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Evento: Inteligencia Artificial. Diálogos España-China para la sociedad del futuro. Isabel Gacho.

El pasado 12 de junio, la Fundación consejo España China organizó el seminario “Inteligencia Artificial: Diálogos España-China para la sociedad del futuro”. Teniendo en cuenta que se espera que para 2030 China se convierta en líder en el campo de la IA, el seminario nos brindó una oportunidad única para escuchar de primera mano a las empresas chinas que están desarrollando este tipo de tecnología. La jornada, moderada por Esther Paniagua, abordó el tema desde distintos puntos de vista, sirvió de foro para un interesante debate y puso de manifiesto el interés de las empresas chinas del sector en cooperar con empresas españolas.

El primer panel, “IA: retos y oportunidades para la sociedad del futuro”, contó con representantes de iFlytek, líder de la tecnología de reconocimiento de voz, EIN PLUS, experta en chatbots y Malong Technologies, especializada en visión artificial. “La IA puede superar las capacidades humanas del 90% de la población en capacidad computacional e inteligencia sensorial y cognitiva”. Du Lan, vicepresidenta de iFlytek ilustró esta tesis con ejemplos como el de AlphaGo (el primer programa informático capaz de ganar a un jugador profesional de Go) o el sistema de imitación de voz que ellos desarrollan.

Los panelistas coincidían en que la IA está todavía en desarrollo, pero cuenta con un enorme potencial. “Ahora las personas nos adaptamos a los softwares, pero queremos que las maquinas se adapten a nuestras necesidades”, decía Wang Shokun, presidente y fundador de EIN PLUS. “La auténtica IA tiene que ayudar a las personas a ser más inteligentes, pero todavía está aprendiendo de nosotros” apuntó Ke Yubei, director de expansión internacional de Malong Technologies.

El segundo panel “IA: transformando sectores económicos” contó con Feng Zongliang, socio de Metro DataTech, Tong Jiarui, director de desarrollo de Yixue Education y Ding Lei, director y CEO de Wood AI. Se abordaron las posibilidades que ofrece la IA en los sectores inmobiliario, de educación y de medio ambiente.

El debate estuvo marcado por los retos que supone esta tecnología en términos éticos, de seguridad y de empleo. Es este último sentido, los panelistas eran optimistas y consideraban sus productos como herramientas y no como fines en sí mismos. Entendiendo, además, que las tecnologías disruptivas siempre causan temor al principio. “Con la llegada de la fotografía los pintores supieron adaptarse y explorar otras vías” apuntó Feng Zongliang. Según Du Lan “Las profesiones menos sustituibles serán aquellas que requieran imaginación, emoción y sentimiento. ¿Hacia dónde vamos? Hay que juzgarlo, pero la combinación entre la inteligencia artificial y la humana es la tendencia”

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THE ASIAN DOOR: China se apunta a la rivalidad tecnológica. Águeda Parra

Los avances en la economía china durante las últimas décadas han sido lo suficientemente significativos como para que la segunda potencia mundial haya consolidado su posicionamiento como actor relevante en cuestión de gobernanza global. La presencia de China se considera incuestionable ya en todos los ámbitos y, ante el proteccionismo que promulga Estados Unidos, el gigante asiático está respondiendo con la promoción de un comercio más global e inclusivo.

El protagonismo creciente del dragón dormido está aflorando la rivalidad que existe entre las dos primeras potencias mundiales. La economía china ha crecido durante el primer trimestre del año al 6,8%, y mantiene una previsión de crecimiento estable gracias a un mayor consumo interno y al repunte de la inversión privada, que ha alcanzado valores similares a 2015. En el corto plazo, la economía china podría sobrepasar el PIB de los 19 países de la zona euro durante 2017, y mantener ese ritmo creciente, según datos de Bloomberg. Mientras en el horizonte económico a más largo plazo, se considera que 2032 será el año en el que China arrebate a Estados Unidos el liderato en la clasificación de potencia mundial, teniendo en cuenta el poder económico, la fuerza militar y la capacidad tecnológica.

