Paradoja hongkonesa

Ante los nuevos planes de China para reducir las libertades heredadas por Hong Kong del dominio británico y homologar sus normas al resto de China la reacción occidental ha sido la esperada: protestas airadas de EEUU, Reino Unido y Canadá, acompañadas de sanciones que, a la vez, dejan puertas abiertas al entendimiento, como parece lógico; y puesta de perfil de la Unión Europea bajo la eterna coartada de la prudencia. Las cartas están repartidas y el juego se mantiene aunque haya nuevos datos sobre la mesa.

A pesar de los discursos propagandísticos de Pekín sus compañeros de viaje y de las réplicas catastrofistas de algunos expertos, China no va a salir de la crisis de coronavirus mejor que antes. De hecho, las autoridades están haciendo previsiones de gastos ante eventuales crisis sociales como consecuencia del frenazo económico y para eventuales inversiones estratégicas. El gobierno prevé movilizar más de 800.000 millones de eurosentre gasto gubernamental, emisión de bonos públicos estatales y de los gobiernos territoriales e inversiones en proyectos de infraestructuras.

Pero, además de que, como todas las economías, China va a sufrir una contracción de la suya, tiene a la vez algunas dificultades estructurales que condicionan sus planes y le restan capacidad de maniobra. Por una parte se mueve en una cultura de gasto público ligada a su tradición política que necesita reducir pero que no consigue con rapidez, y, por otra, tiene una dependencia energética del exterior que le imponen una política de alianzas y accesos a fuentes no siempre coherentes con sus proclamas ideológicas. Aunque el pragmatismo chino es proverbial y creciente.

Al mismo tiempo, las posiciones de EEUU frente a la política china hacia Hong Kong pueden ser contraproducentes y, paradójicamente, allanar los planes chinos de limar la capacidad económica de la ex colonia en beneficio de otras zonas chinas. El presidente Donald Trump ha asegurado que Hong Kong no tiene la suficiente autonomía como para que EEUU le mantenga el anterior estatus, por lo que se derogarán todos los pactos entre ambos, cuestiones como el acuerdo de extradición, los controles de exportaciones o el acuerdo para uso de tecnología. «Tomaremos medidas para revocar el trato preferencial de Hong Kong como territorio aduanero y de viaje separado del resto de China». No deja de tener razón, pero no parece que esto vaya a disgustar a China.

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