Entradas

ancla

Pasos adelante

La nueva cita entre responsables políticos y militares de las dos Coreas en la zona fronteriza de Panmunjom está lejos de ser anecdótico. En medio del renacido griterío y de las acciones de propaganda, que los dos países mantengan su agenda y avancen en asuntos bilaterales, si bien tutelados de cerca por China y Estados Unidos, es una buena noticia. Y no hay que olvidar que esta tutela no es nunca absoluta y que cada país tiene un margen de autonomía que, a su vez, condiciona las estrategias de sus padrinos.

La relación bilateral actual, impensable hace unos meses, probablemente ha abierto unos procesos irreversibles, aunque no exentos de riesgos y sobresaltos. En este caso es Corea del Sur quien asume una mayor responsabilidad. Tiene que dar respuestas y explicaciones a sus ciudadanos como en todo país democrático, tiene que mantener serenidad y firmeza con un presidente de Estados Unidos errático del que se pueden ni deben distanciarse mucho y, a la vez, construir mejores alianzas regionales.

 No se conoce con exactitud el orden del día pero, sin duda, estarán sobre la mesa la desnuclearización, la apertura de nuevos procesos de intercambio comercial, el estudio del problema de las familias separadas y nuevos gestos para visualizar que hay un proyecto creíble en marcha. Estos avances bilaterales no van a resolver el problema. pero sí pueden hacer de ancla para que el gran proceso se consolide. (Foto: Dominique Weis, Flickr.com)

backstage

Detrás del escenario

La mayoría de las grandes decisiones políticas se cocinan, se preparan, se organizan y se comienzan a poner en ejecución detrás de los escenarios mientras en esto se presentan, se embellecen, se encubren y se justifican. Y así está pasando en todo el escenario del Pacífico para desplegar todo lo que implicó la cumbre de Singapur.

Una vez alcanzado el compromiso, ambiguo pero importante, de avanzar hacia la desnuclearización de la península coreana hay que dar pasos, y esto es mucho más difícil. Por una parte, Corea del Norte, que ha alcanzado su estatus actual sobre la base de sus amenazas y su despliegue de misiles no puede ir tan rápido como quiere EEUU por problemas técnicos y por la necesidad política de no parecer la parte derrotada en la negociación y endurece las condiciones de medidas recíprocas. Y, por otra, Estados Unidos no puede ceder en esas medidas para no dejar a Corea del Sur con una sensación de inseguridad y a Japón con mayores incertidumbres. De ahí los viajes de Pompeu y las polémicas y el rumor de que los norcoreanos estarían modernizando una instalación de misiles.

Pero mientras tanto, los otros actores de este drama también se mueven tras el escenario. China, el gran padrino, mueve piezas en Latinoamérica y no sólo económicas, una vez relajado algo el panorama frente a sus costas. Ha anunciado la apertura de una gran base de observación espacial y del radio espacio, es decir, con capacidad de intercepción y conocimiento de comunicaciones, en Argentina; y se ha filtrado información sobre una avanzada negociación con El Salvador para establecer una base de operaciones navales, sin excluir la presencia de barcos de la Armada china, en el Golfo de Fonseca.

Ambas noticias, que indican la profundidad de los cambios que están ocurriendo y, a la vez, la escasa atención que, aparentemente, dedica a Administración Trump al sur de sus fronteras, no deja de aumentar la incertidumbre. EEUU y Europa enredados en una disputa comercial repleta de hipocresía; Rusia fortaleciendo su posición y su influencia en Oriente Medio y el mundo navegado en claves populista sin ingredientes que pueden estropear cualquier digestión. (Foto: Georgi Gavrilenko, Flicker.com)

duda

Japón necesita garantías

Una vez sentadas las bases, en Singapur, de un acuerdo entre Corea del Norte y Estados Unidos, la potencia occidental está obligada a dar certidumbre y seguridad a sus aliados desde el fin de la II Guerra Mundial en un escenario en el que sus tradicionales enemigos, China y Corea del Norte, han robustecido su posición política.

El más expuesto de estos aliados de Occidente es Corea del Sur, que se ha apresurado a desarrollar su propia agenda con China y sus vecinos del norte, pero que, a la vez, está protegido por la dinámica misma pactada en Singapur, aunque obviamente, en medio de riesgos extraordinarios.

