notre dame

La Gran Muralla, Notre-Dame y Oscar Wilde. Miguel Ors Villarejo

Notre-Dame tardó más de dos siglos en culminarse, pero Emmanuel Macron ha prometido reconstruirla en cinco años. No es lo mismo levantar una catedral desde cero que reconstruirla, pero se trata en todo caso de una diferencia de tiempo enorme, que da idea de lo mucho que ha avanzado la civilización. Nos han educado en la veneración de las Siete Maravillas del Mundo que nos legó el helenismo. El Coloso de Rodas, el Faro de Alejandría o las pirámides de Guiza se erguían imponentes en las láminas de nuestros manuales de historia, pero cualquier país mediano podría hoy replicarlas sin incurrir en un esfuerzo excesivo. La Estatua de la Libertad es más alta que el Coloso, Torrespaña le saca más de 100 metros al Faro y con lo que nos hemos gastado en el AVE a Barcelona podríamos montarnos un juego de 11 pirámides como la de Keops. En Las Vegas ya se les ha ocurrido: el hotel Luxor replica el mausoleo egipcio y, aunque no lo iguala en tamaño por 30 metros, es mucho más acogedor.

Durante siglos la obra más cara de la humanidad fue la Gran Muralla. La firma británica de material de construcción Travis Perkins calculó hace unos años lo que supondría erigir las llamadas Nuevas Siete Maravillas, de las que la fortificación china forma parte, y concluyó que podría entregar sus 21.000 kilómetros en 18 meses, y no a lo largo de 2.000 años y varias dinastías. Eso sí, el presupuesto se iría hasta los 62.000 millones de euros. Es un dinero, sin duda, pero la Gran Mezquita de la Meca la gana por 40.000 millones.

El Coliseo de Roma, otra de las Nuevas Siete Maravillas, saldría por 461 millones de euros, con lo que ni siquiera estaría entre los 20 edificios más caros. En cuanto al Taj Mahal, símbolo del lujo oriental durante tanto tiempo, Travis Perkins te lo podría dejar en 80 millones, una miseria comparado con lo que los superricos del siglo XXI pagan por sus mansiones.

La propia Notre-Dame no costó más de 250 millones, según estima la tesis de la investigadora Amy Denning. Esta suma no es ni la mitad de los 700 millones que, dos días después de que la catedral ardiera, se llevaban recaudados en donaciones privadas. Esta espectacular reacción de solidaridad revela que la impresión que dejan en nuestro ánimo estos monumentos supera claramente su importe económico (que, por otra parte, resulta sorprendentemente bajo).

Quizás Oscar Wilde estaba después de todo equivocado cuando apuntó que “el hombre moderno conoce el precio de todo y el valor de nada”. (Foto: Sebastien Poncelet)

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THE ASIAN DOOR: La promesa del Made in China 2025. Águeda Parra

El objetivo de Xi Jinping de convertir a China en una economía que consolide su influencia como poder global en 2049 pasa, en gran medida, por abordar ciertas reformas dirigidas a modernizar su economía. La China que hace unas décadas estaba considerada como “la fábrica del mundo” hace tiempo que persigue convertirse en referente tecnológico mundial cambiando el Made in China por el Designed in China.

En estos últimos años, China no ha escatimado gastos en innovación científica. El gigante asiático ha conseguido que el importe destinado a la inversión y desarrollo (I+D) de los últimos cuatro años supere el 2% del PIB, alcanzado en 2018 el 2,18% e incrementándose la inversión en un 11,6% respecto al año anterior, hasta los 293.600 millones de dólares. Aunque China no es la potencia que mayor gasto dedica a la I+D, sí forma parte del Top 5 de grandes economías mundiales ocupando el cuarto lugar, junto a Japón, Alemania y Estados Unidos, que lideran la clasificación, quedando por delante de la inversión que destina el conjunto de la Unión Europea que ocupa la última posición de esta clasificación, según el Banco Mundial. De ahí las reticencias que han llevado a Estados Unidos a iniciar una guerra comercial con China, donde lo que menos importancia tiene son los aranceles a los productos chinos cuando lo que está en juego es mantener la supremacía como referente tecnológico mundial.

Se podría decir que la iniciativa de la nueva Ruta de la Seda es al estrecho de Malaca, lo que el Made in China 2025 (MIC2025) es para la industria de los semiconductores. Se trata de dos grandes proyectos del gobierno chino concebidos para reducir lo que posiblemente son las dos amenazas más importantes que enfrenta China en clave geopolítica con el resto de grandes potencias. En el primer caso, se trata de construir un conjunto de rutas alternativas al estrecho de Malaca para evitar el aislamiento energético de China ante un posible bloqueo del paso marítimo en el caso de conflicto con otras potencias extranjeras. En el segundo caso, la iniciativa Made in China 2025 es el plan gubernamental con el que el país aspira a convertirse en un gigante de los semiconductores, pieza esencial para conseguir el máximo nivel de modernización de la industria china.

China perdió su posición de gran potencia, económica e innovadora, en el momento en el que la Revolución Industrial impulsó el ritmo de desarrollo económico de los países occidentales hasta convertirlos en grandes potencias mundiales. Ante el reto de recuperar de nuevo esta ansiada posición, China pretende conseguir una producción de contenido nacional de componentes y materiales básicos del 40% en 2020, que alcanzará el 70% en 2025, y que supondría el salto tecnológico necesario para no tener que depender de las potencias extranjeras en su propio proceso innovador. En la hoja de ruta, China ha considerado hasta 10 industrias de vanguardia con las que espera conseguir el dominio tecnológico mundial, y que van desde la industria aeroespacial, los vehículos de energías alternativas, la nueva generación de tecnologías de la información y la robótica.

