Entradas

juntos kim moon

Entrevista Dra. Sue Mi Terry. (II) ¿Nominación de Trump al Nobel de la Paz? Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- En esta segunda entrega de la entrevista a la Dra. Sue Mi Terry, experta en asuntos coreanos, quién sirvió en la CIA como analista de asuntos coreanos durante más de 7 años y que formó parte del Consejo de Seguridad Nacional tanto para Bush como Obama, nos centramos en el rol de China en las negociaciones con Corea del Norte.  Le preguntamos sobre las estrategias de Xi Jinping para organizar una espectacular visita de Estado para Kim Jon-un y si China es realmente la gran ganadora de la situación.

Sue Mi Terry comenzó explicando que aún es pronto para decir quién es el ganador en este juego. China está preocupada por lo que está sucediendo, dice, y le inquieta a qué tipo de acuerdo puedan llegar Trump y Kim. Le intranquiliza el hecho de que sus propios intereses estén comprometidos. Terry pronostica que Xi invitará a Kim a un nuevo encuentro antes de la cita entre Kim y Trump. “El presidente Xi tiene la necesidad de explicarle al líder norcoreano sus intereses para que puedan ser respetados en los acuerdos a alcanzar con Trump”.

Afirma que entre Xi Jinping y Kim Jon-un no hay ningún tipo de empatía. “A Xi no le gusta Kim, no hay buena química entre ellos. Desde que Kim tomó posesión no había sido invitado a China, esto lo prueba, pero como todo apuntaba a que Trump se encontraría con el líder norcoreano, debía haber un encuentro público entre ellos, razón por lo que Xi le invita a Beijing”. Sostiene que ha habido varios momentos difíciles en la relación entre el líder chino y el norcoreano. “Un momento clave de los desacuerdos fue la ejecución de Jang Sung-taek (tio de Kim Jon-un) marido de la única hermana de Kim Jon-il (padre del actual líder). Jang era el interlocutor con China. Este asesinato, que fue de los más crueles filtrados a la prensa, indignó a China. Y luego, el envenenamiento del medio hermano del líder coreano en Kuala Lumpur, que contaba con protección china”.

Desde la perspectiva de Corea del Norte, explica, ellos también están disgustados con China. “Las sanciones aprobadas en el otoño pasado han estrangulado la economía norcoreana y, a pesar de estos desacuerdos y disgustos, ambos países tienen intereses mutuos, por lo que al final buscan puntos de acuerdo intermedios para poder seguir lidiando el uno con el otro”.

La imagen de Corea de Norte desde su creación ha sido siempre negativa en el plano internacional. Ha permanecido en una fina línea de pseudo-legalidad.

¿Todos estos encuentros que han tenido lugar recientemente han legitimado al régimen de Pyongyang como sujeto político? La experta afirma enfáticamente que sí. “Todas estas reuniones han maquillado la imagen de férrea dictadura del régimen. Tan sólo el hecho de que el mundo pudiera oírle la voz a Kim, lo ha humanizado. Además de las apariciones pública con su mujer, una chica joven y atractiva, le presentan como un hombre ordinario, en vez de un dictador cruel que mantiene oprimido a su pueblo”.

Las imágenes del encuentro de los dos líderes coreanos en la Zona desmilitarizada, en las que Kim toma de la mano a Moon y lo invita a cruzar “la línea prohibida” con sonrisas y gestos casi de complicidad cambiaron casi por completo la idea que se tenía de Kim, sostiene. En un sondeo de opinión realizado en Corea del Sur, después del histórico encuentro, se determinó que alrededor del 80% de los consultados ahora piensan que se puede confiar en Kim Jon-un y que se puede negociar con él.  Comparado con la matriz de opinión que se manejaba hasta el año pasada en el que se percibía como un hombre misterioso, de corte de pelo extraño, aislado en su propio mundo lanzando cohetes, el cambio es radical. Junto con las instantáneas de los juegos Olímpicos en Corea del Sur, de animadoras norcoreanas y la asistencia de su hermana (Kim Yo-jong), quien con su juventud y buenas formas suavizó la imagen de la dureza que se tenía del régimen de Pyongyang, la cara pública de Corea del Norte ha cambiado.

 Otro elemento positivo que resalta nuestra experta es que Pyongyang esté dispuesta a que se inspeccione una de sus bases, aunque apunta que “esa base está deteriorada por la cantidad de pruebas que ahí se han llevado a cabo, pero no deja de ser un gesto de apertura”.

La Administración Trump está intentando activamente dar resultados y gestos de su nivel de compromiso en este asunto. El segundo viaje a Corea del Norte del secretario de Estado Pompeo lo prueba. La entrega de los tres rehenes es un gesto de compromiso del régimen norcoreano. En ese marco se anunció que el encuentro entre Trump y Kim Jon-un tendrá lugar en Singapur el 12 de junio.

