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INTERREGNUM: Irán, China y el océano Índico. Fernando Delage

Las recientes tensiones en el Golfo Pérsico entre Irán y Estados Unidos, a las que hay que sumar los últimos incidentes entre Teherán y Londres, plantean un riesgo de escalada militar que algunos miembros de la administración Trump parecen empeñados en provocar. Pero un aspecto apenas considerado por los analistas es cómo China puede aprovecharse de la situación.

Desde la perspectiva de Pekín, en efecto, el Golfo Pérsico, el mar Arábigo y el océano Índico forman un mismo espacio marítimo en cuanto a la defensa de sus intereses. Y un instrumento clave en sus designios es el desarrollo del puerto de Gwadar en Pakistán, situado en la provincia de Baluchistán, fronteriza con Irán y Afganistán. A poco más de 600 millas náuticas del estrecho de Hormuz, por el que circula un tercio del petróleo mundial, Gwadar será el punto de destino del Corredor Económico China-Pakistán—a su vez eje decisivo en la iniciativa de la Ruta de la Seda—, en el que Pekín está invirtiendo 60.000 millones de dólares. Gwadar unirá ambos países mediante una tupida red de autovías, ferrocarriles y gaseoductos. Más allá de estas interconexiones, el puerto le ofrece una base logística de enorme valor estratégico. Si el conflicto entre Estados Unidos e Irán se agrava, Pekín querrá hacer de Gwadar una completa base naval.

Es una posibilidad coherente con los imperativos de seguridad chinos—la mayor parte del 70 por cien de sus importaciones energéticas proceden del Golfo—y con sus ambiciones de proyección de poder. La apertura de sus instalaciones militares en Yibuti fue solo por ello la primera fase de un gradual despliegue que hará de la República Popular una potencia marítima de primer orden. Así parece confirmarlo asimismo la noticia publicada por el Wall Street Journal la semana pasada, según la cual Pekín habría firmado un acuerdo secreto con el gobierno camboyano, por el que éste le otorga el uso exclusivo de la base naval de Ream, en el golfo de Tailandia, por un periodo de 30 años, con prórrogas automáticas sucesivas por otros 10 años.

Pese a los desmentidos oficiales, parece razonable concluir que China continúa avanzando gradualmente en el control de facto del mar de China Meridional, así como en el establecimiento de una red de puertos en el Índico que, además de reforzar la conectividad con el Pacífico Occidental, reducirá la vulnerabilidad china en unas aguas en las que Estados Unidos y sus aliados y socios—Japón e India en particular—pueden condicionar sus intereses económicos y de seguridad. Esa es también la opinión de la más reciente monografía sobre el tema, escrita por uno de los más veteranos corresponsales extranjeros en Asia, Bertil Lintner. En The Costliest Pearl: China’s Struggle for India’s Ocean (Hurst, 2019), Lintner describe de manera minuciosa las motivaciones detrás de este “redescubrimiento” por China del Índico, así como sus implicaciones geopolíticas regionales y globales. Una magnífica lectura de verano para los interesados.

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