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INTERREGNUM: Japón: empieza una nueva era. Fernando Delage

El próximo 1 de mayo comienza una nueva era en Japón. Como emperador Reiwa (“Paz Armoniosa”), Naruhito sucederá a su padre Akihito (emperador Heisei) en el trono del Crisantemo tras la abdicación de este último, anunciada en 2016; un hecho sin precedente en la Historia de Japón y de la monarquía más longeva del planeta. Probablemente sólo en Japón puede recurrirse a una antología poética del siglo VIII, el Manyoshu, para dar nombre a una nueva era en el mundo digital. El emperador es ante todo un símbolo de la identidad japonesa, de ahí esa estrecha relación entre el Trono y la cultura nacional, como expresa el término seleccionado.

La dicotomía tradición/modernidad volverá a ser con seguridad el prisma con el que desde el exterior se observará la sucesión, llamando la atención sobre unos ritos inalterados durante siglos en un país prototipo de las nuevas tecnologías. Esa característica de Japón es una de las razones de su atractivo, aunque también explica algunas de las dificultades para salir de esa crisis estructural que vive desde los años noventa (coincidente en el tiempo con la era Heisei). Un débil crecimiento económico, una pérdida de credibilidad de la clase política, una gigantesca deuda pública y el acelerado envejecimiento de la población han dado paso a un ciclo de pérdida de pulso que el primer ministro, Shinzo Abe, compensa en parte con un proactivismo diplomático desconocido, en respuesta a desafíos externos como los que representan China y Corea del Norte.

La transición imperial ofrece a los japoneses una oportunidad de reflexión sobre las circunstancias que atraviesa el país, y poder hacerlo con el sentimiento de renovación que simboliza la denominación de la próxima era. Es igualmente la ocasión para aprender sobre esta nación y cultura únicas, rodeadas ambas de tantos tópicos y falsas leyendas. De ahí la oportuna publicación del reciente libro de uno de nuestros mejores especialistas sobre Japón, el profesor de la Universidad Complutense, Florentino Rodao. Tras describir la evolución política desde el fin de la segunda guerra mundial, “La soledad del país vulnerable: Japón desde 1945” (Crítica, 2019) analiza en una segunda parte, con un enfoque temático, diversos aspectos de la sociedad japonesa: de la educación a la mujer, de la familia a la religión, entre otros. Es una obra de cuidada edición que cubre un importante vacío en castellano, con la capacidad de síntesis que sólo puede ofrecer un profundo conocedor de la materia.

Japón, con todo, no sólo es relevante por sí mismo. Pese a su lejanía geográfica, psicológica y cultural, es un laboratorio de los problemas que atraviesan las sociedades postindustriales europeas: crisis bancarias, envejecimiento demográfico, desempleo juvenil, etc. Rodao cuenta asimismo cómo un país considerado como paradigma de la eficiencia afronta y gestiona ese tipo de problemas. Sin posibilidad de adoptar un nombre poético que designe la próxima etapa del Viejo Continente, ¿sabremos al menos los europeos trabajar juntos y con una perspectiva a largo plazo? Mucho más que una referencia histórica, Japón es también una guía comparativa para el futuro. (Imagen: Stuart Rankin)

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