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China y Rusia en el escenario latinoamericano. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- América Latina es una región que, por sus enormes riquezas naturales, ubicación y cercanía con los Estados Unidos, representa especial interés para China y Rusia. A pesar de una compleja realidad de democracias débiles, narcotráfico, corrupción, guerrilla y tráfico humano, entre otros, que han facilitado la penetración de los intereses de Moscú y Beijing. ¿Pero hasta dónde llega la interferencia de estos gobiernos extranjeros y cuáles son las implicaciones?

4Asia asistió a un foro organizado por la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad de John Hopkins en colaboración con el Centro de Estudios de la Defensa Willian J. Perry sobre los retos de seguridad en América Latina, en el que se discutió en profundidad por parte de expertos en la región la situación actual. Un punto coincidente entre todos fue que el mayor y más complejo problema que enfrenta la región es Venezuela, que, debido a la magnitud del conflicto, se ha convertido en un problema que trasciende las fronteras y afecta a la región entera.

Moises Naím definió a Venezuela como un Estado fallido, criminal, ocupado por Cuba -que define como una invasión del siglo XXI- además de ser narco-Estado. Mientras que el embajador estadounidense William Brownfield,  con una larga experiencia en narcóticos y en la región, remarcó la idea que Venezuela es un “Estado Mafia”, connotación aún más grave que la de narco-estado, según él, debido a que el gobierno venezolano y sus instituciones está involucradas con todo tipo de crímenes internacionales.

David Smolansky, miembro del grupo de trabajo de la inmigración venezolana de la OEA, explicó la gravedad de la situación de los inmigrantes con números: 208 venezolanos salen del país cada hora, 5 mil todos los días y más de 30 mil se movilizan en las fronteras para adquirir alimentos y medicinas. Y el embajador Juan Carlos Pinzón (exministro de la defensa de Colombia y ex-embajador de Colombia en Washington) explicó que Colombia está atendiendo a los inmigrantes de la mejor manera que puede porque los consideran hermanos. Sin embargo, apuntó que cada individuo que sale de Venezuela favorece al régimen de Maduro, pues es un opositor menos en su territorio.

En cuanto a la influencia de Rusia en Latinoamérica, Julie Gurganus -miembro del Consejo de Inteligencia de los Estados Unidos- precisó los tres objetivos que persigue Rusia en el mundo: 1. Ser percibidos como un gigante y/o poderoso, 2. mantener la bipolaridad mundial y 3. disputarle la influencia a Washington. La Rusia de Putin ha jugado astutamente con esta influencia en la región latinoamericana. Suelen hacer visitas de Estado justo antes de que necesiten apoyo internacional. Un ejemplo, agrega, fueron las visitas de altos funcionarios rusos a países de esta región antes de la invasión de Crimea, que acabó con la resolución de la Asamblea General de la ONU condenando a Rusia con los votos en contra de Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela (entre otros) y con la abstención de Brasil y el Salvador (entre otros).

Así mismo, sostiene que Moscú utiliza la venta de armas para asegurarse de que sus clientes se conviertan en aliados en la zona, y conseguir influencia y dependencia de quien las compre.

En cuanto a China, Margaret Myers -directora del programa de Asia y América Latina en el Inter-American Dialogue- sostiene que la influencia de China en la región es indudable y cada día hay más programas de intercambios, que han aumentado considerablemente en los últimos 5 años. Sin embargo, insiste en que sólo la mitad de los proyectos que Beijing ha anunciado han sido ejecutados.

La motivación que mueve a China, dice, es promover oportunidades para sus empresas. Mientras que Stephen Kaplan -profesor de la Universidad George Washington-, precisa que China es el quinto país en dar créditos en el planeta, aunque lleve poco tiempo en el mundo crediticio. Intentan además diferenciarse de las instituciones tradicionales de crédito. En vez de exigir pagos en dinero, se asegura que el país acreedor comprará materia prima china y usará proveedores chinos y maquinaria china. Con lo que se aseguran parte del retorno. Puso el ejemplo de Venezuela, a quien los chinos han dado muchos créditos y como parte del pago le exigen pagar con petróleo.

Mientras que por un lado gestionan bien una dependencia de sus clientes, por otro no impone condiciones o normas de cómo usar el dinero: sólo le preocupa su retorno, no el uso que dan al dinero.

Siendo Venezuela el mayor reto que enfrenta la región, es un problema que le salpica, y muy de cerca, a Washington. A pesar de que la Administración Trump reconoce el régimen de Maduro como ilegítimo, y se ha observado un incremento de sanciones y presión, parece no ser suficiente.