Para lograrlo, en la era Xi Jinping, se está poniendo un especial énfasis en promover que el crecimiento económico y social del país también esté vinculado a fomentar la innovación y a impulsar un mejor posicionamiento mundial a nivel tecnológico, donde la inteligencia artificial, la economía digital, y el e-commerce están jugando un papel diferencial. Alibaba y Tencent están liderando la revolución tecnológica, pero muchas otras startups chinas están aportando innovación al ecosistema digital. Con este trasfondo, la guerra comercial abierta entre Estados Unidos y China tiene de base el objetivo de reducir el déficit comercial histórico entre ambos países, pero el detonante es la amenaza de una creciente rivalidad en desarrollo de I+D.

La preocupación de Estados Unidos procede de que en 2013 el gasto anual en I+D en China ya era 30 veces superior al de 1995, alcanzando los 234.000 millones de dólares en 2016. Y las publicaciones han seguido este ritmo. China es el segundo país que más gasta en I+D, aporta el 20% del total del gasto mundial, como resultado del fuerte compromiso de anteriores líderes chinos por impulsar el desarrollo de la ciencia y la tecnología. El reto es conseguir que China desarrolle rápidamente su propia capacidad de innovación y conocimiento científico, y dejar así de depender de medios extranjeros, impulsando los estándares propios.

El salto de China de un país de imitación a uno centrado en la innovación se aprecia en el creciente número de recursos disponibles que el gobierno chino está gestionando para mejorar la situación de la ciencia y la tecnología en el país. Y, con ello, la promoción del talento chino, pero también extranjero, creando las mejores condiciones para que los laboratorios del gigante asiático puedan competir e eclipsar los desarrollos conseguidos por los competidores occidentales. Esto ha supuesto que la Fundación Nacional para la Ciencia de Estados Unidos registrara en 2016, por primera vez, un número mayor de publicaciones científicas desde China que desde Estados Unidos, 426.000 frente a 409.000. Sin embargo, el avance es menor si hablamos de calidad, puesto que Estados Unidos sigue manteniendo el Top 1 en número de artículos citados, mientras China se sitúa por debajo del 1%.

El posicionamiento creciente de China en I+D responde a un incremento exponencial de universitarios que eligen los campos de las ciencias y la ingeniería para desarrollarse profesionalmente, constituyendo la mejor base de conocimiento de la economía avanzada a la que aspira China. En la última década, el gigante asiático ha alcanzado el Top 1 en número de estudiantes universitarios con títulos en ciencias e ingeniería, tendencia similar a la seguida por la concesión de doctorados que se ha multiplicado por diez entre 2000 y 2006. De hecho, desde 2007, China es el país que mayor número de títulos de doctor otorga en la especialidad de ciencias e ingeniería.

La calidad es otro punto a tener en cuenta en la enseñanza y concienciación en conocimiento científico. Hoy por hoy no hay competencia para Estados Unidos en la clasificación de mejores universidades del mundo, liderada por Massachusetts Institute of Technology (MIT), con Stanford y Harvard ocupando el segundo y tercer puesto. Pero las universidades chinas avanzan posiciones rápidamente, y ya son tres las que aparecen en el Top 50 mundial, Tsinghua University (25), Beijing University (38) y Fudan University (39), según QS World University Ranking de 2018. Esta posición mejora significativamente en la clasificación por especialidades, con dos universidades chinas en el Top 20 en el campo de ingeniería y tecnología, Tsinhua University (10) y Beijing University (20).

China está fomentando el talento, y reclutando aquél que todavía cursa estudios en Estados Unidos, ofreciendo mejores condiciones laborales y un mejor desarrollo profesional. Teniendo en cuenta los avances de esta última década, es previsible que incluso en menos tiempo la determinación de China consiga situarle como promotor mundial de las nuevas tendencias tecnológicas. (Foto: Stephanie Simos, Flickr)

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THE ASIAN DOOR: China, el dragón de las FinTech. Águeda Parra

La revolución tecnológica es una de las grandes señas de identidad del siglo XXI. Durante este período, el mundo será testigo de grandes innovaciones que afectarán a las costumbres y hábitos de una sociedad que está inmersa en un frenesí de cambios tecnológicos. En este principio de siglo, los avances en cloud computing, las múltiples aplicaciones de la inteligencia artificial, y el big data, están siendo los grandes protagonistas de redefinir cómo la sociedad interactúa con el entorno, mientras las empresas se encuentran obligadas a adaptar sus procesos para hacerse más ágiles, más dinámicas, y más innovadoras al fin y al cabo.