Terry prevé que el encuentro será positivo, afirma que a ambos les conviene que la reunión sea exitosa. “Kim ha puesto todo sobre la mesa, no se puede permitir fallar. Mientras que Trump está asegurándose salir como el gran líder, el único que pudo hacer ese encuentro posible y que ninguno de sus antecesores hizo. “Incluso podría traducirse hasta en una nominación al Nobel de la Paz por haber conseguido negociar el gran problema irresuelto de la época de oro de Estados Unidos”. La Dra. Terry asegura que al menos en la primera etapa ambos líderes darán la impresión de que fue un éxito, pero, por supuesto, el reto estará en la puesta en marcha del acuerdo, sea el que sea.

nuclear

INTERREGNUM. Declaración de hostilidad—por duplicado. Fernando Delage

“Es mucho peor que un crimen; es una estupidez”. Resulta inevitable evocar la célebre frase de Talleyrand, con la que describió la ejecución de un duque borbónico por Napoleón, al comentar el doble error cometido la semana pasada por el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump.

El abandono del pacto nuclear con Irán coloca a Estados Unidos en compañía de Israel y Arabia Saudí—singulares compañeros de cama los dos últimos en este caso—, y en contra de sus aliados europeos y del resto de la comunidad internacional. Es probable que Trump no sepa quién fue Mossadeq, ni conozca el papel de la CIA en su derrocamiento en 1951; un incidente fundacional del nacionalismo iraní contemporáneo. Pero también parece ignorar las consecuencias de despreciar los principios del realismo político, como ocurrió con la más reciente e irresponsable invasión de Irak en 2003. Si lo que se pretende es facilitar el camino a una guerra en Oriente Próximo, y propiciar así el cambio del régimen iraní—objetivo ilusorio—, sabremos quién desencadenó los acontecimientos.

De momento, Trump ha hecho añicos la credibilidad norteamericana, ya dañada por su discurso antimultilateralista, su retirada del acuerdo sobre cambio climático de París y su irracional marcha atrás con respecto al Acuerdo Transpacífico (TPP). Su declaración de hostilidad a Teherán no sólo no contribuirá a prevenir una mayor influencia de Irán en el equilibrio de poder regional, sino que aumenta el riesgo de proliferación nuclear, y crea una grave ruptura estratégica con el Viejo Continente. A efectos de esta columna, hay que preguntarse por lo demás si es así como Trump espera convencer a Kim Jong-un de que abandone sus capacidades nucleares.

Por si el anuncio del presidente no fuera suficiente para dañar la estabilidad internacional, además de declarar la guerra diplomática a Irán, Estados Unidos se ha planteado asimismo declarar la guerra comercial a China. Washington exige a Pekín que reduzca su superávit bilateral en 100.000 millones de dólares antes del 1 de junio de 2019, y otros 100.000 millones antes de la misma fecha de 2020. No sólo resulta ridículo pensar que el gobierno chino pueda conseguir ese resultado, sino que, por sus efectos para países terceros, los daños pueden ser considerables para la economía mundial. Estados Unidos no sólo violaría normas multilaterales—es conocida la opinión de Trump sobre la OMC—sino abriría paso a una peligrosa dinámica política, por no hablar del impacto para sus propios intereses económicos de las medidas de represalia que adoptará Pekín. ¿Es humillando a China, otro país profundamente nacionalista como Irán, como la Casa Blanca cree que va a defender sus objetivos nacionales?

Mayo de 2018 podrá pasar a la historia como el momento que confirmó un cambio radical en la relación de Estados Unidos con el mundo exterior; la fecha en que se quebró Occidente como comunidad política y se aceleró el proceso de redistribución del poder global. Enfrentarse a un mismo tiempo a Irán, a China y a las democracias europeas no parece tener mucho sentido estratégico. Es cierto que en 2020 o—en el peor de los casos—en 2024, Trump desaparecerá de la escena política. Será tarde quizá para que su sucesor pueda recomponer los platos rotos. (Foto: Kodi Archer, Flickr)

20180430 No Load

La madre de todas las batallas comerciales. Miguel Ors Villarejo

Una de las razones por las que el mundo es hoy un lugar mucho más pacífico que hace un siglo es que el sufragio universal es poco compatible con las contiendas. La explicación es la estructura de incentivos. Las dictaduras contemporizan poco porque los que mandan y los que mueren son distintos. Por el contrario, en las democracias los soldados y los votantes suelen ser los mismos, lo que hace que el ardor guerrero se diluya rápidamente. Lo hemos visto en las últimas aventuras de Washington. Cuando en marzo de 2003 George Bush lanzó los primeros misiles sobre Irak, el 72% de los estadounidenses consideraban que era la “decisión correcta”, pero dos años y 24.000 cadáveres después esa proporción había caído por debajo del 47% y, en 2104, cuando Barack Obama ordenó la retirada, apenas llegaba al 38%.

