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THE ASIAN DOOR: Alibaba, JD.com y Pinduoduo de la mano para digitalizar el medio rural. Águeda Parra

Cuando hablar de e-commerce es hablar de China, supone decir que la dimensión de este mercado es proporcional a las grandes magnitudes que siempre acompañan a cualquier descripción sobre China. El mayor mercado de ventas online del mundo creció un 23,90% en 2018 respecto al año anterior, hasta alcanzar la cifra de 1.170 millones de dólares, según la Oficina Nacional de Estadística de China. Un incremento bastante significativo teniendo en cuenta que el e-commerce en China se considera ya un mercado maduro, pero que todavía podría seguir creciendo hasta representar el 55,8% del e-commerce mundial en 2019, según estimaciones de eMarketer.

Uno de los factores clave de este crecimiento ha sido el aumento en el número de usuarios que han digitalizado sus pagos por móvil. Ya suponen 583 millones de personas, un 10,7% superior a 2017, una cantidad que puesta en magnitud supone que en China utilizan el Smartphone como medio de pago una población equivalente a toda la Unión Europea y Tailandia juntas. Todavía es más numeroso el número de usuarios del pago online, que alcanzó los 600 millones en 2018, registrando un incremento del 13% respecto al año anterior. Las cifras son vertiginosas y muestran el alto nivel de digitalización de una población que cuenta con 829 millones de personas conectadas a Internet, la mitad de su población, registrando un incremento en 2018 del 7,3% respecto al año anterior, según el China Internet Network Information Center.

Si la dimensión del e-commerce es ya importante en China, mayor será cuando Beijing ponga en marcha su plan de digitalizar zonas rurales para finales de 2020, haciendo ubicua la opción del pago por móvil. En un país donde en 2017 la población rural representaba el 42%, la campaña gubernamental persigue cubrir múltiples objetivos. En primer lugar, incorporar la población rural a la economía digital, principal motor del consumo en las grandes ciudades, lo que favorecería el crecimiento de la economía del país al incorporar las compras online y el pago por móvil a la vida cotidiana de los habitantes de estas zonas, dejando atrás el uso del papel moneda. No menos importante es hacer accesible las nuevas tecnologías a la población más senior. La denominada como “economía de plata” representa al grupo de usuarios de Internet mayores de 60 años que podrían llegar a triplicarse en 2030 hasta los 245 millones, y alcanzar los 350 millones en 2050, según algunas estimaciones. Por último, la incorporación de los habitantes de las zonas rurales al mundo de las transacciones de compras online podría conllevar incluso la reducción de la brecha de desigualdad de ingresos anuales entre zonas urbanas y rurales, que ha pasado a situarse en 3.664 dólares en 2018 respecto a los 2.534 dólares que se registraban en 2013, según la Oficina Nacional de Estadística de China.

El grupo de personas mayores supone un nuevo nicho de mercado para las plataformas de aplicaciones que inundan el ecosistema tecnológico de China. En una sociedad confuciana como la china, la piedad filial podría considerarse la mejor herramienta para hacer partícipe a este colectivo de otra de las grandes transformaciones que está experimentando el país, la revolución tecnológica. Con ello, se incrementaría significativamente la proporción de población adulta que utiliza los medios de pagos digitales, que ya se situaba en el 76,9% en 2017, llegando al 66,5% en las zonas rurales, según un informe del Banco Central.

Los grandes protagonistas de esta transformación serán los grandes titanes tecnológicos del retail in China, es decir, Alibaba que, con sus marketplaces Taobao y Tmall, domina el mercado del e-commerce con un 53,3% de cuota de mercado, JD.com que alcanza un 16%, y Pinduoduo, que cuenta con un 7% del e-commerce chino y cuyo enfoque desde su creación ha sido suplir las necesidades de las zonas rurales a precios más asequibles. En el mundo de oportunidades que surgen con este nuevo plan de digitalización rural, uno de los primeros en mover ficha ha sido Alibaba. El gigante del e-commerce chino ha realizado una inversión en Huitongda, una empresa que se encarga de los servicios de marketing y comercialización en las zonas rurales, por 716,8 millones de dólares. Por su parte, Tencent cuenta con Kuaishou, una aplicación de vídeo muy popular en las zonas rurales, no sólo por mostrar las bondades de la vida en el campo con transmisiones en vivo, sino por la facilidad que ofrece a sus 130 millones de usuarios diarios de realizar transacciones de e-commerce dentro de la propia aplicación para vender cualquier cosa. Un negocio muy atractivo para todos aquéllos que ofrecen los productos locales que fabrican por este medio, y que ha supuesto duplicar los 156 millones de usuarios activos de 2017 hasta los 300 millones en 2018, lo que implica que la utilizan uno de cada tres chinos.

Con la ubicuidad de la revolución digital en China aparecen nuevos negocios para cubrir las necesidades de los nuevos usuarios. Las nuevas herramientas de préstamos online de MYbank y WeBank, propiedad de Alibaba y Tencent, respectivamente, son otro de los recursos más demandados que ofrecen las FinTech, una vez que disponen del historial crediticio de las transacciones e-commerce de los usuarios y son más proclives que los bancos tradicionales a conceder préstamos. Pero no sólo surgen nuevas oportunidades de negocio para los titanes tecnológicos chinos, sino para todas aquellas empresas internacionales que tengan presencia en sus plataformas, de modo que la iniciativa de digitalización de la China rural puede resultar ser el trampolín de entrada para nuevos players internacionales. (Foto: Samuel Vigier)

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RESEÑA: Greater Bay Area: el Silicon Valley de China. Carla Flores

Silicon Valley (EEUU) es mundialmente conocido por ser el emplazamiento de algunas de las compañías tecnológicas de mayor envergadura y reconocimiento global; prototipo de desarrollo empresarial y paradigma de la innovación, ha servido de modelo para otras áreas similares en el mundo, como la Guangdong-Hong Kong-Macao Greater Bay Area, o simplemente Greater Bay Area (GBA), con la que China busca, incluso, desbancar a la región californiana como principal centro tecnológico mundial.

