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THE ASIAN DOOR: MYBank y WeBank al rescate de la economía china. Águeda Parra

La alta penetración de los Smartphone y el crecimiento del poder adquisitivo familiar han propiciado el acceso de la sociedad china a un nuevo entorno de servicios financieros. Pero no de la forma tradicional, ya que los bancos han orientado su actividad de concesión de préstamos hacia las grandes corporaciones, principalmente las estatales, con escasa o nula actividad entre los pequeños ahorradores.

La falta de un historial crediticio de la población ha sido uno de los principales factores que han valorado las grandes corporaciones financieras para conceder préstamos sin garantías reales de pago. De ahí que los grandes titanes tecnológicos se hayan convertido en la opción más idónea para unos usuarios que acceden a créditos de forma más sencilla que si lo hicieran a través de los bancos, y sólo a un clic de distancia de su teléfono móvil.

Más de una década después de que Alibaba lanzara en 2004 su filial Ant Financial para facilitar los pagos e-commerce que se realizan a través de Alipay, y Tencent siguiera su estela con el lanzamiento de Tenpay en 2005, posteriormente incorporada en WeChat, el negocio de los pagos online que gestionan ambas tecnológicas no ha dejado de crecer. El escaneo de los códigos QR desde el móvil se ha convertido en la forma más sencilla de realizar los pagos en China, una nueva modalidad que se ha consolidado gracias a la transformación que está provocando la revolución tecnológica en la sociedad china.

Alipay es líder del mercado de pagos a través del móvil con una penetración del 54%, gracias a los 520 millones de usuarios que ha conseguido captar en estos últimos 15 años, casi la mitad que su competidor más inmediato, pero con la ventaja de trabajar con más de 250 empresas financieras extranjeras que permiten al turista chino mantener sus hábitos de pago casi en cualquier lugar a donde viaje. El segundo gran protagonistas del nuevo fenómeno de las FinTech en China es Tencent, que cuenta con una cuota del 40%, aunque es posible que sus más de 1.000 millones de usuarios le proporcionen en un futuro una posición más ventajosa en el mercado de pagos en China. Entre ambos, han conseguido un volumen de transacciones de 18,7 billones de dólares en 2017, una cantidad 100 veces superior a la registrada en 2013, y superior al valor que alcanzan mundialmente Visa y MasterCard juntas, según iResearch. El resto de actores apenas es representativo en el mercado de servicios financieros del gigante asiático, donde la penetración de las aplicaciones de los tres bancos más grandes de China apenas alcanza el 7%-11%, según Aurora Mobile.

Este negocio está posicionando a los titanes tecnológicos chinos al mismo nivel que otras grandes entidades financieras. Los servicios financieros de Tencent están englobados dentro de la propia matriz, con un valor de mercado de 400.000 millones de dólares, pero en el caso de Ant Financial la capitalización bursátil alcanza los 150.000 millones de dólares, situándose como la cuarta entidad bancaria mundial más importante después de JPMorgan, China Construction Bank y Bank of America, según Investing.com.

Después de aglutinar casi por completo el sector financiero minorista, el siguiente paso para las grandes tecnológicas financieras chinas ha sido lanzarse a por el segmento de los autónomos, micro y pequeñas empresas, el gran olvidado por los bancos que están más orientados a cubrir las necesidades financieras de las grandes empresas estatales. Casi el 80% de los 90 millones de pequeñas y grandes empresas en China carecen de un crédito en el banco, un nuevo negocio para las empresas de préstamos online MYbank y WeBank, propiedad de Alibaba y Tencent, respectivamente. En estos casos, gracias a la ingente información de pagos del e-commerce, MYBank y WeBank disponen del historial crediticio que les permite conocer si las pequeñas empresas están en disposición de devolver los préstamos, datos que los bancos no pueden conseguir y una de las razones por las que este segmento acapara únicamente el 37% del total de préstamos que conceden las grandes corporaciones financieras.

En unos pocos minutos, un autónomo o pequeña empresa puede acceder online a los créditos de MYbank, que rondan los 1.469 dólares de media. Una opción que han elegido unos 9,78 millones de pequeños empresarios, acumulando un volumen de crédito de más de 176.000 millones de dólares, sólo hasta finales de septiembre de 2018, según la propia Ant Financial, registrando únicamente un 1% de préstamos fallidos. Por su parte, Tencent seguía la estela de Alibaba extendiendo también WeBank a los pequeños autónomos y empresas a finales de 2017, aunque disponible únicamente en determinadas provincias.

Con la incorporación de este nuevo segmento, las grandes tecnológicas chinas han encontrado un nuevo segmento cuyo negocio está resultando muy rentable, sobre todo ahora que las ventas del e-commerce comienzan a ralentizarse por efecto de la guerra comercial con Estados Unidos y por la exigente regulación que está aplicando el gobierno chino a las FinTech. Tan rentable, que los bancos no han permanecido ajenos a la oportunidad que podrían estar perdiendo, de ahí que muchos bancos, aseguradoras, corredores de bolsa y empresas de gestión de activos estén demandando acuerdos con Alibaba, Tencent y Baidu para incorporar la tecnología FinTech a su negocio, principalmente atraídos por las posibilidades que la inteligencia artificial está incorporando en los servicios financieros.

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Tomar un taxi ya no es lo que era. Miguel Ors Villarejo

Estoy de acuerdo con los taxistas. No puede haber competencia leal cuando las reglas de juego son diferentes. Las condiciones deben ser las mismas para todos. Ahora bien, eso no significa tengan que ser eternas e inmutables. Deben estar a la altura de los tiempos. No podemos vivir con soluciones concebidas para una tecnología obsoleta.

Como escribía hace un tiempo Gerard Llobet en Nada Es Gratis, “tomar un taxi ya no es lo que era”. Durante décadas, la profesión estuvo profusamente reglamentada, y con razón. El mundo estaba lleno de peatones que buscaban transporte, pero ¿cómo localizar a un conductor dispuesto a llevarte? ¿Y qué garantías había de que conociese su oficio y no se aprovechara de que estabas en una estación, cargado de bultos y niños, para cobrarte lo que le viniera en gana?