China tiene una presencia muy activa en este país, así como lo tiene Rusia, que ha otorgado muchos créditos a Maduro, mientras simultáneamente han fortalecido sus relaciones con La Habana, lo que no es de sorprender pues los cubanos tienen fuerte presencia en Venezuela, sobre todo a través de los servicios de inteligencia, que, según expertos, ha sido la razón de la supervivencia del régimen a pesar del profundo descontento social.

La Administración Trump conoce la situación. Sin embargo, parece no entender la dimensión de las consecuencias más allá de la región latinoamericana. A mayor número de inmigrantes saliendo de las fronteras venezolanas mayor el riesgo que esos inmigrantes busquen como destino el norte del continente. Y ya Trump lo tiene complicado con los miles de personas que llegan de Centroamérica.

Tanto Xi jinping como Vladimir Putin saben que controlar Latinoamericana hace vulnerable a Estados Unidos mientras que ambos se hacen con los recursos naturales, con los compromisos de los gobiernos y compran apoyos estratégicos.

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THE ASIAN DOOR: Qué esperar de la extensión de OBOR a América Latina. Águeda Parra.

Han pasado cinco años desde que Xi Jinping anunciara la gran iniciativa de la nueva Ruta de la Seda que contempla el desarrollo de infraestructuras para conectar China con el corazón de Europa a través de corredores terrestres y rutas marítimas. Tiempo en el que el foco de la inversión china ha estado dirigido, principalmente, a abordar el desarrollo de proyectos por Asia Central, Sudeste Asiático, Europa y África dentro del ámbito OBOR (One Belt, One Road por las siglas de la iniciativa en inglés), pasando América Latina a ocupar un lugar secundario en el radar de las inversiones de China en el exterior.

En este tiempo, América Latina ha quedado fuera de un proyecto donde los países miembros aglutinan el 33% del PIB mundial, agrupan al 66% de la población mundial y generan el 25% de los flujos de inversión extranjera global. El anuncio de OBOR coincidía con una etapa de declive en el crecimiento de las economías latinoamericanas, que pasaban de registrar incrementos medios anuales del 3,9% entre 2004-2013, la más importante desde 1970, a apenas superar el 0,5% desde 2014, según el Banco Mundial.

El elevado precio de las materias primas impulsó una década de bonanza en una región que posee la mitad de los depósitos de plata conocidos en el mundo, el 44% de las reservas de cobre, el 20% de las reservas de estaño y el 16% de las reservas de crudo mundial. Sin embargo, el cambio producido en la composición de la economía china, más orientada ahora a fomentar el consumo interior que a la exportación de manufactura que requiere grandes cantidades de materias primas para su producción, ha hecho que se reduzca el volumen de comercio bilateral, principalmente entre 2015 y 2016. Situación que no ha impactado en el hecho de que China sea el segundo destino de las exportaciones de América Latina, por detrás del comercio con Estados Unidos que está perdiendo importancia durante la administración Trump y su doctrina del “America First”.

Aunque OBOR centra el grueso de las inversiones en el exterior, América Latina no ha dejado nunca de ser una prioridad para China, de ahí que sea el tercer emisor de inversión hacia la región. De hecho, el Banco de Desarrollo de China (CDB, en sus siglas en inglés) y el China Exim Bank han proporcionado más de 141.000 millones de dólares en préstamos a las empresas de América Latina y el Caribe entre 2005-2017, período en el que solamente el Banco de Desarrollo de China ha proporcionado más dinero a la región que el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo juntos. De ahí que Xi Jinping anunciara en el Foro de China con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en enero de 2015 su objetivo de alcanzar un comercio bilateral de 500.000 millones de dólares con la región.

El cambio más significativo de este acuerdo se producía en el ámbito de la inversión, donde están previstos 250.000 millones de dólares en los próximos diez años pero cambiando la estrategia de invertir en la industria extractora por priorizar el sector servicios. China ha identificado 11 áreas prioritarias, entre las que destacan las infraestructuras, el sector aeroespacial, las finanzas, las energías alternativas y la innovación científica. Ésta última principalmente orientada a que los titanes tecnológicos chinos puedan expandir sus negocios entre los países que pertenecen a la nueva Ruta de la Seda, fundamentalmente el e-commerce, además de extender la revolución tecnológica que está impulsando China en campos como la inteligencia artificial, las Fintech y los coches autónomos.

Este cambio en la estrategia inversora de China en América Latina responde principalmente a dos prioridades. En primer lugar, la salida de la administración Trump del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TTP, por sus siglas en inglés) y la renegociación del NAFTA entre Estados Unidos, Canadá y México, ha permitido que China adopte una actitud más agresiva en la política exterior con la región ante la perspectiva proteccionista del presidente Trump. Como consecuencia, Xi Jinping ofrecía a los países miembros de América Latina y el Caribe durante la celebración del FORO de CELAC en enero de 2018 unirse a la iniciativa OBOR como parte de una extensión de la Ruta de la Seda Marítima. Entre los 100 proyectos que están en diseño o construcción, y que suponen una inversión de 60.000 millones de dólares, destacan el desarrollo de infraestructuras de energía y transporte que vienen a cubrir las grandes necesidades que tiene la región en esta materia.

