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Nuevo curso, problemas pendientes

Comienza el nuevo curso político y parece que estamos en un inmenso bucle. No sólo en España. Ahí está el tira y afloja de la disputa comercial chino-norteamericana, las pruebas de misiles desde Corea del Norte mientras se espera algún avance en el despliegue de lo acordado en los encuentros con Estados Unidos, el eterno conflicto de Oriente Medio y las tensiones con Irán. El paréntesis vacacional nos ha devuelto al punto cero.

Sin embargo, por debajo de la superficie que los medios de comunicación y los dirigentes políticos han decretado, han pasado cosas. En Europa la nueva Comisión sigue sin arrancar mientras Gran Bretaña no sale del laberinto del brexit; Putín aumenta la presión ligeramente y espera, la economía balbucea y crecen los recelos ante la inmigración en medio de la impotencia política.

También en Asia han pasado cosas. India y Pakistán han resituado sus fuerzas políticas y militares al borde del conflicto siempre a punto de estallar y siempre en medio de alguna negociación. Pero la gran novedad asiática, como hemos venido contando en 4Asia la ha protagonizado Hong Kong. Miles de manifestantes han hecho retroceder al gobierno local tutelado por China observados con esperanza y contención en Taiwán y preocupación en Pekín, que sabe que no tiene las manos completamente libres para aplastas militarmente las protestas si fuera necesario pero que tiene que enviar un mensaje de fortaleza al resto de China.

Ese va a ser el escenario en los próximos meses. Viejos problemas, nuevos factores y pocas iniciativas nuevas, A veces, la combinación de estos elementos sube varios grados las amenazas de un problema.

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INTERREGNUM: Señales desde Pekín. Fernando Delage

La designación de China por Estados Unidos como “manipulador de su divisa”, el pasado 5 de agosto, supone la ampliación de la guerra comercial a la escena monetaria o, si se prefiere, a una abierta guerra económica entre ambos países. La beligerante reacción de la administración Trump a la depreciación del yuan por Pekín, una medida que neutraliza en cierta medida los aranceles impuestos por Washington, revela su alarma al descubrir que China cuenta con un margen de maniobra mayor del previsto. Pero sorprende que siga sin entenderse que para la República Popular es una cuestión política de primer orden: no puede ceder ante lo que interpreta como la intención norteamericana de frenar su crecimiento económico y su ascenso como potencia.

La nueva escalada comenzó cuando Trump—contra el consejo de la mayor parte de sus asesores—anunció días antes la imposición de nuevas tarifas a las importaciones chinas por valor de 300.000 millones de dólares a partir del 1 de septiembre. En su reciente encuentro con sus interlocutores chinos en Shanghai, Los negociadores norteamericanos no obtuvieron de los primeros el acuerdo—exigido por Trump—de incrementar de manera inmediata la importación de productos agrícolas de Estados Unidos. La decisión del banco central chino de depreciar el yuan—considerada como lógica por todos los expertos dado el impacto de las sanciones de la Casa Blanca—, precipitó la acusación de manipulación de su divisa, una medida que tiene no obstante escasos efectos prácticos más allá de iniciarse consultas al respecto en el marco del FMI.

El impacto de las tensiones bilaterales sobre las bolsas de medio planeta—una situación que en nada beneficia a un Trump que comienza la campaña para su reelección—, muestra que Pekín conoce mejor que nadie su vulnerabilidad. Al contrario de lo que parece creer, el presidente norteamericano en absoluto tiene la situación bajo su control. El riesgo es que esta espiral conduzca a una dinámica autodestructiva y se extienda a otros terrenos, en los que también China ha lanzado varias señales en las últimas semanas.

Una de ellas ha sido la primera incursión aérea conjunta de China y Rusia en el noreste asiático. El 23 de julio, aviones de ambos países patrullaron sobre el mar de Japón y el mar de China Oriental, entrando en la Zona de Identificación de Defensa Áerea de Corea del Sur. Si a Washington le preocupa el acercamiento entre Pekín y Moscú, esta operación marca un nuevo hito en la relación estratégica entre ambos. Realizada la víspera de la llegada a Seúl del asesor de seguridad nacional del presidente, John Bolton, y semanas después de que el Pentágono hiciera pública su estrategia hacia el Indo-Pacífico, la iniciativa va dirigida a debilitar las alianzas de Estados Unidos con Corea del Sur y con Japón, y representa una respuesta al despliegue por Washington de un sistema de defensa antimisiles en la región tras su abandono del INF.

En relación con este último asunto, a finales de julio China también realizó por primera vez una prueba de sus misiles anti-barco en las aguas del mar de China Meridional. Los ensayos, coincidentes con la publicación por Pekín de su último Libro Blanco de Defensa, abren un nuevo capítulo en la competencia militar entre Washington y Pekín en la periferia marítima china. El uso de este tipo de misiles, que pueden destruir buques de grandes dimensiones (portaaviones incluidos), lanza un poderoso mensaje político y militar a Estados Unidos sobre las crecientes limitaciones de sus capacidades en el espacio que los estrategas navales chinos denominan “la primera cadena de islas”.

