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Hong Kong: Por ahora la democracia triunfa

Hong Kong hoy es la viva representación de la fuerza que tiene la democracia y el poder que puede ejercer un pueblo que entiende su derecho soberano de oponerse a cambios legislativos que vayan en detrimento de sus libertades.

Carrie Lam pedía disculpas al pueblo hongkonés por haber impulsado la ley de extradición, mientras sostenía que ese proyecto de ley está muerto. Y no cabe duda de que el pueblo lo desea muerto y enterrado, mientras Beijing sabe que ha perdido una batalla, pero no pierde la esperanza de ganar la guerra. En esta ocasión, Lam pagará el precio político con el fin de su carrera. No contará con el apoyo de Beijing a largo plazo, y mucho menos el de los hongkoneses para mantenerse en el poder.

Por el momento Beijing ha expresado públicamente su apoyo a Lam. Lo que puede ser parte de una estrategia, mientras la presidenta del gobierno hongkonés se disculpa por no haber doblegado a los opositores, insistiendo en que su compromiso de servir al pueblo se mantiene intacto, dejando por sentado que no dimitirá.

Beijing observa con cautela el desarrollo de los acontecimientos y, si fuera positivo desligarse de ella, hay tiempo de sobra para hacerlo, pero por ahora no lo ven necesario. Están aprendiendo de la situación y seguramente procesando el coraje que han tenido los ciudadanos y el resultado de esas acciones de calles.

Las masivas protestas las inspiraron la propuesta de la ley de extradición, a la que le hemos dado cobertura en esta columna previamente en varias ocasiones. Se llegó a romper el récord con la concentración del pasado 12 de junio, que contó con la participación de dos millones de ciudadanos. Durante semanas, las calles han estado llenas de manifestantes expresando su rechazo al gobierno de Carrie Lam. Curiosamente, en vez de ir mermando, se han mantenido y en efecto las demandas de los protestantes han ido en aumento.

En vista de la insistencia de presentar la ley a pesar del rechazo social, los manifestantes comenzaron a demandar la salida de la presidente. Y así se han ido incorporando otras demandas, como las quejas por “la invasión del Shenzhen”, que es un territorio ubicado a tan sólo 17 kilómetros de Hong Kong, que no era más que un pueblo de pescadores hasta hace unos años, y que acabó por convertirse en el hub tecnológico chino, que ocupa el puesto once del ranking mundial con más billonarios, de acuerdo a Business Insider. Este fenómeno ha producido que muchas personas de la China continental aprovechen para establecer negocios en el lado hongkonés, lo que tiene muy irritados a los locales.

El pasado domingo los manifestantes volvieron a llenar las calles de Hong Kong, pero esta vez lo hacía una representación de la prensa local que marchó hasta la oficina de Lam, con carta en mano, para expresar sus quejas y desacuerdo por la manera en que autoridades trataron a la prensa durante las protestas. Especialmente al principio de estas.

Han sostenido que hubo maltrato de parte de la policía, quien se esforzó en obstruir su trabajo de reportaje. En efecto, el presidente de la Asociación de Prensa de Hong Kong mantenía que parecía que los periodistas habían sido deliberadamente el target de las fuerzas de seguridad.

Los grupos de activistas y manifestantes se han mantenido firmes a su rechazo a la Ley de Extradición, que ha sido el detonante de este levantamiento pero que ha desencadenado una espiral de demandas. Desde que Hong Kong pasó de manos británicas a chinas y se estableció “un país, dos sistemas” la situación no se había tornado tan turbia. Es una especie de despertar para quienes son conscientes de las libertades que disfrutan, y al darse cuenta de que si no hacen eco ahora de sus demandas acabaran sometidos a las decisiones del Partido Comunista chino.

Como suele suceder en este tipo de protestas siempre hay gente o incluso grupos violentos que recurren al uso de la fuerza y recursos inapropiados para hacerse oír, de la misma forma a como la policía ha querido neutralizar a los protestantes con el uso de la fuerza. Y en ambos casos se debe denunciar y cuestionar, pero cuando se vive tan cerca de la China continental y se conocen las formas restrictivas empleadas por sus autoridades, sin ánimos de justificar, hay un deber moral de apreciar el sacrificio del pueblo hongkonés que sigue adelante con sus demandas y que, del largo periodo que lleva en las calles, se ha mantenido en honor a ese ideal democrático. Foto: Flickr, Studio Incendo.

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