Con el fin de conocer un poco más sobre las novedades que se presentan constantemente en este clúster de desarrollo de nuevas tecnologías, la Cámara de Comercio española en Hong Kong organizó el pasado jueves 28 de marzo, en Madrid, una charla gratuita en la que participaron cuatro expertos del sector. Moderados por Miguel Otero, profesor en IE School of Global & Public Affairs, en la charla se habló sobre los retos y oportunidades que presenta esta zona para el ecosistema tecnológico español; en especial, el papel que desempeñará Hong Kong como tradicional puerta de entrada y salida de China.

Alfonso Ballesteros, Secretario General de la Cámara de Comercio de España en Hong Kong, ofreció a los asistentes una fotografía completa de la realidad que acontece en esa zona del país. Planteó el desarrollo integral de la GBA como una forma de satisfacer el deseo estratégico del Gobierno de China —contemplado en el programa llamado Made in China 2025  por erigirse como líder en sectores como equipamiento eléctrico, vías férreas, aeroespacial…, así como inteligencia artificial y biotecnología, en los que ya se sitúa como competidor más destacado. Por otro lado, señaló que el mayor reto al que se enfrenta la GBA reside en las diferencias intrínsecas de los 11 hubs que la componen: Hong Kong, Macao, Shenzhen, Guangzhou, Zhuhai, Foshan, Dongguan, Zhongshan, Jiangmen, Huizhou y Zhaoqing. El objetivo de China consiste en optimizar esta unión, conseguir que esta área sea más que una mera suma de partes; sólo así se logrará el despegue definitivo. En estos momentos, sólo la combinación de Shenzhen y Hong Kong ya convierten a la GBA en la capital mundial de hardware.

Intervinieron, además, Virginia Seoane, representante en España de Hong Kong Trade Development Council; Fernando de la Cal, Ejecutivo de Promoción de Inversiones de InvestHK (Oficina de Bruselas) y Marisol Menéndez, Chief Open Innovation Officer de Spain Startup – South Summit.

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THE ASIAN DOOR: Ha nacido un país de unicornios. Águeda Parra

Que a los unicornios les gusta China es una afirmación que hoy en día ya muy pocos cuestionan. No se trata de que Estados Unidos haya dejado de competir con el gigante asiático en la creación de este tipo de empresas, valoradas en más de un 1.000 millones de dólares. Más bien es que China ha entrado en una dinámica de revolución tecnológica que alcanza a todos los ámbitos de su economía y que le está impulsando a liderar la creación de grandes centros de innovación al estilo de Silicon Valley.

Existe todo un ecosistema que propicia este ritmo de generación de nuevas startups en China. Las reformas económicas introducidas por el gigante asiático hace 40 años han conseguido generar una sociedad que ha incrementado su nivel de ingresos significativamente, lo que conlleva un mayor nivel de consumo y una capacidad de compra que ha crecido rápidamente. De este modo, se ha llegado a abordar una revolución digital que tiene a más de la mitad de su población conectada a Internet, superando los 700 millones de personas, usuarios todos ellos de un complejo entramado de plataformas tecnológicas que conforman el ecosistema digital de China. Esta trepidante dinámica de digitalización de la sociedad ha llevado a que China cree un unicornio cada 3,8 días en 2018, según un estudio de Hurun Report, posicionando la tecnología Made in China en la vanguardia mundial.

China, un país de unicornios, acoge a 186 de estas empresas, generando un crecimiento del 50% respecto a los 120 con los que contaba en 2017. No solamente el crecimiento es significativo en el número de nuevas empresas, sino que los 181 unicornios tienen un valor agregado de más de 736.000 millones de dólares, casi el doble de la valoración de los 120 unicornios de 2017 que alcanzaban los 433.000 millones de dólares. En la creación de este tipo de empresas juegan un papel destacado los grandes titanes tecnológicos en su papel de incubadoras o aceleradoras, contando hasta 11 unicornios con el apoyo de Alibaba, mientras que Tencent ha confiado su inversión en 28 de estas empresas.

A medida que existen ciertos sectores que con el tiempo empiezan a considerarse ya maduros en el mercado chino, como el e-commerce, comienzan a estar en alza otros nuevos intentando satisfacer rápidamente la demanda de los usuarios. Por sectores, lideran la clasificación los unicornios relacionados con los servicios de Internet, seguidos del e-commerce y las FinTech. Precisamente es en el sector de los servicios financieros online donde se encuentra el unicornio con mayor valoración de mercado, Ant Financial, compañía de la que Alibaba posee un 33% y que está valorada en 148.400 millones de dólares. Por ubicación, Beijing sigue siendo la ciudad elegida para desarrollar el mayor número de unicornios que genera China, tanto por los ya existentes como por los nuevos creados durante el último año. Las ciudades de Shanghai y Hangzhou, ciudad natal de Jack Ma, ocupan el Top 3 de los grandes hub de innovación que está desarrollando China, aunque en el último año Nanjing ha conseguido posicionarse como uno de los centros con más atractivo para atraer la innovación, principalmente por la vocación de la ciudad por desarrollar la tecnología del automóvil del futuro.

De los 97 nuevos unicornios creados en 2018, 23 de ellos están relacionados con el sector servicios, principalmente relacionados con la demanda de las bicicletas y coches compartidos. El siguiente grupo que mayor número de unicornios agrupa es el de salud y medicina, seguido del de educación, Big Data y Cloud Computing, que muestran el creciente interés de la sociedad china por estas nuevas tecnologías y los servicios asociados a las mismas. Por el contrario, la madurez del mercado del e-commerce en China, donde los consumidores cubren plenamente sus demandas con los servicios que ofrecen los titanes tecnológicos chinos como Alibaba y JD.com, supone que apenas sean dos los nuevos unicornios creados en este ámbito.

