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THE ASIAN DOOR: La natalidad en China amenaza la revolución tecnológica. Águeda Parra

China está apostando fuertemente por convertirse en una economía avanzada en la próxima década. Las iniciativas del gobierno de Xi Jinping están diseñadas para favorecer la modernización de su industria en una transición desde una economía basada en la manufactura a otra más orientada a los ingresos procedentes de la alta tecnología y el sector servicios. Parte del éxito vendrá definido por el cambio de paradigma que supone fomentar la economía digital como motor del desarrollo económico del país. Pero eso es sólo una parte de la historia, ya que la cuestión demográfica puede resultar ser el principal freno para que se consolide una verdadera revolución digital.

Conseguir mantener el nivel de desarrollo económico que necesita el país en 2030 supone alcanzar una población de 1.450 millones de personas, desde los 1.390 millones registrados en la actualidad, cifra que comienza a no ser alcanzable en estos momentos. La fecha de 2030 destaca en el calendario diseñado por Xi Jinping como el momento en que China habrá logrado retos significativos para el desarrollo de su economía. Proyectos del tipo Made in China 2025, Healthy China 2030, al que se sumará el que China se convierta en líder mundial en inteligencia artificial son parte de los retos planteados por Xi Jinping para los próximos años. Para esa fecha, también estarán operativas las principales infraestructuras planteadas dentro de la iniciativa de la nueva Ruta de la Seda, mejorando la integración regional de China en Asia y la conexión comercial con los mercados europeos.

La creciente clase media china, que se espera sea la responsable de un incremento significativo en el consumo interno del país, estará formada en 2030 por 480 millones de personas, cerca del 35% de la población mundial. Sin embargo, China contará con más personas mayores de 65 años que menores de 14 años, al sumar 100 millones más de chinos a los ya 158 millones que forman parte de este grupo senior en 2017, según datos del National Bureau of Statistics (NBS). Esto es sumar una población envejecida que equivale a la de España e Italia juntas.

El número de nacimientos no mejora las estimaciones a futuro, ya que en 2017 nacieron 630.000 niños menos que el año anterior, alcanzando la cifra de 17,23 millones de nacimientos al año, según NBS. Cifra sensiblemente inferior a los 17,86 millones de niños nacidos en 2016, primer año después de levantarse la prohibición de la política del hijo único que ha estado funcionando en China casi cuatro décadas desde 1979-2015. Tras el levantamiento de la restricción se produjo un aumento notable en el número de nacimientos respecto a la cifra de 16,55 millones de nacimientos en 2015, pero que no alcanzan, sin embargo, las expectativas del gobierno.

La posibilidad de tener un segundo hijo llega en un momento en el que China ha experimentado un sorprendente desarrollo económico, con mayor acceso a la educación y a la tecnología, formada por una sociedad más inclinada al gasto y a asumir mayores deudas que generaciones anteriores. Las familias dedicadas al cuidado de un único hijo han dispuesto de mayores recursos para la adquisición de dispositivos electrónicos, para la compra de vehículos y para realizar turismo. De hecho, China es el gran referente del e-commerce, y eventos como el día del Soltero organizado cada año por Alibaba el 11 de noviembre pone de manifiesto el entusiasmo que genera el consumo en el país.

De no conseguir mejorar los ratios de natalidad, la economía china comenzará a registrar índices de crecimiento inferiores al 7% actual, que podría situarse en un 5% en 2020 y alcanzar un 4%, o inferior, en 2030, según algunos analistas. Esto significa que China dispone únicamente de unas dos décadas para conseguir pasar al nivel de riqueza de ingresos altos, una vez que el Banco Mundial ya considera al país en la categoría de ingresos medio-altos al situarse entre los 3.956 – 12.235 dólares de ingresos brutos nacionales per cápita en 2016.

Una generación que rebosa espíritu emprendedor, al que se une una aportación de talento tecnológico femenino que está impulsando fuertemente la revolución digital forman la combinación perfecta para no encontrar ningún aliciente a la presión del gobierno por tener un segundo hijo. La falta de ayudas gubernamentales a la natalidad y la necesidad de costear los gastos médicos y el cuidado de los padres son parte también de los motivos que inclinan a los jóvenes chinos a no decantarse por la eliminación de la política del hijo único. Ante esta situación, no cabe otra cosa que la reflexión y acción inmediata del gobierno central para tratar de no fallar en los objetivos de progreso económico y social del país por una cuestión de natalidad mal planificada.