Los conflictos comerciales no son exactamente iguales que los militares, pero el declarado por Donald Trump presenta inquietantes similitudes con las campañas de sus predecesores. Como los neocons que alentaron la deposición de Sadam Hussein, Trump está convencido de que la superioridad americana es tan brutal que no necesita aliados e incluso ha amenazado a los fabricantes europeos de coches con una subida de aranceles. Es una retórica que recuerda a la de Charles Krauthammer, el columnista que en 2001 instaba a adoptar “un nuevo unilateralismo” que permitiera a la Casa Blanca perseguir “sin vergüenza” sus intereses nacionales. O a la de Robert Kagan, que se preguntaba dos años después en Poder y debilidad: “¿Puede Estados Unidos prepararse y responder a los retos estratégicos que plantea el mundo [terrorismo, proliferación] sin demasiada ayuda de Europa?”, para responder a renglón seguido: “Ya lo está haciendo”.

Hoy sabemos cómo acabó todo aquello. ¿Corre también Trump el riesgo de salir escaldado?

Como Bush en Irak, su estrategia consiste en un ataque frontal “abrumador”: la imposición de aranceles del 25%. Dada la dependencia china del mercado americano, las consecuencias serán considerables. Y el daño que Pekín puede infligir adoptando restricciones similares será siempre inferior, porque los estadounidenses no venden tanto en el país asiático. Por eso Xi Jinping no va a ir a un mero intercambio de golpes. Su respuesta será “más sofisticada”, escribe The Economist. Pretende “forzar un cambio en el comportamiento” de su antagonista.

“En el terreno político”, coincide Steven Lee Myers en el New York Times, “[China] dispone de bazas que contrarrestan su inferioridad comercial bastante mejor de lo que Trump sospecha”. Mientras este deberá capear las protestas de los lobbies y los votantes en vísperas de unas elecciones legislativas, la férrea censura comunista deja escaso margen a los críticos de Xi. Su Gobierno también ejerce mayor control sobre el aparato productivo y puede impedir los despidos y las quiebras obligando a los bancos a sostener a las compañías damnificadas. ¿Cuánto tardarán, sin embargo, los agricultores del Medio Oeste en movilizar a sus congresistas para apretarle las tuercas a Trump?

Igual que Al Qaeda y los talibanes, Pekín únicamente tiene que resistir y dejar que las inercias propias de la democracia americana le hagan el trabajo. Como sostiene el editorialista del tabloide nacionalista Global Times, “doblegar a China podría exigir una batalla inimaginablemente cruel para Estados Unidos”. (Foto: Flickr, Kevin Dooley)

246360813_20cdfe31ff_o Don

INTERREGNUM. Doble cumbre, doble triunfo para Pekín. Fernando Delage

El pasado viernes, por primera vez desde la división de la península, un líder norcoreano pisó el suelo de Corea del Sur. Aunque sin salir de la irónicamente denominada Zona Desmilitarizada, Kim Jong-un reiteró ante el presidente surcoreano, Moon Jae-in, su objetivo de desnuclearización, sin exigir—según se ha dicho— la retirada de las tropas norteamericanas del Sur. La firma de un tratado de paz que sustituya al mero armisticio de 1953 también está encima de la mesa.

Como es lógico, el encuentro intercoreano ha creado grandes expectativas. Pero convendría mantener cierto escepticismo. Propuestas similares ya fueron objeto de dos cumbres anteriores (en 2000 y 2007), cuyos nulos resultados parecen haberse olvidado. Además de las dificultades de verificación de todo acuerdo de desarme—cuestión sobre la que no se ha acordado nada específico—, son bien conocidas las tácticas norcoreanas destinadas a ganar tiempo mientras consolida sus capacidades. En el fondo, seguimos desconociendo las intenciones que persigue Pyongyang con su apertura diplomática. Puede ser un señuelo para lograr la ayuda económica que necesita, pero también resulta plausible pensar—en un objetivo compartido con Pekín—que intenta debilitar la alianza de Seúl con Washington.

En uno de esos llamativos guiños de la historia, mientras Kim y Moon se veían en Panmunjom, el presidente chino, Xi Jinping, recibía al primer ministro indio, Narendra Modi, en Wuhan. Todo ha sido inusual con respecto a su encuentro: que se haya celebrado fuera de Pekín, que Modi viaje dos veces a China con pocas semanas de diferencia (asistirá a la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai en Qingdao en junio), y su singular formato: los dos líderes se han visto a solas, sin asesores, sin agenda previa, y sin declaración final.

No resulta difícil identificar algunos de los posibles objetivos de ambas partes. De cara a su reelección en las elecciones del próximo año, Modi no puede permitirse un estado de tensión con Pekín como el del verano pasado en Doklam. Delhi necesita atraer capital extranjero y conocer de primera mano las prioridades chinas en Pakistán. Quizá Modi haya concluido que la hostilidad de su gobierno hacia la República Popular no ha producido los resultados esperados. O mantiene crecientes dudas sobre la administración Trump, que—sospecha—puede hacer de India un próximo objetivo de su política comercial proteccionista. China tiene por su parte un mismo interés en minimizar las diferencias con Delhi. India es una variable fundamental para el éxito de la Nueva Ruta de la Seda, y evitar que se comprometa con el Cuarteto (la potencial alianza antichina con Estados Unidos, Japón y Australia que Trump quiere impulsar) es un claro propósito de Pekín.