Ahora que la economía china está sufriendo una importante desaceleración motivada por la guerra comercial con Estados Unidos, la aportación de los unicornios a la nueva economía digital resulta fundamental para mantener los ritmos de crecimiento económico de China. El escenario de inestabilidad que está provocando a nivel mundial el conflicto internacional ha lastrado las exportaciones chinas en enero hasta un 21% respecto al año anterior, un impacto mayor de lo que habían pronosticado los analistas, lo que está provocando retrocesos en el resto de economías mundiales. De ahí que China siga confiando en sus unicornios para intentar mantener el ritmo de desarrollo económico ante una situación que ya ha sobrepasado la tregua de tres meses establecida y cuyas consecuencias en el medio plazo todavía son inciertas. (Foto: Andrew Morrell)

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THE ASIAN DOOR: Alipay no conoce límites. Águeda Parra

“Para los seres humanos, la primera globalización fue la Ruta de la Seda, pero hoy en día, en la edad de Internet, creo que deberíamos convertir la Ruta de la Seda en una e-Ruta, […] una e-Ruta para conectar todos los países”. Así se expresaba Jack Ma durante la inauguración en 2017 de la plataforma electrónica de comercio mundial que va a actuar de hub en Malasia, el primer centro de estas características fuera de la sede principal del gigante del e-commerce en Hangzhou. Una instalación que tendrá las funciones centralizadas de despacho de aduanas y almacenamiento, estará destinada a cubrir las necesidades de Malasia y de toda la región del Sudeste Asiático.

Desde entonces, la visión de negocio de Alipay, la marca comercial de Ant Financial, el gigante de las FinTech, le ha llevado a seguir expandiéndose más allá de la muralla china, implantando su modelo de pagos electrónicos por otros países fuera de China. La cifra récord de usuarios por todo el mundo asciende a 1.000 millones, de los cuales 700 millones son usuarios chinos. Aunque dos tercios de su negocio proceden de las ventas en China, los negocios internacionales están creciendo rápidamente, siendo la comunidad china el público objetivo prioritario de Alipay. Con esta estrategia de externalización, Alibaba está consiguiendo poner a disposición del turista chino en sus viajes al extranjero el medio de pago digital preferido que utilizan cuando están en el país. Expandiendo el ecosistema tecnológico de China más allá de sus fronteras, Alibaba está favoreciendo que los nativos digitales impulsen la recuperación económica del país lastrada tras meses de estar en vigor la guerra comercial que mantiene con Estados Unidos. En un país donde más de la mitad de la población está conectada a Internet, Alibaba ha conseguido que el número de usuarios activos mensuales desde dispositivos móviles crezca hasta los 699 millones en el cuarto trimestre de 2018, 30 millones más respecto al trimestre anterior. Sin duda, una buena noticia para el comercio electrónico global y para la recuperación de la economía china en general.

Los acuerdos que ha establecido con compañías de pago electrónico como Paytm, en India, y TrueMoney, en Tailandia, y que forman parte de las cerca de 10 colaboraciones con otras grandes empresas de pago electrónico en el extranjero, han favorecido la expansión internacional de una de las marcas más reconocidas del universo Alibaba. Desde que Alipay comenzara su campaña de expansión internacional en 2007, los turistas chinos pueden solicitar en 80 aeropuertos de más de 40 países la devolución instantánea de impuestos a través de Alipay. De hecho, hasta dos tercios de los turistas utilizan el pago por móvil, sobrepasando por primera vez el uso del dinero en efectivo, según un informe de Nielsen.

La ambición de Alibaba también ha llegado a Europa, considerándose la compra de la empresa de servicios de remesas World First en el Reino Unido como el gran desembarco de Alipay en Europa, avanzando así en su expansión global. La adquisición se produce un año después de que el Comité sobre Inversiones Extranjeras de los Estados Unidos bloqueara la oferta de Ant Financial sobre MoneyGram. Un acuerdo que viene después de que en enero de 2019 Alipay adquiriera la licencia de dinero electrónico en Luxemburgo que le permite conectar su plataforma a los usuarios de todos los países de la Unión Europea.

En el caso de España, Alipay está presente gracias al acuerdo de colaboración con CaixaBank, que permite a los turistas chinos utilizar su medio de pago móvil preferido en más de 300.000 comercios españoles. Un acuerdo al que se suma el firmado con El Corte Inglés a principios de 2018 con el que la cadena de grandes almacenes pretende ofrecer un servicio de pago personalizado a los clientes chinos. En el caso de Estados Unidos, Alipay cuenta con un acuerdo con la cadena de tiendas Walgreens para aceptar el pago por móvil en más de 7.000 establecimientos a partir de abril.

Con esta trayectoria, Alipay se ha convertido en uno de los grandes exponentes del éxito del titán tecnológico chino. Esto le ha servido para que en la última ronda de financiación, Ant Financial consiguiera una valoración de 150.000 millones de dólares, convirtiéndose así en el unicornio más grande del mundo. Un reconocimiento de que a los unicornios les gusta China, y que alguno de ellos, como en el caso de Alipay, han conseguido situarse como la marca mejor percibida en China en 2018, una clasificación en la que participan grandes firmas internacionales y que valoran, entre otras características, su calidad, valor, reputación, satisfacción y recomendación de la marca. (Foto: David Feng)

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THE ASIAN DOOR: Tesla en pit stop y NIO en vuelta rápida. Águeda Parra

La reducción de las ventas de automóviles en el mayor mercado mundial abre un nuevo capítulo en la guerra comercial que mantienen China y Estados Unidos. Por primera vez en dos décadas, el gigante asiático ha registrado un desplome de las ventas de coches del 6% hasta los 22,7 millones de unidades vendidas en 2018, según la China Passenger Car Association. Una situación generada como reacción en cadena de unos consumidores que han reducido la demanda ante el clima de desconfianza que genera un menor crecimiento económico en China.

