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Australia y Estados Unidos consolidan su alianza. Nieves C. Pérez Rodríguez

La visita del primer ministro australiano, Scott Morrison, a Washington ha sido una de las más ceremoniosas y cuidadas que ha organizado la Administración Trump, incluidos todos los honores protocolarios, la revista de tropas y la cena oficial que tuvo lugar en los jardines de la Casa Blanca, acompañada por músicos que llenaron múltiples lugares del famoso oasis y una iluminación especialmente diseñada para la ocasión que marcaba diferencia a otras galas de este tipo.

Esta es la segunda visita de Estado en la que Trump y la primera dama fueron los anfitriones. La anterior fue la visita del presidente francés Macron y su mujer. Y en esta ocasión se notó más opulencia que en la anterior. Además del ostentoso recibimiento en la capital del país, la visita incluyó un viaje a Ohio para visitar una cartonera sostenible de origen australiano que es la quinta más grande en los Estados Unidos y que acaba de hacer una inyección económica millonaria que se traduce en 5.000 nuevos empleos en ese Estado.

En los discursos de ambos líderes se remarcó la importancia que tiene generar empleos y cómo ellos contribuyen a que la economía se mantenga a flote. Así mismo fue visible ver las coincidencias en ambos líderes en una visión similar de mercado, donde se genera trabajo y se bajan impuestos para garantizar el bienestar del ciudadano.

Tanto Trump como Morrison son líderes un tanto controvertidos en sus formas, lo que les permite entenderse y estar cómodos el uno con el otro. Ambos, situados en ideologías conservadoras, aprovecharon el momento para elogiarse por su visión en políticas económicas.

Morrison asumió el cargo de Primer Ministro en 2018, aunque cuenta con experiencia política previa. Hijo de un policía que creció en las afueras de Sydney, es visto como un hombre de familia que entiende los valores tradicionales de los suburbios australianos.

La anterior visita de un primer ministro australiano a Washington fue en 2006, durante el mandato de George W. Bush, por lo que esta vez se aprovechó para afianzar alianzas y cercanías entre Washington y Sydney.

En esta ocasión los temas claves que se abordaron fueron asuntos de inteligencia, militares y asuntos económicos con especial énfasis en la región del Indo Pacífico.

Australia está invirtiendo más de 100 millones de dólares en un programa de la NASA que consiste en otro lanzamiento al espacio en el programa estadounidense a Marte. Australia quiere ampliar su sector espacial, triplicar su tamaño y, tal y como afirmó Morrison, generar 20.000 empleos adicionales para el 2030. La NASA y la Agencia australiana espacial trabajaran en conjunto para el desarrollo de estos programas de investigación y ejecución.

Cabe mencionar que la agencia espacial Australia fue fundada en julio del 2018, después de muchos años de intentos por los defensores de la industria en Australia y presión para que así fuera. Cuenta con un irrisorio presupuesto anual de 9.8 millones de dólares. Y este anuncio hecho en el marco de la visita de Morrison deja claro la prioridad que ocupa este sector en su gobierno y lo afín que están con los estadounidenses en esta materia, que es considerada crítica en la seguridad nacional y la hegemonía mundial.

El fin de semana lo cerró Trump en un evento cultural que tuvo lugar en Texas en el que participó junto con su homólogo indio Narendra Modi, y que contó con 50.000 participantes, lo que es un número extraordinariamente numeroso para una concentración de un líder extranjero en territorio estadounidense. El simple hecho de que Trump asistiera y compartiera escenario con Modi en un lugar mayoritariamente demócrata, es una muestra de la importancia que tienen el Indo Pacífico para su Administración.

Trump es un presidente atípico, tanto es así que después de tres años seguimos insistiendo en sus formas burdas y muy poco diplomáticas, en sus controvertidos comentarios e incluso en su poca información y cultura en temas claves para los Estados Unidos, pero, a pesar de todo esto, parece no estar tan equivocado en su guerra comercial con China como mecanismo de freno a tantas irregularidades. Así como tampoco parece equivocarse en consolidar la alianza Washington con Sydney que oportunamente puede jugar un rol en el Pacífico y en la necesidad de poner freno a Beijing en la región, y con consecuencias en el resto del mundo.

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