Otro caso es Japón, por razones históricas, estratégicas y culturales. Japón es una potencia económica, tiene una razonable fuerza militar de defensa, mantiene disputas marítimas y territoriales con China, alberga bases estratégicas de Estados Unidos y mantiene tanto compromiso como reservas respecto al nuevo escenario en el Pacífico.

Tras el acuerdo con Singapur, Tokio ha multiplicado sus guiños diplomáticos, no sólo con Estados Unidos y Corea del Sur, sino también con China y Rusia. A pesar de esto, Corea del Norte ha aumentado su presión sobre Japón advirtiendo a este país que si siguen sus dudas quedará al margen del gran acuerdo en desarrollo y Estados Unidos ha tenido que señalar que ningún acuerdo con Corea del Norte debilitará la amistad con Japón.

Son gestos para visualizar la continuidad y la estabilidad a pesar de los cambios y los riesgos, pero dan cuenta de la profundidad de los primeros y de los esfuerzos para no agrandar  los segundos.

surf

Paso a paso

Estados Unidos ha paralizado por tiempo indefinido su agenda de maniobras y despliegues militares en Corea del Sur. Paso a paso se van cumpliendo las condiciones pactadas en Singapur para que el incipiente y poco detallado proceso no se pare.

Ni se puede ni se deben esperar resultados rápidos ni avances espectaculares que mostrar a los medios. Que no pase nada, que no aparezcan obstáculos sobrevenidos y que haya silencio serán ya buenas noticias. Se trata de conseguir un marco de confianza y la mayor lealtad a lo pactado posible para ir tomando medidas que consoliden las condiciones necesarias para los avances posteriores.

Pero Estados Unidos no debe olvidar que desactivar el riesgo de guerra, con ser muy importante, no puede ser suficiente. Corea del Norte es un régimen brutal, con ausencia de derechos para sus habitantes, sin independencia judicial, sin garantías y sin las condiciones necesarias para ir aumentando el bienestar económico y social de sus habitantes que cada vez serán más conscientes de la enorme distancia que les separa de sus paisanos del sur.

China, paradójicamente, es el país que está en mejores condiciones para ayudar en ese proceso de avance hacia un mayor bienestar y, a la vez, y Estados Unidos no debe olvidarlo, quien puede sabotear o ralentizar el avance. Las relaciones chino-americanas y la resolución de sus diferencias de manera ordenada y a favor de la libertad de comercio se vuelven en este contexto esenciales.

Trump, debe subrayarse, no es el líder adecuado para esto, dado su nacionalismo económico y sus gestos populistas que le emparentan con la extrema derecha y la extrema izquierda europea (que por cierto gobiernan aliadas en Italia). Pero Estados Unidos ha sido el garante del bienestar y la supervivencia de Europa, y el fortalecimiento de la relación trasatlántica debe seguir siendo el eje estratégico. En muchas decisiones Europa no es menos proteccionista que Estados Unidos así que la demagogia no es un buen instrumento para avanzar. Y lo peor es que, mientras dos sistemas armados arancelariamente se disputan los mercados, sistemas emergentes son penalizados al ritmo de la restricción de la libertad comercial y la globalización. (Foto: AM Camargo, Flickr)

la duda

Una duda razonable

Ahora que se remansan las aguas de la aceleración mediática en torno al encuentro entre Kim y Trump y sus resultados (los medios siempre más atentos a los detalles llamativos que a los trascendentes) es tal vez el momento de llegar a algunas conclusiones, tal vez apresuradas, aunque esta semana encontrarán un buen análisis de nuestra colaboradora en Washington, Nieves C. Pérez.

En primer lugar, la cumbre y sus anuncios de acuerdo han creado una dinámica irreversible hacia otro escenario en el que Corea del Norte será ya un actor imprescindible. Incluso si Kim, en uno de sus giros chantajistas, quisiera volver a elevar la tensión por razones coyunturales, tendría menos apoyos que antes.

En segundo lugar, el proceso de desnuclearización en la península coreana solo tiene un ganador a medio y largo plazo, y es China. Pekín no quería el derrumbamiento de Corea del Norte que habría situado tropas de EEUU en su frontera. Con el acuerdo en desarrollo, China ha neutralizado ese riesgo y si el proceso de desnuclearización avanza alegará que ya no hay razones para que haya tropas de EEUU tampoco en Corea del Sur, que ya no correría riesgos. Mientras, China sigue avanzando sus fronteras marítimas manu militari.

