Sube la tensión militar en el Pacífico

El verano ha sido testigo de ejercicios y maniobras militares de gran envergadura que han tenido como escenario preferente los disputados mares del sur de China que Pekín quiere hacer de exclusiva soberanía china contra los criterios de tribunales internacionales. En cada uno de estos ejercicios se han encontrado fuerzas aeronavales de EEUU y Japón, actuando juntas, y fuerzas chinas observando y recordando sus reclamaciones a la vez que reiterando su vieja aspiración de extender su dominio a Taiwán.  

 El pasado mes de agosto, EE.UU. desplegó ejercicios conjuntos con Japón y sus aliados en el Indo-Pacífico, en los que dos bombarderos B-1s, estacionados en Guam, se unieron a dos B-1s que llegaron desde Estados Unidos. En este “gran ejercicio de entrenamiento”, que comenzó el lunes 17 y terminó el domingo 18 de agosto, también participaron la fuerza de Ataque Reagan, el Cuerpo de Marines, los cazas F-35 Lightening IIs con base en Japón y cazas japoneses.

El Gobierno chino, por su parte, informó el 18 de septiembre del inicio de maniobras militares cerca del estrecho de Taiwán. Se trata, explicó China, de “una acción razonable y necesaria, dirigida a la situación actual en la región”, que tiene como objetivo ulterior proteger “la soberanía e integridad territorial” de China. Además, los días 21, 22 y 23 envió, por separado, dos aviones de combate hacia la isla.

En estos momentos, y tal vez en relación con la dura campaña electoral estadounidense, crecen las alarmas respecto a una hipotética intervención militar china en Taiwán que algunos expertos han llegado a sugerir que podría producirse la primera semana de noviembre, coincidiendo con las elecciones norteamericanas. Aunque hay que resaltar que aunque en los círculos militares oficiales de Washington el nivel de alerta y vigilancia hayan aumentado, no se considera probable una intervención china directa en Taiwán en las actuales circunstancias.

Hasta hace relativamente poco tiempo se consideraba que China no constituía un rival militar para Estados Unidos en caso de un enfrentamiento abierto. Pero, aunque hoy parece seguir siendo válida esa afirmación, las distancias se han acortado. China ha venido haciendo un enorme esfuerzo presupuestario para potenciar sus capacidades aeronavales, ha modernizado sus fuerzas terrestres, se ha ido desprendiendo  de sus dependencias, tanto de material como de doctrina, de Rusia y ha pasado de es esquema básicamente defensivo (que no ha abandonado) a desarrollar capacidades de despliegue de fuerzas fuera de su territorio. Cuando EEUU, con  Nixon, impulso los lazos con Pekín, el gran rival era la URSS y en ese escenario aquella política tenía más sentido. Pero hoy, sin dejar de ser Rusia un desafío a tener en cuenta en determinados escenarios, el reforzamiento político, comercial y militar de China exigen otra atención y otros planes desde Europa y EEUU.

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