Para sortear estas dificultades se creó un sistema de habilitación administrativa y tarifas oficiales que ha funcionado razonablemente, pero que no carece de pegas. A los requisitos iniciales se fueron sumando otros cuya justificación era ofrecer la máxima calidad, pero que en la práctica encarecían el servicio y dificultaban la entrada de competidores. La principal barrera es la propia licencia. En Madrid no se concede ninguna nueva desde 1980, a pesar de que la población y, sobre todo, el turismo han aumentado.

Pero incluso cuando su concesión se flexibiliza, plantea inconvenientes. En Irlanda desregularon el sector del taxi en 2000 e inicialmente les fue muy bien, porque miles de conductores se lanzaron al mercado para atender una demanda que crecía a ritmo de burbuja. Pero cuando el ciclo se dio la vuelta, la oferta no se redujo, porque ¿adónde iba a irse la gente ahora que no había trabajo en ningún lado?

Todas estas molestias las ha resuelto internet. Las móviles permiten localizar instantáneamente el coche disponible más próximo, sin que haya que pintarlo de blanco ni ponerle una bombillita verde. Los comentarios de los usuarios proporcionan una información mucho más abundante y práctica (es limpio, conduce con suavidad) que un frío número administrativo. En cuanto al ajuste entre oferta y demanda, un algoritmo sube los precios cuando detecta escasez (a la salida del cine, los días de lluvia), lo que incentiva la entrada de vehículos y reduce las esperas.

Lo lógico sería que la Administración tomara nota de esta realidad y aligerara de exigencias la prestación del servicio, lo que permitiría abaratarlo. Pero, en lugar de ello, discurre requisitos adicionales, como la precontratación, para nivelar la competencia. ¿Se imaginan que las autoridades hubieran obligado a los automóviles a acompasar su velocidad a la de los coches de caballos? ¿O que las bombillas eléctricas no pudieran superar la luminosidad de las velas o las bujías de gas?

El bienestar de una nación no depende de preservar los empleos improductivos, sino de sustituirlos por otros más eficientes, que facilitan bienes y servicios superiores y más asequibles. Mansa Musa, el rey maliense del siglo XIV que los expertos consideran el hombre más rico de la historia (su fortuna convertida a dólares actuales cuadruplicaba la de Bill Gates), era un desgraciado comparado con el más humilde de los europeos. No podía tomar una aspirina si le dolía la cabeza ni pulsar el interruptor para encender la luz y, para comunicarse con sus aliados, debía despachar camellos que tardaban meses en llevar y traer un pergamino.

El enorme avance experimentado desde entonces ha sido posible gracias a la asimilación de nuevas tecnologías, no a su marginación. Es verdad que es un proceso que genera perdedores, pero nuestras sociedades son lo suficientemente prósperas como para permitirse aliviar el perjuicio.

Impedirlo por completo es, sin embargo, un disparate. Tomar un taxi ya no es lo que era, como tampoco lo es escuchar música, informarse de la actualidad, hacer fotos o consultar la enciclopedia. Y si Occidente ha sobrevivido a la reestructuración de tantos sectores, podrá soportar la del transporte de viajeros. (Foto: Chris Schmid, flickr)

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THE ASIAN DOOR: China contrataca con la Ruta de la Seda digital. Águeda Parra

Aquellos extraordinarios ritmos de crecimiento de doble dígito de la economía china que caracterizaron durante décadas el ascenso del primer exportador mundial ya son parte de la historia reciente del gigante asiático. La crisis financiera de 2008 generó en China los primeros signos de desaceleración de la economía, con tasas de crecimiento que comenzaron a tener un solo dígito, con pequeñas excepciones como en 2010. Un estándar en los ritmos de crecimiento del PIB de China que se ha mantenido desde entonces.

China ha tenido éxito en contener hasta el momento una mayor desaceleración de su economía. Sin embargo, el efecto de la guerra comercial con Estados Unidos, la sobrecapacidad industrial en determinados sectores y el envejecimiento de su población serán unas de las barreras más importantes que tendrá que superar para poder mantener ritmos de crecimiento de magnitud similar en los próximos años. La prioridad para Xi Jinping radica en buscar nuevos motores que impulsen la economía del país, y consoliden el estatus de China como una economía avanzada, de ahí la apuesta por las nuevas tecnologías como el impulso para conseguir la modernización del país.

La necesidad del cambio es tal que el XIII Plan Quinquenal (2016-2020) incorpora un apartado específico dedicado a mejorar Internet y las telecomunicaciones con el resto de países a través de cables terrestres y submarinos, en lo que se ha venido a denominar la Ruta de la Seda digital. En el ámbito de acceso a Internet, China pretende conseguir una conectividad ubicua a alta velocidad en 2020, con una penetración de la banda ancha móvil a nivel nacional que alcance el 85%. En este contexto es donde se enmarcan las iniciativas Internet Plus y Made in China 2025, que harán posible la modernización de todos los sectores económicos, tanto en el ámbito privado como estatal, lo que supondrá un gran impulso para la internacionalización de los estándares chinos, más factible con el despliegue de la red 5G.

Una versión de OBOR 2.0 que ha aprovechado el despliegue de la red de infraestructuras previstas en la iniciativa para impulsar también la conectividad con los países por los que pasa la ruta y que han convertido a China en el país que más activamente invierte y construye cables submarinos del mundo. El cambio de estrategia supone que China pase de tener una participación del 7% en los proyectos de despliegue mundial entre 2012 y 2015, cubriendo exclusivamente la conexión entre China continental con Taiwán y Hong Kong, a participar en el 20% del despliegue de cables submarinos entre 2016 y 2019, donde más de la mitad quedan fuera del área de Mar del Sur de China. Los proyectos más carismáticos de la nueva Ruta de la Seda también destacan por albergar este tipo de proyectos. En el corredor China-Pakistán, el buque insignia de OBOR, se inauguró en julio de 2018 un cable subterráneo de 820 kilómetros que atraviesa el país y que se conecta con la parte china con fibra óptica. Una nueva ruta digital que le permite a China evitar el cuello de botella de tráfico que confluye en la zona del estrecho de Malaca, y que le permite a su vez proteger sus comunicaciones de agencias de inteligencia extranjeras.