La industria del automóvil se desploma a nivel global arrastrando a fabricantes de todo el mundo que tienen sus plantas de producción en China y que, en algunos casos, tienen en el mercado del gigante asiático su mayor demanda, como es el caso de BMW. Ante esta situación de incertidumbre generalizada en el sector, es la nueva generación de vehículos la que despierta cierta esperanza a corto plazo, una vez que China es además el mayor mercado mundial de coches eléctricos, generando unas ventas superiores a las del resto de países juntos durante 2018.

China está ganando la carrera del vehículo eléctrico a Estados Unidos, su máximo competidor, sin que parezca tener rival. La previsión es que el mercado del gigante asiático genere el 60% de las ventas mundiales en 2035, cerca de 6,42 millones de unidades vendidas, según la empresa de investigación de mercado especializada Fuji Keizai. Con esta estimación, las ventas en 2035 serían casi 15 veces las unidades vendidas en 2017, ocupando Europa el segundo puesto mundial, generando una demanda de 2,17 millones de vehículos eléctricos, mientras Estados Unidos quedaría relegada a la tercera posición con apenas 1,36 millones de unidades.

Una carrera que también está ganando China en cuanto a la construcción de la infraestructura necesaria para dar soporte a este tipo de vehículos. Cualquier rival mundial lo tiene complicado frente a la determinación del gobierno chino de promover el desarrollo de redes de recarga públicas para dar cobertura a 5 millones de vehículos eléctricos en 2020. Los números mandan y China actualmente dispone de más de 808.000 puntos de recarga de coches eléctricos por todo el país, muy por delante del medio millón desplegado por Estados Unidos, principalmente instalados en casas particulares, según un estudio del Center on Global Energy Policy de la Universidad de Columbia.

Las políticas medioambientales de China son parte también del impulso gubernamental con la previsión de que entre los vehículos eléctricos, los híbridos y los de pila de combustible, la industria crezca un tercio en 2019 hasta los 1,6 millones de unidades vendidas, sobrepasando la marca del millón de vehículos vendidos en 2018, según la China Association of Automobile Manufacturers. Unos objetivos que contrastan con las ayudas fiscales que ofrecen ciertos estados y ciudades norteamericanas sin que Washington esté jugando un papel destacado por establecer directivas gubernamentales de aplicación nacional. Además, China pretende tener construida para 2022 la primera autopista solar que conectará los 161 kilómetros que separan las ciudades de Hangzhou y Ningbo. Qilu Transportation, una de las empresas chinas de referencia en este sector, será la encargada de montar paneles solares que dejen pasar la energía a través del asfalto, permitiendo así la recarga automática de los vehículos eléctricos. Otra fase más de la revolución que tiene prevista China en el mercado automovilístico y que forma parte de la iniciativa Made in China 2025 con la que el gobierno pretende ahondar en la modernización de la industria, rivalizando con las grandes potencias mundiales principalmente en los ámbitos de los nuevos vehículos eléctricos, las tecnologías de la información y la robótica.

Con estas perspectivas, China liderará la revolución del vehículo eléctrico apostando por marcas nacionales que rivalizan con Tesla, el fabricante de automóviles eléctricos más vendido en Estados Unidos, y con el resto de modelos que abanderan los grandes fabricantes globales como Volkswagen, BMW y GM. Elon Musk, CEO de la marca Tesla, comunicaba el inicio de la construcción en Shanghai de su primera fábrica de ensamblaje en el extranjero. La previsión es vender unas 250.000 unidades anuales, con la ventaja que estarán exentas de los aranceles aplicados a los coches importados, generando una estimación de ventas considerable a pesar de la caída en la demanda de los últimos meses.

La empresa de Musk tiene en NIO, una startup china de coches eléctricos, a uno de sus mayores competidores. Fundada hace cuatro años, lleva cotizando en la bolsa de Nueva York desde finales de 2018 recaudando 1.800 millones de dólares. Una competencia atractiva en precio que posiciona el modelo ES8 de NIO en 65.000 dólares frente a los 113.000 dólares del Modelo X de Tesla, favoreciendo que las ventas de NIO casi tripliquen las de su competidor estadounidense en diciembre de 2018. Esta rivalidad con las startups nacionales, y la contención del gasto en los consumidores, ha obligado a la compañía de Musk a lanzar la versión barata de su Modelo 3 por 35.000 dólares, un importante reto financiero que debe asumir la compañía para no quedarse fuera del mayor mercado de vehículos eléctricos, una opción que no puede permitirse ningún fabricante.

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¿Cuál es el problema con Huawei? Miguel Ors Villarejo

Es fácil pintar a Donald Trump como un pobre paranoico. De hecho, es un pobre paranoico. Según él, Hillary Clinton ganó en California gracias a un fraude masivo, los inmigrantes mexicanos se dedican a violar y traficar con drogas, el algoritmo de Google sabotea sus discursos y los periodistas somos unos malditos lunáticos. Ahora mantiene que Huawei es el caballo de Troya de Pekín e incluso ha instado la detención en Canadá de Meng Wanzhou, la responsable de finanzas de la multinacional. Es difícil no sentirse tentado de dar la razón al Global Times chino cuando advierte: “Washington no debería utilizar su legislación para desvirtuar la competencia”. ¿Estamos ante otra escaramuza de la guerra comercial o hay motivos para la inquietud?

Por lo que he podido comprobar leyendo algunas crónicas del Congreso Mundial del Móvil, la prensa española, sin llegar a tomar partido abiertamente por nadie, tiende a simpatizar con Huawei. Y es verdad que nadie ha sido capaz hasta ahora de encontrar nada sospechoso en sus dispositivos. Como subrayó en Barcelona Guo Ping, presidente rotatorio de la compañía: “No tienen ninguna prueba, no tienen nada”. Por su parte, el fundador Ren Zhengfei negó en una reciente entrevista las acusaciones de espionaje. “Jamás instalaremos puertas traseras”, afirmó. Y añadió tajante: “Incluso si una ley china nos lo requiriera, lo rechazaríamos enérgicamente”.

