La fruta del monje. Nieves C. Pérez Rodríguez

La fruta del monje, o siraitia grosvenorii por su nombre científico, es una fruta del sureste asiático que se ha venido cultivando hace más de ocho siglos en las regiones montañosas del sur de China y el norte de Tailandia.

Se cree que el nombre se le dio porque fueron monjes budistas quienes la cultivaron en sus orígenes. El dulzor del extracto de dicha fruta es 250 veces mayor que el del azúcar tradicional según la Federación de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos (FDA).

Este pequeño fruto redondo lleva siglos usándose en la medicina china tradicional y también se llamada “Luo han guo” o la fruta de Buda. En esta medicina se ha usado para afecciones respiratorias, de la faringe, asma, bronquitis, tos seca, molestia de garganta, entre otros.

Para obtener el azúcar de esta fruta se retira la piel y las semillas, y se exprime la pulpa del que sale un jugo que se seca y de ahí se extrae el polvo concentrado, que es el producto final.

Una particularidad única de esta fruta es que, a diferencia de la mayoría de las frutas, los azúcares naturales no son responsables de su dulzura. Su intenso dulzor se obtiene de unos antioxidantes únicos presentes en ella llamados mogrósidos.

Durante el proceso de extracción del edulcorante, los mogrósidos se separan del jugo recién exprimido por lo que el edulcorante de esta fruta no contiene fructosa ni glucosa, razón por la cual el organismo lo metaboliza de manera diferentes al azúcar tradicional.

Otra curiosidad de esta sustancia es que no contiene calorías. Y que los antioxidantes mogrósidos también tienen propiedades antinflamatorias por lo que su uso podría tener beneficios para la salud. La fruta del monje es familia del pepino, la sandía, el calabacín, el melón y de la calabaza.

Uno de los grandes beneficios de este sucedáneo del azúcar podría ser para la población diabética, puesto que no contiene calorías ni carbohidratos. Y la explicación podría estar en que los mogrósidos tienen una habilidad de estimular la producción de insulina en las células insulínicas.

El extracto de la fruta del monje también tiene otra ventaja y es que puede ser sometido a altas temperaturas en la preparación de alimentos y mantiene sus propiedades inalterables.

Una de las razones por la que su demanda ha aumentado considerablemente en los últimos años es que es un derivado de una planta, por lo que es un producto potencialmente atractivo para vegetarianos o veganos.

Esta fruta ha sido usada durante siglos en el sur de Asia, pero en occidente lleva relativamente poco tiempo. En los Estados Unidos, fue aprobada en el 2010, y también ha sido autorizado su consumo en Canadá, Australia, Nueva Zelanda y en muchos países de América Latina.

Este sucedáneo del azúcar está teniendo mucha aceptación en países occidentales por su inexistente contenido calórico, pero también por su metabolización en el organismo. Un alimento que para muchos puede ser considerado superalimento por sus propiedades y que en China ha sido usado durante siglos, en occidente ha hecho su debut consiguiendo una gran aceptación entre la población más exigente.   (Foto: Flickr, Marko Knuutila)

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