La industria de los semiconductores está considerada como la piedra angular en la carrera por el liderazgo tecnológico mundial. Aquel país que tenga los mejores chips, no sólo estará en posesión de la mejor tecnología, sino que será el que establezca los protocolos de comunicación a nivel mundial, escenario de fondo de la lucha entre Washington y Beijing por liderar el desarrollo de la tecnología 5G. Incluso con una guerra comercial de por medio, algunos consideran que Made in China 2025 será un éxito, a pesar de Trump, sencillamente porque es un objetivo al que el gigante asiático no puede renunciar si no quiere volver a perder el segundo tren de la revolución económica mundial.

Aunque apenas queda un año para el primer hito del proyecto que se cumplirá en 2020, el camino será largo hasta conseguir completar los ambiciosos objetivos que plantea Made in China 2025. De los chips que utiliza China, solamente un 16% son de producción nacional, siendo necesario destinar a la importación de semiconductores 260.000 millones de dólares en 2017, un importe bastante superior a los 162.000 millones de dólares necesarios para asegurar el abastecimiento de petróleo del país. Ante la vulnerabilidad estratégica que supone para China la dependencia del suministro de componentes extranjeros, el primer paso será desarrollar una industria de semiconductores que le permita competir con Corea del Sur y Taiwán, para finalmente pasar a la liga en la que se mueve Estados Unidos, el actual líder mundial. Es decir, que Semiconductor Manufacturing International Corporation (SMIC), la empresa china mejor posicionada en esta industria, compita en igualdad con la élite que representan el gigante estadounidense Intel, o el líder mundial surcoreano Samsung Electronic.

La más reciente incorporación a esta carrera por la fabricación nacional de chips procede de uno de los grandes titanes tecnológicos chino, Alibaba, que ha creado una nueva filial, denominada Píngtóuge (平头哥), dedicada exclusivamente a este fin. La inversión en nuevas tecnologías está marcando las decisiones empresariales del líder mundial del e-commerce, manejando plazos muy competitivos. Este próximo mes de abril pretende tener disponible su propio chip de red neural, el Ali-NPU, que se utilizará en aplicaciones de inteligencia artificial como análisis de imágenes de vídeo y machine learning. Con esta nueva incorporación de los titanes chinos, la carrera por convertirse en el gigante de los semiconductores entra en una nueva dimensión, nuevos jugadores, más competencia, mayor rivalidad entre potencias, a lo que habría que sumar la proyección de Made in China 2025 como símbolo del creciente nacionalismo dentro del país.

parabola de los ciegos

La ceguera maltusiana. Miguel Ors Villarejo

Desde que Thomas Malthus argumentara en su Ensayo sobre el principio de la población (1798) que nunca erradicaríamos el hambre, porque la humanidad crecía más deprisa que los alimentos, la natalidad no ha gozado de buena fama. Todavía en 1968 el entomólogo Paul Ehrlich sacudía la opinión pública con La explosión demográfica, un bestseller en el que auguraba la inminente muerte por inanición de millones de personas si no se adoptaban medidas inmediatas y, en 1979, Pekín decretaba la política del hijo único en medio de la aprobación general: dado que el comunismo no lograba mejorar la renta, Mao reducía el per cápita y así le salía una ratio más presentable en las estadísticas.

Las tesis antinatalistas se veían reforzadas por las imágenes de aglomeraciones que nos llegaban de Asia. Al ver los trenes masificados de la India y las riadas de ciclistas chinos pensábamos: ¿cómo van a salir nunca de la miseria si no dejan de reproducirse como conejos? En nuestras cabezas, la realidad estaba compuesta, de una parte, por un planeta de recursos menguantes y, de otra, por una especie de necesidades crecientes. El resultado solo podía ser la explosión de la que hablaba Ehrlich.

Sin embargo, las investigaciones más recientes y, en particular, las del último Nobel Paul Romer ven las cosas de un modo diferente. La realidad no está formada por recursos y necesidades, sino por objetos e ideas. Los recursos surgen de combinar las ideas con los objetos y, aunque estos son limitados, las ideas no lo son y, por tanto, los recursos tampoco. Podemos quedarnos sin carbón (el objeto), pero no sin carburante (el recurso), porque sustituimos las máquinas de vapor por motores de explosión (la idea) que funcionan con gasolina.

Kenneth Boulding publicó en 1966 un ensayo en el que hablaba de “la nave espacial Tierra”, para enfatizar los límites del planeta en el que viajamos, pero estos son más elásticos de lo que su metáfora sugiere, como puso de manifiesto la apuesta que planteó Julian Simon a Ehrlich. “Si son ciertos sus negros augurios”, le vino a decir al autor de La explosión demográfica, “los precios de las materias primas no dejarán de subir. ¿Por qué no coge usted las cinco que quiera y vemos qué ha pasado con su cotización dentro de 10 años?” Dicho y hecho. Asesorado por John Paul Holdren (físico, profesor de Harvard y futuro consejero científico de Barack Obama), Ehrlich eligió el cobre, el cromo, el níquel, el estaño y el tungsteno y, en 1980, suscribió un contrato con Simon.

A lo largo de la siguiente década, la población siguió aumentando y las reservas de metales se mantuvieron estables. “Ehrlich se frotaba las manos”, cuenta en su blog David Ruyet. Pero llegó octubre de 1990 y “para espanto de uno y carcajadas del otro”, se comprobó que las cinco commodities se habían abaratado. El descubrimiento de nuevos yacimientos, la finalización del monopolio del níquel canadiense, las mejoras en la extracción del cromo, la aparición de sustitutivos como cerámicas y plásticos y, en suma, el ingenio del hombre habían conjurado el apocalipsis de Ehrlich.