Como segunda prioridad, China busca en la futura incorporación a OBOR de los 33 miembros que componen la CELAC reducir el apoyo que todavía recibe Taiwán de algunos de los países de la región. El primero en adherirse a la iniciativa fue Panamá, al que siguieron Bolivia, Antigua y Barbuda, Trinidad y Tobago, y Guyana. Destaca que la adhesión de Panamá se produjera justo después de que el país dejara de dar apoyo a Taiwán para reconocer a China, motivado por las inversiones previstas en OBOR. Una jugada maestra que permitirá que en los próximos meses China consiga ese mismo efecto entre los 11 países de América Latina que todavía siguen reconociendo a Taiwán.

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Mafias chinas en Latinoamérica. Nieves C. Pérez Rodríguez

La presencia china en cualquier región del planeta a día de hoy es un hecho. Un informe del Foro Económico Mundial sostiene que China invirtió entre el 2003 y el 2017 más de 110.00 millones de dólares en América Latina y el Caribe, siendo el principal socio comercial de Argentina, Chile, Perú y Uruguay, y el segundo de México. Mientras que La mayor parte de la inversión china en esta región se concentró en Brasil seguido por Perú, Argentina, Cuba y Jamaica, de acuerdo a la Red académica de América Latina y el Caribe sobre China.

Estos números muestran cómo China impacta en estos países y en sus economías, pero también puede ser un indicador de más datos, que a su vez no están cuantificados por razones complejas. Por ejemplo, el número de inmigrantes chinos en América Latina, que es un gran enigma, lo que se debe en gran parte a la incompetencia de los Estados receptores de estas comunidades, o incluso complicidad como sucedió en Venezuela, bajo el liderazgo de Hugo Chávez quién documentó con pasaportes venezolanos a un gran número de ciudadanos chinos para garantizarse sus votos en elecciones, a pocos años de haber tomado posesión, a mediados de la primera década del 2000.

En Argentina existen triadas o bandas criminales chinas. Pixiu (que significa protector) opera en Buenas Aires, y se dedica básicamente a la extorción de los propietarios de las tiendas de alimentación chinas, a cambio de protección. Su modus operandi es la represalia a quién no pague su cuota, bien sea con tiros en las piernas, incendio de locales, o la muerte. Sus miembros son todos chinos (venidos de China o nacidos en la diáspora), los mediadores son chinos también, pero los sicarios en la mayoría de los casos son de otras nacionalidades para evitar que los relacionen con el crimen en cuestión. Como sucede en todas las comunidades, se establecen en pequeños grupos que tienen presionados a sus propios compatriotas.

Durante mucho tiempo, las fuerzas de seguridad suramericanas ignoraron este peligro, pero en los años más recientes se está prestando mayor atención porque se han podido comprobar vínculos de las triadas con organizaciones con Primeiro Comander da Capital, (organización criminal brasileña muy peligrosa) y con cárteles mexicanos como Los Zetas, Sinaloa o el Cartel de Juárez.

Las actividades de estos grupos se centran en el tráfico de personas, que movilizan desde China hasta Suramérica y muchos de los cuales trabajan duramente para pagar sus viajes. Otra práctica es el lavado de dinero; las mafias chinas ayudan a los carteles suramericanos a lavar grandes sumas usando empresas creadas en China y Hong Kong, a través de transferencias internacionales.

La triple frontera, esa curiosa T que forman el encuentro del río Iguazú con el río Paraná separando a Brasil de Argentina y dejando al oeste a Paraguay, según Vanessa Neumann, presidenta de la consultora Asymmetrica, en un mini Estado que beneficia a una élite corrupta mientras mantiene un gran centro de lavado de dinero, eficiente para el crimen organizado y el tráfico de tabaco, y una máquina de producción de dinero para grupos como Hezbolá. Neumann sostiene enfáticamente que los líderes del comercio paraguayo a través de la triple frontera son los chinos y los libaneses. Y las FARC colombianas, por su parte, también se han beneficiado de la triple frontera y las áreas de libre mercado en el Caribe y Panamá para movilizar contrabando.

