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El hilo rojo invisible. Gema Sánchez.

Wang tiene 25 años, es un joven urbanita y moderno que está a la última en aplicaciones para el móvil y en música actual. Tiene un empleo estable, aunque con una remuneración algo baja para el gusto de su familia. Aun así, ha llegado muy lejos si se compara con su padre, un campesino que emigró a la ciudad, donde ahora regenta una pequeña tienda. Su madre le dice que todavía no es un buen partido, que debe conseguir un trabajo con mayor salario para poder tener una vivienda en propiedad, sólo así tendrá posibilidades de encontrar una novia y casarse. Como él, miles de jóvenes chinos sufren la presión familiar.

Cuando Wang nació, en China estaba en vigor la política del hijo único y las parejas en edad fértil preferían ser padres de un varón puesto que, según la tradición, a los ancianos les cuidan el hijo y la nuera. Ambas circunstancias produjeron un brusco descenso en el número de niñas, de forma que, a día de hoy, son millones los jóvenes que no encuentran pareja. Se calcula que en unos tres o cuatro años habrá millones de hombres, especialmente en el ámbito rural, que no encuentren esposa, con las dramáticas consecuencias que esto conllevará desde el punto de vista demográfico y sociológico.

A día de hoy, las chicas tienen muchas opciones para elegir marido, así que ponen el listón muy alto: un buen sueldo, una vivienda, un coche… símbolos de estatus e indicadores de la “valía” del candidato. Sin embargo, todo esto debe conciliarse con otra costumbre que dice que las bodas deben unir a “familias con puertas del mismo tamaño”, es decir, de una condición social parecida. Sobre esta base, se asientan muchos de los matrimonios concertados que todavía siguen celebrándose en China.

Con este panorama, a Wang y a otros muchos chinos de su generación, no les queda otro remedio que presentar su “currículo” para competir en la búsqueda de esposa. Los avances tecnológicos también han llegado al terreno de las relaciones amorosas, de forma que son miles los que buscan pareja para casarse a través de páginas de contactos. Una forma aséptica de postularse como novio ideal o, en el caso de las chicas, de poner condiciones y exigencias durísimas (desde la altura o la forma de la cara, hasta la manera de hablar o reírse, sin olvidar el tipo de trabajo, por supuesto). Los formularios que deben rellenar los aspirantes para ser clasificados en estas Web son extensísimos y sumamente detallados, tanto que algunos no saben bien cómo responder para obtener mejor nota. Vistos estos nuevos métodos, los cartelitos que los padres colocan en el famoso Parque del Pueblo de Shanghái, describiendo las innumerables bondades de sus hijos, resultan cuanto menos enternecedores.

Uno podría preguntarse, ¿entonces dónde queda el romanticismo que destilan todas esas películas tan de moda en China? Tal vez la respuesta sea que, en muchos casos, debe quedar para después, cuando los interesados y sus familias puedan respirar tranquilos, una vez que el matrimonio esté más o menos asegurado y pueda ser beneficioso para todos. Sin embargo, este pragmatismo no garantiza la felicidad en la pareja, no en vano la cifra de divorcios en China aumenta con los años. Todo esto parece que pone en entredicho aquel viejo proverbio chino que decía: “Un hilo rojo invisible conecta a aquellos destinados a encontrarse a pesar del tiempo, el lugar y las circunstancias. El hilo se puede apretar o enredarse, pero nunca se romperá”. Habría que añadir: si es que hay hilos rojos para todos.

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RESEÑA. CHINA: LA EDAD DE LA AMBICIÓN. Gema Sánchez

En muchas ocasiones, los ensayos de autores occidentales sobre la China contemporánea se ciñen a parcelas del conocimiento muy acotadas, para abordar diferentes aspectos de la realidad de este complejo país. Muchos examinan la economía del gigante asiático y plantean escenarios favorables y adversos, para intentar prever los efectos globales que tendría cada evolución. Otros suelen fijarse en cuestiones políticas y se esfuerzan por desentrañar los resortes ocultos que mueven la compleja maquinaria del Partido Comunista Chino. También abundan los textos escritos desde un prisma sociológico, reflejando cómo son y cómo viven los chinos de hoy en día, sus motivaciones, sus inquietudes y sus aspiraciones. Escribir sobre China sigue estando de moda y sigue habiendo un enorme interés por conocer con más profundidad sus distintas perspectivas.

Quizás uno de los libros más interesantes publicados este año en lengua castellana sea el del periodista estadounidense Evan Osnos. A lo largo de 500 páginas, con un estilo claro y directo, ofrece uno de los retratos más completos de la nueva China y de su asombrosa transformación en apenas unas décadas. Osnos vivió allí durante ocho años y, desde su perspectiva como corresponsal del Chicago Tribune y del New Yorker, nos acerca a las múltiples realidades, a menudo contradictorias, que conviven en la República Popular China.

El libro se divide en tres grandes bloques bajo los epígrafes: riqueza (transformación económica), verdad (rebelión contra la propaganda y la censura) y fe (búsqueda de una nueva ética). A pesar del laconismo de los títulos, su desarrollo no tiene nada de escueto. De la mano de Osnos, el lector va recorriendo a un ritmo a veces trepidante diferentes pasajes históricos, enriquecidos con entrevistas de toda índole, desde magnates de nuevo cuño a disidentes que ocultan su identidad por temor a represalias, pasando por una bien elegida representación de la sociedad china.

Destacan también las detalladas descripciones de lugares y de personas, que permiten ver la profunda brecha entre el pasado y el presente, entre la tradición y la modernidad, entre el mundo urbano y el rural, e incluso entre la verdad oficial y la cruda realidad. Una suma de pequeñas historias y de grandes acontecimientos. Como si de un cuadro impresionista se tratara, Osnos retrata lo que ve en una suerte de miscelánea trazada a base de pinceladas sueltas.

“Cuarenta años atrás los chinos tenían casi vedado el acceso a la riqueza, la verdad o la fe, tres cosas que la política y la pobreza les impedían alcanzar. Una generación después, habían podido acceder… y ahora quieren más.” Tras la lectura, sobrevuela la incertidumbre: ¿podrá el Partido Comunista adaptarse a los nuevos tiempos y a los que vendrán después, con generaciones aún más exigentes y ambiciosas? El tiempo lo dirá, de momento nos quedamos con una visión caleidoscópica y muy rica sobre la civilización moderna del antiguo Reino del Medio.

China: la edad de la ambición

Evan Osnos

Editorial El hombre del Tr3s, Malpaso.

Barcelona 2017