De ahí la aparición de las FinTech, empresas que combinan las finanzas con la tecnología para prestar nuevos servicios financieros basados fundamentalmente en las innovaciones que proporciona la tecnología en este ámbito. Uno de los mercados más conocidos donde operan las FinTech son en el entorno de los medios de pagos digitales, aunque el sector lo componen otros mercados claves que incluyen, por ejemplo, los préstamos en línea, la gestión de finanzas personales, y los seguros online, entre los más destacados.

Y si hablamos de medios de pago digitales, China está emergiendo como una gran potencia en el mercado FinTech no sólo en el ámbito de Asia Pacífico, sino también globalmente gracias a que el gigante asiático es el líder mundial indiscutible del mercado del e-commerce. De hecho, el milagro de las FinTech en China se entiende gracias a una población experta en tecnología, donde las nuevas generaciones de nativos digitales son los grandes referentes para modelar el futuro del e-commerce y la economía digital mundial.

A finales de 2017, China registró un nuevo record en usuarios de Internet, alcanzando los 772 millones de internautas, que representan un ecosistema digital mayor que toda la población de Europa, que alcanza los 744 millones de personas. A lo que hay que sumarle un incremento en los ingresos de una clase media creciente que consume cada vez más y es capaz de generar un gasto en e-commerce en 2016 de  782.000 millones de euros, mayor que el registrado por Estados Unidos y Reino Unidos juntos.

Todo ello favorece que las inversiones FinTech realizadas en China durante los últimos años se hayan disparado. Entre julio de 2015 y junio de 2016, se alcanzó la cifra de 8.800 millones de dólares, lo que supone un incremento del 252% respecto a 2010. Situación a la que ha contribuido la irrupción de nuevos modelos innovadores de firmas tecnológicas chinas que han nacido en la última década, como es el caso del servicio de mensajería más famoso de China, WeChat, lanzado en 2011. Plataforma que ha sido esencial para que 688 millones de chinos pudieran realizar el envío durante la pasada celebración del Año Nuevo chino de 46 billones de hongbao, los tradicionales sobres rojos en su modalidad digital, superando con creces los 7,6 billones de pagos realizados por PayPal durante todo 2017.

Otro de los gigantes tecnológicos de China presenten en el sector FinTech es Alibaba que, con Tencent, se reparten el 90% de los pagos digitales en China, a través de las plataformas de Alipay de Alibaba, con un 54% del mercado, y TenPay de Tencent, con un 37%. La expansión del turismo chino se ha convertido en el gran aliado de los gigantes del e-commerce, ya que tanto Alipay como WeChat Pay son los medios de pago utilizados por los 135 millones de turistas chinos que gastaron 261.000 millones de dólares en sus viajes en el extranjero durante 2016.

En China, los sectores del e-commerce y los seguros online están liderando la industria FinTech, de modo que no es extraño que China cuente con 8 de los 27 “unicornios” FinTech, es decir, las startups que los inversores valoran por encima de los 1.000 millones de dólares, mientras Estados Unidos cuenta con 12, demostrando que una parte importante de los nuevos unicornios FinTech está naciendo en China. Una prueba más de que las empresas chinas se están haciendo globales y son las actuales líderes mundiales de la industria FinTech.

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THE ASIAN DOOR: A los unicornios les gusta China. Águeda Parra

Hasta hace unos años, era normal que Estados Unidos fuera el país que contara con un número mayor de unicornios, es decir, las denominadas startups tecnológicas de inversión privada que tienen un valor superior a los 1.000 millones de dólares. Sin embargo, con el milagro tecnológico que está experimentado China en los últimos años, los unicornios comienzan a proliferar fuera de Silicon Valley y emprenden su estrategia de hacerse globales desde China hacia los mercados internacionales.

Durante 2017 ha seguido creciendo el número de empresas tecnológicas globales que se han convertido en unicornios, hasta 46 compañías, según un informe de CB Insights, situación que ha intensificado la competencia entre la primera y la segunda potencia mundial por conseguir situar un mayor número de unicornios en la clasificación mundial. Solamente en 2017, China consiguió crear 17 de estas grandes empresas tecnológicas globales, a poca distancia de las 19 compañías que aportaba Estados Unidos.