Un nuevo orden digital que también alcanza el espacio exterior, con la previsión de que para 2020 China cuente con 35 satélites en órbita que le permitan dejar de depender de la tecnología GPS norteamericana. Adelantos tecnológicos que también abarcarán mejoras en el ámbito militar y que permitirán a China reducir distancias con otras potencias tecnológicamente más avanzadas en el este ámbito.

China cuenta hoy además con grandes “campeonas nacionales” en tecnología que están protagonizando un nuevo proceso de expansión internacional “Go Global 2.0”. Guiadas por la red de infraestructuras que se está desarrollando en los países por los que discurre la nueva Ruta de la Seda, los BAT (Baidu, Alibaba y Tencent) han alcanzado América Latina. La ventaja para las empresas chinas está siendo la alta adopción del Smartphone en la zona, lo que hace que el entorno del e-commerce sea más similar al mercado chino que al norteamericano, lo que conlleva a que las tendencias en los ecosistemas digitales de China se implanten pasados unos años en las plataformas tecnológicas en América Latina.

La inversión es esencial en estos casos, y China ha dedicado cerca de 90.000 millones de dólares en la región desde 2005 y 2016, llegando a representar la financiación de las empresas chinas en 2017 en la región el 42% del volumen total, según la CEPAL. Resulta significativo que el interés de China esté pasando paulatinamente de las industrias extractoras a las nuevas tecnologías, de ahí que parte de esta inversión esté promoviendo el despegue tecnológico que está experimentando América Latina. Una forma más para Beijing de ampliar su ámbito de influencia en la región.

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THE ASIAN DOOR: ¿Puede el Smartphone impulsar el consumo en China? Águeda Parra

Las bolsas de medio mundo se han convertido en el termómetro diario de la situación de inestabilidad económica global creada por efecto de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. La buena sintonía y la posibilidad de alcanzar acuerdos han predominado en las conversaciones mantenidas entre los representantes de ambos gobiernos durante la segunda semana de enero en Beijing, efecto que ha devuelto el color negro a los parquet bursátiles por primera vez en lo que llevamos de la tregua de 90 días acordada entre Trump y Xi.

Un espejismo que no hará mejorar unas previsiones de crecimiento, ya de por sí rebajadas por las principales economías mundiales para 2019. Entre ellas China, que está encontrando en la reducción del consumo interno su otro gran caballo de batalla junto a la guerra comercial con Estados Unidos. Efectos colaterales de una reacción en cadena que está llevando a una sociedad, históricamente caracterizada como muy ahorradora, a reducir sus gastos ante la sensación de inseguridad financiera que pronostica un largo enfrentamiento por la hegemonía mundial en el que China tiene más que perder que ganar.

En la era de Xi, el consumo interior se ha posicionado como una de las principales palancas para mantener los ritmos de crecimiento económico que permitan a China ser una potencia global en 2049. Lo que a principios de 2018 eran buenas perspectivas para la economía china, el impacto de la guerra comercial con Estados Unidos ha provocado una abrupta desaceleración del crecimiento del sector servicios a niveles de hace más de un año. El efecto en cascada se consolida, siendo muchos los indicios que han mostrado una desaceleración del consumo entre la población china.

El más notorio se produjo durante la mayor celebración del e-commerce mundial, el Día del Soltero, que cada año organiza Alibaba el 11 de noviembre. Durante las 24 horas que dura la fiesta de las compras online, China alcanzó en 2018 un volumen de ventas de 45.000 millones de dólares, tres veces más que la cifra alcanzada ese mismo año durante el Black Friday y el Ciber Monday juntos. Alibaba conseguía un nuevo récord de ventas online, pero a menor ritmo. Se constataba una notable ralentización en el incremento de las ventas, apenas un 24% respecto al año anterior, mientras en 2017 supuso un 44%.

Una economía digital que en el caso del sector servicios en China sucede a través del Smartphone. Por primera vez, en 2018 será mayor el tiempo invertido por la población china en utilizar los dispositivos móviles que en ver la televisión, hasta suponer un 41,6% del tiempo medio diario, registrando además un crecimiento del 11,1% respecto al año anterior. Las estimaciones pronostican mayores crecimientos, con previsión de que en 2020 la población china pase un tercio de su tiempo digital diario viendo vídeos. De ahí la adaptación que han realizado los BAT para generar una nueva oportunidad de negocio que fidelice aún más a sus usuarios con suscripciones a través de las plataformas iQiyi, de Baidu, YouKu de Alibaba, y Tencent Video, desarrollada por Tencent.

En las compras online sucede algo similar. Aunque el cambio de China hacia el Smartphone apenas se produjo hace un lustro, la facilidad en el pago y la disponibilidad en medios online y offline han contribuido a que sea el medio preferido en China para realizar las compras en línea. Los grandes titanes chinos disponen de sus propias aplicaciones, WeChat Pay, propiedad de Tencent, y Alipay, emblema de Alibaba en el mercado de pagos móviles, que se integran en el gran ecosistema de la economía digital que ha desarrollado China. De hecho, durante el Día del Soltero en 2018, el Smartphone fue el medio utilizado en el 90% de las compras online, a diferencia del 34% que supuso en el caso del Cyber Monday.

El Smartphone, como elemento central de la economía digital en China con una penetración de más del 70% respecto al resto de dispositivos móviles, se está convirtiendo en el mejor aliado del gobierno chino para contener la desaceleración de la economía del país. De hecho, la denominada como “nueva economía”, a la que pertenecen aquellas industrias que han incorporado la tecnología para desarrollar nuevos modelos de negocio, contribuyó en 2017 al crecimiento del PIB de China en un 15,7%, aportando el sector primario un 0,7%, el secundario un 6,6%, y el terciario un 8,4%. Cifras que consolidan al sector servicios como el más relevante para el desarrollo de la economía digital y sobre el que China debe seguir apostando para mantener sus estimaciones de crecimiento.

