Medio y África, según la compañía, donde la marca china está ganando cuota de mercado y reputación positiva, además de situarse entre las marcas de móviles más vendidas, lo que hace esperar que esta ofensiva no tenga demasiado efecto sobre los resultados operativos de la compañía. A esto hay que añadir la problemática de cambiar de proveedor para el despliegue del 5G cuando el fabricante de las redes 2G, 3G y 4G es Huawei que hace buena la recomendación del presidente de la compañía china, Ren Zhengfei, a sus empleados: “Algunas veces, es mejor encontrar un sitio seguro y esperar a que pase la tormenta”. Y, mientras tanto, Huawei ha anunciado la inversión de 2.000 millones de dólares en proyectos de I+D para reforzar la ciberseguridad, acallando así las sospechas que le han situado en el punto de mira. (Foto: Edmond Lai, flickr.com)

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