Durante la conversación que 4Asia sostuvo con Neumann, nos aseguraba que el tráfico de tabaco proviene en su mayoría de las fábricas de Horacio Cartés en Paraguay y viaja a China en unos misteriosos vuelos que salen del aeropuerto Guaraní, ubicado en la ciudad del Este del Paraguay -en la triple frontera-. Estos aviones aterrizan ahí cargados de ropa y electrodomésticos de contrabando chino y regresan a China con el tabaco. Neumann está convencida de que debe haber también contrabando de armas chinas, pero apunta no haber podido confirmarlo. “El contrabando del tabaco a China es un tema muy complicado” afirma, porque está prohibida la importación de marcas extranjeras; técnicamente es un mercado cerrado, de dominio y control del Estado. Sin embargo, los militares chinos (PLA) tienen un sistema de corrupción y tráfico ilícito de tabaco que aprovechan para financiarse.  Igualmente, nuestra entrevistada asegura que ese tráfico ilícito de tabaco beneficia a Corea del Norte que se sustenta de todo tipo de comercio legal o ilegal con China.

Desafortunadamente, la existencia de organizaciones criminales y el contrabando son prácticas bastante comunes en todos los Estados, incluidos los que con gran sofisticación previenen y combaten la proliferación de las mismas. Lo llamativo es que estás prácticas existan en un Estado como el chino, que mantiene excesivo control y penalización de sus ciudadanos. El hecho de que las fuerzas militares chinas manejen el contrabando del tabaco en su territorio, es conocido por el Estado, quien podrían erradicarlo y sin embargo lo permite. Así como han permitido el lavado de dinero que durante años ha tenido lugar en China, pero que oportunamente ha favorecido el crecimiento de su economía.

La doble moral del Estado chino ha sido pertinentemente puesta en práctica para favorecer los intereses del Estado y su perpetuación. (Foto: Ludovic Tolar, Flickr.com)

Guerra Fria

INTERREGNUM: Hacia una nueva Guerra Fría. Fernando Delage

El pasado 29 de agosto, el Diario del Pueblo de Pekín publicó un artículo de un alto cargo del Consejo de Estado chino, Long Guoqiang, en el que vaticinaba “profundos cambios estructurales” en la relación entre las dos mayores economías del planeta. “La guerra comercial—escribió—no es sólo un instrumento de Estados Unidos para lograr mayores beneficios económicos; es también una estrategia para contener a China”.

Su columna no es sino una nueva señal de cómo los líderes chinos perciben el actual enfrentamiento económico entre Washington y Pekín como anticipo de una previsible escalada a la esfera política y de seguridad, que pueda conducir a asu vez a una Guerra Fría—si no a algo peor—entre ambos gigantes. A ninguno le conviene un escenario conflictivo, que escaparía pronto a la capacidad de control de ambos. Pero es probable que ni siquiera pueda conseguir Trump los objetivos que pretende al decidir denunciar a China como rival.

Es evidente que no contará con la disposición de Pekín a ayudarle en distintas cuestiones en las que Estados Unidos tiene un reducido margen de maniobra, como el problema nuclear norcoreano. Más grave resulta que quizá no se haya medido bien desde la Casa Blanca la práctica imposibilidad de que China pueda darle las concesiones que busca. La República Popular, en primer lugar,  no va a renunciar a su estrategia de innovación tecnológica—causante de la respuesta de Trump—, al considerarla como decisiva para la sostenibilidad de su crecimiento económico y su estatus internacional futuro. En segundo lugar, porque el presidente Xi Jinping no puede permitirse una imagen de debilidad ante una opinión pública cada vez más nacionalista. Ceder a las presiones de un país occidental es políticamente inviable en la China del siglo XXI. Por lo demás, el menor porcentaje que representan las exportaciones en el PIB chino con respecto al pasado, y sus gigantescas reservas de divisas le proporcionan notables defensas frente a las sanciones norteamericanas.

Responder al desafío que representa China como lo hace Trump es actuar como si ambas potencias se movieran aún en el tablero del siglo pasado. Ni la presión militar ni la imposición de tarifas a sus exportaciones pueden doblegar la determinación china de situarse en el centro del sistema internacional a mediados de siglo. Si no lo logra, se deberá a obstáculos internos—demográficos, financieros, sociales o medioambientales—más que a la estrategia de Trump.