JD com

THE ASIAN DOOR: JD.com y Google se alian en plena guerra comercial. Águeda Parra

La mayor batalla del mundo por la supremacía en tecnología se está librando en China. Es momento de mirar hacia el gigante asiático para encontrar el entorno de desarrollo de I+D más innovador y disruptivo que está creando un ecosistema digital donde se desenvuelven empresas como JD.com, comúnmente conocida como el Amazon de China. Fundada por Richard Liu en 1998 en Beijing, el paso al negocio digital lo realizó en 2004 para convertirse en la competencia directa de Tmall, propiedad de Alibaba. Con una plantilla de 150.000 personas, los buenos resultados están favoreciendo que incremente su cuota de mercado del 22%, de hace un año, al 33% actual, según los analistas.

Con un valor de mercado de 55.000 millones de dólares, está considerada como uno de los diez unicornios chinos menos conocidos hasta el momento, pero del que se va a empezar a hablar, y mucho, a partir de ahora. Su rápida expansión internacional por Tailandia, Indonesia, Vietnam e incluso Europa, cuenta con una oficina en París desde principio de año y ha cerrado acuerdos con socios españoles y marcas europeas, principalmente en el sector del lujo, da muestra de su enorme potencial.

Es el caso del anuncio de Google el pasado 18 de junio de invertir en JD.com 550 millones de dólares para ayudar a la compañía a continuar su expansión fuera de China, poniendo de manifiesto el interés de las grandes tecnológicas americanas por participar del creciente ecosistema digital chino. Como resultado del acuerdo, Google recibirá 27 millones de acciones ordinarias Clase A de JD.com quien aportará su ventaja competitiva en la cadena de suministro y logística en China mientras se beneficia de la fortaleza de la tecnología de Google para desarrollar nuevas infraestructuras minoristas que mejoren la experiencia de compra.

Con el acuerdo, Google busca frenar la expansión de Amazon.com en los mercados asiáticos, además de permitirle fortalecer su relación con Walmart, que posee el 10% de JD.com. De igual forma, JD.com pretende desafiar el dominio de Alibaba gracias a la promoción de sus productos a través de Google Shopping. El rápido crecimiento de la clase media en China ha sido un elemento importante en la valoración de la inversión, pero también lo ha sido el hecho de que China sea el país donde se produce el mayor número de descargas de aplicaciones y que cuenta con el ingreso más alto por aplicación al año y, sin embargo, no cuenta con la presencia de las FANG (Facebook, Amazon, Netflix y Google) al haber conseguido China desarrollar aplicaciones propias que reproducen las funcionalidades de éstas.

Justo en el momento en el que parece que comienza a recrudecerse la guerra comercial entre Estados Unidos y China, resulta más evidente que el plan Made in China 2025 será un éxito, incluso con la oposición de la administración Trump. El enfrentamiento con el fabricante de equipos de telecomunicación ZTE ha puesto de manifiesto que China todavía está retrasada en ciertas tecnologías fundamentales, como la de microchips. De ahí que para el gobierno chino sea primordial impulsar con mayor determinación los objetivos previstos en el plan Made in China 2025 de modernización e innovación de los sectores claves para el desarrollo del país.

Los grandes titanes chinos están siendo los principales embajadores de los avances tecnológicos que pretende Made in China 2025, con Tencent y Alibaba como referentes de la revolución digital del país. El plan forma parte del ideario de Xi de conseguir el “sueño chino” mediante un “gran rejuvenecimiento de la nación china”, y las innovaciones que se están incorporando en el ámbito del e-commerce y las FinTech están revolucionando una economía digital con avances que todavía tardarán años en verse en Estados Unidos. En China, los titanes tecnológicos están aplicando la potencialidad del big data y la inteligencia artificial a las peculiaridades del mercado chino, desmarcándose de los desarrollos occidentales y haciendo que la economía china sea cada vez menos dependiente de tecnología extranjera.

China alberga a 9 de las 20 mayores compañías tecnológicas del mundo. Por su valor de mercado, Apple, Amazon, Microsoft, Alphabet y Facebook forman el Top5, seguidas de Alibaba y Tencent, en una clasificación en la que también aparecen Baidu y Xiaomi. De ahí que la gran revolución digital que está experimentado China haya impulsado a que Google, bloqueado en el país desde 2010, busque alianzas con socios locales, como Tencent, Huawei, Xiaomi y Baidu para que distribuyan Google Play Store en sus propias App Store.

Google cuenta con mayor presencia en el país desde que en 2017 se volviera a relanzar el Traductor de Google y se haya incorporado su tecnología ARCore de realidad aumentada y virtual a través de Xiaomi y Huawei. Asimismo, a finales del año pasado Google también anunciaba la apertura de un laboratorio de Inteligencia Artificial en Beijing para facilitar el acceso al talento del país, toda una serie de iniciativas orientadas a participar del momentum de transformación digital que se está produciendo en China.