Las dos cumbres celebradas los mismos días en distintos puntos de Asia tienen así curiosos puntos de coincidencia. Ambas pueden beneficiar de manera directa a China. Y reducir el peso de otro actor, ausente físicamente en los dos encuentros, pero factor central en las intenciones de unos y otros: Estados Unidos. No hace mucho era Washington quien movía las piezas del tablero asiático. Ahora es su presidente quien se verá obligado a reaccionar a estos movimientos de quienes han dejado de ser peones para definir los términos del juego mayor. (Foto: Flickr, Don)

20180430 Leo Reynolds

Macron, Merkel, dos nombramientos y mucho teléfono. Nieves C. Pérez Rodríguez

Cuantiosas sonrisas, muchos abrazos, numerosos gestos de complicidad, incluidos intercambios de besos —algo que no se estila en la cultura estadounidense, en general, pero sobre todo inusual entre hombres— así como un despliegue de glamour, fueron los detalles formales más sobresalientes de la visita de Enmanuel Macron y su mujer a Washington. Trump no escatimó halagos, así como Melania Trump no ahorró detalles para dejar una imagen impecable de la visita, con cenas exquisitas que rompen con la tradición extendida en la Casa Blanca de sencillez y austeridad, más típica de la auténtica cultura estadounidense. Una suntuosa ceremonia de bienvenida, al más al puro estilo europeo, hicieron brillar a Macron con esplendor en la capital de Estados Unidos.

Faysal Itani, experto del Atlantic Council analizó la visita y remarcó la buena relación entre ambos líderes como un elemento clave. El hecho de que Trump sienta gran empatía y admiración por Macron podría resultar en un mayor compromiso de Washington en Medio Oriente, contra lo que la Administración Trump parece estar planeando. Macron podría conseguir que Estados Unidos se comprometa a mantener una presencia militar a largo plazo en la Siria post ISIS para evitar que Irán llene el vacío. Sin embargo, no hay que perder de vista que Mike Pompeo (nuevo Secretario de Estado, recientemente ratificado por el Congreso) y John Bolton (consejero en Seguridad Nacional) son beligerantes contra esa idea. No obstante, hay analistas que piensan que el pragmatismo de Pompeo le hará ver lo estratégico que es para Estados Unidos mantener su presencia en esa región.

Por su parte, Margaret Brennan, corresponsal para CBS News en una tertulia la semana pasada, que tuvo lugar en el Centro Estratégico de Estudios Internacionales, planteaba que para tener más claridad sobre la línea internacional que seguirá Pompeo, hay que esperar a que nombre a su equipo. Una vez que sepamos los nombres podremos hacer una mejor predicción del rumbo que realmente tomará la política exterior estadounidense, sobre todo en el Medio Oriente.

En este foro también se planteó la importancia de que se respete el acuerdo con Irán, sin descartar que podría hacerse ajustes, tal y como apuntó Macron, para dar una imagen de confianza a Corea del Norte, y que los grandes encuentros históricos que están teniendo lugar, como fue el del presidente Moon —Corea del Sur— y Kim Jon-un —líder de Corea del Norte—, y el que se llevará a cabo pronto entre esté último y Trump, lleguen a dar frutos, basados en la confianza y el respeto de lo que allí se acuerde.

La Canciller alemana, Angela Merkel, también pasó brevemente por la Casa Blanca, y, según Christoph Von Marschall, miembro del “German Marshall Fund of the United States”, este encuentro fue mucho mejor que el anterior entre ambos dirigentes. Ella no es una persona con la se puede tener una relación kinestésica, pero el lenguaje corporal de ambos fue más amigable, afirmó.  A pesar de que no existe empatía entre ellos, al menos esta vez Trump actuó más como un jefe de Estado, defendió sus puntos, entre los cuales remarcó que los países europeos deben pagar más por la OTAN e insistió en la  disparidad comercial “desleal” entre Estados Unidos y Alemania, dando una cifra de 50 millones de dólares de déficit en componentes de automóviles, a la que Merkel replicó diplomáticamente que las marcas alemanas también producen vehículos en los Estados Unidos, que son exportados a otras partes, y que ello contribuye a crear empleo doméstico. Al menos, Trump le elogió su apoyo y presión a Corea del Norte para sentarse en la mesa de negociación sobre el desmantelamiento nuclear.

El gran ganador de Washington la pasada semana fue sin lugar a dudas Macron, quién reforzó su imagen de líder internacional que traspasa las fronteras europeas, capaz de fascinar hasta a uno de los líderes más controvertidos del momento, como es Trump. Incluso se presentó en el Congreso estadounidense con un discurso que responde a los deseos de la mitad de los ciudadanos de este país, sobre la necesidad de un mayor compromiso internacional y de la importancia de mantener el liderazgo en el mundo hasta en el área ambiental, refiriéndose a la abrupta salida de Trump del Acuerdo de París.  En contraste con la visita de la Canciller alemana en la que la frialdad y cero empatías no se disimularon ni siquiera durante la rueda de prensa que tuvo lugar en la Casa Blanca.