La carrera en estos años ha sido trepidante, y China ya sitúa a 56 titanes tecnológicos en la clasificación de 2017, cuando en 2014 solamente tenía 8 unicornios. Por tanto, no parece extraño que en el próximo lustro la situación cambie y China pueda comenzar a liderar la clasificación mundial de unicornios, una vez que ya ha adelantado a Europa en la creación de este tipo de empresas.

El desarrollo tecnológico en China ha sido el gran desencadenante de que el gigante asiático se esté disputando los primeros puestos en el Top 10 de unicornios más grandes del mundo en 2017. En esta clasificación, el gigante asiático aporta cuatro empresas, la firma de transporte Didi Chuxing, y el fabricante de teléfonos móviles Xiaomi, en segundo y tercer puesto, liderando el Top 3 la estadounidense del transporte privado, Uber. Los otros dos titanes tecnológicos se sitúan al final del grupo de los 10 principales unicornios, ocupando Lu.com y China Internet Plus Holding los puestos octavo y noveno, respectivamente.

Una de las principales ventajas que tienen los unicornios chinos es el tamaño del mercado en el que se desarrollan. Las dimensiones del gigante asiático facilitan que se puedan expandir y desarrollar nacionalmente. La competencia en el mercado chino y la amplia experiencia adquirida durante este tiempo terminarán por animar a los unicornios de creación China a que den el salto hacia los mercados internacionales, donde ya comienzan a realizar las primeras incursiones. Con ello, los unicornios chinos entrarán en competencia directa con las empresas extranjeras en su propio territorio, y la lucha no será únicamente por conseguir una mejor cotización bursátil, sino por quién capta un número mayor de usuarios.

Otro aspecto destacado es el uso masivo de la tecnología en la sociedad china, que cuenta con una clase media creciente que está ampliando su nivel de gasto, facilitando que se creen un número mayor de nuevos unicornios en torno al sector del e-commerce y de las plataformas online. Y son las grandes tecnológicas de China del sector de los pagos digitales las que están invirtiendo para desarrollar la industria, de ahí que el 46% de los unicornios chinos hayan recibido la participación de empresas como Baidu, Alibaba y Tencent, según el citado informe.

La irrupción de los unicornios chinos en la escena internacional ha supuesto una duplicidad entre las grandes tecnológicas mundiales, como Tencent, que es la versión china de Google, Didi que emula el negocio de Uber, y WeChat, que es lo más parecido a Facebook. Empresas que se están viendo favorecidas por el efecto de los “sea turtles”, nombre como se denomina a los graduados chinos en universidades extranjeras que deciden regresar a los centros tecnológicos de China donde se está apostando por la innovación y el talento. Durante 2016, 432.000 graduados decidieron que China aportaba mejores oportunidades para desarrollar su trayectoria profesional que las que podrían encontrar en Silicon Valley.

El mercado chino se mueve con rapidez, y el ritmo de crecimiento de la economía del 7%, muy superior al alcanzado por el resto de grandes potencias mundiales, favorece la creación de nuevos unicornios tecnológicos, impulsado, fundamentalmente, por la apuesta del gobierno chino de convertirse en la primera economía mundial en 2030. Los unicornios chinos han venido para quedarse, y para crecer en número cada año, de modo que dependerá del dinamismo tecnológico del resto de economías que haya competencia en la futura economía digital. (Foto: DWRL U. Texas, Flickr)

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THE ASIAN DOOR: Xi Jinping sin límite de mandato, China sin límite en la I+D. Águeda Parra

Con la decisión de la Asamblea Nacional Popular de China, del pasado 11 de marzo, de reformar la Constitución para eliminar la restricción del límite de dos mandatos para los presidentes, la era Xi Jinping no finalizará en 2023, sino que se prolongará, al menos, cinco años más. Esto significa ampliar el tiempo de llevar a cabo las reformas económicas iniciadas, y prometidas, por el presidente chino desde que tomara posesión del cargo en 2013.

El hecho de que exista la posibilidad de prolongar en más de dos mandatos la presidencia de China supone un mayor grado de centralización en la toma de decisiones y una mayor concentración del poder. Pero también significa iniciar, desarrollar e impulsar proyectos en los que Xi Jinping se ha implicado en primera persona como parte de su legado.