Esto no significa que vaya a ser siempre así. De hecho, desde comienzos de siglo la tendencia de las materias primas se ha invertido. “No hay ninguna ley de la naturaleza”, observa Ruyet, “por la que los precios de los productos básicos deban bajar inexorablemente”. Pero en cuanto se encarecen más de la cuenta, la gente se busca la vida, lo que reduce la presión alcista. Como comentó en cierta ocasión Don Huberts, un directivo de Royal Dutch/Shell, “la edad de piedra no se acabó porque nos quedáramos sin piedras”. El desarrollo tecnológico nos ha permitido sortear las escaseces antes incluso de que se materializaran.

En esa capacidad para combinar objetos e ideas radica el origen de la riqueza de las naciones y, en principio, más gente debería significar más ideas. ¿Por qué se da la paradoja de que naciones densamente pobladas como China y la India sean más pobres? Se trata de “una anomalía”, dice Alex Tabarrok. “Ni China ni la India fueron pobres en el pasado y tampoco lo serán en el futuro”. Su atraso relativo ha sido consecuencia de su tardía adopción de las instituciones que hicieron posible el despegue de Occidente.

Pero una vez asimiladas las reglas del capitalismo, los investigadores Klaus Desmet, David Krisztian y Esteban Rossi-Hansberg creen que no tardarán en recuperar el liderazgo mundial. “Dos fuerzas impulsan este proceso”, escriben en un artículo ganador del Premio Robert Lucas. “Primero, la gente se muda a las áreas más productivas y, segundo, las concentraciones más densas se vuelven más productivas con el tiempo, porque resulta más rentable invertir allí [donde hay más clientes]”.

El único modo de que Europa y Estados Unidos eviten verse desbancados es liberalizar la inmigración, pero seguimos presos de viejos prejuicios maltusianos que consideran a cada recién llegado otro estómago que alimentar, en lugar de la mente que alumbrará las futuras soluciones.

canicas

THE ASIAN DOOR: Ha nacido un país de unicornios. Águeda Parra

Que a los unicornios les gusta China es una afirmación que hoy en día ya muy pocos cuestionan. No se trata de que Estados Unidos haya dejado de competir con el gigante asiático en la creación de este tipo de empresas, valoradas en más de un 1.000 millones de dólares. Más bien es que China ha entrado en una dinámica de revolución tecnológica que alcanza a todos los ámbitos de su economía y que le está impulsando a liderar la creación de grandes centros de innovación al estilo de Silicon Valley.

Existe todo un ecosistema que propicia este ritmo de generación de nuevas startups en China. Las reformas económicas introducidas por el gigante asiático hace 40 años han conseguido generar una sociedad que ha incrementado su nivel de ingresos significativamente, lo que conlleva un mayor nivel de consumo y una capacidad de compra que ha crecido rápidamente. De este modo, se ha llegado a abordar una revolución digital que tiene a más de la mitad de su población conectada a Internet, superando los 700 millones de personas, usuarios todos ellos de un complejo entramado de plataformas tecnológicas que conforman el ecosistema digital de China. Esta trepidante dinámica de digitalización de la sociedad ha llevado a que China cree un unicornio cada 3,8 días en 2018, según un estudio de Hurun Report, posicionando la tecnología Made in China en la vanguardia mundial.

China, un país de unicornios, acoge a 186 de estas empresas, generando un crecimiento del 50% respecto a los 120 con los que contaba en 2017. No solamente el crecimiento es significativo en el número de nuevas empresas, sino que los 181 unicornios tienen un valor agregado de más de 736.000 millones de dólares, casi el doble de la valoración de los 120 unicornios de 2017 que alcanzaban los 433.000 millones de dólares. En la creación de este tipo de empresas juegan un papel destacado los grandes titanes tecnológicos en su papel de incubadoras o aceleradoras, contando hasta 11 unicornios con el apoyo de Alibaba, mientras que Tencent ha confiado su inversión en 28 de estas empresas.

A medida que existen ciertos sectores que con el tiempo empiezan a considerarse ya maduros en el mercado chino, como el e-commerce, comienzan a estar en alza otros nuevos intentando satisfacer rápidamente la demanda de los usuarios. Por sectores, lideran la clasificación los unicornios relacionados con los servicios de Internet, seguidos del e-commerce y las FinTech. Precisamente es en el sector de los servicios financieros online donde se encuentra el unicornio con mayor valoración de mercado, Ant Financial, compañía de la que Alibaba posee un 33% y que está valorada en 148.400 millones de dólares. Por ubicación, Beijing sigue siendo la ciudad elegida para desarrollar el mayor número de unicornios que genera China, tanto por los ya existentes como por los nuevos creados durante el último año. Las ciudades de Shanghai y Hangzhou, ciudad natal de Jack Ma, ocupan el Top 3 de los grandes hub de innovación que está desarrollando China, aunque en el último año Nanjing ha conseguido posicionarse como uno de los centros con más atractivo para atraer la innovación, principalmente por la vocación de la ciudad por desarrollar la tecnología del automóvil del futuro.

De los 97 nuevos unicornios creados en 2018, 23 de ellos están relacionados con el sector servicios, principalmente relacionados con la demanda de las bicicletas y coches compartidos. El siguiente grupo que mayor número de unicornios agrupa es el de salud y medicina, seguido del de educación, Big Data y Cloud Computing, que muestran el creciente interés de la sociedad china por estas nuevas tecnologías y los servicios asociados a las mismas. Por el contrario, la madurez del mercado del e-commerce en China, donde los consumidores cubren plenamente sus demandas con los servicios que ofrecen los titanes tecnológicos chinos como Alibaba y JD.com, supone que apenas sean dos los nuevos unicornios creados en este ámbito.