Para conseguirlo, resulta crucial la iniciativa de sus titanes tecnológicos que han facilitado la posibilidad de que los usuarios Tencent y Alibaba puedan utilizar sus aplicaciones de pago fuera de China en sus destinos vacacionales. Una opción que no solamente se aplica al turismo, sino a aquellos países por donde se está desplegando la nueva Ruta de la Seda (OBOR, en sus siglas en inglés) y que, gracias a las joint-venture con operadores locales, los usuarios chinos pueden utilizar sus aplicaciones como cuando están en China. Una componente de la economía digital que está desarrollando China como parte de la expansión de OBOR 2.0 y que está contribuyendo a mitigar los efectos de la guerra comercial. (Foto: Guy Clift, flickr.com)

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THE ASIAN DOOR: Se esfuma la inversión china en Estados Unidos. Águeda Parra.

Han sido más de 40 años de matrimonio bien avenido de una relación que, con los altibajos propios entre dos grandes potencias, aspiraba a alcanzar las bodas de oro manteniendo viva la chispa que ha caracterizado la relación entre Estados Unidos y China en este tiempo. Se cumplen cuatro décadas del establecimiento de relaciones bilaterales entre Washington y Beijing, y la conmemoración del aniversario llega en pleno apogeo de las luchas de poder que enfrentan a Trump y Xi por el liderazgo tecnológico, por una relación comercial más equilibrada y, en definitiva, por una carrera por la gobernanza mundial.

Con la histórica visita del presidente estadounidense Richard Nixon a China en 1972 comenzaba lo que hasta hace apenas un año era una relación bilateral muy positiva en el ámbito tanto del comercio como de la inversión. Ese encuentro marcaría el punto de partida de etapas venideras que se antojaban prometedoras, ya que se partía de un comercio anual bilateral que no alcanzaba los 100 millones de dólares, mientras que las operaciones de inversión eran casi inexistentes. Se abría por delante todo un mundo de oportunidades para que ambas potencias pudieran desarrollar conjuntamente sus capacidades económicas.

Una etapa de conocimiento mutuo, que terminaría por consolidarse en 1978, cuando Deng Xiaoping ponía en marcha un período de reformas económicas y de apertura al exterior orientado a potenciar el desarrollo de China. Una nueva etapa para China que suponía estrechar lazos con las grandes potencias, consiguiendo, tras intensas negociaciones, que el presidente Carter anunciara en diciembre de 1978 que, con efecto del 1 de enero de 1979, Washington iniciaba relaciones diplomáticas con Beijing. Este giro histórico en la política internacional estadounidense suponía el reconocimiento del gobierno de la República Popular de China como el único legítimo y, por ende, romper relaciones con Taiwán, cuestión que no afectaría, sin embargo, al ámbito comercial y cultural.

Desde entonces, han sido cuatro décadas en las que las relaciones bilaterales de comercio e inversión entre Estados Unidos y China han pasado literalmente de cero a consolidarse como una de las más relevantes en los flujos globales. Fundamentalmente desde la entrada de China en la Organización Mundial de Comercio en diciembre de 2001, que supuso incrementos exponenciales no sólo en los volúmenes de exportación e importación entre ambos países, sino que sirvió de trampolín para que China se haya convertido en el primer exportador mundial y el segundo importador mundial, sólo por detrás de Estados Unidos.

Pero toda relación tiene sus baches, y la celebración del aniversario se ha visto eclipsada por la reanudación de las conversaciones entre los representantes de ambos países durante los días 7 y 8 de enero en Beijing. El objetivo es avanzar en los acuerdos comerciales que den por finalizada, previsiblemente con resultado positivo para ambas partes, la tregua de 90 días alcanzada por Trump y Xi en la guerra comercial que mantienen ambas potencias. Una negociación que se antoja compleja, cuando China es el mayor socio comercial de Estados Unidos, y los mercados americanos son el principal destino de las exportaciones chinas, con un déficit comercial a favor de Beijing que alcanzó los 375.000 millones de dólares en 2017, y que en octubre de 2018 superaba los 344.000 millones de dólares después de meses de guerra comercial.

Toda una cortina de humo que está enmascarando la pérdida del atractivo que despiertan para China las operaciones de inversión en Estados Unidos ante la situación de inestabilidad en su relación bilateral. Después de 10 años en los que se ha disparado la inversión desde los 772 millones de dólares de 2007 a la cifra récord de 46.490 millones de dólares en 2016, China ha encontrado en otras regiones un mejor refugio para sus operaciones en el extranjero. Un giro que responde a la decisión de Beijing de establecer una lista de sectores recomendados, restringidos y prohibidos en los que invertir y que ha impactado fuertemente durante 2017 en el sector del mercado inmobiliario y la hostelería de Estados Unidos, situados en el bloque de operaciones restringidas por Beijing. Un nuevo escenario al que hay que sumar las revisiones regulatorias incorporadas por la administración Trump sobre las adquisiciones extranjeras, que ha favorecido un desplome drástico de la inversión china en Estados Unidos.

Un cambio de tendencia que terminó de consolidarse en el primer trimestre de 2018 con una caída del 92% respecto al mismo período de 2017, mostrando que la inversión de China en Estados Unidos es prácticamente nula. Una situación que afectará más severamente al crecimiento americano que, por efecto de la guerra comercial, ha visto reducida su previsión de crecimiento hasta el 2,5%, desde el 2,9% inicial, una tendencia de la que tampoco se libra la economía china, cuya estimación se sitúa ahora en un crecimiento del 6,2% frente a la estimación anterior del 6,4% pronosticada por el Fondo Monetario Internacional.

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THE ASIAN DOOR: Las carreras por el liderazgo que plantea 2019. Águeda Parra

La nueva era de Xi Jinping ha coincidido con el despunte de la nueva era tecnológica, donde la red de quinta generación (5G) será la mejor aliada de China para hacer posible la modernización de su industria. En 2019 veremos el despliegue de los estándares internacionales de la red 5G, previo al despliegue masivo en 2020, lo que servirá para mantener viva la competencia entre Washington y Beijing en la carrera por quién será el primero en conseguir una ventaja tecnológica diferencial, lo que algunos han pasado a considerar como un nuevo Pearl Harbor. Y es que, liderar esta carrera supondría asegurarse un desarrollo económico diferencial, ya que el 5G no solamente se aplicará a la telefonía, a la industria, y al sector automovilístico, sino que será la gran revolución tecnológica que dominará casi cualquier dispositivo en nuestras vidas.