Tercero, los aliados de EEUU en la zona, cuya seguridad depende de esta alianza desde la II Guerra Mundial, están en un escenario de incertidumbre en el que ven el fortalecimiento de la presencia china y un debilitamiento de la de EEUU.

Todo va a cambiar y habrá que acostumbrarse a un escenario geopolítico nuevo. Estados Unidos ha sido el baluarte de la libertad en la zona y debe seguir siéndolo. La duda está en si, a pesar de algunos de sus éxitos, es Donald Trump el líder que esta nación necesita. (Foto: Tzvetan Chaliavski, Flickr)

Deshielo2

¿Cuál es la situación post-Cumbre de Singapur? Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Uno de los momentos más surrealistas de la historia contemporánea se vivió en Singapur. Esa imagen en la que el tirano de Corea del Norte se convertía en un líder legitimado internacionalmente de manos de su más temido enemigo. Podría asumirse que se está redefiniendo la diplomacia y reevaluando los protocolos tradicionales que han envuelto la dinámica internacional. O que quizá la irreverencia de Trump ha abierto un camino que se daba por inexistente. Lo cierto es que, producto de ese gran encuentro, surgió la opción de desnuclearización de Corea del Norte junto con la petición de la desnuclearización del resto de la península, que involucra a Corea del Sur, por lo que se plantea la gran pregunta: ¿Qué papel jugará Estados Unidos en la región?

Si desmenuzamos la declaración conjunta de la cumbre, que cabe decir es realmente corta, fundamentalmente se abordan 4 puntos, de los cuales los dos primeros rezan prácticamente lo mismo: un compromiso mutuo de reestablecer relaciones entre ambas naciones en un marco de paz y prosperidad y la sostenibilidad de esa paz en la península de Corea. El tercer punto es un compromiso para la completa desnuclearización de la península coreana. Y en el último se aboga por recuperar los prisioneros de guerra y desaparecidos en combate junto con la repatriación de los mismo. Por lo tanto, el punto crítico de este documento oficial se centra en la total desnuclearización de las dos Coreas que encierra un significado mucho más amplio y complejo, puesto que con ello desaparecería Estados Unidos del Sur y su presencia estratégica mermaría en la zona.

Ahora bien, la idea de desnuclearización de la península de Corea, fue planteado en la Declaración de Panmunjom, el pasado 27 de abril, producto del encuentro entre Kim Jong-un y Moon Jae-in, presidente de Corea del Sur. Esta declaración, mucho más amplia y detallada, comienza exponiendo que se ha emprendido una nueva era de paz para las dos naciones y sus relaciones bilaterales, dejando atrás la guerra y, con miras en la búsqueda de la reconciliación, el acercamiento y prosperidad de las dos Coreas. Para conseguirlo precisan que harán un esfuerzo común por aliviar la aguda tensión militar. Así, tienen previsto que la zona desmilitarizada se transforme en una zona de paz, y ese proceso se supone comenzó el pasado 2 de mayo. Asimismo, expone con muchos detalles los pasos a través de los cuales se conseguirán estos objetivos. Y el más importante de todos, “la desnuclearización total de la península”.

Consecuentemente, si los principales actores del conflicto coreano parten de un acuerdo que, a priori, ambos han firmado y expresado su voluntad de cumplir, es muy probable que el presidente Moon haya transmitido y coordinado con Trump parte de estas maniobras. Se sabe que los ejercicios militares, que se llevan a cabo cada primavera y otoño, entre Estados Unidos y Corea del Sur, fueran pospuestos por acuerdo mutuo. Es conocido que el líder surcoreano ha sido un interlocutor entre Trump y Kim. Así como que el importante avance que han experimentado las negociaciones se debe a la apertura y disposición al diálogo propiciado desde Seúl.

El mejor ejemplo de ello es la invitación que extendió el mismo Moon a Pyongyang a participar en los juegos olímpicos de invierno.

Ante este cambio de escenario, oportunamente el Secretario de Estado, Mike Pompeo, salió de Singapur directo al “Gran salón del pueblo” en Beijing donde fue recibido por Xi Jinping y por su Ministro de Exteriores Wang Yi, a quienes seguramente le dio el parte de lo que había sucedido en la inédita Cumbre tan sólo unas horas antes. Respetando escrupulosamente el orden de importancia, su primera parada la hizo a China. De allí fue a Seúl, donde se llevó a cabo un encuentro trilateral de ministros entre Japón, Corea del Sur y Estados Unidos.  Y cerró la visita con un encuentro privado con Moon.