De finalizar el mandato de Xi en 2023, la celebración del centenario de la fundación del Partido Comunista Chino en 2021 sería la fecha en la que Xi Jinping mostraría al mundo los avances económicos y sociales alcanzados por China en las últimas dos décadas. Coincidiría con el final de su mandato, y no podría seguir impulsando otras iniciativas contempladas en el XIII Plan Quinquenal (2016-2020) que persiguen apostar por la innovación y la modernización del país como piedra angular para alcanzar la transición hacia una economía avanzada.

Por ello, el punto positivo de la consolidación del poder de Xi Jinping es que favorecerá que se alcance un mayor número de reformas estructurales en el corto plazo, impulsando aún más la transformación en la que está inmersa China, y en la que apenas ha recorrido la mitad del camino. Eliminar la limitación del mandato tendrá efectos positivos en los avances tecnológicos, no sólo en alcanzar el Made in China 2025, sino en establecer nuevos límites tecnológicos gracias a la apuesta en la era de Xi por la I+D.

En la era de Xi Jinping, el gasto en I+D ha sido una prioridad, aumentando en apenas un lustro un 70,9% desde 2012. El resultado ha sido que China destinó en 2016 el 2,1% del PIB a I+D, superando el gasto del conjunto de la Unión Europea (28), que alcanzó el 1,9%, aún lejos del 2,7% de Estados Unidos, el 2,9% de Alemania, y el 3,1% que dedica Japón, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

A pesar de que China disfruta de un menor bienestar social y económico que el resto de potencias, sin embargo, muestra una mayor determinación por situar en primera línea la I+D. Impulsar la creación de numerosos parques industriales de alta tecnología e incubadoras está situando a China como promotor mundial en inteligencia artificial, en robótica y en big data. El esfuerzo de China por liderar la I+D está llevando al país a dominar industrias como la nuclear, las energías renovables, los trenes de alta velocidad y los vehículos eléctricos. Todo ello hará que China consiga alcanzar el objetivo de convertirse en el líder mundial en tecnología en 2035.

Para ello, será importante desarrollar a las empresas nacionales. Hasta un total de 376 empresas chinas figuran en el informe 2017 EU Industrial R&D Investment publicado por la Comisión Europea, que recopila las 2.500 empresas de 43 países con mayor inversión en I+D en 2016. Estas compañías chinas forman el Top 3 mundial y son responsables del 8,3% del gasto en I+D mundial, por detrás de Japón que incorpora 365 empresas que invierten el 14% del total, liderando la clasificación Estados Unidos, con 822 compañías responsables del 39,1% de la investigación y desarrollo mundial.

Los gigantes del e-commerce mundial como Alibaba y Tencent, y muchas otras compañías chinas que ya compiten a nivel global, se están convirtiendo en jugadores globales, reduciendo la distancia existente en innovación y tecnología de China con el resto de potencias occidentales. Durante la era de Xi, la brecha tecnológica se reducirá aún más gracias a que China dispone de una mayor cantera de talento, con 4,7 millones de graduados en ciencias, tecnología, ingenierías y matemáticas en 2016, ocho veces más que los 568.000 de Estados Unidos. Todo ello para posibilitar que China luche en la mejor de las condiciones posibles en la carrera tecnológica mundial que permitirá que los países mejor preparados en innovación lideren la economía digital del mañana.

 

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El próximo FANG podría surgir en China, y no tiene ninguna gracia. Miguel Ors Villarejo

(Foto: Sara Cooper, Flickr) ¿Por qué unas empresas tienen una estructura jerárquica y otras no? ¿Qué es mejor? ¿Un organigrama plano o uno piramidal? Depende mucho de la tecnología. A finales de los 70, Alfred Chandler teorizó que el abaratamiento de las comunicaciones a lo largo del siglo XIX (mediante el correo primero, el telégrafo después y, finalmente, el teléfono) había desempeñado un papel crucial en el surgimiento de las organizaciones modernas, y ponía como ejemplo las compañías ferroviarias: gracias a los informes que los maquinistas enviaban regularmente, los gestores estaban perfectamente al corriente de la marcha de las operaciones, sin necesidad de delegar en mandos intermedios sobre el terreno. El resultado era una dirección muy centralizada y poderosa.

