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Venezuela: un test para las inversiones asiáticas

América, desde el Río Bravo hasta la Antártida se ha venido configurando como una región estratégica, política, pero sobre todo económica, para las inversiones de China y Japón, atentos a unas economías tan frágiles como necesitadas y tan dependientes como desconfiadas del gigante del norte: Estados Unidos. Del éxito de esa estrategia económica dependen no sólo los beneficios sino la propia y deseada influencia política.

Pero el escenario político latinoamericano ha cambiado. El estrepitoso fracaso de las políticas populista de gasto público desmesurado y de intervencionismo estatal no sólo han situado la corrupción y el narcopoder en situación de crear estados fallidos, sino que, a la vez, han vaciado de contenido las democracias, que en aquella región han sido históricamente frágiles.

En este nuevo escenario, la solución de la crisis venezolana y si de ella se deriva una recuperación de la democracia y una economía abierta o una salida autoritaria va a tener una importancia enorme. Por eso, China, pragmática y nacionalista, es menos entusiasta en apoyar a Maduro y se abre a explorar relaciones con el presidente constitucional Guaidó.

Para Japón la situación es más fácil. Sus inversiones están menos orientadas a Venezuela y más a la costa del Pacífico y los países de aquella zona se han alineado contra el proyecto totalitario de Maduro. Pero eso no quiere decir que no deba estar atento a la evolución de la situación general.