China ha situado al frente de la modernización de su industria a la iniciativa Made in China 2025, cuya estrategia y alcance sufrirá ciertos ajustes durante 2019 por el efecto negativo generado por la guerra comercial con Estados Unidos. Con el nuevo año se reanudarán las conversaciones para avanzar en el conflicto, donde la no confrontación y el pragmatismo serán el soft power aplicado por el gigante asiático para acordar una nueva hoja de ruta que reporte beneficios para ambas partes. El proteccionismo de la administración Trump seguirá dominando las relaciones bilaterales entre ambas potencias, mientras la tregua en la guerra comercial puede que sea sólo una parada de avituallamiento para seguir luchando por el liderazgo tecnológico con fuerzas renovadas.

El desarrollo del e-commerce seguirá copando los titulares del sector tecnológico y, aunque Estados Unidos seguirá presentando batalla, el nivel de desarrollo que ha alcanzado China en las compras digitales le hacen líder indiscutible en esta carrera. La novedad en 2019 procederá, sin embargo, de las compras transfronterizas, las que comúnmente se conocen en China como “Daigou” y que hacen referencia a la “compra en nombre de otras personas”. Se trata de productos adquiridos en el extranjero a menor coste y sin impuestos de importación que, con el cambio de normativa a partir del 1 de enero, pasarán a regirse por la nueva ley e-commerce. Supondrá aumentar el límite de las compras anuales con exención de impuestos de 2.900 dólares a 3.780 dólares, unos bienes que gozarán además de un descuento del 30% en el IVA para motivar el consumo de los productos de lujo en territorio nacional, principal mercado de las compras daigou.

Algo más reñida estará la competición entre los titanes tecnológicos. Un lustro ha servido para ceder el dominio casi en solitario de las compañías americanas a un universo tecnológico binario entre Estados Unidos y China, del que han quedado descolgadas Japón, Rusia y Corea del Sur, y a Europa ni se la espera en el grupo de startups globales. Sin embargo, la alta demanda que generan los productos europeos entre los consumidores chinos ha sido el motivo que ha llevado a Alibaba a cerrar un acuerdo con el gobierno belga para establecer a partir del próximo año un hub logístico en la ciudad de Lieja. Una vez que la montaña no ha ido a Mahoma, la llegada de Alibaba al corazón de Europa permitirá crear el entorno digital necesario para fomentar el e-commerce transfronterizo.

En términos económicos, ciertas estimaciones apuntan a que China será la potencia que más aportará al crecimiento mundial entre 2015-2025, hasta un 21%, más del doble de la contribución de Estados Unidos, que alcanzará un 10%. Unos datos contemplados antes de declararse la guerra comercial entre ambos países, cuyo efecto negativo sobre el gigante asiático producirá la ralentización de su economía hasta situarla en el 6,2% según las previsiones, el menor ritmo de crecimiento en 29 años en la historia de China.

El combate contra la polución debería ser la carrera que toda nación debería querer ganar. En esta carrera, China consiguió dar un salto de gigante mejorando significativamente la calidad del aire a principios del invierno pasado gracias al cierre de un buen número de fábricas de carbón. Un espejismo en la lucha contra el cambio climático que no ha podido soportar el envite de una guerra comercial con Estados Unido que está trastocando sensiblemente los planes de desarrollo de China. Los niveles de polución han aumentado un 10% respecto al año pasado, y la expectativa de un aire más limpio no es mejor tras la reforma lanzada durante verano que incluye medidas menos exigentes a las actuales.

Mantener el “status-quo” del orden mundial seguirá siendo uno de los grandes protagonistas durante 2019, abanderando el despliegue de la nueva Ruta de la Seda la ambición de China por ocupar un lugar destacado en la gobernanza mundial. Apenas quedarán dos años antes de que en 2021 se celebre el centenario de la constitución del Partido Comunista Chino, una fecha en la que China espera haber ganado varias carreras. (Foto: None none, flickr.com)

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THE ASIAN DOOR: Huawei en el meridiano 0. Águeda Parra

Siglos después de que el Imperio de China haya perdido esa posición de supremacía de la que gozaba cuando sus vecinos se organizaban como Estados vasallos entregando tributos al país del centro, 中国, de ahí su nombre en chino, China aspira de nuevo a recuperar un lugar que considera suyo por derecho propio. Una posición ocupada desde hace décadas por otras potencias occidentales que encuentran en el gigante asiático un rival complejo, diferente, y fuera de su órbita de influencia. Sin embargo, en un mundo globalizado, la geoestrategia y la geopolítica se ponen al servicio de las grandes potencias para establecer juegos de equilibrio de poder, situando en esta ocasión a Huawei en el meridiano 0, donde el grupo de élite de grandes potencias deben posicionarse a favor o en contra del veto ejercido por Estados Unidos a la tecnológica china.

China no solamente es el país del centro, sino que se ha convertido en el centro de las reticencias del resto de grandes potencias que miran con recelo el gran milagro de la recuperación económica que ha logrado el país en cuatro décadas, un hecho sin precedentes en la historia mundial. Las luchas cuerpo a cuerpo ya son historias del pasado, y las guerras se libran ahora en los mercados bursátiles como golpes en la línea de flotación del sustento económico de los países. De ahí que, en un intento por reproducir los antiguos Estados vasallos de China, la administración Trump haya iniciado una guerra comercial con el gigante asiático imponiendo una primera fase de aranceles que tuvieron una respuesta inmediata por parte de China. Una medida que por sí sola ha resultado poco operativa para reducir el déficit comercial existente entre ambos países, lo que ha motivado que la ofensiva pasara primero de la presión sobre ZTE, que supuso casi la quiebra de la compañía china muy dependiente del abastecimiento de componentes americanos para la fabricación de sus dispositivos, a centrarse en el imperio de Huawei. La sospecha se centra en que el Partido Comunista Chino tenga acceso a la inmensa cantidad de datos que pasan por el equipamiento de Huawei en las redes 5G y que gracias a la potencialidad de la inteligencia artificial genere un estado policial que afecte a la seguridad nacional de las grandes potencias.