En política sucede lo mismo. Piensen en el embajador británico en la India. En 1800, cuando las instrucciones de la metrópoli tardaban meses en llegar, era como un rey, pero hoy es poco más que un empleado distinguido.

Internet y los móviles han potenciado esta tendencia centrípeta. Los gestores de un ferrocarril conocían la localización de las máquinas, pero los gestores de cualquier FANG (Facebook, Amazon, Netflix, Google) conocen la de todos y cada uno de los viajeros y, además, si están casados o solteros, a qué hora salen cada mañana al trabajo, qué literatura les gusta… “Amazon”, me explica un empresario, “sabe antes que tú cuál va a ser tu próxima compra. A partir de tu historial de cliente, sus algoritmos calculan las probabilidades de que adquieras uno u otro título y, cuando superan un determinado porcentaje, envía un ejemplar a un centro cercano y te bombardea con anuncios y correos hasta que capitulas. Entonces tú dices: ‘Fíjate, he pedido el libro esta mañana y ya lo tengo’, pero tú no has decidido nada, te han inducido”.

Yo no creo mucho en las teorías conspiratorias y no sé hasta qué punto es fiable el relato de mi fuente, pero está claro que hemos volcado en internet un montón de datos (a menudo voluntariamente) que podrían usarse de forma indeseable, como cuenta Wired que Pekín hace con el scoring crediticio.

Por eso es tan relevante quién gane la carrera que se está librando. “Los gigantes tecnológicos [de Estados Unidos y China] se han lanzado detrás del dominio de la inteligencia artificial y la supercomputación”, se lee en el informe Top Risks 2018 de Eurasia Group, una consultora presidida por el redactor de Time Ian Bremmer.

De momento, la victoria ha sonreído a firmas respetuosas de la intimidad. Tras el atentado de San Bernardino, Apple se negó a facilitar al FBI el acceso a sus iPhone y la agencia, tras forcejear inútilmente en los tribunales, debió pagar 900.000 dólares a un pirata israelí para lograr su propósito. Pero en China no hay separación de poderes. ¿Qué ocurre si la nueva generación de FANG surge allí? No es una tesis descabellada. “Pekín está formando a millones de técnicos”, dice Top Risks 2018. “La competencia es cada vez más reñida”.

La retirada de Estados Unidos de muchos frentes a la voz de América primero ha proporcionado a Xi Jinping una ocasión de oro para imponer sus estándares. Domina varios bloques comerciales y, en materia de desarrollo, ha cargado de razones a quienes defienden que la democracia no es un requisito indispensable para prosperar.

Es verdad que su atractivo como líder mundial es limitado. Pocos países están dispuestos a sustituir la denostada, aunque benigna, hegemonía estadounidense por una supremacía china que se adivina mucho más arbitraria e impredecible.

Pero en el ámbito del consumo, ni la ética ni la ideología cuentan tanto. Lo que determina el éxito de un artículo es la eficiencia, la comodidad, el precio. Apple ha dominado este juego con sus iPod, iPhone e iPad, igual que antes lo hizo Sony con el Walkman. Pero ¿y si el próximo artilugio-que-todos-tenemos-que-tener lo fabrica una compañía china que no pone pegas a que la policía hurgue en los datos de sus clientes?

El cambio podría ser dramático. Ríanse ustedes de la estructura piramidal y la dirección muy centralizada de las compañías ferroviarias.

Industria 2

Cuando fuimos los mejores. Juan José Heras.

China ha pasado de fabricar productos textiles y bienes de consumo barato en los años 80 a disponer de industrias en sectores con una mayor componente tecnológica como por ejemplo los de automoción, maquinaria, electrónica, productos químicos, etc. Asimismo, su mayor competitividad en el mercado global ha contribuido a multiplicar exponencialmente sus exportaciones.

Desde el mundo desarrollado se acusa a China de hacer “trampas” para mejorar su capacidad industrial y sus exportaciones. Entre ellas, destacan las de subsidiar a sus empresas, un tipo de cambio devaluado, la regulación de los precios de la energía o los tipos de interés artificialmente bajos.

Sin embargo, aunque todos estos factores han contribuido al desarrollo industrial de China, no son la base de su transformación industrial. Según los expertos, el éxito del gigante asiático se ha debido principalmente a una ubicación geográfica excepcional como núcleo manufacturero en Asia y a la combinación de un coste laboral del tercer mundo con infraestructuras del primer mundo.

