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Uigures: una historia trágica (2) Nieves C. Pérez Rodríguez

El Estado chino en su constante afán por controlar y vigilar a su pueblo, y con la excusa de mantener la unidad y prevenir cualquier posible conflicto interno, creó los centros vocacionales, de acuerdo al nombre oficial, o campos de concentración de acuerdo a quienes han sido víctimas o han estado recluidos allí. La BBC sostiene que a día de hoy debe haber alrededor de un millón de personas detenidas en estos centros que son obligadas a estudiar el comunismo, repetir cánticos al Estado chino y expresar su agradecimiento a Xi Jinping y abandonar sus prácticas religiosas a base de maltratos, fuerza e intimidación.

La gran mayoría de los recluidos en estos centros son uigures, la minoría musulmana que geográficamente se encuentran en Xinjiang, la región autónoma china de mayor dimensión ubicada al oeste del territorio. Tal y como se afirmaba en la primera entrega, los uigures constituyen una etnia que han sido perseguida por el Estado chino bajo la acusación de que son extremistas religiosos capaces de ejecutar atentados terroristas.

El Global Times -que refleja la política del Estado chino- ha publicado editoriales en los que básicamente exponen el riesgo de que la región de Xinjiang se convierta en la Siria o la Libia de China. No es más que la visión que el Partido Comunista Chino quiere difundir para poder justificar sus acciones. Aunque ciertamente ha habido ataques terroristas en la región, la  represión  a la tienen sometido a los uigures no se corresponde con el número de incidentes y/o células islamistas identificadas en la zona.

En septiembre de este año, la organización Human Rights Watch publicó un informe de más de cien páginas que contiene una larga lista de las arbitrariedades de la que es víctima esta minoría a manos del gobierno chino. “A lo largo de la región, la población musulmana turca de 13 millones de personas está sujeta a adoctrinamiento político forzado, castigos colectivos, restricción de movimiento y comunicación, mayores restricciones religiosas y vigilancia masiva que viola los derechos humanos”, reza el informe.

Asimismo, el pasado agosto, el comité de eliminación racial y discriminación de Naciones Unidas, describía los centros de internamiento masivos cómo “una zona de no derechos”.

Las consecuencias llegan hasta los niños, pues muchos hijos de uigures que han estado o se encuentran actualmente recluidos son considerados huérfanos por las autoridades. Según Emily Feng, la corresponsal de Financial Times en Beijing, se está retirando a los niños incluso cuando sus familias están dispuestas a cuidarlos. “Si la teoría es que el gobierno chino está tratando de erradicar la identidad de los uigures, entonces tiene mucho sentido perseguir a la próxima generación de niños uigures mientras sus padres son detenidos y reeducados”, sostiene.

Además, ha habido un esfuerzo en repoblar la región de Xinjiang. El gobierno local de Xinjiang ha prometido casas sin coste y bonos extras a profesionales universitarios que estén dispuestos a trasladarse a vivir y trabajar allí. Les ofrecen contratos por 5 años de duración y viviendas que cambian de dimensión de acuerdo al nivel académico alcanzado. A más nivel más metros cuadrados. Entre otros beneficios están 30 días de vacaciones y subsidios de pasajes a familiares que viajen hasta Xijiang para visitarlos. Otra política que a largo plazo irá modificando la esencia autóctona de la región, y la convertirá más pro-partido comunista chino.

De acuerdo al servicio de chino de noticias, en tan sólo seis meses las autoridades de Xinjiang han atraído 661 profesionales con másters. Y para el 2019 tienen previsto planes de reclutamiento en Universidades de Beijing y en las ciudades de Hubei y Henan -en el centro de China- y en la provincia de Jiangsu -ubicadas al este del país-.

A pesar de la escasa información de las recurrentes violaciones a los derechos de los uigures, en los últimos seis meses de este año ha habido un ligero despertar internacional y no sólo de organizaciones internacionales sino de Estados.

El pasado agosto, dieciséis senadores estadounidenses enviaron una nota desde el Congreso al Departamento del Tesoro y al Departamento de Estado para pedir abrir una investigación, que seguramente acabará en sanciones al gobierno chino, por la violación de los derechos humanos de esta minoría. Al que el gobierno chino al día siguiente contestó que las minorías étnicas en chinas tienen libertad religiosa, mayor incluso que los Estados Unidos. Es hora que a China se le denuncie y sancione más internacionalmente con consecuencias económicas que tengan repercusión en su desarrollo económico. (Foto: Lorenzo Fiorilli, flickr.com)

Huawei

Extradición de un alto ejecutivo chino, la nueva diplomacia de Washington. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Las relaciones comerciales y diplomáticas entre Beijing y Washington han estado en una cuerda tensa durante meses, gracias a la determinación del presidente Trump de equilibrar el déficit comercial que el año pasado se cerró en 377 mil millones -a favor de China- y de proteger la economía estadounidense.