Mientras que la Administración Trump se cubre las espaldas con su emisario estrella llevando el mensaje personalmente, el Japan times publicaba un artículo al final de la semana pasada en el que decía que Tokio está listo para organizar un encuentro entre Kim Jong-un y el primer ministro japonés Abe, que tendrá lugar en Rusia en septiembre de éste mismo año. Otro ejemplo de la rápido que se han acelerado las cosas en estos últimos días y de la aceptación internacional de Kim Jong-un como un Jefe de Estado más.

No es cuestionable que se han producido cambios estructurales. Los aliados de Washington están asumiendo una actitud mucho más proactiva frente a Pyongyang. Puede deberse a la singular manera que tiene Trump de entender el juego de poder. Sea como sea, el líder estadounidense parece estar muy satisfecho con los resultados (al menos hasta ahora), pues en su propia manera de entender las relaciones internaciones, más como un negocio que estratégicamente, la fuerte presencia estadounidense en Asia Pacífico está costándole mucho dinero a los Estados Unidos, por lo que económicamente es más rentable salirse y dejarle el problema a los afectados directos de la zona. Sin valorar el coste diplomático que esto llevaría consigo, esta ausencia coronaría a China como el gran rey al que todos los países medianos y pequeños en la región se verían obligados a plegarse. Incluso en el peor escenario, hasta el mismo Japón.

Pero podría ser también que Japón, en una necesidad imperante de supervivencia, se alíe con Australia y, a partir de ahí, comiencen un nuevo bloque que trate de hacer cara a China en el Pacífico. (Foto: Jeremy Sneller, Flickr)

superkim

INTERREGNUM: Trump y Kim en Singapur: ¿algo más que una foto? Fernando Delage

En la era de la imagen y el espectáculo, parece como si una foto pudiera por sí sola resolver un conflicto de 70 años. Asombra que tantos medios hablen de un “acuerdo” para la desnuclearización de Corea del Norte y la firma de un tratado de paz, cuando nada de ello aparece definido en el breve documento firmado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder norcoreano, Kim Jung-un, durante su breve encuentro en Singapur.

Conviene recordar que, para Pyongyang, “desnuclearización” implica a la península en su conjunto, lo que significa que también Estados Unidos debe dejar de proteger con su paraguas nuclear a Corea del Sur y a Japón. Si Trump diera tal paso, habrá dado a China el mayor de los regalos (y ya le ha hecho varios). Pese a lo impredecible del personaje, no resulta muy plausible que pueda llegar—por sus consecuencias para el orden regional—a una decisión de ese tipo. Por otra parte, después de lo ocurrido con Libia, primero, y—más recientemente—con la retirada norteamericana del acuerdo con Irán, es igualmente difícil de imaginar que Corea del Norte vaya a renunciar sin más a su capacidad nuclear. Los dilemas que afrontan ambos líderes explican la vaguedad de los términos empleados en el documento: un mero “compromiso” para trabajar hacia la desnuclearización—muchos periodistas han preferido ignorar la preposición—y  para ofrecer una garantía de seguridad a Pyongyang (que queda sin determinar).

La premeditada brevedad del encuentro es una conveniente justificación para decir que no se ha podido entrar en los detalles. Pero no puede negarse que la cumbre es histórica, y ha quebrado la espiral de tensión que amenazaba con conducir a un conflicto violento en el centro de gravedad de la economía mundial. Y quizá, como empresario que es, Trump haya seducido a Kim con las oportunidades económicas que pueden surgir para su país, si opta por un camino de integración internacional. No obstante, el único acuerdo al que de verdad se ha llegado es a seguir dialogando. Comienza ahora un proceso en el que ambas administraciones intentarán hacer realidad sus intenciones.