Made in China

THE ASIAN DOOR: Made in China 2025 en el radar de los aranceles de Trump. Águeda Parra

Una de las grandes claves que marca la era Xi es la apuesta de China por la innovación. Entre los futuros titulares que puedan resumir el s.XXI, muy posiblemente aparecerá la figura de China como gran impulsor de las nuevas tecnologías y su aplicación a modelos de crecimiento económico. Modelos que, basados en la economía digital, permitirán al gigante asiático potenciar el desarrollo del país muy por encima de cómo ha venido siendo hasta el momento.

Aunque las grandes economías desarrolladas no terminan de asumir que el gigante asiático forma parte del grupo de potencias que apuestan por el desarrollo tecnológico como elemento clave de transformación, la verdad se impone y China ha llegado al ecosistema de la economía digital para quedarse. Pero no como mero observador pasivo de los avances que otros actores impulsan, sino como promotor de lo que se ha venido a denominar como economía digital.

El paradigma de China es que cuánto más rápido avance en adaptar su modelo de desarrollo a la economía digital, más rápido conseguirá transformar las empresas nacionales en entidades más competitivas, más globales y mejor posicionadas en la cadena de valor. El Made in China pasará a convertirse en un concepto obsoleto del modelo de crecimiento económico, evolucionando al Designed in China, para lo cual el presidente Xi ha impulsado varias iniciativas donde el desarrollo en economía digital es el principal objetivo.

Destacan el XIII Plan Quinquenal de China (2016-2020), la iniciativa Made in China 2025, concebida en 2016, el Plan de Desarrollo de la industria robótica (2016-2020), y el Plan de Implementación a 3 años de la Inteligencia Artificial como parte de la iniciativa “Internet Plus”, lanzado en 2016. El uso de las tecnologías de la información como el Big Data, el Cloud Computing y la Internet de las Cosas (IoT) son ya parte fundamental de la transformación que están experimentando las industrias tradicionales chinas, que alcanza a los sectores de la manufactura, las finanzas, la agricultura y la medicina.

De todas, la iniciativa con mayor momentum en 2018 es Made in China 2025 “中国制造 2025”. Aunque inspirada en el modelo “Industria 4.0” de Alemania, que busca “fábricas inteligentes” a través de aplicar las tecnologías de la información a la producción, el modelo chino es aún más ambicioso, con cuatro grandes diferencias. La primera, Made in China 2025 no es sólo innovación, sino que se enfoca a todo el proceso de manufactura. La segunda, la iniciativa se extiende a todo tipo de empresas, avanzadas, tradicionales y de servicios. La tercera, cuenta con gran involucración gubernamental y, por último, se han establecido medidas específicas de innovación, calidad, manufactura inteligente y producción verde.

Con ello, Made in China 2025 alcanzará una producción de contenido nacional de componentes y materiales básicos del 40% en 2020, y del 70% en 2025. La creación de 15 centros de innovación en manufactura en 2020, que llegarán a 40 en 2025, será determinante para favorecer que las industrias chinas den este “gran paso adelante” hacia la transformación digital, valiéndose del mejor talento nacional para conseguirlo.

La mano está tendida a que la inversión extrajera participe de la iniciativa, a través de joint-venture con empresas de nuevas tecnologías de información avanzadas, de robótica, del sector aeroespacial y aeronáutico, de equipamiento marítimo, de transporte ferroviario, de vehículos de energías renovables, de equipos de energía, de equipamiento agrícola, de nuevos materiales, y de Biofarma, que componen los 10 sectores más relevantes de la iniciativa.

Sin embargo, la posibilidad de que se establezca este tipo de cooperación entre China y las empresas americanas no parece muy factible, una vez que la guerra de aranceles abierta entre Estados Unidos y China parece tener a la iniciativa Made in China 2025 en el punto de mira. No existe tanta preocupación por el desequilibrio comercial entre ambos países, sino el miedo de Washington por el avance tecnológico de su rival.

Aún cuando las políticas de Trump consigan reducir el déficit comercial récord de 375.000 millones de dólares que Estados Unidos alcanzó en 2017 con el gigante asiático, y que con esta táctica pretende reducir en 100.000 millones de dólares, el objetivo principal es frenar a Xi y su iniciativa de desarrollo tecnológico que representa Made in China 2025. Si el gigante asiático llegara al año 2025 con un potencial tecnológico similar al de Estados Unidos, supondría que la distancia entre ambas potencias se habría reducido tanto como para que ambas ya jugaran en la misma liga sin diferencias. (Foto: Firestartr, Flickr)