Ahora que la economía china está sufriendo una importante desaceleración motivada por la guerra comercial con Estados Unidos, la aportación de los unicornios a la nueva economía digital resulta fundamental para mantener los ritmos de crecimiento económico de China. El escenario de inestabilidad que está provocando a nivel mundial el conflicto internacional ha lastrado las exportaciones chinas en enero hasta un 21% respecto al año anterior, un impacto mayor de lo que habían pronosticado los analistas, lo que está provocando retrocesos en el resto de economías mundiales. De ahí que China siga confiando en sus unicornios para intentar mantener el ritmo de desarrollo económico ante una situación que ya ha sobrepasado la tregua de tres meses establecida y cuyas consecuencias en el medio plazo todavía son inciertas. (Foto: Andrew Morrell)

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INTERREGNUM: Cómo China responde a Trump. Fernando Delage

Al concluir la sesión anual de la Asamblea Popular Nacional, y comenzar formalmente el segundo mandato de Xi Jinping como presidente de la República Popular China, se multiplican las señales sobre un escenario económico y diplomático incierto. El reforzamiento del control del Partido Comunista—elemento central del modelo implantado por Xi desde su llegada al poder—ha contribuido a la desaceleración en curso, al obligar a los gobiernos locales a financiar proyectos de infraestructuras no rentables, al incrementar la deuda de las empresas estatales, al privar de capital al sector privado, o al provocar la desconfianza de los inversores internacionales en el marco regulatorio chino.

El giro de la política de Estados Unidos hacia la República Popular no ha hecho sino agravar los dilemas que afronta Pekín. Las sanciones arancelarias de la administración Trump han debilitado la confianza de los consumidores chinos, y obligado a las empresas multinacionales a considerar el traslado de sus industrias en China a otros países. La denuncia norteamericana de la estrategia de innovación china y, de manera más amplia, el discurso de rivalidad empleado por Washington es un obstáculo añadido a la realización de las ambiciones internacionales de Pekín. Xi Jinping necesita reducir la tensión, para lo que resulta necesario un encuentro personal con el presidente norteamericano. Pero la “singular” reunión de Trump y Kim Jong-un en Hanoi, y las dudas de los líderes chinos sobre la fiabilidad de un compromiso con la actual Casa Blanca, no permiten asegurar de momento que la cumbre del 31 de marzo en Florida vaya a celebrarse.

Naturalmente, Pekín no supedita su estrategia a esta circunstancia. La preocupación es sincera, como reflejan, por ejemplo, los sutiles cambios en el lenguaje. En discursos y documentos oficiales, los líderes chinos ya no describen la situación internacional como un “periodo de oportunidad estratégica”, sino como un “periodo de oportunidad histórica”. La razón cabe atribuirla, según señaló Xi en un discurso ante la Comisión Central Militar el pasado mes de enero, a que “están emergiendo nuevos riesgos, tanto predecibles como impredecibles”. Este ajuste en la percepción de la dinámica internacional ha ido acompañado de un debate interno sobre cómo responder a la transformación de la política china de Estados Unidos.

En los movimientos de Pekín cabe distinguir entre su posición global y la reorientación de su política hacia distintas áreas regionales. Con respecto a la primera, y en contraste con la actitud de Trump hacia los procesos multilaterales, Xi ha redoblado su compromiso con una economía mundial abierta y con la reforma de las instituciones de la gobernanza global. En el frente diplomático regional, Pekín ha hecho un significativo esfuerzo desde hace un año por mejorar sus relaciones con sus vecinos asiáticos—Japón, India y la ASEAN en particular—, así como con Rusia y con la Unión Europea.

El estrechamiento de las relaciones entre Pekín y Moscú, en el terreno militar en especial, se debe en parte, sin duda, a la actitud norteamericana de confrontación hacia la República Popular. Tanto Putin como Xi se sienten cómodos creando una percepción externa de cuasi-alianza entre ambos. El giro de Washington ha acabado con las reticencias chinas a un acercamiento explícito a Moscú. Como también ha motivado un cambio sustancial en su diplomacia hacia Europa. De manera llamativa, en la última cumbre bilateral—julio de 2018—, China renunció a su tradicional exigencia de reconocimiento como economía de mercado y, por primera vez desde 2015, se pudo acordar un comunicado conjunto. Que Pekín haya propuesto adelantar la próxima cumbre anual a abril, es decir, sólo nueve meses después de la anterior, es otra señal del interés de Pekín por hacer fuerza común con Bruselas contra las políticas proteccionistas de Trump. Se espera que Xi visite asimismo París y Roma, en un momento decisivo del debate sobre el futuro de la UE.

EOI

10º Sesión Observatorio EOI de Economía Global. “¿Alcanzará China la hegemonía económica mundial?”. Isabel Gacho Carmona

La pregunta lleva en la mesa varios años “¿Alcanzará China la hegemonía económica mundial?”. Para contestar a esta cuestión y para dar algunas claves sobre el futuro para empresarios españoles en el país asiático, tuvo lugar la semana pasada la 10º Sesión Observatorio EOI de Economía Global. Alicia García-Herrero, una de las principales autoridades a nivel internacional sobre economía china, comenzó argumentando que el s. XXI es el siglo de Asia con China en el centro. Por más que le pese a EE. UU., y pese a que son tiempos difíciles para el Pekín, todo parece apuntar a que China sí será la potencia económica hegemónica del s. XXI.