Además, parece ser que hubo un tiempo en que fue al revés. En el siglo XVIII, la industria de porcelana en Europa se desarrolló gracias a los informes de los misionarios jesuitas sobre las técnicas chinas, consideradas por Pekín como secretos comerciales. Asimismo, los británicos establecieron una industria del té en India gracias al robo de plantas de té en China, ya que su exportación estaba prohibida. Pero no hace falta remontarse tanto en el tiempo, a principios del siglo XIX Estados Unidos estableció su primer complejo textil en Lowell (Massachusetts) gracias al espionaje industrial en Europa.

También en el vecindario chino encontramos casos significativos como los de Japón, Corea del sur y Taiwán, que después de la segunda guerra mundial llevaron a cabo técnicas de ingeniería inversa de la tecnología occidental. Con estos ejemplos, no se pretende justificar el robo de propiedad intelectual, sino poner de manifiesto que es una realidad universal que termina cuando los beneficios de proteger las patentes propias son mayores que los que aporta el robo de tecnología extranjera. China está cada vez más cerca de alcanzar ese punto como indica el hecho de que esté comenzando a legislar sobre el asunto.

Además, pese a las desventajas competitivas, a la mayoría de las empresas extranjeras les sigue resultando rentable su presencia en el gigante asiático debido principalmente al descomunal volumen de su mercado y a la falta de fabricantes nacionales capaces de competir en el mercado internacional de productos de alta tecnología. Y es que no hay que tirar las campanas al vuelo ya que la producción industrial china sigue muy ligada al ensamblaje final de componentes, donde los márgenes de beneficio son muy pequeños, mientras que la parte más rentable, esto es el diseño y marketing de los productos finales, sigue en manos de las multinacionales extranjeras.

Por tanto, si nos alejamos de los tópicos y los discursos precocinados donde el sentir popular es que “los chinos nos comen”, sorprende descubrir que no están haciendo nada que no hayamos hecho antes en occidente, que no están “tan avanzados” todavía y que, pese a las quejas, nuestras empresas siguen beneficiándose de su presencia en China. Pero si hacemos caso de la historia, en este caso con características chinas, ¿veremos en el futuro a occidente copiando la tecnología china de nuevo?

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El Alquimista Impaciente. Juan José Heras.

(Foto: Serge Jespers, Flickr) La semana del 13 al 17 de noviembre tuvo lugar en Tenerife el Congreso científico SHIFT 2017 (www.shift2017.es) sobre las aplicaciones que la modificación del espectro de la luz tiene en biomedicina y energías renovables. 4ASIA asistió al evento para conocer de primera mano cuales podrían ser esas aplicaciones y qué papel juega Asia, y especialmente China, en la investigación y el desarrollo científico.

Estas conferencias, organizadas por la Universidad de La Laguna (ULL), bajo la dirección del profesor del Departamento de Física Jorge Méndez, reunieron a investigadores de 64 universidades y 27 países que expusieron sus últimos avances científicos. Algunos de ellos permitirán, entre otras cosas, construir en el futuro centrales solares más eficientes o diagnosticar y curar tumores cancerígenos sin necesidad de intervenciones quirúrgicas.

¿Pero en consisten exactamente estas investigaciones? Según explicó el profesor Méndez, de forma didáctica y comprensible para los profanos, “el sol es como una naranja que al exprimirla nos da zumo, pero nos dejamos mucha pulpa de la que todavía se puede sacar provecho”. La luz del sol es el zumo de la naranja y la pulpa es el infrarrojo, que no es visible pero constituye un 50% de la radiación solar. Mediante determinados materiales luminiscentes se puede transformar la luz del infrarrojo en luz visible, que si aprovechan los paneles solares. El problema es que, de momento, no se ha conseguido una técnica lo suficientemente buena que permita recuperar toda la pulpa de la naranja y es, precisamente en eso, en lo que trabajan algunos de los mejores físicos del mundo.