Las opciones norteamericanas, tanto en el frente económico como en el de seguridad, se complican en consecuencia. China tampoco está libre de problemas: además de muchas otras dificultades, Hong Kong se ha convertido en un desafío difícil de gestionar. La celebración, el 1 de octubre, del 70 aniversario de la fundación de la República Popular marca los tiempos al presidente Xi. Una nueva guerra fría aparece cada vez más como inevitable.

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THE ASIAN DOOR: La distancia tecnológica entre Estados Unidos y China. Águeda Parra

La tecnología es el gran campo de batalla en la rivalidad creciente entre el hegemónico poder de Estados Unidos y la floreciente industria china. Alibaba, Tencent y Ant Financial ya compiten en la misma liga que Apple, Alphabet, Microsoft, Facebook y Netflix, situándose en el Top 10 de gigantes tecnológicos más importantes del mundo. Pero no todo en la revolución tecnológica de China se debe a los grandes titanes, sino que otros actores como Baidu, JD.com, Didi Chuxinb, Xiaomi, Meituan y Toutiao también están alcanzando puestos de relevancia a nivel internacional apareciendo en la clasificación mundial de grandes titanes tecnológicos entre los 20 primeros.

Este nivel de competencia es más apreciable en algunos sectores que en otros. Hablar de China es hablar de e-commerce, y las ventas en el gigante asiático son el doble que las registradas en Estados Unidos. Lo mismo sucede con el fenómeno de los pagos electrónicos, convirtiéndose China en el paraíso en el que se envían 11 veces más dinero por móvil que en Estados Unidos. Solamente en el área de e-commerce e Internet, la valoración de las empresas chinas de forma conjunta alcanza el 53% del valor de las estadounidenses. La comparativa mejora si se tiene en cuenta el potencial de los unicornios, las empresas valoradas en más de 1.000 millones de dólares. Hoy, la gran mayoría de los unicornios nacen en China y viajan por el mundo, alcanzando una valoración de mercado equivalente al 69% de sus rivales estadounidenses. Con 97 nuevos unicornios creados en 2018, China demuestra su capacidad para generar un unicornio cada 3,8 días, formando un ecosistema tecnológico de innovación que ya reúne a un total de 186 unicornios.

Esta posición privilegiada de China en la transformación digital le va a permitir posicionarse como líder global en Inteligencia Artificial en 2030. La característica única de China de ser el país más poblado del mundo, congregando a casi una quinta parte de la población mundial, es el elemento diferencial para que China se convierta en actor destacado de la nueva generación de servicios asociados a la Inteligencia Artificial. Resulta imprescindible una base tecnológica, y China trabaja concienzudamente para convertirse en líder mundial tanto desde el ámbito gubernamental como desde el empresarial. La determinación del gobierno chino incluye la creación de un parque de desarrollo de IA en Pekín con una inversión de 2.000 millones de dólares, mientras que desde el ámbito de los negocios, las empresas chinas son responsables del 78% de las patentes presentadas en la Organización Internacional de Propiedad Intelectual, 473 de titularidad china respecto de un total de 608, estando un tercio de ellas relacionadas con blockchain. Gracias al potencial de los desarrollos en IA, China se encuentra en una posición ventajosa para fomentar un nuevo marco para el desarrollo de los coches autónomos, las ciudades inteligentes y los estándares tecnológicos.

Otra de las claves que están potenciando la revolución tecnológica en China es su liderazgo en energía renovable. China se muestra comprometida con conseguir un crecimiento sostenible de su economía que reporte un mayor bienestar a su población. Resultado de esta determinación es que el gigante asiático tenga el récord de ser el país que más capacidad de energía solar y eólica genera, contando con tres de las cinco plantas solares flotantes más grandes del mundo. El progresivo crecimiento económico del país está fomentando una mayor necesidad de energía, y las previsiones apuntan a que la demanda energética en 2040 será el doble a la actual. Este hecho, conjugado con que China todavía es demasiado dependiente del consumo de carbón para su crecimiento económico, hacen que el gigante asiático sea el más contaminante del mundo. A su favor, China cuenta con ser el país que más invierte en energía renovable, alcanzando el 32% de toda la inversión global de 2018, que alcanzó los 288.900 millones de dólares, según el informe Renewables 2019 Global Status Report que publica REN21. A cierta distancia queda Europa en segunda posición, representando el 21% del total, mientras Estados Unidos se sitúa en tercer lugar alcanzando un 17%.

Con este escenario, y contando China con suficiente potencialidad como para convertirse en un agente tecnológico global, la industria tecnológica del gigante asiático todavía se mantiene unos pasos por detrás de su principal competidor, suponiendo el equivalente al 42% del potencial de Estados Unidos. Teniendo en cuenta que en 2012 la capacidad de China era de apenas el 15%, el trepidante ritmo de mejora muestra el verdadero potencial que ha demostrado China para alcanzar el desarrollo obtenido en estos últimos años. En cuestión de presupuesto las diferencias todavía son notables, representando China el 30% del gasto en tecnología que dedica Estados Unidos. Con esta proyección, algunos estudios auguran que la paridad entre Estados Unidos y China se alcanzará en unos 10-15 años, lo que supondrá para el gigante asiático disponer de un nuevo motor económico. Pero no sólo eso, en ese tiempo el emblemático proyecto Made in China 2025 habrá alcanzado los objetivos previstos y China se posicionará como un nuevo promotor de estándares tecnológicos a nivel mundial.