El crecimiento económico de China lleva bajo el foco de los analistas occidentales varios años “China ya era un centro de atención para el FMI en 1994, cuando yo trabajaba para ellos en México”. Y es que China cuenta con muchos indicadores a su favor. Por un lado, su sector más productivo sigue siendo la manufactura “No se han saltado ninguna fase de desarrollo”. Además, y al contrario que EE. UU., China es acreedora, no deudora, a nivel internacional. Su deuda está en manos de las familias. Otro punto a su favor son las proyecciones de futuro. Pese a que los datos actuales la sitúan a niveles similares en varios indicadores económicos, los datos proyectados para la próxima década le dan mucha ventaja. Por ejemplo, actualmente China, EE. UU. y Europa representan cada uno alrededor de un 18% de la aportación al crecimiento mundial. La proyección para 2025, sin embargo, sitúa a China en un 14,4%, mientras que Europa se quedaría con un tímido 6% y EE. UU. con un 10%, según datos de Natixis.

Sin embargo, no va a ser un camino necesariamente fácil. Pekín se enfrenta actualmente a varios problemas. Por un lado, le afecta el deterioro de la situación económica mundial y la presión creciente de EE. UU. Por otro, se enfrenta a una fuerte desaceleración estructural y al envejecimiento “Va a perder un punto de fuerza laboral al año”.

La guerra comercial que inició en 2018 EE. UU. con la intención de contener el desarrollo económico chino para García-Herrero “No son palos de ciego ni arrebatos de Trump” “EE. UU. lleva años pensando esto”. La respuesta de China, sin embargo, sería un error “China tiene más que perder en esta guerra” “Es un error igualar los aranceles a lo ojo por ojo, su economía tiene menos aguante”.

Pese a estos problemas, la economista entiende que China tendrá éxito igualmente “A no ser que haya un cambio de régimen”, apunta. Aunque muchos analistas temen un aterrizaje forzoso o una crisis financiera, García-Herrero entiende que los acreedores no reaccionarían ante la posibilidad de una crisis, ya que, aunque la deuda es elevada los acreedores son los propios chinos, especialmente los hogares, que no solo están mal informados y limitados en sus inversiones, sino que los intermediarios de sus ahorros, los bancos, son en su mayoría estatales, lo que aumenta aún más la estabilidad del modelo a pesar de la deuda.

En este escenario, una Europa cada vez más resquebrajada y todavía anclada en la alianza transatlántica es vista cada vez como más débil desde China. Además, “EE. UU. ya ni nos mira, ahora mira al Indo-pacífico y ahí ni estamos invitados”. Para la Economista Jefe para Asia Pacífico de Natixis, estamos siendo relegados al extremo del mundo y debemos trazar una estrategia a largo plazo.

Por otra parte, Javier Serra Guevara, técnico comercial y Economista del Estado, dio algunas claves para comprender las posibilidades de mercado que puede ofrecer China a los inversores españoles. El reciente cambio demográfico, los cambios en los patrones de consumo y la dieta, o la irrupción del comercio electrónico son algunos factores a tener en cuenta. Hasta ahora los principales sectores han sido la moda, la cosmética, los materiales de automoción, la carne porcina y la industria farmoquímica. A futuro el negocio de la salud en general presentará oportunidades, así como la aeronáutica. El sector de la automoción seguirá presentando oportunidades, pero tendrá que adaptarse a los cambios. La gran incógnita es el sector servicios, cuyas negociaciones entre la UE y China llevan años atascadas.

En definitiva, y pese a las dificultades, China seguirá siendo un mercado demasiado grande para ser ignorado. Además, y si de facto se convirtiera en hegemón, es importante tener en cuenta que rediseñaría el mundo de otra manera “China no crearía su propia ONU, no es EE. UU.” “crearía un sistema de centro-periferia”.

elefante africano

THE ASIAN DOOR: China y Estados Unidos, dos estrategias para África. Águeda Parra

Las estrategias de Estados Unidos y China en África están lejos de coincidir. Difiere el enfoque, apostando Washington por la seguridad militar para combatir la amenaza del terrorismo, mientras que Beijing fomenta estrechar lazos comerciales y dotar al continente de financiación para abordar proyectos energéticos y de infraestructuras. Un enfoque que también difiere en la puesta en escena. Mientras China organiza el Foro de Cooperación China-África (FOCAC, en inglés) cada tres años, Estados Unidos condensa su nueva estrategia para África en un documento, publicado el pasado 13 de diciembre.

Siendo las necesidades del continente africano todavía considerables, tanto el enfoque de seguridad militar que aporta Trump, como el fomento del desarrollo económico con inversión en infraestructuras y energía que promueve Xi, cubren ampliamente dos ámbitos de cooperación muy bienvenidos para la región. La cuestión reside, sin embargo, en que mientras la estrategia de Estados Unidos algunos la catalogan como de retirada de la primera potencia mundial de África, China está encontrando en el continente africano su tabla de salvación para mitigar las posibles réplicas que generará la guerra comercial que está lastrando el desarrollo económico del país.

Tres meses después del exitoso evento diplomático que reunía en Beijing a 53 de los 54 países africanos en torno a la celebración trianual del FOCAC, con la excepción de Suazilandia, único país del continente que mantiene el reconocimiento a Taiwán, Washington desvelaba su estrategia en África centrada en tres ejes estratégicos. El primero, orientado a combatir el creciente poder de potencias como China y Rusia, siendo el gigante asiático el principal competidor de Estados Unidos, principalmente por la posición de China en Djibouti, primera base militar desplegada fuera del país. El segundo eje responde a la amenaza del terrorismo radical islámico, mientras el tercero está orientado a asegurar el buen uso de la asistencia económica estadounidense en el continente.