Considerada uno de los grandes titanes tecnológicos chinos al frente de la iniciativa Made in China 2025, Huawei ha pasado en una década de ser un pequeño fabricante de precios bajos a tener una cuota mayor que Ericsson, Nokia, ZTE y Samsung en el mercado de infraestructuras de redes móviles, mientras que como fabricante de móviles, ha conseguido situarse como segundo mayor fabricante de móviles del mundo al superar en ventas a la americana Apple. La amenaza tecnológica se intensifica.

Cuestionada la hegemonía tecnológica de Estados Unidos, y después de décadas de promover la globalización, el siguiente paso de la administración Trump ha sido promover un enfoque nacionalista y conseguir que bajo la sospecha de incidentes relacionados con la ciberseguridad se vete la participación de Huawei en el despliegue de la red 5G entre los países aliados que forman el grupo denominado “Five Eyes” del que, además de Estados Unidos, forman parte Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido y Canadá. Las reacciones no se han hecho esperar por parte de los consumidores chinos que han iniciado un boicot a los productos canadienses como contraofensiva a la detención en Vancouver de la hija del magnate de Huawei, Meng Wanzhou, acusada de violar las sanciones de Estados Unidos contra Irán. Una guerra que se cierne sobre Huawei cuando, según parece, muchas otras empresas extranjeras, incluso estadounidenses, han violado anteriormente estas sanciones, pagando cuantiosas multas sin que por ello hayan sido arrestados en un aeropuerto y puestos bajo custodia policial.

Difícilmente las guerras se ganan en una única batalla. Por una parte, Washington ha ampliado su advertencia a aquellos estados occidentales que cuentan con bases militares americanas, de los que Japón ya ha anunciado el veto a Huawei, mientras Alemania mantiene su confianza con restricciones a ciertas inversiones en 5G. Otras potencias como India, siguiendo el juego de equilibrios de poder que está marcando el desarrollo de la nueva Ruta de la Seda por el Indo-Pacífico, también se ha sumado a las consideraciones de Estados Unidos de excluir a Huawei en el despliegue de la red 5G, mientras Papúa Nueva Guinea y Portugal forman parte del grupo de contrapeso que favorece las inversiones.

Sin embargo, China sigue siendo el principal mercado de Huawei, obteniendo un cuarto de sus ingresos de Europa, Oriente Medio y África, según la compañía, donde la marca china está ganando cuota de mercado y reputación positiva, además de situarse entre las marcas de móviles más vendidas, lo que hace esperar que esta ofensiva no tenga demasiado efecto sobre los resultados operativos de la compañía. A esto hay que añadir la problemática de cambiar de proveedor para el despliegue del 5G cuando el fabricante de las redes 2G, 3G y 4G es Huawei que hace buena la recomendación del presidente de la compañía china, Ren Zhengfei, a sus empleados: “Algunas veces, es mejor encontrar un sitio seguro y esperar a que pase la tormenta”. Y, mientras tanto, Huawei ha anunciado la inversión de 2.000 millones de dólares en proyectos de I+D para reforzar la ciberseguridad, acallando así las sospechas que le han situado en el punto de mira. (Foto: Edmond Lai, flickr.com)

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THE ASIAN DOOR: El legado de Xi Jinping. Águeda Parra

En la era de Xi Jinping, China está adquiriendo un mayor protagonismo con la vista puesta en consolidar su influencia como poder global en 2049, con capacidad de influir en cuestiones mundiales, al estilo de otras grandes economías occidentales. Para entonces, se conmemorarán los 100 años de la República Popular de China, una fecha en la que se espera esté completado gran parte del legado del presidente Xi diseñado sobre cuatro grandes baluartes.

En primer lugar, y desde el punto de vista del desarrollo social, Xi Jinping impulsó la eliminación de la política del hijo único en 2015, dos años después de comenzar a liderar la segunda economía mundial, ante el inevitable desafío de tener que abordar la modernización de la industria y la innovación tecnológica con una población envejecida. Para ello, China necesita una población activa numerosa, pero la realidad es que el número de personas mayores de 60 años ha aumentado en 110 millones desde 1999 que, en magnitud, representa la población de España y Reino Unido juntas. Entre los efectos positivos derivados de la aplicación de esa política en 1979 destaca haber conseguido sacar de la pobreza a más de 800 millones de personas, con la previsión de que quede completamente erradicada para 2020. Entre los retos de Xi Jinping destaca el “rejuvenecimiento de la nación china”, porque solamente con una amplia población joven puede mantenerse la revolución tecnológica que actualmente está liderando el país a nivel mundial en algunos aspectos como el e-commerce, las FinTech y la inteligencia artificial, tres campos en los que China se posiciona como líder mundial.

En segundo lugar, en la transición de China de potencia orientada a la manufactura y a la exportación, a una economía basada en el consumo interno, el sector servicios y la innovación, las nuevas tecnologías se están convirtiendo en el principal facilitador del cambio. No podemos decir que China con una población de más de 1.300 millones de personas tenga una clase media fuerte, ya que apenas alcanza los 132 millones de personas, el 10% de la población, con incrementos de la renta per cápita en las últimas cuatro décadas de media del 10% cada año. De ahí que entre el legado de Xi figure potenciar el crecimiento de la clase media, que podría situarse en los 480 millones de personas en 2030, un 35% de la población. Esto supone, cuadruplicar en poco más de una década el número de personas que pasan a formar parte de una creciente clase media que se está convirtiendo en uno de los motores económicos del país.

En tercer lugar, la innovación a través del “gran salto adelante” en tecnología, representado por una de las grandes iniciativas de Xi Jinping, la conocida como Made in China 2025. Con gran involucración gubernamental, la iniciativa se enfoca en todo el proceso de manufactura y se extiende a todo tipo de empresas. El objetivo es mantener las actuales tasas de crecimiento anual basándose en la innovación y en las nuevas tecnologías para modernizar la industria. Con esta iniciativa, China pretende conseguir una producción de contenido nacional de componentes y materiales básicos del 40% en 2020, y llegar al 70% en 2025.