Todo esto mientras Trump libera una batalla doméstica para que le aprueben su secretario de Estado (que consiguió) y el de los Veteranos, que abrió otro debate paralelo sobre el alto precio que están pagando muchos de los personajes que han trabajo para él o que activamente siguen estando en su círculo.

En Washington se cerró la compleja semana con llamadas telefónicas del presidente surcoreano Moon a Trump, dando el parte del encuentro que tuvo lugar en la península coreana, mientras se concretó el lugar y el día del encuentro entre Kim y Trump (de acuerdo a un tweet del propio Trump inexplícito), y otra llamada de Trump al primer ministro japonés, en el que le informó sobre dichos avances.

Esperemos que todos éstos avances continúen inspirados genuinamente en la paz y el bienestar de los implicados y no en un juego político del líder norcoreano para ganar tiempo y que se le disminuyan las duras sanciones. (Foto: Flickr, Leo Reynolds)

SONY DSC

En vísperas

Las piezas van encajando. Mientras el primer ministro japonés ultimaba sus preparativos para un nuevo encuentro con Donald Trump en Florida, Corea del Norte anunciaba la suspensión formal de su programa de desarrollo de armamento nuclear y el cierre de su principal instalación de investigación en este campo.

En pocos días, el dictador norcoreano se entrevistará con el primer ministro de Corea del Sur y, unas semanas más tarde, si no hay cambios de última hora, se encontrará con Trump para iniciar una nueva etapa en las relaciones de Estados Unidos, China y las dos Coreas.

Kim Jong-un, el líder norcoreano, está demostrando tener un plan, unos objetivos y un camino para conseguirlos y lo está siguiendo metódicamente con el inestimable aliento, y aparentemente el control, del gobierno chino. Y sus vecinos, coreanos del sur y japoneses en primer plano, pero también las otras naciones asiáticas con intereses en el Pacífico y en el Índico siguen pendientes de como gestiona Estados Unidos la situación, con qué propuestas acude a su cita con Corea del Norte y dónde pone las líneas rojas y de fuerza.

Este escenario, con Europa de convidado de piedra, será nuevo, abrirá nuevas perspectivas, cambiará de perfil los conflictos ya existentes y emergerán otros nuevos con nuevos actores o los viejos actuando en otros campos. Y, lo más importante, China verá reforzada y consolidada su presencia en todos los frentes.

20180324 kyoto

INTERREGNUM. Abe vuelve a Florida. Fernando Delage

Catorce meses después de su primer encuentro en Mar-a-Lago, el club de golf de Trump en Florida, el presidente norteamericano volvió a recibir la semana pasada, en el mismo lugar, al primer ministro de Japón, Shinzo Abe. La supuesta sintonía personal entre ambos líderes, que también se vieron en Tokio en noviembre, no se ha traducido sin embargo en resultados positivos para Abe. Quizá Trump no ha abandonado su hostilidad antijaponesa de los años ochenta; quizá no entienda la importancia de Tokio como aliado.

La próxima reunión de Trump con Kim Jong-un y su política comercial han complicado en gran manera la agenda bilateral. En ambos temas, Abe parece volver con las manos vacías. El anuncio de un encuentro con Kim sorprendió al gobierno japonés: no sólo no se le consultó con carácter previo, sino que la naturaleza impredecible del presidente norteamericano crea la lógica inquietud sobre los términos de la negociación. A petición de Abe, Trump se comprometió a tratar con Kim la cuestión de los nacionales japoneses secuestrados por los servicios de inteligencia norcoreanos. Pero las dudas permanecen sobre las cuestiones de fondo: a Washington le preocupan los misiles intercontinentales de Pyongyang; no los de corto y medio alcance, es decir, los que amenazan de manera directa a Japón. Aceptar con condiciones el estatus nuclear de Corea del Norte—la suspensión de pruebas no es sinónimo de desnuclearización—, podrá empujar a Tokio a considerar su propia opción nuclear. Cualquiera de estos escenarios causará un importante daño a la alianza, obligando a Japón a seguir un camino de mayor independencia estratégica.

Abe esperaba conseguir, por otro lado, una exención a las tarifas al aluminio impuestas por Trump, al igual que otros aliados de Estados Unidos (Canadá, México y Corea del Sur). No lo ha logrado. Según algunas interpretaciones, Washington querría así presionar a Tokio para avanzar en un acuerdo comercial bilateral. Pero no parece que Japón vaya a ceder: su preferencia es un régimen multilateral, como el que ha reconfigurado bajo su liderazgo en forma del Acuerdo Trans-Pacífico a 11. Sólo días antes de su encuentro con Abe, Trump declaró estar dispuesto a considerar su regreso al TPP, pero, minutos después de su primera conversación con el primer ministro japonés en Florida, rechazó por tuit tal posibilidad. Sus formas no ayudarán a obtener la complicidad de su aliado japonés.