Frente a la propuesta de defensa y seguridad de Estados Unidos, Djibouti solamente es una parte de la estrategia de China en la región que, además de la componente militar, incluye afianzar los lazos diplomáticos y la financiación económica para impulsar la inversión de proyectos de infraestructuras y energía asociados a la Belt and Road Initiative (BRI), como se conoce en inglés a la iniciativa de la nueva Ruta de la Seda. La apuesta por la región mantiene una financiación de 60.000 millones de dólares, misma cifra que la comprometida en el foro celebrado en 2015, acabándose así con la tendencia de eventos anteriores de aumentar la financiación, creciendo desde los 5.000 millones de dólares en 2006, a 10.000 millones en 2009 y 20.000 millones en 2012. Una financiación que en esta edición se encuadra en ocho campos de actuación, desde promoción industrial, mejora de las conexiones, promoción del comercio, desarrollo sostenible, creación de capacidad, salud e higiene, intercambios culturales, y paz y seguridad.

En esta ocasión, la incertidumbre económica motivada por la guerra comercial ha obligado a mantener el compromiso financiero en la misma cuantía que en 2015, aunque variando la composición. La primera novedad supone reducir la cantidad asignada para ayudas, préstamos a interés cero, préstamos en condiciones favorables y líneas de crédito, pasando de los 40.000 millones de dólares de 2015 a 35.000 millones de dólares, buscando de esta forma asegurar el retorno de la inversión y la viabilidad comercial. Como segunda novedad, las empresas chinas se incorporan al modelo de financiación con África, responsables de aportar en tres años al menos 10.000 millones de dólares del total comprometido.

Con todo, África sigue siendo de las regiones hacia donde fluye menos inversión china, en comparación con otras regiones. El stock de inversión extranjera directa de 100.000 millones de dólares a finales de 2017 supone la mitad de los 200.000 millones de dólares que acumulan regiones como América Latina en el mismo período. Pero, aunque de menor cuantía, la inversión china consiguió generar tres veces más empleo que Estados Unidos en 2017, según un informe de Ernst & Young.

Más allá de la financiación, China también persigue en África asegurar su abastecimiento de recursos energéticos. El objetivo se centra en mitigar los efectos de la guerra comercial, reduciendo la dependencia del 40% del crudo que importa China de Oriente Medio, y aumentar la importación procedente de África, que representa el 20% del total, una tendencia que ya se ha consolidado durante 2018. Pero, además de asegurar sus reservas de crudo, China tiene ante sí un mercado de tamaño similar al suyo, formado por cerca de 1.200 millones de personas, a los que ofrecer toda una amplia gama de productos.

Dos visiones bastantes dispares de las dos potencias mundiales más importantes que parecen reproducir el esquema seguido en otras latitudes como en el Indo-Pacífico, donde el apoyo para el desarrollo económico corre a cargo de China mientras Estados Unidos sigue siendo el garante de la seguridad mundial. Sin embargo, para China la cooperación sur-sur, está resultando ser especialmente fructífera con África, un refugio donde asegurar en los próximos años la viabilidad económica de sus proyectos económicos y militares. (Foto: Thomas Retterath)

apreton manos

The EU fearing a closed agreement between China and the United States

The European Union fears that China and the United States, who are about to begin to negotiate how to manage the threat of trade war between protectionist systems, will reach an agreement for the distribution of quotas that leaves European companies out. It is not that the EU is less protectionist, but that it fears to be left without its portion of cake.

“We are in favour of fair global trade based on rules, but the rules should be the same for everyone,” added the Vice President of the European Commission and Commissioner for Employment, Growth, Investment and Competitiveness, Jyrki Katainen when asked about the effect that a potential agreement between China and the US could have for the EU. It was a month ago, after the first meeting held between the EU and China since Xi Jinping and Donald Trump greed to a truce of 90 days.

The EU can play an important role if it considers that China needs it as a counterweight to the United States and plays with its economic power which, although in crisis, is not as unimportant as it is sometimes said.

But Europe has a vulnerability. It still lacks a foreign policy agreed upon among its members, it continues without gaining political prominence, much less military, and continues to put at the same level, (Trump aside) its criticism to the United States and China. Although we must remember that the position of the European Commission and the concrete opinion of the countries that set the course of the Union, France and Germany are different things.

But the fact of an absence of common criteria (because the absence of an agreed strategy stems from a lack of unity of criteria, since, in the end, there is no identification of national interests) makes European protagonism more difficult; and the initiatives of France, Germany and others (Spain among them) to achieve investments and business areas reveal the weakness of the community project.

So, it is probably time to stop regretting the lack of such unitary strategy and to try to locate and assume the lowest common denominator among the national interests of the Member States to take some measures that should be more oriented towards free trade than towards raising protectionist barriers of the European market. It is not easy, but that is the challenge. (Traducción: Isabel Gacho Carmona)

Muro

Erótica del muro. Miguel Ors Villarejo

Aunque Donald Trump ha acaparado todos los focos, la construcción del muro con México no ha sido una ocurrencia suya. De hecho, de los casi 3.000 kilómetros de frontera, unos 1.000 ya están fortificados por un parapeto concebido por George W. Bush y levantado básicamente durante el mandato de Barack Obama.

Y no es solo Estados Unidos. Con todo lo que se nos llena la boca hablando de globalización, desde el final de la Guerra Fría estas barreras internacionales han pasado de 15 a 70. Vivimos en un mundo claramente más pacífico, como refleja el Human Security Report. ¿A qué obedece esta obsesión por encerrarnos?