Finalmente, en cuarto lugar, la nueva Ruta de la Seda. Una iniciativa orientada a potenciar la gobernanza internacional de China y el poder regional en Asia-Pacífico. La iniciativa está considerada como parte del legado de Xi, de ahí que se haya involucrado en primera persona, y tras cinco años desde el anuncio de la iniciativa en 2013, el presidente chino ha logrado incrementar su influencia geopolítica y geoestratégica en los países por donde se extienden las rutas terrestres y la Ruta Marítima al establecer lazos bilaterales más estrechos con los países de la región. Considerada como la mayor iniciativa de desarrollo de infraestructuras mundial, supone una apertura a nuevos mercados para los productos chinos con alto impacto en los flujos comerciales entre China y Europa.

En definitiva, cuatro grandes directrices con las que se relaciona la era de Xi y que reflejan el modelo de una China moderna que el presidente chino espera dejar como legado. Para entonces, será la confirmación de que bajo el lema de una nueva era de “socialismo con características chinas” se habrá alcanzado el “sueño chino” de construir una “sociedad modestamente acomodada”, un “país rico y poderoso” y un pueblo “dinámico y feliz”. (Foto: Mario Vecchi, flickr.com)

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THE ASIAN DOOR: El eCommerce se rinde al Día del Soltero en China. Águeda Parra

Jack Ma, dueño del titán tecnológico chino Alibaba, conseguía apenas hace una década asociar una oferta promocional con un día festivo para despertar la locura de la clase media China de adquirir multitud de productos a mejor precio. La idea de crear el Día del Soltero surgió entre los universitarios chinos a mediados de los años noventa del siglo pasado como un antídoto frente a la celebración del Día de San Valentín, eligiendo el once de noviembre, 11/11, porque simbólicamente representa “barras desnudas” que muestran la soledad de los solteros. Después, la genialidad de Jack Ma uniendo ambos eventos hizo el resto para crear una pareja de éxito.

Accesible para todas las personas, sin distinción, el gran día de Alibaba se lleva celebrando desde 2009, y el éxito de los últimos años la ha convertido en la fiesta del eCommerce mundial, revalidando año a año el récord en ventas con transacciones desde 230 países durante 2018, liderando Japón el Top 10 de países que han vendido a China durante el Día del Soltero, seguido de Estados Unidos (2), Corea del Sur (3), Australia (4), Alemania (5), Reino Unido (6), Francia (7), España (8), Nueva Zelanda (9) e Italia (10), y superándose los 1.000 millones de pedidos. El evento cuenta con una gala en la que participan conocidos famosos de todo el mundo que animan la jornada con una retransmisión para todo el país, sin descartar que en futuras ediciones la celebración pueda trasladarse a otro lugar fuera de China.

Aparte de que pueda despertar la locura consumista en un país comunista, el Día del Soltero es una muestra del nivel de madurez de la economía digital en China, donde el 90% de las compras de ese día se realizan a través del smartphone, reflejo de la evolución del mercado de los pagos por móvil que sitúa a China como potencia mundial. Durante 24 horas, Taobao y Tmall, los principales sitios Web de compras de Alibaba, concentran un número de ventas online superior al que se registra durante los cuatros días que van desde el Black Friday al Cyber Monday. En Europa, más influida por las modas americanas, el Día del Soltero ha pasado desapercibido hasta hace unos años, sin embargo, la comparación con las grandes fiestas del eCommerce en Estados Unidos muestra que se trata de un evento consolidado en la industria. En 2012, la gala de Alibaba conseguía superar en ventas online a las registradas durante el Cyber Monday en Estados Unidos, y en 2016, el Black Friday americano apenas supuso un sexto de las ventas del Día del Soltero. De ahí, que otras grandes corporaciones se hayan inspirado en la estrategia de Alibaba para crear campañas promocionales que intenten emular las cifras de éxito que consigue el titán tecnológico chino que 2018, en apenas dos minutos, ha conseguido registrar 1.267 millones en ventas, y sólo ha necesitado 15 horas para batir su propio récord del año anterior.

Entre sus principales rivales en China figura el “Prime Day” de JD.com, que coincide con la fecha de su fundación, el día 18 de junio, alcanzando unas ventas en esta última edición de 24.700 millones de dólares, una cifra muy similar a los 25.300 millones de dólares que consiguiera Alibaba en 2017, y que ha pulverizado durante la gala de 2018 en su décimo aniversario registrando 30.802 millones de dólares en ventas, un 27% más que el año pasado. Amazon.com es otra de las empresas que también ha establecido un “Prime Day” para sus suscriptores Premium, aunque la principal diferencia con Alibaba es que la americana es propietaria del inventario que vende mientras que el gigante del e-commerce chino realiza acuerdos con proveedores, e incluso con grandes almacenes físicos para abastecerse de la mercancía que después se encarga de distribuir a domicilio, e incluso en el extranjero. Durante la Fiesta del Día del Soltero se compra todo tipo de artículos, desde zapatillas, langostas, lavadoras, a incluso coches, por medio de acuerdos alcanzados por Alibaba con tiendas familiares y grandes almacenes, como el pop-up store abierto en España para la celebración de este año. Asimismo, gracias a la inversión realizada por el gigante tecnológico en crear Hema, una red propia de supermercados y que forma parte de la estrategia omnicanal de Alibaba, puede ofrecer productos frescos que distribuye a domicilio en menos de 30 minutos.

El gran atractivo para los consumidores es la participación de más de 140.000 marcas, casi la mitad internacionales. Alibaba ha pasado de reunir a 27 empresas en 2009, a distribuir su aplicación de móvil Ling Shou Tong entre más de 600.000 convenience stores y cerca de 100.000 puntos de venta que se conectan con su propia plataforma, aportando una agilidad al proceso que permitió que el primer paquete enviado en 2017 llegara a los 12 minutos y 18 segundos desde el momento de la compra. Toda una operativa que cada año pone a prueba la capacidad de Alibaba Cloud para procesar las 325.000 órdenes por segundo que llegaron a registrarse en un momento pico durante 2017.