De momento Kim ha logrado algunas de las suyas. Ha aparecido como un igual del presidente de Estados Unidos y, al tener la iniciativa, ha sido éste quien ha tenido que responder a su oferta. Ha logrado, además, que Trump renuncie a realizar las próximas maniobras militares previstas en la zona—tradicional objetivo de Corea del Norte (y de China)—, sin que el presidente norteamericano haya recibido nada a cambio. Por su parte, de cara a sus votantes, Trump refuerza su imagen de estadista innovador. Quizá le sirva en las elecciones al Congreso de noviembre; no tanto para tranquilizar a sus aliados asiáticos.

El problema norcoreano no es cosa de dos. Trump podrá intentar resolver su preocupación de seguridad más inmediata—los misiles intercontinentales norcoreanos—mientras se embarca en un proceso de negociación sobre la desnuclearización que puede durar años. Mientras Kim Jong-un consolida su legitimidad interna, crea la apariencia de una negociación que—es posible—, no habrá acabado cuando Trump deje la Casa Blanca. Entre tanto, la desconfianza de Japón, Corea del Sur, Australia, India incluso, puede terminar creando una dinámica geopolítica que acabará de manera completa, verificable e irreversible no con el armamento nuclear de Corea del Norte, sino con el liderazgo de Estados Unidos en Asia.

Es momento de concederle el beneficio de la duda a un presidente que quiere demostrar lo acertado de su intuición, frente a la falta de resultados de sus antecesores. Cuando 48 horas después de insultar al primer ministro de Canadá, elogia al líder de Corea del Norte—una avanzada democracia, como es sabido—, es difícil abandonar el escepticismo. Pero quizá Trump esté inventado un nuevo método diplomático.

asientos

Un nuevo escenario

Ocurra lo que ocurra en el encuentro entre Trump y Kim Jong-un, tras su finalización se abrirá un nuevo escenario en Asia Pacífico y en el panorama internacional general. Como apunta desde Washington nuestra colaboradora Nieves C. Pérez, cada palabra y cada imagen entrañarán un mensaje que deberá ser analizado para tratar de vislumbrar no sólo la realidad de lo que se diga, sino tratar de adivinar lo que no se cuenta y también se haya tratado. Ya habrá tiempo de hacerlo y lo haremos.

Pero la realidad es que Trump y Kim van a inaugurar una etapa nueva para sus respectivos pueblos y para sus respectivos intereses. Como hemos señalado en otras ocasiones, nunca un presidente de los Estados Unidos se sentó con el dirigente del país nacido en la ilegalidad tras la guerra coreana y nunca el dictador norcoreano había alcanzado tanto protagonismo mediático, diplomático y político.

Y eso no va a cambiar tras la cumbre. Si Trump no comete ninguno de los errores de comunicación y oportunidad a los que parece ser tan aficionado y se alcanza algún acuerdo operativo, aunque sea de mínimos, al presidente norteamericano se le perdonarán muchas de las meteduras de pata anteriores, aunque no aparcarán los frentes que su nacionalismo económico y su zafiedad han abierto.

Y Kim, por su parte, pasará de ser un personaje de cómic, un dictador aparcado a la espera de derrumbe, a constituirse en un personaje del panorama mundial. Japón ya ha anunciado su disposición a estudiar un reconocimiento oficial, con Corea del Sur se abrirá una etapa inédita y la influencia y el liderazgo de China subirá como la espuma.

Esos son los nuevos componentes de una escena de la que, repitámoslo una vez más, la Unión Europea está ausente, sin estrategia, sin propuestas y sin iniciativas, sólo pendiente de futuras oportunidades de nuevos negocios lo que dibuja la urgente necesidad de algo más.

margarita si

INTERREGNUM: Efectos norcoreanos. Fernando Delage

Hoy es sí, mañana es no, al día siguiente es de nuevo sí, y un día más tarde “ya veremos”. La consistencia no parece ser un atributo de la política norcoreana del presidente de Estados Unidos. Es imposible adivinar, por tanto, si habrá finalmente un encuentro entre Trump y Kim Jong-un; y más difícil aún vaticinar su posible resultado. Pese a esas incertidumbres, las cosas han cambiado desde que, en marzo y sin preparación previa, Trump accediera a reunirse con Kim. La apertura diplomática de Pyongyang ha provocado ciertos cambios en el noreste asiático, algunos de los cuales pueden complicar el margen de maniobra de la administración norteamericana al reducir la presión externa sobre Corea del Norte.