David Carter y Paul Poast, dos profesores de Princeton y Chicago, analizan en el Journal of Conflict Resolution 62 muros fronterizos y su conclusión es que el móvil fundamental es económico. “Los límites que separan países con distintos niveles de desarrollo”, dicen, “tienden a ser inestables”. Los ciudadanos del lado más acomodado se quejan de que sus negocios y sus salarios se ven afectados por el tráfico de bienes y personas y votan a los políticos para que lo repriman. ¿Y qué mejor modo de lograrlo que un muro de 10 metros coronado por unos rollos de afilada concertina?

El problema es que no se trata de una solución barata. No basta con plantar el entramado de barras de hierro corrugado, colocar el encofrado y verter el hormigón. Una estructura así sería un mero obstáculo de equitación. Hay que instalar cámaras y sensores de calor y movimiento, apostar garitas y centros de control, montar patrullas y soltar drones. “En 2009”, escribe Elisabeth Vallet, directora del Centro de Estudios Geopolíticos de la Universidad de Québec, “la Oficina General de Contabilidad de Estados Unidos calculó que el coste de hacer una simple valla en California oscilaba entre uno y 6,4 millones de dólares por kilómetro. Y en un terreno más hostil geológica y jurisdiccionalmente como Texas, la factura podía elevarse hasta los 21 millones”.

Además, como cualquier otra inversión, los muros están sujetos a rendimientos decrecientes. Un informe de la Universidad de Cornell para el Congreso observaba en 2012 que la impermeabilidad absoluta no era “un objetivo realista”, porque cada nuevo tramo “será más caro de construir y mantener y tendrá un efecto disuasorio menor”. El documento sugería que los recursos para combatir la inmigración ilegal estarían mejor gastados en vigilar los puertos y los aeropuertos del país, por donde se cuelan el doble de ilegales. Por ello, con buen criterio, Obama abandonó el proyecto de blindar toda la frontera con México.

¿Por qué lo ha recuperado Trump? No por su resultado. A la semana de llegar a la Casa Blanca, en una conversación telefónica privada (y posteriormente filtrada), el presidente manifestaba a su homólogo Enrique Peña Nieto que la importancia de la iniciativa era sobre todo “psicológica” y que, “desde un punto de vista económico, es el asunto menos relevante que vamos a abordar”. Tenía toda la razón. Los investigadores Treb Allen, Melanie Morten y Cauê de Castro han evaluado la eficacia del muro que ya hay en pie y estiman en 80.000 la reducción de entradas irregulares. Esta menor presión migratoria moderó la competencia que sufrían los empleados estadounidenses menos cualificados y alivió su situación, pero no significativamente: su renta per cápita apenas aumentó en 36 céntimos.

No parece un éxito resonante, pero es que además Allen, Morten y Castro conjeturan en su artículo el impacto de una política alternativa. Si en lugar de encarecer el coste de cruzar la frontera levantando un muro se hubiera facilitado el transporte de mercancías entre los dos países, muchas más empresas se habrían localizado en el norte de México, para explotar la ventaja estratégica que suponen una mano de obra barata y la cercanía del mercado estadounidense. Esta mayor actividad habría retenido en su suelo a más mexicanos y disminuido en 110.000 personas el flujo de ilegales.

Se trata, como ven, de una opción no solo más efectiva, sino infinitamente más barata. ¿Cuál es su pega? La invisibilidad. Un muro es enorme. Para construirlo hay que movilizar ejércitos de obreros, hormigoneras, grúas. Y en vísperas de las elecciones, los políticos pueden fotografiarse delante mientras cortan una cinta o descubren una placa.

No hay color, no me digan.

Guinea

Las Relaciones Comerciales entre China y Guinea Ecuatorial. Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz

Introducción:

El rápido crecimiento de China desde su apertura económica en 1978 y, sobre todo, desde su incorporación a la Organización Mundial de Comercio (OMC) el 11 de diciembre 2001, han obligado al país asiático a buscar recursos energéticos más allá de sus fronteras, con el fin de poder mantener este crecimiento económico y poder abastecer a una población de más de 1.350 millones de habitantes. Esta búsqueda de recursos ha llevado al país asiático, entre otros muchos países, hasta Guinea Ecuatorial, un pequeño país centro africano, donde se descubrió petróleo en 1996.

El Impacto económico de China en Guinea Ecuatorial.

La República de Guinea Ecuatorial, es un pequeño país de algo más de 28.000km2 y situado en el golfo de Guinea que cuenta con una población de más de 1,2 millones de habitantes.

Su economía se basa en los hidrocarburos que representan en torno al 70 por ciento del PIB del país y entre el 85-90 por ciento de las exportaciones por lo que la caída de los precios en el año 2015 supuso una reducción en la inversión y gasto público y una reducción del superávit en la balanza comercial. Si tenemos en cuenta su pequeño territorio (algo más de 28.000km2 o el 0,09% del territorio de África), podemos decir que es un país con gran cantidad de recursos petroleros ya que cuenta con unas reservas de 1.100 millones de barriles, lo que representa un 0,9 por ciento de las reservas totales de petróleo de África, lo que hizo que en el año 2017 fuera el séptimo productor de petróleo del continente.