Ambas cuestiones, Corea del Norte y comercio, conducen por lo demás a China. La República Popular es el verdadero objetivo de la política comercial de Trump, como es también la clave del equilibrio estratégico del noreste asiático. Que, delante de Abe, el presidente de Estados Unidos elogiara a su homólogo chino, Xi Jinping, fue otro gesto probablemente innecesario. Se desconoce si Trump ha medido las consecuencias de sus actos, pero el abandono de lo que han sido líneas maestras de la política exterior norteamericana durante décadas abre un terreno desconocido: si pierde la confianza de un socio tan estrecho como Japón, los intereses norteamericanos—y no sólo la estabilidad asiática—se verán gravemente perjudicados. (Foto: Stéphane Neckebrock, Flickr)

20180423 Pompeo Gage Skidmore

Los impulsos de Trump, guía de la política exterior estadounidense. Nieves C. Pérez Rodríguez

Se pueden tener muchas incertidumbres acerca de la política exterior del presidente Trump, pero su posición sobre Corea del Norte ha sido clara y consistente desde el principio y enfáticamente ha dejado claro que hará lo que esté en sus manos por acabar con esa amenaza. A pesar de que no se conocen todas las claves sobre cómo se está abordando internamente el tema, dado a los constantes cambios de rumbo, más bien parece que la improvisación es la línea que se sigue.

Como sucedió con el envío del futuro secretario de Estado Mike Pompeo a una reunión secreta con el líder norcoreano, antes de su formal ratificación, hecho que deja muy clara la prioridad que este asunto ocupa en la agenda de esta Administración, pero también lo impulsivo de las decisiones del presidente que, en un acto precipitado, decide enviar a su hombre de confianza justo después de que los surcoreanos le abrieran el canal de comunicaciones con el régimen de Pyongyang.

Oportunamente, Pyongyang ha dejado de pedir que las tropas americanas salgan de Corea del Sur como condicionante para dejar su programa nuclear. Durante mucho tiempo ha sido precisamente la presencia de 28.500 soldados estadounidense en el sur de la península el argumento usado por el Norte para justificar su necesidad de desarrollar armas nucleares. De hecho, en el encuentro que tuvo lugar en Corea del Norte, entre un enviado especial del gobierno de Moon Jae-in con Kim Jon-Un el mes pasado, Kim expresó que su país no necesitará de armas nucleares si no se sienten amenazados militarmente y se les dan garantías de seguridad. Seguramente esta fue una de las razones que motivó a Trump a decidir que hay que actuar rápidamente.  Ahora la pregunta que se plantea es: ¿era realmente necesario enviar al futuro secretario de Estado con esa premura? ¿Estará Trump más bien enviando señales de desesperación a Kim?

Jung H. Pak, experta del instituto Brookings, publicó un artículo a finales de la semana pasada en el que concluye básicamente que Corea del Norte necesita un ambiente hostil para poder legitimarse. Afirma que todos los avances hechos en los últimos meses están enfocados en encontrar esa legitimidad que necesitan, mientras juegan a presentarse como los que desean paz. Explica que es todo parte de una estrategia destinada a mantener y avanzar su programa de armas nucleares, eliminar Estados Unidos de la península coreana, mantener la relevancia estratégica en la región y potencialmente tratar de crear condiciones para la unificación en sus términos. Mientras Kim Jon-Un ha ganado en todo este juego de tira y afloja, su reputación ha cambiado ligeramente de ser el personaje desalmado que oprime y mata de hambre a su población, a convertirse en un dictador abierto a dialogar y encontrar una solución pacífica que beneficie a todas las partes.

¿Y qué ha ganado Trump? A pesar de que los portavoces de su Administración han sido extremadamente prudentes acerca de la conversación entre Pompeo y Kim, pues objetivamente lo único que se sabe es que tuvo lugar en Corea del Norte el fin de semana de Semana Santa, y, de acuerdo con el New York Times, Pompeo abogó por tres presos estadounidenses detenidos en Corea del Norte, y que se está trabajando para liberarlos, a la vez que intentaba acordar detalles sobre el futuro encuentro entre Trump y el líder norcoreano.

Mientras tanto Seúl apuesta por confiar que la disposición de Pyongyang en desnuclearizarse se llevará a cabo a cambio de que se reestablezcan los lazos entre Estados Unidos y Corea del Norte, envío de ayuda para reconstruir su economía y un tratado de paz que formalice el fin de la guerra coreana. Mientras que el presidente Moon afirma que todo eso es posible, admite que el reto está en desarrollar un mapa de ruta adecuado que permita llegar a esos acuerdos.

El primer ministro japonés, Shinzo Abe, en visita oficial a Estados Unidos la semana pasada, sostuvo el sexto encuentro oficial y la tercera cumbre con Trump en la que ambos afirmaron su fuerte compromiso y determinación de aumentar la alianza entre ambas naciones para enfrentar las amenazas emergentes en contra de la paz y el mantenimiento del orden en la región de Indo-Pacífico. Ambos líderes expresaron la necesidad de que Corea del Norte se desnuclearice y abandone todas las armas de destrucción masiva y programas de misiles balísticos.