Sirva como ejemplo la presencia de la práctica totalidad de los jefes de Estado africanos en Pekín la semana pasada para la séptima cumbre del Foro China-África. La oferta de 60.000 millones de dolares a los países africanos para el desarrollo de infraestructuras debe acogerse con cierto escepticismo: es un riesgo añadido para la deuda china, y aún más para los países receptores. Pero compárense las acciones—y las cifras comerciales—de Pekín en África con las de Washington. O en América Latina. O en Oriente Próximo. La creciente dependencia de estas regiones de China se está convirtiendo en un hecho consumado, mientras la administración Trump concentra su atención en culpabilizar a Pekín de sus problemas económicos nacionales. (Foto: John Atte Kiln, Flickr.com)

 

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China a la conquista de América Latina (y 2). Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Estados Unidos es consciente de que China juega en el terreno diplomático no tradicional a un juego de seducción económica y penetración de sus empresas. Recientemente, el secretario de Estado, Rex Tillerson, acusó a China de ser una economía depredadora. En su gira por Latinoamérica dijo: “China ofrece un camino aparentemente atractivo hacia el desarrollo, pero a menudo esto implica ganancias a corto plazo a cambio de una dependencia de largo término”.. Según Sean Miner, esto no siempre es cierto, pero hay algunos ejemplos donde sí ha sido; Venezuela es un uno de ellos, así como Ecuador.

Miner, experto en China, con foco especial en sus políticas económicas, y director asociado del área china en el Atlantic Council, en la segunda entrega de la entrevista que le concedió a 4Asia expuso el caso de Ecuador, donde el expresidente Correa ha sido acusado por el actual presidente Moreno de haber dejado al país en una gran deuda con China en acuerdos de préstamo por petróleo. Moreno afirma que Ecuador le debe a China más de 500 millones de barriles de petróleo, o sea, más de tres años de la producción de petróleo del país, lo que significa que Ecuador debe enviar la gran mayoría de su petróleo a Asia para pagar sus deudas. Esto priva al país de una importante fuente de ingresos para su gasto interno, en cuestiones como el bienestar social.

Miner identificó los desafíos que representa China para Estados Unidos en dos grandes grupos. Primero, los problemas económicos; en segundo lugar, la seguridad a largo plazo. A medida que China se acerca estratégicamente a países como Brasil, Argentina e incluso México, esa cercanía podría tener un efecto debilitador de las alianzas de Washington con estos países. En otras palabras, estas naciones podrían ir en contra de los Estados Unidos en organizaciones internacionales. Además, en países como Panamá, donde se cambió la lealtad diplomática de Taiwán a China, se traduce en un gran problema para Estados Unidos, ya que Washington ha jurado proteger a Taiwán en caso de ser atacado. Y cuantas menos relaciones diplomáticas tiene Taiwán, más débil se vuelve.

Así mismo, algunos países, ricos en recursos naturales, dependen de China para su crecimiento económico, y los estudios han demostrado que estos países tienen menos probabilidades de diversificar su economía, por ejemplo, hacia el sector de servicios y tener un sector manufacturero más dinámico. El comercio con China puede inhibir esta transición.

Le preguntamos también sobre cuál fue el mensaje de Tillerson para América Latina, y éstas fueran sus palabras: “Tillerson mencionó recientemente que la Doctrina Monroe, un documento que describe a América Latina como una esfera de influencia estadounidense que no debe ser alterado por poderes externos, está tan vigente hoy como lo fue el día en que fue escrita” en 1823. Pero Washington no debería hablar de América Latina como su “esfera de influencia” o su “patio trasero. Se debería cambiar la estrategia hacia esta región, dice, “y dedicar un mayor esfuerzo en fortalecer las relaciones con los países de la región. Dada la importancia de América Latina para los Estados Unidos, Washington debería desarrollar vínculos diplomáticos y económicos más fuertes, especialmente con México, así como convendría reparar el daño que ha sufrido esta relación bilateral”.

Así mismo, Miner afirmó que Estados Unidos debería buscar fortalecer su relación con Cuba, en lugar de retroceder en los progresos que se llevaron a cabo recientemente. En cuanto a las relaciones con Brasil y Argentina, Washington debería aprovechar las similitudes en las visiones democrática compartidas con estos países para la promoción de la democracia y los derechos humanos, sostiene, Esto sería una estrategia más efectiva que intentar contrarrestar directamente el aumento de China en la región, en su opinión.

Por último, le preguntamos sobre si cree que China quiere ejercer influencia militar en la región latinoamericana, y su respuesta fue enfática. Él no ve a Beijing programando ejercicios militares en la región en un futuro cercano.  Para él, la prioridad china es proyectar y ejercer influencia en la Región Asiática, y quedarse con el poder que a día de hoy ejerce Estados Unidos.  Que en congruencia con las afirmaciones hechas en esta página anteriormente, China está jugando a fortalecer su imagen de gran potencia primeramente en Asia, y, una vez consolidada esa influencia, podría considerar extender sus tentáculos a regiones más lejanas, como Latino América, en la que ya lleva un largo camino recorrido. Una influencia que, valga decir, ni la Administración Obama ni la Administración Trump (de momento) parecen haber considerado como amenaza.

