Compás de espera

Poco a poco. La Unión Europea va endureciendo sus posiciones frente a China pero procurando marcar distancias, al menos formales, con Estados Unidos, como parece exigir la tradición de unas élites políticas siempre tan necesitadas de los apoyos norteamericanos como de disimular esa dependencia con resentimiento ideológico.

Pero Bruselas no puede desconocer la realidad del gran proyecto chino, autoritario y liberticida, de exportar su modelo, instalarse como potencia mundial y despreciar casi cualquier norma internacional que choque son los intereses de su gobierno.

Pero, de momento se vive un compás de espera en el que se dan pequeños pasos y con mucha cautela. Las elecciones de otoño en Estados Unidos que determinarán si se mantiene el errático factor Trump durante cuatro años más aconsejan esperar y, a la vez, dar tiempo a comprobar qué mundo económico y geopolítico va dibujándose en la post pandemia, cuando esta llegue.

Mientras tanto, la situación política en Estados Unidos se degrada a caballo de los problemas raciales y del clima preelectoral, el coronavirus sigue incorporando factores de incertidumbre que dificultan los planes chinos a pesar de su propaganda y en Rusia, con grandes dificultades, Putin aprovecha cada hueco para tratar de consolidar su poder personal, recordar que Rusia sigue siendo una potencia imprescindible, sobre todo en Europa y Oriente Medio, y exigir sentarse en todas las mesas posibles. En fin, lo mismo de antes con factores nuevos y nuevos riesgos.

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