Uno primero es el acercamiento sin precedente entre las dos Coreas. Pese a sus riesgos—es una política que ya fracasó en intentos anteriores—, el presidente Moon Jae-in ha optado por una estrategia de conciliación hacia Pyongyang que ha contribuido a mitigar en gran medida la inquietud de la opinión pública surcoreana sobre su Estado vecino. En apenas dos meses, los dos líderes coreanos se han reunido más veces que todos sus antecesores juntos desde la división de la península tras la guerra de 1950-53. Cuanto más se consolide esa relación, más difícil será mantener la solidez de la alianza entre Washington y Seúl.

Los vaivenes diplomáticos de Trump y su política comercial han dañado, por otra parte, la relación con otro de sus principales aliados, Japón. El primer ministro Shinzo Abe, marginado en los movimientos de Estados Unidos con respecto a la cuestión coreana, y frustrado por el unilateralismo proteccionista de la Casa Blanca, se ha visto obligado a reajustar su política hacia Pekín. Abe y el presidente chino, Xi Jinping, han hablado por primera vez por teléfono, y Li Keqiang acaba de realizar la primera visita de un primer ministro chino a Japón en nueve años.

Entre otros acuerdos, durante su visita se ha acordado el establecimiento de una línea de comunicación directa para evitar un choque accidental en relación con el problema de las islas Senkaku. El gobierno japonés también ha abandonado su anterior rechazo de la Ruta de la Seda, y Tokio podría plantearse, incluso—ha dicho Abe—, su adhesión al Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras. Es posible que Xi Jinping visite oficialmente Japón en 2019, lo que confirmaría una nueva etapa de normalización entre ambos Estados.

Las circunstancias también han permitido la primera visita de Moon Jae-in a Tokio desde su nombramiento, y la reanudación del diálogo trilateral China-Japón-Corea del Sur, que había estado interrumpido desde 2015. Tras su encuentro de la semana pasada, resulta evidente el interés compartido de los tres gobiernos por evitar una acción militar norteamericana que pueda conducir a una guerra en la región, y por coordinar sus posiciones para prevenir el daño que pueda causar a sus economías las sanciones arancelarias de Trump. Éste se ha convertido pues en un poderoso incentivo para el acercamiento de los tres grandes del noreste asiático.

China es el gran beneficiario de esta suma de resultados. Seúl está más alineado que nunca con Pekín sobre cómo enfocar la cuestión norcoreana. Japón ha reducido su hostilidad hacia la República Popular. Y, después de años de incómoda coexistencia como aliados, Kim Jong-un ha viajado dos veces a una China que ha visto incrementarse las oportunidades para buscar una solución favorable a sus intereses económicos y estratégicos.

Probablemente nada de esto era lo que esperaba el presidente de Estados Unidos cuando presumía de que obtendría el premio Nobel de la Paz por su gestión del problema. Tampoco Kim Jong-un lo logrará. Pero, haya o no cumbre, ha jugado sus cartas con habilidad: si el proceso diplomático fracasa, él no aparecerá como el único o principal responsable. Desde un principio ha sabido lo que quería. No puede decirse lo mismo de Trump.

inflamable

La incierta cumbre entre Trump y Kim. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Trump no deja de sorprender ni al público en general ni a su propio equipo. Su impulsiva manera de actuar ha pillado hasta al mismo Kim Jon-un desconcertado. Todo empezó con insultos al hombre cohete y al gordito que terminó en una abierta invitación a un encuentro. Invitación que llega en un oportuno momento de aislamiento y acentuada crisis económica, producto de las duras sanciones que le ha impuesto Washington desde que Trump tomó posesión de la presidencia.

El presidente chino -Xi Jinping- no quiso quedarse fuera, por lo que invitó al líder coreano dos veces a su país, la primera visita muy protocolaria, trasmitida al mundo para enviar un mensaje claro de cercanía entre ambas naciones; y la segunda, mucho más discreta, de la que expertos afirman que se llevó a cabo con el propósito de que Kim sepa y entienda cuáles son las prioridades chinas y que las tenga en cuenta al momento del gran encuentro con Trump.

Después de la ambigua carta que Trump publicó el 24 de mayo, en la que cancelaba el encuentro por temor a que fuera cancelado in situ, y con ello el ridículo de tal desplante, justo ahora todo indica que el acuerdo se llevará a cabo.  Pero, ¿cómo se está organizando? ¿Y que hay detrás de todo?