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China a la conquista de América latina (1) Entrevista a Sean Miner. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- En la visita del presidente chino Xi Jinping a América Latina en el 2014, éste planteó como objetivo que las empresas chinas invirtieran 250 mil millones de dólares en América Latina para el 2025. “lo que es una muestra de los efectos del poder blando de la diplomacia económica china, que, por un lado, ayuda a mejorar la imagen de China en el exterior, mientras que consigue persuadir apoyos en organizaciones internacionales como Naciones Unidas, a la vez que facilita políticas más amistosas con otras naciones”. Esta es la opinión de Sean Miner, director asociado del área china en el Atlantic Council, uno de los think tank más respetados en Washington.

4Asia tuvo la oportunidad de entrevistar a este experto, quién además de hablar mandarín y haber en Beijing, tiene un profundo conocimiento de la cultura china, con especial énfasis en sus políticas económicas. Con un extenso número de publicaciones en China, también trabajó para el instituto económico internacional Peterson.

Para Miner, América Latina es una región cada vez más dinámica y económicamente atractiva, con numerosas oportunidades en negocios e inversiones. En su opinión, en los primeros años del siglo XXI, los líderes chinos se dieron cuenta de que necesitaban tener más acceso a recursos naturales para garantizarse el crecimiento veloz de la economía, por lo que empresas chinas, especialmente las semiprivadas, empezaron a invertir en el exterior, sobre todo en el sector de la extracción.

Sin embargo, esta estrategia de inversión ha evolucionado junto con el crecimiento de la economía y la expansión de sus marcas. China tiene más actividad en el sector de servicios a día de hoy, por lo que esas empresas de servicios, como las tecnológicas o de información, finanzas, transporte y electricidad, se están expandiendo. Además, muchas empresas chinas mantienen todos sus activos en China, lo que puede ser un gran riesgo para una gran corporación, por lo que están invirtiendo en el extranjero para diversificar sus fuentes de ingresos y garantizar su supervivencia.

Le preguntamos sobre la dinámica comercial y las razones detrás de las grandes inversiones chinas en México, Brasil y Venezuela. Y esto fue lo que dijo:

México tiene relativamente pocos recursos naturales, por lo que a primera vista podría parecer un objetivo extraño para las inversiones chinas en el extranjero. Sin embargo, México es un país manufacturero fuerte que está altamente integrado en las cadenas de suministro regionales, y desde 2015 tiene salarios más bajos que los chinos. También forma parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) y de la Alianza del Pacífico. Por eso, las empresas manufactureras chinas, especialmente las automotrices, comenzaron a establecerse en México para poder vender más fácilmente a América del Norte y América del Sur.

Brasil es un mercado atractivo para muchos inversores internacionales, no solo chinos. Las empresas chinas han invertido más de 60 mil millones de dólares solo en este este país, y en diversos sectores industriales, incluyendo el petrolero y gasífero, minero, transporte, automotriz, finanzas, electricidad y energía alternativa. Pero los prestamistas estatales chinos, como el Banco de Desarrollo de China y el Banco Export-Import de China, también han prestado a Brasil decenas de miles de millones de dólares, principalmente en el sector del petróleo y el gas. Esta inversión y los préstamos son parte de la estrategia de China para garantizarse su seguridad energética, y han tenido éxito. Brasil ahora exporta más petróleo a China que cualquier otro país en América Latina.

Venezuela, los prestamistas estatales chinos han prestado al gobierno venezolano o PDVSA más de 60 mil millones de dólares, principalmente en acuerdos de préstamo por petróleo. Y los expertos dicen que Venezuela aún le debe a China al menos 25 mil millones. Esto le asegura a China el suministro petrolero, incluso si los precios del petróleo subieron significativamente. Sin embargo, la imagen de China ha sufrido en este caso, ya que ahora están siendo acusados de apoyar la mala gobernanza y prolongar el régimen de Maduro, que pudo haber colapsado, pero que gracias al dinero chino, así como el ruso, y otros, se ha mantenido. Además, los prestamistas estatales chinos corren el riesgo de no recibir el reembolso de sumas importantes de dinero si hay un cambio en el gobierno.

La conquista de América Latina por parte de China difiere de las conquistas históricas tradicionales, donde el conquistador buscaba hacerse con más territorio e intencionalmente ejercer influencia en el territorio conquistado. La conquista china es una conquista de los recursos naturales del país receptor, para poder garantizar a su propio territorio y población el suministro de estos recursos, que a su vez acompañen al crecimiento de su economía.

Lo que no significa que anula del todo la posibilidad de ejercer influencia regional, pero al menos ahora su foco está en el beneficio económico que pueda reportarle.

Democracy

El misterio del crecimiento. Miguel Ors.