En realidad, esa ley ya existe. La Asamblea Popular la aprobó en junio de 2017 y contempla la incautación de todo tipo de material cuando se considere que la seguridad nacional está en juego. Ya vimos lo complicado que es sacudirse la presión del Estado incluso en una democracia consolidada como la estadounidense cuando el FBI reclamó a Apple que le facilitara el acceso al iPhone de un terrorista. ¿De verdad se cree alguien que la resistencia de Zhengfei, por enérgica que fuera, supondría un obstáculo para Xi Jinping?

Trump no es el único que está inquieto con Huawei. Australia y Nueva Zelanda ya la han excluido del desarrollo de su red 5G y Polonia, Canadá y Alemania podrían seguir sus pasos. La agencia de ciberseguridad de la República Checa ha alertado de los riesgos que entraña la firma china y el Reino Unido ha encargado un informe sobre la conveniencia de una prohibición total, aunque sus servicios de inteligencia la habrían desaconsejado.

Incluso aunque Huawei no fuera china, la cuota de mercado que ha acumulado en infraestructuras de última generación ya sería problemática, sobre todo en España, donde ronda el 60%. Pero es que es china y, una vez superado el enérgico rechazo de Zhengfei, sus autoridades dispondrían de una poderosísima arma. “Un ciberataque puede ser tan destructivo como un ataque convencional”, escribe el secretario general de la OTAN Jens Stoltenberg. Y recuerda cómo en vísperas de las Navidades de 2015 Kiev se quedó misteriosamente sin luz. El apagón apenas duró unas horas, pero “la temperatura de las casas se situó rápidamente bajo cero y las cañerías empezaron a helarse”. Stoltenberg cree que el agresor (¿Rusia?) solo quería enseñar la patita, pero bastó para que en la Alianza impulsaran el gasto en ciberdefensa. Ahora montan “cibermaniobras a gran escala” con “ciberfuego real”, en las que los ejércitos ponen a prueba su destreza contra adversarios de talla mundial.

Hace unos años, la prioridad era salvaguardar las plantas eléctricas, las torres de control o los centros de comunicaciones, pero el internet de las cosas y el 5G han creado nuevas vulnerabilidades. Los fabricantes de electrodomésticos inteligentes no actualizan su software ni facilitan parches y, una vez localizada una puerta trasera, los delincuentes entran y salen a su antojo. Pueden, por ejemplo, acceder a la programación de su termostato y averiguar a qué horas está usted fuera de casa. Pueden infiltrarse a través de la nevera o el horno en su ordenador, espiarlo con la cámara y grabarlo mientras navega por sitios inapropiados. O pueden encender su aparato de aire acondicionado y el de miles de vecinos simultáneamente y provocar una sobrecarga en el sistema. Un artículo presentado en agosto en el Simposio de Seguridad Usenix simulaba un asalto de esta naturaleza y concluía que un aumento súbito de la demanda del 30% podía dejar fuera de combate todos los generadores de una zona.

George R. Lucas, un profesor de la Escuela Naval de Estados Unidos, declaraba en 2014 que la tecnología precisa para perpetrar un gran ciberatentado “simplemente desborda las posibilidades intelectuales, organizativas y de recursos humanos de los grupos terroristas mejor gestionados y financiados”, pero eso ya no es un impedimento. Los terroristas no necesitan saber informática. “En la web oscura hay plataformas donde se intercambia malware o se contratan los servicios de piratas”, me contaba hace unos meses María Campos, vicepresidenta mundial de Grandes Cuentas de Panda Security. La policía desmanteló en febrero de 2018 un foro de esta naturaleza que operaba bajo el lema In fraud we trust (En el fraude confiamos).

Y si un delincuente de tres al cuarto es capaz de poner patas arriba un país, ¿qué no podría hacer Pekín a través de las autopistas que le han tendido sus compañías?

Nadie dice que vaya a hacerlo. No estamos además completamente inermes. Un estudio reciente de la Universidad de Oulo (Finlandia) sostenía que muchos peligros se conjuran con una regulación adecuada y el cumplimiento de unas normas elementales de higiene digital, como cambiar las contraseñas que vienen por defecto, actualizar el software o deshabilitar los accesos remotos. También las empresas tienen que cambiar su mentalidad. “La seguridad debe tenerse en cuenta desde el principio”, dice Campos. “No es un pegote que se pone deprisa y corriendo en el último minuto. Hay que planificarla en origen, igual que se hace en la construcción. A ningún promotor se le ocurre entregar una vivienda sin cerraduras”.

Esta concienciación puede llevar de todos modos algún tiempo y, entre tanto, un poco de paranoia trumpiana a lo mejor no estaba de más.

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THE ASIAN DOOR: MYBank y WeBank al rescate de la economía china. Águeda Parra

La alta penetración de los Smartphone y el crecimiento del poder adquisitivo familiar han propiciado el acceso de la sociedad china a un nuevo entorno de servicios financieros. Pero no de la forma tradicional, ya que los bancos han orientado su actividad de concesión de préstamos hacia las grandes corporaciones, principalmente las estatales, con escasa o nula actividad entre los pequeños ahorradores.

La falta de un historial crediticio de la población ha sido uno de los principales factores que han valorado las grandes corporaciones financieras para conceder préstamos sin garantías reales de pago. De ahí que los grandes titanes tecnológicos se hayan convertido en la opción más idónea para unos usuarios que acceden a créditos de forma más sencilla que si lo hicieran a través de los bancos, y sólo a un clic de distancia de su teléfono móvil.

Más de una década después de que Alibaba lanzara en 2004 su filial Ant Financial para facilitar los pagos e-commerce que se realizan a través de Alipay, y Tencent siguiera su estela con el lanzamiento de Tenpay en 2005, posteriormente incorporada en WeChat, el negocio de los pagos online que gestionan ambas tecnológicas no ha dejado de crecer. El escaneo de los códigos QR desde el móvil se ha convertido en la forma más sencilla de realizar los pagos en China, una nueva modalidad que se ha consolidado gracias a la transformación que está provocando la revolución tecnológica en la sociedad china.