La posible guerra comercial parecía enfriarse, o al menos daba la sensación de que se concedía una tregua a raíz del encuentro del G20 en el que Xi Jinping y Trump acordaron un plazo de 90 días para imponer el aumento de tarifas a productos chinos que deberían haber entrado en vigor a principios del año nuevo. Sin embargo, la Administración Trump no baja la guardia y, por el contrario, solicita a Canadá la extradición de Meng Wanzhou, la directora financiera de tecnología de la multinacional china Huawei, especializada en móviles y alta tecnología, lo que cambia el escenario completamente y pone en jaque las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.

Huawei es la compañía de telecomunicaciones más grande del mundo y la segunda que más móviles inteligentes vende, según Forbes. Fundada en 1987 por Ren Zhengfei, ex militar chino y padre de la actual directora financiera, quién se encontraba en Vancouver y fue detenida por las autoridades canadienses a petición de Estados Unidos, y quien tendrá que comparecer en un tribunal en New York.

La línea entre las grandes multinacionales chinas y el Estado chino siempre se cruzan. En el gigante asiático todo pasa por el Estado y el Partido Comunista chino. En varias ocasiones se han visto funcionarios chinos expresando su deseo de exportar tecnología 5G, por citar un ejemplo, que es una de las grandes áreas comerciales de Huawei. El estado chino ha financiado compañías como ésta para impulsar su crecimiento internacional, porque son fuentes de riqueza, de penetración e influencia global.

La multinacional, a principios de año, anunció que tiene firmado acuerdos con 45 operadoras mundiales. Pero también podría ser una especie de máquina de espionaje industrial y estatal, en el que Beijing consigue información privilegiada gracias a la penetración de estos sistemas.

A mediados de año, hubo un antecedente con ZTE, otra compañía de telecomunicación china a la que la Administración Trump casi envía a la quiebra por haber violado las sanciones contra Irán, en la que el mismo Xi Jinping se vió obligado a mediar para salvarla. Lo que prueba que las autoridades estadounidenses llevan meses investigando estas multinacionales, sus negocios, relaciones comerciales y sus labores de espionaje.

En julio, Gran Bretaña publicó un informe oficial que explicaba los brechas y problemas técnicos de Huawei, en el que se afirmaba que habían abierto las redes de telecomunicación del país a nuevos riesgos. En agosto, Australia y Nueva Zelanda vetaron a ésta misma multinacional para ser proveedores de la red 5G. Y la razón del veto fue el peligro que representa para el Estado. Paralelamente, tanto Corea del Sur como Japón están también evaluando las operaciones de dicha empresa en sus territorios, y el Estado nipón ya decidió sacar tanto a ZTE como a Huawei de sus licitaciones públicas.

La solicitud de la extradición de Meng Wanzhou, es en sí misma un giro diplomático importantísimo que no tiene precedentes al que China podría responder con una acción semejante, pues esta ejecutiva china forma parte de una de las familias más influyentes y poderosas en China, que seguramente cuenta con acceso directo a Xi Jinping.

También llama la atención la discreción con la que se manejó el hecho durante los primeros días, ninguno de los Estados se manifestó inmediatamente o tan siquiera fue filtrado a la prensa hasta pasados varios días de haber sido capturada por Canadá.

La violación de unas sanciones de Irán que supuestamente Huawei no respetó, y razón de la detención de la directora de esta multinacional son sin duda la primera razón, y en este sentido la agencia Reuters informó que las transacciones fueron hechas a través del banco británico HSBC. Pero en el fondo la amenaza de “poner en riesgo la Seguridad Nacional” es una razón perfectamente defendible y altamente justificable para bloquear las operaciones de cualquier multinacional.

Las implicaciones de que los países más poderosos, y potencialmente los clientes más atractivos, estén bloqueando multinacionales chinas abre un nuevo escenario que obligará a Beijing a jugar bajo la normativa de respeto de la normativa internacional y la privacidad, si quieren seguir expandiendo sus negocios. Para formar parte del club de los grandes no sólo hay que tener dinero, sino que hay que jugar bajo las reglas del club.

Espiral

¿Pero qué pasa con el mundo? Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- En los últimos días parece que se han soltado a los jinetes del apocalipsis. Por un lado los tremendos huracanes que han golpeado sin piedad a las islas del Caribe, las costas de Florida y los múltiples terremotos que han azotado a México; por otro el presidente Trump que aparece en el foro internacional que ha mantenido la paz relativa en el planeta durante más de medio siglo afirmando sin ninguna delicadeza que su prioridad es y será América primero, dejando por el suelo la esencia de Naciones Unidas y menospreciando su trayectoria y los logros en la estabilidad del mundo. Y, por si fuera poco, rematando su discurso con la amenaza de la destrucción total de Corea del Norte.

Si el discurso de Trump sorprende, la respuesta a éste tampoco deja a nadie inadvertido. Kim Jong-un afirma que “domará con fuego al viejo chiocho estadounidense mentalmente desquiciado”. Lo que en otras palabras viene a ser lanzamiento de más misiles, que si además tomamos las declaraciones hechas por el ministro de exteriores norcoreano se podría deducir que se están refiriendo a probar la bomba nuclear más potente sobre el Pacífico, lo que podría tener consecuencias fatales para la zona y los aliados estadounidenses en la región. Pero, además, Pyongyang podría estar intentando replicar lo que hizo China en la década de los 60 para demostrar su capacidad nuclear con una detonación atmosférica de un arma atómica, lo que le otorgó a China el reconocimiento de un estado nuclear.