Tal y como afirmó Jung H. Pak, “si bien debemos apoyar el estado de ánimo actual de la diplomacia y el compromiso, no debemos dejarnos seducir fácilmente por los dulces susurros de paz de Kim, sin acciones creíbles que acompañan”. Junto con los impulsos intempestivos de Trump por resolver violentamente el conflicto que lleva 68 años incrustado, la Historia ha demostrado que no tiene una salida fácil… (Foto: Gage Skidmore, Flickr)

cerezos 1

Los cerezos de Washington D.C: una relación sentimental entre Estados Unidos y Japón. Nieves C. Pérez Rodríguez

La ciudad que acoge a uno de los hombres más poderosos del mundo, Washington D.C. (por sus siglas en inglés, Distrito de Columbia), es conocida por sus magníficas primaveras, que pintan la ciudad con una variedad de tonos rosas que empiezan en un tenue casi blanco hasta la expresión más intensa del rosado. Después del frío del invierno se puede ver como los capullos brotan y se reproducen con gran rapidez, y cómo el proceso de florecimiento se acelera con el paso de los días para engalanar la capital de los Estados Unidos, y para recibir a millones de visitantes, que viajan hasta aquí para disfrutar del Festival de los Cerezos. ¿Pero cómo llegaron hasta aquí estos singulares arbolitos nativos del otro lado del Pacífico?

De acuerdo a la página oficial del Festival, la conmemoración anual del evento se lleva a cabo para recordar los lazos que unen a Japón con Estados Unidos y la sólida amistad entre ambas naciones. Todo comenzó en 1912 con un regalo de 3.000 cerezos del alcalde de la ciudad de Tokio a la ciudad de Washington. La entonces primera dama estadounidense, Helen Herron Taft, esposa de William Howard Taft (presidente entre 1909 y 1913), junto con la esposa del embajador japonés de ese momento, fueron las encargadas en plantar los primeros cerezos en una ceremonia, que, sin sospecharlo, marcó un hito en la historia de ambos países.

Este modesto comienzo ha experimentado una gran evolución al pasar de los años. Los cerezos se han reproducidos. Hoy, caminar, conducir, hacer el recorrido desde el sur de la ciudad al centro de la misma en metro, o incluso tomar un taxi de agua por el río Potomac, nos permite disfrutar de un magnifico espectáculo de color que no deja a nadie indiferente.

En 2012 se celebraron los 100 años del gran regalo, y se estableció que en esa ocasión que el festival tendría una duración de cinco semanas en honor a la conmemoración. Sin embargo, cada año el festival tiene una duración de cuatro semanas y a finales del invierno ocupa muchos titulares de prensa, pues, de haber heladas en el momento en que los brotes han comenzado, se corre el riesgo de que la flor muera y no florezca.

La singular belleza de la flor del Sakura, por su nombre en japonés, o cerezo, es símbolo de la fragilidad de la vida humana y personifica la transformación de la cultura, de acuerdo con los japoneses.

Eliza Scidmore, una prominente escritora de finales del siglo XIX, que fue la primera mujer en escribir sobre Alaska y viajes por el mundo, y que además trabajó para National Geographic Society (la primera mujer en asumir una posición de ese tipo) visitó Japón en varias oportunidades y quedó cautivada con la belleza de los cerezos japoneses, por lo que luchó en traerlos como ornamento a la capital estadounidense. Fue gracias a una carta que le envió a la primera dama Helen Taft, en la que manifestaba su deseo por traer los árboles, y explicaba que estaba recaudando fondos para ello, que se inició el proceso. Coincidentemente, el Dr. Jokichi Takamine, el químico japonés que descubrió la adrenalina, se encontraba de visita en Washington junto con el cónsul japonés en Nueva York, y ofrecieron a la primera dama Taft hacer la donación de los árboles para ponerlos a lo largo de las avenidas. La primera dama acogió la idea con agrado y comenzó a usar su influencia en las organizaciones involucradas para materializar la idea.

Los primeros cerezos llegaron con enfermedades, y tuvieron que ser quemados para evitar la propagación a la flora local, pero los intentos siguieron, Japón donó más árboles, y fueron plantados. Desde ese momento comenzaron formar parte de la belleza de la capital estadounidense.

Con el paso de los años fueron tomando más importancia, tanto que en 1938 un grupo de mujeres se encadenaron a unos cerezos en forma de protesta contra el presidente Franklin Roosevelt, intentando detener a los trabajadores que se estaban preparando para desforestar el terreno para la construcción del “Memorial Thomas Jefferson”.  Consiguieron llegar a un acuerdo en el que se plantarían más árboles para enmarcar el monumento conmemorativo. Esta fue la primera rebelión de los cerezos, pero no la única.

En diciembre de 1941 fueron cortados 4 cerezos como protesta por el ataque japonés contra la Flota del Pacífico en Pearl Harbor, en Hawai. La razón exacta del vandalismo nunca fue comprobada. Con la esperanza de prevenir futuros daños durante la Segunda Guerra Mundial, los árboles se conocían como los “cerezos orientales en flor”.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los cerezos al largo de del río Arakawa, cerca de Tokio, la reserva de donde salieron los primeros que se sembraron en D.C., estaban en declive, y Japón solicitó ayuda a Estados Unidos, y el Servicio de Parques Nacionales envió brotes de los descendientes de esos mismos árboles en un esfuerzo por restaurar el sitio original.