Alipay es líder del mercado de pagos a través del móvil con una penetración del 54%, gracias a los 520 millones de usuarios que ha conseguido captar en estos últimos 15 años, casi la mitad que su competidor más inmediato, pero con la ventaja de trabajar con más de 250 empresas financieras extranjeras que permiten al turista chino mantener sus hábitos de pago casi en cualquier lugar a donde viaje. El segundo gran protagonistas del nuevo fenómeno de las FinTech en China es Tencent, que cuenta con una cuota del 40%, aunque es posible que sus más de 1.000 millones de usuarios le proporcionen en un futuro una posición más ventajosa en el mercado de pagos en China. Entre ambos, han conseguido un volumen de transacciones de 18,7 billones de dólares en 2017, una cantidad 100 veces superior a la registrada en 2013, y superior al valor que alcanzan mundialmente Visa y MasterCard juntas, según iResearch. El resto de actores apenas es representativo en el mercado de servicios financieros del gigante asiático, donde la penetración de las aplicaciones de los tres bancos más grandes de China apenas alcanza el 7%-11%, según Aurora Mobile.

Este negocio está posicionando a los titanes tecnológicos chinos al mismo nivel que otras grandes entidades financieras. Los servicios financieros de Tencent están englobados dentro de la propia matriz, con un valor de mercado de 400.000 millones de dólares, pero en el caso de Ant Financial la capitalización bursátil alcanza los 150.000 millones de dólares, situándose como la cuarta entidad bancaria mundial más importante después de JPMorgan, China Construction Bank y Bank of America, según Investing.com.

Después de aglutinar casi por completo el sector financiero minorista, el siguiente paso para las grandes tecnológicas financieras chinas ha sido lanzarse a por el segmento de los autónomos, micro y pequeñas empresas, el gran olvidado por los bancos que están más orientados a cubrir las necesidades financieras de las grandes empresas estatales. Casi el 80% de los 90 millones de pequeñas y grandes empresas en China carecen de un crédito en el banco, un nuevo negocio para las empresas de préstamos online MYbank y WeBank, propiedad de Alibaba y Tencent, respectivamente. En estos casos, gracias a la ingente información de pagos del e-commerce, MYBank y WeBank disponen del historial crediticio que les permite conocer si las pequeñas empresas están en disposición de devolver los préstamos, datos que los bancos no pueden conseguir y una de las razones por las que este segmento acapara únicamente el 37% del total de préstamos que conceden las grandes corporaciones financieras.

En unos pocos minutos, un autónomo o pequeña empresa puede acceder online a los créditos de MYbank, que rondan los 1.469 dólares de media. Una opción que han elegido unos 9,78 millones de pequeños empresarios, acumulando un volumen de crédito de más de 176.000 millones de dólares, sólo hasta finales de septiembre de 2018, según la propia Ant Financial, registrando únicamente un 1% de préstamos fallidos. Por su parte, Tencent seguía la estela de Alibaba extendiendo también WeBank a los pequeños autónomos y empresas a finales de 2017, aunque disponible únicamente en determinadas provincias.

Con la incorporación de este nuevo segmento, las grandes tecnológicas chinas han encontrado un nuevo segmento cuyo negocio está resultando muy rentable, sobre todo ahora que las ventas del e-commerce comienzan a ralentizarse por efecto de la guerra comercial con Estados Unidos y por la exigente regulación que está aplicando el gobierno chino a las FinTech. Tan rentable, que los bancos no han permanecido ajenos a la oportunidad que podrían estar perdiendo, de ahí que muchos bancos, aseguradoras, corredores de bolsa y empresas de gestión de activos estén demandando acuerdos con Alibaba, Tencent y Baidu para incorporar la tecnología FinTech a su negocio, principalmente atraídos por las posibilidades que la inteligencia artificial está incorporando en los servicios financieros.

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Tomar un taxi ya no es lo que era. Miguel Ors Villarejo

Estoy de acuerdo con los taxistas. No puede haber competencia leal cuando las reglas de juego son diferentes. Las condiciones deben ser las mismas para todos. Ahora bien, eso no significa tengan que ser eternas e inmutables. Deben estar a la altura de los tiempos. No podemos vivir con soluciones concebidas para una tecnología obsoleta.

Como escribía hace un tiempo Gerard Llobet en Nada Es Gratis, “tomar un taxi ya no es lo que era”. Durante décadas, la profesión estuvo profusamente reglamentada, y con razón. El mundo estaba lleno de peatones que buscaban transporte, pero ¿cómo localizar a un conductor dispuesto a llevarte? ¿Y qué garantías había de que conociese su oficio y no se aprovechara de que estabas en una estación, cargado de bultos y niños, para cobrarte lo que le viniera en gana?

Para sortear estas dificultades se creó un sistema de habilitación administrativa y tarifas oficiales que ha funcionado razonablemente, pero que no carece de pegas. A los requisitos iniciales se fueron sumando otros cuya justificación era ofrecer la máxima calidad, pero que en la práctica encarecían el servicio y dificultaban la entrada de competidores. La principal barrera es la propia licencia. En Madrid no se concede ninguna nueva desde 1980, a pesar de que la población y, sobre todo, el turismo han aumentado.

Pero incluso cuando su concesión se flexibiliza, plantea inconvenientes. En Irlanda desregularon el sector del taxi en 2000 e inicialmente les fue muy bien, porque miles de conductores se lanzaron al mercado para atender una demanda que crecía a ritmo de burbuja. Pero cuando el ciclo se dio la vuelta, la oferta no se redujo, porque ¿adónde iba a irse la gente ahora que no había trabajo en ningún lado?