4Asia tuvo acceso a una tertulia en el Centro Estratégico y de Estudios Internaciones (CSIS por sus siglas en inglés) en el que se discutió a fondo la cumbre. El experto que lideró el grupo fue Victor Cha, profesor de Georgetown y director de asuntos asiáticos en el Consejo de Seguridad Nacional en la Casa Blanca entre 2004 y 2007, además de haber participado en las conversaciones del “Grupo de los Seis”, un grupo establecido para la negociación y resolución del desarrollo nuclear de Corea del Norte, compuesto por las dos Coreas, China, Japón, Rusia y Estados Unidos. Cha, que, valga acortar, se pensó que sería el nombrado por Trump embajador en Seúl, pero quien discrepaba profundamente con el presidente sobre “la política de la nariz sangrante”, que no es más que confrontación que pueda acabar en un conflicto bélico. Discrepancia que destruyó la posibilidad de que Cha fuera enviado a Corea del Sur.

Victor Cha hizo un interesante análisis de la situación general. Primero explicó que la carta con la que Trump cancelaba la cumbre es un excelente ejemplo de cómo se maneja la Administración. Primero le llama “Excelencia” a un dictador, mientras en una demostración de soberbia le deja claro que no quiera Dios que tenga que llegar a usar el gran arsenal estadounidense en su contra. Mientras, le plantea la posibilidad de un encuentro en el futuro. Todas esas ambigüedades expresan que la carta fue redactaba por el mismo Trump, y que no pasó ninguno de los filtros de los asesores del Consejo de Seguridad.

Otro ejemplo de lo inusual de la situación es que la preparación de estos encuentros se realiza durante muchos meses, en un proceso en el que se discuten detalles como los puntos a tratar, lo que es sensible y no se puede conversar, y todo el protocolo normal que encierran las visitas o cumbres de estado. Para este encuentro, sin tiempo suficiente para organizarse, no se han afinado detalles. Y la prueba son muchos de los tweets de Trump que nos informan de detalles que por lo general no se revelan al público. Incluso el lugar, Singapur y el día, 12 de junio fueron anunciados simultáneamente, incluso antes de las predicciones.

Un elemento que fue resaltado en la tertulia es que Trump ha intentado centrar la atención en Corea del Norte, aún más después de haberse salido del acuerdo con Irán; cambiando así la atención a esta Cumbre que de por sí es una excentricidad en sí misma.

 De acuerdo con Cha, el presidente Trump debería ir a la reunión con un par de peticiones claras, la más importante es que Pyongyang renuncie a sus mísiles balísticos que son la peor amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos.

Pero realmente los altos funcionarios de la Administración Trump no se ponen de acuerdo en el momento de abordar el tema. Cada uno dice algo distinto. Cuando la prensa les pregunta, lo que repiten es que quieren la desnuclearización de la Península coreana, pero no saben ni cómo ni cuándo.

Mientras Corea del Norte ha esperado mucho por encontrarse con un presidente estadounidense, su status internacional ha cambiado completamente, pues con este encuentro se le está situando a un nivel de iguales, lo que les beneficia mucho. Les ayuda con su orgullo nacional, que es algo fundamental para este tipo de regímenes. Todo parece indicar que están buscando una salida a la hostilidad en la que han estado tantos años, y parece que este encuentro abre esa opción.

Trump tienen una extraordinaria confianza en su capacidad negociadora para conseguir lo que quiere; a ello está se está dedicando con este encuentro. Ha dicho claramente que Kim tendrá garantizada por completo su seguridad y espera que en una conversación directa con él puedan llegar a un acuerdo que nadie ha sido capaz de alcanzar en tantas décadas.

Pero la situación es realmente compleja, pues si se llegara a acordar una especie de paz, todo cambiaría. Por un lado, Estados Unidos tendría que cambiar el status de guerra en el que está con Corea del Norte. Pyongyang pediría la salida de militares estadounidenses de Corea del Sur y de Japón, lo que es realmente complejo, ya que hay bases militares funcionando y operando 24 horas al día cada día del año. El numero de empleados es astronómico. La cantidad de ciudadanos estadounidenses residentes permanentemente en esta parte del mundo es muy considerable.

Habría que parar los ejercicios militares que regularmente se llevan a cabo; y con ello Estados Unidos perdería casi toda su influencia en esta región. (Foto: Scott Eckert)