En 1954 el embajador japonés le regaló a la ciudad de Washington una especie de lámpara de piedra, de 300 años de antigüedad, como regalo conmemorativo de los 100 años del primer tratado de amistad entre las dos naciones, que se ilumina el primer día del festival, simbólicamente.  Y otra donación de 3.800 cerezos fue hecha en 1965 a la primera dama Bird Johnson, esposa del presidente Lyndon Baines Johnson, quien tenía especial debilidad por la belleza de estos arbolitos.

Y en otra ceremonia similar a la de 1912 la primera dama junto con la esposa del embajador japonés del momento, sembraron los nuevos cerezos.

Los cerezos, a lo largo de los últimos 106 años, han mantenido a Estados Unidos y Japón bajo una relación única de cordialidad reciproca. Japón, por su parte, siente orgullo de que sus regalos sean extensamente admirados en otra parte del planeta, e internamente en Estados Unidos. Los cerezos se han convertido en una marca de su capital y una gran razón del turismo que visita la ciudad cada año para disfrutar de la fusión de los cerezos con los monumentos históricos más genuinos de la cultura de los Estados Unidos.

Submarino

INTERREGNUM: Mercados y submarinos chinos. Fernando Delage

No hay mejor reflejo del poder chino que el hecho de que no haya una semana en la que su presidente no ocupe la primera página de los grandes medios internacionales. Y, en coherencia con las ambiciones de Pekín, las noticias no son sólo de cuestiones empresariales. Es ya imposible hablar del futuro de la economía global, pero también del equilibrio militar de poder, sin tener en cuenta a la República Popular.

El martes 10 de abril, en una intervención ante el Boao Forum—reunión que se celebra anualmente en la isla de Hainan, y es conocida como el “Davos asiático”—Xi Jinping asumió una vez más su ya conocido papel de principal defensor del libre comercio y la globalización. Xi recurrió a los mismos mensajes en los que ha hecho hincapié en el Foro Económico Mundial en enero de 2017, o en distintas ocasiones multilaterales, como las cumbres de APEC (la última de ellas en Vietnam el pasado noviembre). Pekín ha sabido ocupar el vacío creado por el nacionalismo económico de Trump, con una retórica que calma a los mercados internacionales sin abandonar al mismo tiempo la defensa de sus intereses nacionales.

Ambos objetivos coinciden en el anuncio realizado por Xi en el mismo discurso: prometió reducir las barreras a la inversión extranjera en la industria del automóvil y el sector financiero, disminuir los aranceles a las importaciones de vehículos de motor, y mejorar la protección de los derechos de propiedad intelectual. Su compromiso sobre estos asuntos centrales en las actuales disputas comerciales con Washington, y el tono conciliador empleado por Xi, han mitigado la preocupación por una inminente guerra comercial. La administración Trump se ha atribuido con celeridad la victoria, al interpretar la declaración del presidente chino como una concesión a sus presiones. Pero China aún tendrá que concretar su retórica en hechos. De momento, se ha garantizado la estabilidad que necesita su crecimiento—objetivo interno prioritario—, mientras—de cara al exterior—es la República Popular quien refuerza su imagen como país respetuoso de las normas multilaterales.

China, por resumir, ha vuelto a dar otro ejemplo de habilidad en su diplomacia económica. A lo que hay que sumar la demostración militar realizada sólo dos días más tarde. El despliegue de más de 10.000 soldados, 48 buques y submarinos de la armada y 76 cazas de la fuerza aérea carece de precedente. A bordo del destructor Changsha, el presidente chino pasó revista a siete grupos de batalla, y por primera vez hicieron aparición pública los submarinos nucleares 094A, dotados cada uno de ellos con 12 misiles intercontinentales (de un alcance estimado de 7.400 kilómetros). Las comparaciones históricas, siempre presentes en el imaginario nacional, llevó a algunos medios a describir la ocasión como la mayor concentración de buques chinos en 600 años, es decir, desde las famosas expediciones del almirante Zheng He. Como mínimo, sí revela la extraordinaria y acelerada modernización de las capacidades navales chinas desde la llegada de Xi Jinping al poder a finales de 2012; un poderío que puede poner fin—así lo reconoce el propio Pentágono—a la supremacía de Estados Unidos en las aguas del Pacífico occidental.

Como no habrá escapado a la atención de los observadores, los ejercicios también se han desarrollado en la isla de Hainan, plataforma central de proyección en el mar de China Meridional—la totalidad de cuyas islas Pekín reclama—, y punto de partida de la Ruta de la Seda Marítima. El mismo día que Xi se dirigió a sus tropas, también se anunció la realización de maniobras navales en el estrecho de Taiwán el 18 de abril. (Foto: Gerry Pink, Flickr)