En agosto de 2000 los Gobiernos de las dos Coreas organizaron un encuentro de familiares separados por la guerra civil. Un avión cargado con 100 ciudadanos del norte se cruzó en el aire con otro cargado con 100 ciudadanos del sur. Kim Jong Il, el Querido Líder, había sido muy preciso sobre las condiciones de la reunión. Para minimizar el riesgo de deserciones, ningún surcoreano volaría de vuelta a casa hasta que no hubieran aterrizado en Pionyang todos los norcoreanos. Los dos grupos viajaron acompañados por funcionarios, pero mientras Seúl instruyó a los suyos para que se mantuvieran en un discreto segundo plano, los comunistas no debían perder de vista a sus compatriotas. “Cada vez que se acercan los hombres del otro lado [de la habitación], los que llevan las insignias raras”, contaba la surcoreana Kim Suk Bae al New York Times, “[mi hermana] empieza a elogiar al Querido Líder y nos insta a hacer lo mismo”.

La hermana de Kim Suk Bae había dejado su casa en 1950, cuando no era más que una niña, para participar en una representación escolar ante el Ejército Rojo. Debió de hacerlo muy bien, porque la “reclutaron” para mantener alta la moral de la tropa y jamás regresó. Cada año, cuando llegaba el aniversario de su madre, engalanaba la mesa y celebraba una fiesta ella sola. “He vivido hasta hoy con el remordimiento de haber sido una mala hija”, confesó a su madre.

“Pero… ¡si te ha ido fenomenal!”, exclamó esta piadosamente con la mirada empañada.

A pesar de que todos los norcoreanos habían sido cuidadosamente elegidos de entre la élite, no podían ocultar las huellas de décadas de privación. “Era más pobre de lo que imaginaba”, comentaría un médico de Seúl tras despedirse de su hermano. “Decía que vivía bien, pero tenía un aspecto horrible y estaba muy delgado”.

“El nivel de vida de los surcoreanos es similar al de España”, escriben Daron Acemoglu y James Robinson en Por qué fracasan los países (Deusto, 2012). “El del norte […] es parecido al de un país subsahariano”. Por encima del paralelo 38, “la esperanza de vida es 10 años inferior”. El testimonio más elocuente del abismo que separa a las dos Coreas es la imagen de satélite que refleja la iluminación nocturna a ambos lados de la frontera. Mientras el norte “está prácticamente a oscuras debido a la falta de electricidad”, el sur “luce resplandeciente”.

Estas diferencias tan pronunciadas son muy recientes. Hasta 1945 eran el mismo país. ¿Cómo han podido divergir tanto?

Los expertos han barajado todo tipo de teorías para desentrañar la desigualdad entre las naciones. Max Weber atribuyó el arraigo del capitalismo en la Europa central y septentrional a la ética protestante del trabajo. Otros han culpado a la malaria de la postración de los trópicos. Finalmente, hay quien cree que la falta de formación de las clases dirigentes es lo que ha condenado a África al subdesarrollo. Pero “ni la cultura ni la geografía ni la ignorancia pueden explicar los caminos separados que tomaron Corea del Norte y del Sur”, sostienen Acemoglu y Robinson.

Para ellos, el “misterio del crecimiento” quedó resuelto hace tiempo: únicamente hay que dotar a la sociedad de estructuras que brinden a las personas la posibilidad de hacer cosas. La crónica de la humanidad está llena de ejemplos que lo prueban. En eso consiste Por qué fracasan los países. Tras años de investigación, Acemoglu y Robinson habían acumulado cientos de casos que no habían podido incluir en sus artículos científicos y decidieron reunirlos en un libro más divulgativo.

El relato arranca con otro experimento natural. Se coge una población que ha vivido siempre junta, se parte en dos, se le entrega una mitad al Gobierno de los Estados Unidos y la otra al de México y se vuelve al cabo de siglo y medio. Parece la ocurrencia de un científico loco, pero es la historia de Nogales. Si te pones de pie al lado de la valla y miras al norte, lo que ves es el estado de Arizona, donde la renta media por hogar es de 30.000 dólares, la mayoría de los adultos tiene estudios secundarios, la esperanza de vida es alta y la delincuencia baja y los dirigentes están sometidos a la disciplina de unas elecciones libres y competitivas.