La nueva dinámica de la diplomacia estadounidense es inédita. Mientras el presidente no modera su vocabulario con el uso de “hombre cohete” u “hombre loco” para definir a Kim Jong-un, bien sea en su cuenta de twitter o en sus discursos; el secretario de Estado Tillerson intenta normalizar la situación a través de reuniones privadas. Mientras, Nikki Haley, embajadora estadounidense ante la ONU, aumenta su zona de influencia en la diplomacia internacional y con un tono más regio ha ido dando pasos importantes, como las ultimas sanciones aprobadas por el Consejo de Seguridad en contra de Corea del Norte, las más severas hasta ahora, que otra vez contaron con el apoyo de China y Rusia.

Este paquete de sanciones prohíbe una serie de exportaciones norcoreanas, incluido textiles, carbón y mariscos, lo cual tiene el objetivo de eliminar un tercio de los ingresos por exportaciones del país. Las estimaciones indican que Corea del Norte exporta alrededor de 3.000 millones dólares en bienes cada año, y que las sanciones podrían eliminar 1.000 millones de dólares de ese comercio. Además, limita a 500.000 barriles de derivados del petróleo a partir de octubre y hasta 2 millones de barriles al año, de acuerdo a documentos oficiales de Naciones Unidas.

En lo que hay unanimidad es en el inminente peligro de Corea del Norte y sus juegos nucleares, que con cada prueba afina su capacidad atómica. Finalmente, las grandes potencias están alineadas para castigar el arbitrario comportamiento de Pyongyang y vigilar si el compromiso de China es total. Por primera vez, Kim Jung-un podría encontrarse en una situación de aislamiento absoluto y sin proveedor que satisfaga sus necesidades.

La paciencia parece agotarse en este lado del planeta. La noche del sábado sobrevolaron la zona desmilitarizada entre las dos Coreas bombarderos estadounidenses, otro aviso de Washington a Pyongyang, que de acuerdo al Pentágono “es un claro mensaje de que el presidente tiene muchas opciones militares para derrotar cualquier amenaza”. En pocas palabras, que están listos para atacar.

pistola 2

Sanciones, ¿por qué no?

Cada vez que se decide aplicar sanciones a países que suponen un riesgo para la seguridad o violadores de las normas internacionales con agresión a sus propios ciudadanos, surgen voces señalando lo inocuo de estas sanciones o lo que suponen de castigo real para sus habitantes más que para sus gobernantes. Pero, ¿son realmente poco efectivas las medidas de castigo económicos a los países que antes se llamaban “canallas”?

Parece obvio que en algunos casos las sanciones económicas han contribuido a desbloquear algunas situaciones o han servido de incentivos para acabar con situaciones de abierto desafío a las reglas de la convivencia internacional, o de las leyes básicas de respeto a los derechos humanos. Por ejemplo, ocurrió así en Sudáfrica al final del régimen del apartheid y ha ocurrido así con el régimen de Teherán, que ha tenido que rebajar sus aspiraciones a construir un arsenal nuclear militar para lograr unas relaciones con Occidente que le permitan hacer frente a los problemas que para su economía y sus relaciones regionales están planteando las sanciones económicas, y las dificultades para poner en el mercado el petróleo iraní.

Pero también es cierto que hay casos emblemáticos, como el de Cuba, en el que décadas de restricciones económicas, que no boicot, por parte de Estados Unidos no han servido para ablandar el régimen tiránico. Aunque hay que decir que nunca se aplicaron a Cuba sanciones coordinadas internacionalmente y con compromiso general de cumplirlas.

Así las cosas, ¿Qué van a suponer las sanciones para Corea del Norte? En primer lugar, un mensaje renovado. La gran arma económica de la dictadura es, desde hace décadas, el chantaje con el miedo a desestabilizar la situación en Extremo Oriente. Y Occidente, má allá de mensajes altisonantes, había reaccionado hasta ahora cediendo con más o menos discreción y aceptando nuevas ayudas a la dictadura. Pero ahora algo ha cambiado, Estado Unidos ha enseñado algo más los dientes, China y Rusia apoyan sanciones al margen de que luego las apliquen o no, y el dictador, aunque aún sin grandes temores, ve que se le estrecha el margen de maniobra. Tal vez la reacción de Trump no se encuentre en el marco de un plan estratégico nuevo, pero parece que al menos ha sentado las bases para un nuevo escenario en el que Corea del Sur y Japón tienen que ir más allá de protegerse bajo el paraguas norteamericano; China, que no está dispuesta a deshacerse de la dictadura, tiene que jugar otra partida en la que tal vez  obtenga ventajas y Rusia ve una vuelta a su escenario oriental. La nueva situación coreana, y las sanciones son parte de ella, plantea más incertidumbre, pero ha salido del bucle de fondos a cambio de menores amenazas en que Occidente estaba instalado frente a Corea del Norte.