Todas estas molestias las ha resuelto internet. Las móviles permiten localizar instantáneamente el coche disponible más próximo, sin que haya que pintarlo de blanco ni ponerle una bombillita verde. Los comentarios de los usuarios proporcionan una información mucho más abundante y práctica (es limpio, conduce con suavidad) que un frío número administrativo. En cuanto al ajuste entre oferta y demanda, un algoritmo sube los precios cuando detecta escasez (a la salida del cine, los días de lluvia), lo que incentiva la entrada de vehículos y reduce las esperas.

Lo lógico sería que la Administración tomara nota de esta realidad y aligerara de exigencias la prestación del servicio, lo que permitiría abaratarlo. Pero, en lugar de ello, discurre requisitos adicionales, como la precontratación, para nivelar la competencia. ¿Se imaginan que las autoridades hubieran obligado a los automóviles a acompasar su velocidad a la de los coches de caballos? ¿O que las bombillas eléctricas no pudieran superar la luminosidad de las velas o las bujías de gas?

El bienestar de una nación no depende de preservar los empleos improductivos, sino de sustituirlos por otros más eficientes, que facilitan bienes y servicios superiores y más asequibles. Mansa Musa, el rey maliense del siglo XIV que los expertos consideran el hombre más rico de la historia (su fortuna convertida a dólares actuales cuadruplicaba la de Bill Gates), era un desgraciado comparado con el más humilde de los europeos. No podía tomar una aspirina si le dolía la cabeza ni pulsar el interruptor para encender la luz y, para comunicarse con sus aliados, debía despachar camellos que tardaban meses en llevar y traer un pergamino.

El enorme avance experimentado desde entonces ha sido posible gracias a la asimilación de nuevas tecnologías, no a su marginación. Es verdad que es un proceso que genera perdedores, pero nuestras sociedades son lo suficientemente prósperas como para permitirse aliviar el perjuicio.

Impedirlo por completo es, sin embargo, un disparate. Tomar un taxi ya no es lo que era, como tampoco lo es escuchar música, informarse de la actualidad, hacer fotos o consultar la enciclopedia. Y si Occidente ha sobrevivido a la reestructuración de tantos sectores, podrá soportar la del transporte de viajeros. (Foto: Chris Schmid, flickr)

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THE ASIAN DOOR: China contrataca con la Ruta de la Seda digital. Águeda Parra

Aquellos extraordinarios ritmos de crecimiento de doble dígito de la economía china que caracterizaron durante décadas el ascenso del primer exportador mundial ya son parte de la historia reciente del gigante asiático. La crisis financiera de 2008 generó en China los primeros signos de desaceleración de la economía, con tasas de crecimiento que comenzaron a tener un solo dígito, con pequeñas excepciones como en 2010. Un estándar en los ritmos de crecimiento del PIB de China que se ha mantenido desde entonces.

China ha tenido éxito en contener hasta el momento una mayor desaceleración de su economía. Sin embargo, el efecto de la guerra comercial con Estados Unidos, la sobrecapacidad industrial en determinados sectores y el envejecimiento de su población serán unas de las barreras más importantes que tendrá que superar para poder mantener ritmos de crecimiento de magnitud similar en los próximos años. La prioridad para Xi Jinping radica en buscar nuevos motores que impulsen la economía del país, y consoliden el estatus de China como una economía avanzada, de ahí la apuesta por las nuevas tecnologías como el impulso para conseguir la modernización del país.

La necesidad del cambio es tal que el XIII Plan Quinquenal (2016-2020) incorpora un apartado específico dedicado a mejorar Internet y las telecomunicaciones con el resto de países a través de cables terrestres y submarinos, en lo que se ha venido a denominar la Ruta de la Seda digital. En el ámbito de acceso a Internet, China pretende conseguir una conectividad ubicua a alta velocidad en 2020, con una penetración de la banda ancha móvil a nivel nacional que alcance el 85%. En este contexto es donde se enmarcan las iniciativas Internet Plus y Made in China 2025, que harán posible la modernización de todos los sectores económicos, tanto en el ámbito privado como estatal, lo que supondrá un gran impulso para la internacionalización de los estándares chinos, más factible con el despliegue de la red 5G.

Una versión de OBOR 2.0 que ha aprovechado el despliegue de la red de infraestructuras previstas en la iniciativa para impulsar también la conectividad con los países por los que pasa la ruta y que han convertido a China en el país que más activamente invierte y construye cables submarinos del mundo. El cambio de estrategia supone que China pase de tener una participación del 7% en los proyectos de despliegue mundial entre 2012 y 2015, cubriendo exclusivamente la conexión entre China continental con Taiwán y Hong Kong, a participar en el 20% del despliegue de cables submarinos entre 2016 y 2019, donde más de la mitad quedan fuera del área de Mar del Sur de China. Los proyectos más carismáticos de la nueva Ruta de la Seda también destacan por albergar este tipo de proyectos. En el corredor China-Pakistán, el buque insignia de OBOR, se inauguró en julio de 2018 un cable subterráneo de 820 kilómetros que atraviesa el país y que se conecta con la parte china con fibra óptica. Una nueva ruta digital que le permite a China evitar el cuello de botella de tráfico que confluye en la zona del estrecho de Malaca, y que le permite a su vez proteger sus comunicaciones de agencias de inteligencia extranjeras.

Un nuevo orden digital que también alcanza el espacio exterior, con la previsión de que para 2020 China cuente con 35 satélites en órbita que le permitan dejar de depender de la tecnología GPS norteamericana. Adelantos tecnológicos que también abarcarán mejoras en el ámbito militar y que permitirán a China reducir distancias con otras potencias tecnológicamente más avanzadas en el este ámbito.

China cuenta hoy además con grandes “campeonas nacionales” en tecnología que están protagonizando un nuevo proceso de expansión internacional “Go Global 2.0”. Guiadas por la red de infraestructuras que se está desarrollando en los países por los que discurre la nueva Ruta de la Seda, los BAT (Baidu, Alibaba y Tencent) han alcanzado América Latina. La ventaja para las empresas chinas está siendo la alta adopción del Smartphone en la zona, lo que hace que el entorno del e-commerce sea más similar al mercado chino que al norteamericano, lo que conlleva a que las tendencias en los ecosistemas digitales de China se implanten pasados unos años en las plataformas tecnológicas en América Latina.

