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Japón, un estado de antigua data. Nieves C. Pérez Rodríguez

Con este artículo, iniciamos una serie sobre Japón en vísperas de la ceremonia de traspaso del trono del emperador Akihito al príncipe heredero Naruhito, ceremonia en la que 4Asia estará presente.

Japón -日本- que significa literalmente el país del sol naciente, es una de las naciones más pobladas de Asia, con 127 millones de habitantes y con una geografía realmente compleja. Su territorio se compone básicamente de islas. El 97 por ciento de la superficie del país lo conforman cuatro islas principales: Honshū, Hokkaidō, Kyūshū y Shikoku, y el resto, otras pequeñas 6848 islas adyacentes. Se tienen registros que las islas japonesas fueron habitadas desde la Edad de Piedra.

Cuenta la leyenda japonesa que Japón se fundó en el siglo VII a.C. por el Emperador Jinmu. Los emperadores han sido siempre una figura central en la cultura del país nipón y han ejercido como los gobernadores oficiales, aunque el poder real estuvo en manos de cortesanos, nobles o shogunes hasta la época más contemporánea. Los shogunes eran señores feudales que tenían sus propios ejércitos y sus títulos eran concedidos por el mismo Emperador quien, al otorgarlos, daba con ellos el poder de las decisiones de la nación.

En 1549 llegó a Japón a través de las rutas comerciales portuguesas el español jesuita Francisco Javier para predicar el cristianismo. Lo que con el paso de los años, despertó inquietud en el Shogunato, pues creían que eran parte de una invasión o conquista militar, por lo que decidieron cerrar las fronteras japonesas al exterior. Ese hermetismo se mantuvo más de 250 años, cuando finalmente el oficial de la Armada de Estados Unidos, Matthew Perry, a través del tratado de Kanagawa de 1854 consiguió romper el aislamiento.

Inicialmente, Perry se negó a negociar con los shogunes pues entendía que debía hacerlo con la cabeza del país, o sea el Emperador. Y después de intentarlo fallidamente comprendió que la figura del soberano estaba en una posición superior, un tanto mitificada, y que no lo lograría. El Shogunato no concebía que un extranjero y además un común se reuniera con el Emperador.  Lo que si consiguió Perry  fue que Japón abriera sus puertos al comercio con Estados Unidos a partir de ese momento.

Esa apertura a occidente incorporó cambios sociales en Japón que incomodaron a la sociedad nipona y que acabó en conflicto entre las facciones del Shogunato, desencadenado una corta rebelión civil conocida como la “guerra de Boshin”, entre 1868 a 1869, que resultó en el fin del Shogunato o corte y el retorno de todos los poderes a las manos del Emperador.

El Emperador aprovechó el momento para modernizar el Estado japonés, eliminando el sistema feudal existente hasta entonces e incorporando instituciones de corte más occidental y reformas sociales, económicas y hasta legales. Todos esos cambios impulsaron el desarrollo de Japón hacia una potencia mundial mediana de la época.

Tras el éxito de la guerra de Japón con China (1894) básicamente por controlar más territorio en el Pacífico, incluida Corea, el dominio de Asia pasó de manos chinas a japonesas por primera vez. Japón se hizo con la isla de Taiwán y el control de Corea. Y posteriormente la guerra ruso-japonesa (1904-1905), que tuvo lugar por el desacuerdo sobre quién contralaría la península coreana ya que mientras que el Imperio japonés reclamaba el control de la península, el Imperio ruso estaba en busca de un puerto que no sufriera congelamiento durante el invierno.

La victoria de Japón sobre Rusia fue un hito histórico, pues era fue la primera vez que un pueblo no caucásico ganaba a un pueblo europeo. Japón se consagró como potencia mundial en el siglo XX.

Un elemento constante en la historia japonesa desde la antigüedad hasta la primera mitad siglo XX es la existencia de emperadores, así como del componente militar. La civilización nipona ha mantenido sus costumbres y tradiciones a través de los siglos precisamente por haber sido una sociedad cerrada, a pesar de que su territorio está compuesto por islas, lo que naturalmente les obliga a salir en busca de recursos o del comercio. La lucha y las batallas se entendían como necesarias y entrenaban para estar listos cuando fuera necesario. Tal y como dice un antiguo proverbio japonés: “Ningún mar en calma hizo un experto marinero”.

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