China, África y los demás

China quiere estar en todos los escenarios que le permitan hacer negocios y ampliar su influencia política. En esto no se diferencia de cualquier otro país, pero con sus inversiones Pekín exporta poca transparencia y condiciones políticas que tienden a exportar el modelo autoritario chino y fortalecer sus políticas restrictivas. Y uno de esos escenarios sobre los que se suelen hacer menos análisis es la inversión china en África que dura ya varias décadas.

Según un informe citado por el diario La Vanguardia, China está interesada en las reservas estratégicas del continente.  “Las materias primas de una importancia clásica, como el petróleo y el gas, siguen siendo de especial relevancia en países como Nigeria y Angola, Argelia, Libia o Egipto. Lo mismo que el uranio en Namibia y Níger. O el oro en Ghana, Sudáfrica y Sudán. Pero si hablamos de platinoides, esenciales para los catalizadores, bujías, discos duros, fibras ópticas, pilas de combustible de última generación, etc., es cuando se habla casi en exclusiva de Sudáfrica y Zimbabue. Lo mismo que pasa para las baterías con el cobalto, con la República Democrática del Congo como país destacado. El mismo que concentra las mayores reservas de tántalo, un metal imprescindible para los hoy tan habituales móviles, GPS, satélites, televisores de plasma u ordenadores”. En todos estos países está China presente de una manera u otra. No es raro, señalan los expertos,  en consecuencia, que China sea uno de los principales clientes de África, necesitada como está de las materias primas que centran la economía globalizada del siglo XXI. En su caso, además, se opta por matar dos pájaros de un tiro porque, ante la posible falta de capital en los países africanos, cobra incluso en especie. “A cambio de la financiación de las infraestructuras, varios países africanos han pagado sus deudas a China con barriles de petróleo o minerales estratégicos”.

Pero esto no se hace sin problemas. Los proyectos chinos ponen nerviosos a países occidentales como Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, inversores tradicionales en la zona y rivales discretos entre sí. Pero ahora también Rusia, socio menor aunque actor político creciente, se inquieta. Todo parece indicar que los autores del golpe de Estado en Malí mantienen buenas relaciones con Moscú y pueden cambiar los parámetros de intervención de las fuerzas militares europeas que combaten al terrorismo yihadista. En el fondo, Rusia estaría tratando de conseguir una plataforma de acción en toda la región, rica en materiales estratégicos como el uranio, explotado ahora mayoritariamente por empresas francesas. Un dato: de 2000 a 2012, se identificaron aproximadamente 20 proyectos de financiación del desarrollo según fuentes oficiales chinaos en Malí a través de varios informes de los medios de comunicación. Estos proyectos van desde préstamos por valor de 75.000 millones de francos (154 millones de dólares) a tipos preferenciales de China para construir la autopista Bamako – Ségou en 2010,  hasta una subvención de 51,5 millones de dólares para construir el “tercer puente” para Malí en Bamako en 2007. 

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