Al sur de la alambrada la existencia es bastante más difícil. A pesar de que los habitantes de Nogales (Sonora) ocupan una zona relativamente acomodada de México, los ingresos familiares son dos tercios menores que los de sus vecinos norteamericanos. Muchos adolescentes no van a clase, la gente es menos longeva, apenas hay seguridad y la política está minada por la corrupción. “¿Cómo pueden ser tan diferentes las dos mitades de lo que, esencialmente, es una misma ciudad?”, se preguntan Acemoglu y Robinson. La disparidad de fortuna no se debe a la meteorología o la ética, sino a las instituciones, que crean “incentivos muy distintos”. Los jóvenes estadounidenses saben que, si tienen éxito como emprendedores, podrán disfrutar de las ganancias obtenidas. El Estado no es, como en México, el cortijo de una oligarquía, sino que es inclusivo. Garantiza la igualdad de oportunidades mediante la provisión de sanidad y educación, y facilita que cualquier particular se embarque en la actividad económica que desee: crear empresas y registrar patentes, emplearse por cuenta propia o ajena, contratar a terceros y, por supuesto, gastar el dinero como desee, comprando artículos y conservándolos o traspasándolos a su antojo.

Si todo esto es tan obvio, ¿por qué no eligen todos los países estructuras inclusivas? Porque los intereses de las élites y los de la mayoría no siempre coinciden. A Carlos Slim, el magnate mexicano, no le iría muy bien si las telecomunicaciones se prestaran en régimen de competencia, pero ha sabido convencer a las dirigentes para que preserven su posición de dominio.

Además, las instituciones extractivas no siempre gozaron de mala prensa. En su día supusieron un avance. Los súbditos de los faraones egipcios o de los emperadores de Roma preferían su administración autocrática al estado de naturaleza, donde la vida era desagradable, brutal y corta. Incluso en fechas más recientes se han dado episodios de intensa expansión bajo regímenes nada pluralistas, como el soviético, cuyos líderes lograron generar riqueza trasvasando activos de la agricultura a la industria pesada.

Se trata, sin embargo, de un proceso insostenible. Llega un momento en que no hay más campesinos ni parados que trasladar a las fábricas y, para seguir creciendo, no basta con movilizar recursos: hay que usarlos de modo más eficiente. Eso requiere innovar, pero ¿quién va a hacerlo si no tiene la certeza de quedarse con el fruto de su esfuerzo?

Incluso aunque un genio solitario desarrollara altruistamente una tecnología disruptiva, su adopción constituiría una amenaza para los poderes establecidos. Acemoglu y Robinson cuentan que Tiberio ejecutó a un desgraciado que le presentó un vidrio irrompible. Y varios siglos después, William Lee tuvo más suerte: Isabel I no le cortó la cabeza por inventar una máquina de tejer medias, pero tampoco le permitió explotarla. “Apuntáis alto, maestro Lee”, le dijo. “Considerad qué podría hacer este descubrimiento a mis pobres súbditos. Sería su ruina. Los privaría de empleo y los convertiría en mendigos”.

“La innovación hace que las sociedades humanas sean más prósperas”, escriben Acemoglu y Robinson, “pero comportan la sustitución de lo viejo por lo nuevo, y la destrucción de los privilegios”. La industrialización triunfó en Inglaterra porque la monarquía había salido muy debilitada de la Revolución Gloriosa de 1688, pero en España la aristocracia logró retrasarla más de un siglo. “El progreso se produce cuando no consiguen bloquearlo ni los perdedores económicos, que se resisten a renunciar a sus prerrogativas, ni los perdedores políticos, que temen que se erosione su hegemonía”.

Acemoglu y Robinson se muestran moderadamente optimistas sobre el futuro del planeta. Ha habido avances claros en Asia y Latinoamérica, pero las transiciones son complicadas. La teoría de la modernización del sociólogo Seymour Lipset postula que cuanto más opulenta es una sociedad mayor es la posibilidad de que se haga democrática, pero la evidencia histórica no es concluyente. Te puedes quedar atascado en una democracia de baja calidad mucho tiempo. Incluso pueden darse regresiones. Alemania figuraba entre los países más ricos e industrializados a principios del siglo XX y ello no impidió el surgimiento del nazismo.

Douglass North ya señaló una inquietante paradoja: la prosperidad requiere un complejo entramado institucional (leyes, mercados, tribunales imparciales, funcionarios, policías), pero una vez levantado ese Leviatán, ¿qué garantías existen de que sus responsables no lo secuestren y lo usen en su provecho y no en el de la mayoría, como ha hecho la dinastía de los Obiang en Guinea? Ese riesgo siempre está ahí.

Y no hay nada más temible que un Estado moderno. Ni siquiera los monarcas absolutos dispusieron de tantos medios de control y coerción. En China las autoridades han capado internet y en Corea del Norte no te dejan tener teléfono y vigilan hasta lo que te pones. El médico de Seúl que participó en el encuentro de 2000 se fijó en que el abrigo de su hermano estaba raído y le ofreció uno nuevo. “No puedo”, le respondió, “me lo ha prestado el Gobierno para venir aquí”. Quiso entonces darle unos billetes, pero también los rechazó. “Si vuelvo con dinero, me lo pedirán, así que quédatelo”.