La inversión es esencial en estos casos, y China ha dedicado cerca de 90.000 millones de dólares en la región desde 2005 y 2016, llegando a representar la financiación de las empresas chinas en 2017 en la región el 42% del volumen total, según la CEPAL. Resulta significativo que el interés de China esté pasando paulatinamente de las industrias extractoras a las nuevas tecnologías, de ahí que parte de esta inversión esté promoviendo el despegue tecnológico que está experimentando América Latina. Una forma más para Beijing de ampliar su ámbito de influencia en la región.

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THE ASIAN DOOR: ¿Puede el Smartphone impulsar el consumo en China? Águeda Parra

Las bolsas de medio mundo se han convertido en el termómetro diario de la situación de inestabilidad económica global creada por efecto de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. La buena sintonía y la posibilidad de alcanzar acuerdos han predominado en las conversaciones mantenidas entre los representantes de ambos gobiernos durante la segunda semana de enero en Beijing, efecto que ha devuelto el color negro a los parquet bursátiles por primera vez en lo que llevamos de la tregua de 90 días acordada entre Trump y Xi.

Un espejismo que no hará mejorar unas previsiones de crecimiento, ya de por sí rebajadas por las principales economías mundiales para 2019. Entre ellas China, que está encontrando en la reducción del consumo interno su otro gran caballo de batalla junto a la guerra comercial con Estados Unidos. Efectos colaterales de una reacción en cadena que está llevando a una sociedad, históricamente caracterizada como muy ahorradora, a reducir sus gastos ante la sensación de inseguridad financiera que pronostica un largo enfrentamiento por la hegemonía mundial en el que China tiene más que perder que ganar.

En la era de Xi, el consumo interior se ha posicionado como una de las principales palancas para mantener los ritmos de crecimiento económico que permitan a China ser una potencia global en 2049. Lo que a principios de 2018 eran buenas perspectivas para la economía china, el impacto de la guerra comercial con Estados Unidos ha provocado una abrupta desaceleración del crecimiento del sector servicios a niveles de hace más de un año. El efecto en cascada se consolida, siendo muchos los indicios que han mostrado una desaceleración del consumo entre la población china.

El más notorio se produjo durante la mayor celebración del e-commerce mundial, el Día del Soltero, que cada año organiza Alibaba el 11 de noviembre. Durante las 24 horas que dura la fiesta de las compras online, China alcanzó en 2018 un volumen de ventas de 45.000 millones de dólares, tres veces más que la cifra alcanzada ese mismo año durante el Black Friday y el Ciber Monday juntos. Alibaba conseguía un nuevo récord de ventas online, pero a menor ritmo. Se constataba una notable ralentización en el incremento de las ventas, apenas un 24% respecto al año anterior, mientras en 2017 supuso un 44%.

Una economía digital que en el caso del sector servicios en China sucede a través del Smartphone. Por primera vez, en 2018 será mayor el tiempo invertido por la población china en utilizar los dispositivos móviles que en ver la televisión, hasta suponer un 41,6% del tiempo medio diario, registrando además un crecimiento del 11,1% respecto al año anterior. Las estimaciones pronostican mayores crecimientos, con previsión de que en 2020 la población china pase un tercio de su tiempo digital diario viendo vídeos. De ahí la adaptación que han realizado los BAT para generar una nueva oportunidad de negocio que fidelice aún más a sus usuarios con suscripciones a través de las plataformas iQiyi, de Baidu, YouKu de Alibaba, y Tencent Video, desarrollada por Tencent.

En las compras online sucede algo similar. Aunque el cambio de China hacia el Smartphone apenas se produjo hace un lustro, la facilidad en el pago y la disponibilidad en medios online y offline han contribuido a que sea el medio preferido en China para realizar las compras en línea. Los grandes titanes chinos disponen de sus propias aplicaciones, WeChat Pay, propiedad de Tencent, y Alipay, emblema de Alibaba en el mercado de pagos móviles, que se integran en el gran ecosistema de la economía digital que ha desarrollado China. De hecho, durante el Día del Soltero en 2018, el Smartphone fue el medio utilizado en el 90% de las compras online, a diferencia del 34% que supuso en el caso del Cyber Monday.

El Smartphone, como elemento central de la economía digital en China con una penetración de más del 70% respecto al resto de dispositivos móviles, se está convirtiendo en el mejor aliado del gobierno chino para contener la desaceleración de la economía del país. De hecho, la denominada como “nueva economía”, a la que pertenecen aquellas industrias que han incorporado la tecnología para desarrollar nuevos modelos de negocio, contribuyó en 2017 al crecimiento del PIB de China en un 15,7%, aportando el sector primario un 0,7%, el secundario un 6,6%, y el terciario un 8,4%. Cifras que consolidan al sector servicios como el más relevante para el desarrollo de la economía digital y sobre el que China debe seguir apostando para mantener sus estimaciones de crecimiento.

Para conseguirlo, resulta crucial la iniciativa de sus titanes tecnológicos que han facilitado la posibilidad de que los usuarios Tencent y Alibaba puedan utilizar sus aplicaciones de pago fuera de China en sus destinos vacacionales. Una opción que no solamente se aplica al turismo, sino a aquellos países por donde se está desplegando la nueva Ruta de la Seda (OBOR, en sus siglas en inglés) y que, gracias a las joint-venture con operadores locales, los usuarios chinos pueden utilizar sus aplicaciones como cuando están en China. Una componente de la economía digital que está desarrollando China como parte de la expansión de OBOR 2.0 y que está contribuyendo a mitigar los efectos de la guerra comercial. (Foto: Guy Clift, flickr.com)