INTERREGNUM: China, gigante militar. Fernando Delage

El Departamento de Defensa de Estados Unidos hizo público la semana pasada su informe anual sobre las fuerzas armadas chinas. Es la vigésima edición, la más extensa hasta la fecha, y la que con mayor claridad revela el salto de gigante dado por China en sus capacidades militares a lo largo de estas dos décadas. “En ciertas áreas, se indica, China ya se encuentra por delante de Estados Unidos”.

Entre esas áreas destaca, en primer lugar, su armada, la mayor del mundo. La marina china cuenta con 350 buques y submarinos—número que continuará creciendo—frente a los 293 de la norteamericana. Aunque desde 2017 la administración Trump se ha fijado el objetivo de alcanzar 355 buques, los presupuestos no han incluido los recursos necesarios, y los expertos no creen que pueda alcanzarse esa cifra antes de mediados de siglo. En cuanto a misiles basados en tierra, en segundo lugar, China posee más de 1.250 unidades de misiles balísticos y de crucero, con un alcance que oscila entre 500 y 5.500 kilómetros. Estados Unidos carece de los segundos—que están concentrados en sus fuerzas aéreas y navales—, mientras que el alcance de los balísticos es sólo de entre 70 y 300 kilómetros. China tiene, en tercer lugar, uno de los mayores y más avanzados sistemas integrados de defensa aérea. En cuarto lugar, se estima que China habrá duplicado su arsenal nuclear en una década (en la actualidad cuenta con unas 200 bombas).

Según el informe del Pentágono, el gasto oficial chino en defensa en 2019 (174.000 millones de dólares) supuso un aumento del 6,2 por cien, aunque como porcentaje del PIB apenas representa un 1,3 por cien. La cifra real más aproximada será de unos 200.000 millones de dólares, lo que significa que el presupuesto se ha duplicado desde 2010. Pero, naturalmente, no es solo una cuestión de cifras; mayor relevancia tienen las implicaciones para la proyección del poder chino. Desde esta perspectiva es de destacar el enorme cambio producido en el equilibrio militar entre ambos lados del estrecho de Taiwán—una cuestión de primer orden para Washington—, así como la creciente presencia global de las fuerzas armadas chinas.

El documento subraya, en efecto, que Pekín no pretende “que sus fuerzas armadas sean un mero reflejo de su modernización ni que se orienten tan sólo a las amenazas regionales”. La República Popular, se señala, ha considerado “el establecimiento de instalaciones logísticas del Ejército de Liberación Popular en Myanmar, Tailandia, Singapur, Indonesia, Pakistán, Sri Lanka, Emiratos, Kenia, Seychelles, Tanzania, Angola, y Tajikistán”. Se menciona asimismo la base ya existente en Yibuti y el interés chino por la base naval de Ream, en Camboya, además de Namibia, Vanuatu, y las islas Solomon. Es la primera vez que un documento oficial de Estados Unidos identifica de manera explícita estas posibles instalaciones de Pekín en el exterior.

La descripción de esta transformación sin precedente del poder militar chino avivará aún más la hostilidad contra la República Popular que ya existe en el escenario preelectoral norteamericano. Pero el reconocimiento de la ventaja china en determinados terrenos no deja de representar una señal para Pekín de la consecución de un nuevo logro en su estrategia de ascenso.

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Fernando Delage

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