Para este mismo año 2017, el total de exportaciones fue de 7.059 millones de dólares, de los cuales más de 6 mil millones de dólares fueron exportaciones de petróleo. El principal destino fue China (17,2%), Corea del Sur (15,6%) y España (9,4%). Durante los últimos años estas exportaciones han sufrido altibajos debido a las fluctuaciones del precio del petróleo, que ha estado por encima de los 100 USD el barril desde principios del año 2011 a caer a algo más de 30 USD en enero 2016, una caída del 70% en solo 5

años. Esta caída del precio del petróleo se ha visto reflejada en la economía del país africano que ha pasado de un PIB en 2013 de 21.943 millones de dólares a los 12.487 millones de dólares en 2017, lo que refleja su clara dependencia de las exportaciones de petróleo.

Por el lado de las importaciones, en el año 2017 alcanzaron un valor de 4.730 millones de dólares de productos manufacturados procedentes principalmente de Holanda (17%), España (16,5%) y China (15%).

La disminución de los ingresos del petróleo (caída de los precios), los gastos en infraestructuras o la falta de diversificación económica (centrada en el petróleo) han hecho que en los últimos años la economía del país se resienta, dejándose, aproximadamente, un 50% de su PIB desde 2012.

Como vemos en la figura 1, el riesgo del país está calificado como D (Riesgo Alto) por Euler Hermes.

Fig. 1. Calificación de riego de Guinea Ecuatorial
[Fuente: Euler Hermes: https://www.eulerhermes.com/en_global/economic-research/country-reports/Equatorial-Guinea.html]

En la tabla 1 se muestran los datos macroeconómicos de Guinea Ecuatorial y sus relaciones con China:

Tabla 1. Datos macroeconómicos de Guinea Ecuatorial y sus relaciones con China
[Fuente: Elaboración propia a partir de los datos obtenidos1]
1 Las fuentes utilizadas han sido: Banco Mundial, Instituto Estadística de China y Statista.com

Como se observa en la tabla 1, el volumen de comercio ha ido creciendo año tras año hasta alcanzar más de 3.569,71 millones de dólares en 2014 para caer hasta los 780,14 millones de dólares en el año 2016, arrastrado por la caída de las exportaciones que en un año descendió desde los 3.217,19 millones de dólares hasta los 631,85 millones de dólares; el volumen de comercio se redujo un 80,35 por ciento.

En la figura 2 se observa el peso que han tenido las exportaciones hacia China sobre el PIB de Guinea Ecuatorial:

Fig.2 Volumen comercio y Exportaciones guineanas entre China y Guinea Ecuatorial (2005-2017). [Fuente: elaboración propia a partir de la tabla 1.]

Fig.2 Volumen comercio y Exportaciones guineanas entre China y Guinea Ecuatorial (2005-2017). [Fuente: elaboración propia a partir de la tabla 1.]

Como vemos, a partir del año 2008 el volumen de comercio descendió debido a la caída de los precios del petróleo que se produjeron en este año, para a partir del año 2010 alzarse hasta los más de 3.500 millones de dólares y por último caer hasta poco más de 1.500 millones de dólares. Hay que añadir que del volumen de comercio, casi la totali-dad, es debido a las importaciones de China, que en su mayoría consisten en petróleo.

El valor de estas importaciones chinas está muy ligado a los precios del petróleo que como ya hemos comentado han sufrido muchos altibajos en los últimos años

Por último, añadir que durante los primeros años casi el total del volumen de comercio fueron exportaciones con destino a China, es decir, apenas hubo exportaciones por parte de China hacia Guinea Ecuatorial.

El crecimiento del país africano está muy ligado al crecimiento de China que, si mantiene tasas positivas de crecimiento del PIB, seguirá importando petróleo de Guinea Ecuatorial, un recurso natural básico para la economía del país africano y que, como hemos visto, puede llegar a suponer el 25% de las exportaciones de Guinea (Año 2006), lo que significa que si China sigue creciendo seguirá importando petróleo de Guinea, lo que provoca un tirón en la economía del país.

Conclusión:

Desde 1993 las ayudas del Banco Mundial y del FMI a Guinea Ecuatorial han sido cortadas debido a la corrupción interna del país, por el mal uso de los ingresos petrolíferos y la falta de transparencia antes estos organismos. Estados Unidos también ha cortado esta ayuda a este país con el fin de proteger a las víctimas de la trata. Pero no solo esto, en Guinea se encuentra una de las cárceles más peligrosas del mundo, Black Beach, donde las violaciones y torturas están a la orden día. La violación de los derechos humanos, torturas, delincuencia en lugares públicos o los asaltos están presentes en la vida de Guinea Ecuatorial. Mientras tanto, su presidente, Teodoro Obiang, que lleva en el poder desde 1979, nada hace para que esta riqueza proveniente del petróleo llegue a los ciudadanos, que la gran mayoría vive con menos de 1 dólar al día, y casi la mitad de los niños no están matriculados en la escuela.

En otro lado esta China, que obviamente no va a apoyar una democracia en Guinea (China tampoco es una democracia y países como Francia, EEUU o España lo consideran una dictadura), pero sí debería, como potencia mundial, fomentar el desarrollo del país con sanciones económicas para que sus dirigentes canalicen esa riqueza y llegue a toda la población civil y no solo a unos pocos. Fomentar el desarrollo del país y la diversificación, para no depender tanto del petróleo, son tareas que China debe tener con Guinea. Guinea es un país muy rico y con más de 1 millón de personas y, si ambos países crecen juntos, podrán sacar mucho más provecho de sus relaciones económicas. Si las relaciones económicas entre ambos países siguen mejorando, Guinea Ecuatorial tiene una posición estratégica notable para ser una puerta de entrada hacia los países de la CEMAC, hacia otros mercados como Nigeria o Angola y hacia todo el continente, una posición estratégica que China debe saber aprovechar.

 

Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz es Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad San Pablo CEU de Madrid.