En definitiva, un éxito en ventas online que cada año impacta sobre las estadísticas de la economía digital en China, y donde la noticia más esperada del día siguiente es conocer en cuántos millones se ha superado el récord del año anterior. Una suerte de caso de éxito creado por un antiguo profesor de inglés que, previsiblemente el próximo año, anunciará su retirada para dedicarse a la filantropía y que, gracias a su carisma, ha conseguido revolucionar el entorno de emprendimiento en su país. Motivo por el cual, como indica The Economist, China luchará por producir otro Jack Ma. (Jason Stainthorpe, Flickr.com)

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THE ASIAN DOOR: Lo que la piedad filial puede hacer por el e-commerce en China. Águeda Parra

Comentaba Jack Ma en el Foro Público 2018 de la OMC (Organización Mundial de Comercio) celebrado en octubre en Ginebra que “No podemos detener la tecnología. Lo único que puedes hacer es aceptarla (porque) más y más cosas pasarán a través de las plataformas digitales”. Ma, fundador y Presidente Ejecutivo de Alibaba Group, ha sido uno de los grandes impulsores del e-commerce en China, promoviendo un nuevo ecosistema tecnológico sobre el que se está apoyando el gigante asiático para embarcarse en un proceso de modernización que posibilite la transición del país hacia una economía avanzada.

El e-commerce en China apenas representaba el 1% mundial antes de la irrupción de emprendedores como Jack Ma en el panorama empresarial de un país al frente del cual se sitúa el Partido Comunista Chino. Diez años después, el gigante asiático ha generado las condiciones necesarias para impulsar una revolución digital haciendo que China represente en la actualidad el 42% del e-commerce mundial, lo que supone que realiza más transacciones por año que Francia, Alemania, Japón, Reino Unido y Estados Unidos juntos.

Hablar de e-commerce es hablar de China. Y en este ámbito, el gigante asiático ha conseguido alcanzar un crecimiento nunca antes visto en otras economías desarrolladas. Si para posicionarse como segunda potencia mundial China ha necesitado de cuatro décadas de reformas económicas, en el caso de las compras online, el gigante asiático solamente ha necesitado de una década para ser líder mundial. De hecho, en el período entre 2009-2016, el crecimiento del mercado del e-commerce en China alcanzó el 2.000%, superando las ventas de Estados Unidos y Reino Unido juntas. Carentes de un ecosistema de plataformas digitales que favorezcan el desarrollo de las compras digitales, las ventas online en Estados Unidos en ese mismo período apenas crecieron el 150%.

Dos de los grandes protagonistas de esta transformación son los titanes tecnológicos chinos Alibaba y Tencent. Alguna de las iniciativas que más ha favorecido el crecimiento del e-commerce en China ha sido, por ejemplo, la promoción de las ventas digitales durante el Día del Soltero en China, evento que se celebra cada año el 11 noviembre. En el caso de Tencent, la revolución digital ha venido de la mano de WeChat, la aplicación que comenzó como una red social, y que hoy se utiliza para cubrir casi todas las necesidades del día a día.

Lo que hoy identificamos como Made in China, o Made en Estados Unidos, en 2030 será Made in Internet, según comenta el mismo Jack Ma. Para entonces, la previsión es que el 85% de los negocios sean e-commerce y, en cuanto a las compras, el 95% de ellas se realizarán online y apenas el 5% seguirá generándose a través de los canales tradicionales. Una revolución digital que está impulsando la modernización del país pero que, sin embargo, está provocando una brecha social. Mejor dicho dos: una en sentido económico y otra generacional.

El rápido proceso de digitalización que está transformando China está provocando que se amplíe la brecha económica entre las ciudades costeras, más modernas, con aquéllas que están en el interior y son más rurales. En las últimas décadas, el gobierno chino ha intentado reducir la enorme desigualdad existente en el desarrollo de las ciudades del interior, en un intento además por frenar la emigración de trabajadores hacia las ciudades más ricas en la costa. El proceso de urbanización e industrialización de etapas anteriores se ha visto reforzado por la decisión de Xi Jinping de hacer de las ciudades del interior hubs de innovación como parte de las rutas terrestres desplegadas bajo la iniciativa de la nueva Ruta de la Seda, fomentando así un proceso de desarrollo económico más rápido. Sin embargo, persiste una brecha tecnológica que mantiene al 70% de las ciudades del interior ajenas a los pagos por móvil, principalmente porque carecen de teléfono inteligente, e incluso de cuenta bancaria. Un reto para la visión de la política doméstica de Xi Jinping que pretende fortalecer el crecimiento económico de China a través de la modernización y la innovación.

El pago por móvil es una realidad que se impone en China más rápidamente que en el resto de economías avanzadas, una cuestión que está generando una enorme brecha cultural entre generaciones. Los datos de registro en plataformas de pago por móvil muestran que en enero de 2017 se unieron 469 millones de usuarios, un 31,2% más que en 2016, según datos publicados por la Administración del Ciberespacio de China. Mientras que respecto al uso de pagos por móvil, los datos muestran un incremento de las transacciones utilizando este medio del 57,7% en 2016 al 67,5% en 2017, según datos del Centro de Información de Internet en China.

Cifras que muestran la consolidación de la economía digital en China y, por tanto, la rapidez con la que el gigante asiático se está convirtiendo en un país sin dinero en efectivo. Sin embargo, lo que parece tecnológicamente beneficioso está suponiendo un aislamiento social para las generaciones más mayores. De ahí que surjan iniciativas, como la de Alibaba, de apoyarse en la piedad filial para animar a que los jóvenes, que crecen como nativos digitales, ayuden a sus mayores a incorporarse en las nuevas tecnologías, en una labor altruista que pone de manifiesto el estrecho vínculo familiar en la sociedad china. Cuestión que, sin embargo, debería conducir a una reflexión sobre el modelo económico que debería aplicarse para fomentar el desarrollo del conjunto de China, del que participan las zonas del interior y las costeras, y donde conviven las nuevas generaciones con millones de chinos que pertenecen al grupo de personas mayores.