Pero no todos los especialistas asistentes al congreso buscaban la “pulpa de la naranja” para mejorar la eficiencia energética, otros estudiaban cómo aprovecharla en aplicaciones biomédicas. Aunque pueda parecer sorprendente, también en este campo se puede aprovechar la luz. De forma muy gráfica, Jorge Méndez encendió la linterna de su móvil, luego acercó su dedo índice hasta tapar completamente el foco de luz y este se volvió rojo. “El dedo de ET” dijo bromeando, mientras explicaba que la luz infrarroja es capaz atravesar los tejidos del cuerpo humano sin dañarlos. Esto permite depositar nano-partículas en las zonas afectadas por un tumor y activarlas mediante radiación infrarroja, facilitando así el diagnostico e incluso la eliminación de las células cancerígenas. Es una forma de actuar de manera selectiva sobre las zonas dañadas y evitar la cirugía. También se está aplicando a la investigación de enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer.

Y eso es lo fantástico de este congreso que, utilizando la Física como aglutinante, ha reunido a científicos de sectores tan diferentes como las energías renovables y la biomedicina. El programa incluía la visita al ITER (Instituto de Energías Renovables), al Centro de Supercomputación y al Observatorio Astronómico de Tenerife. Canarias, además de ser un atractivo destino turístico, es también un polo científico muy relevante dentro de España.

En la organización del evento han colaborado la Universidad de la Laguna (ULL), el Cabildo de Tenerife, el Ayuntamiento de Costa Adeje, la Zona Especial Canaria (ZEC), el ITER (Instituto Tecnológico de Energías Renovables) o PROEXCA (Promoción Exterior Canaria). Esta última es una entidad pública encargada de promocionar la inversión en las Islas Canarias y, su presencia en SHIFT2017 estaba orientada a informar a las empresas tecnológicas que asistieron acerca de las ventajas fiscales que tendría establecerse en Tenerife, tal y como explicó su responsable, Carmen Sosa, a 4ASIA.

En las jornadas también participaron empresas especializadas en la comercialización de instrumentos científicos, como Edinburgh Instruments, Optical Materials, o el interesantísimo proyecto de Woopix. Se trata de una iniciativa que nace de la ULL y que, tal y como explicó José Manuel R. Ramos, aprovecha la corrección de fase de onda (aplicada tradicionalmente en astrofísica) para mejorar el enfoque de fotos tomadas en condiciones difíciles, borrosas, bajo el agua, etc. Woopix ha desarrollado algunas aplicaciones para teléfonos móviles con un resultado realmente asombroso, lo que les ha llevado a conseguir financiación en el extranjero y les está permitiendo retener el talento de muchos investigadores españoles. Un buen ejemplo de aprovechamiento del conocimiento especializado aplicado al mundo de la empresa.

Asia ha tenido un lugar destacado en estas conferencias científicas. Asistieron investigadores de 27 países diferentes, incluidos Corea, Japón, Singapur y China, que forman el pelotón de cabeza del continente. Los tres primeros tienen una trayectoria científica reconocida a nivel internacional. China en cambio, es un recién llegado que se está abriendo camino a pasos agigantados entre las potencias científicas más consolidadas. Y lo está haciendo como todo, con las “características chinas” que le confieren su descomunal tamaño, población, economía y sistema político.

Antes de entrar en la valoración que la comunidad científica tiene de China conviene echar un vistazo a algunos datos que nos permitan situar su ascenso en el ámbito de la investigación y desarrollo (I+D). Actualmente el segundo país a nivel mundial en I+D, aportando el 20% del gasto global en este ámbito, solo por detrás de EE.UU. que aporta el 27% del total. En este sentido, según la Agencia de Ciencia y Tecnología de Japón, China y EE.UU. serían los dos países más influyentes en cuatro de los ocho campos científicos principales. China gana la partida en Informática, Matemáticas, Ingeniería y Ciencia de Materiales mientras que EE.UU. lo hace en Física, Medioambiente y Medicina clínica.

Asimismo, según el índice mundial de innovación publicado en 2016, China estaría ya entre las 25 economías más innovadoras del mundo. Un ranking encabezado todavía por Suiza, Suecia, Reino Unido, EE.UU., Finlandia y Singapur, pero en el cual aparece por primera vez China, un país de ingresos medios entre las economías altamente desarrolladas. En cuanto a la calidad de la innovación, China también mejora su posición, situándose en el puesto 17, seguido de India. Este ranking, liderado por Japón, EE.UU., Reino Unido y Alemania, es un indicador de alto nivel que tiene en cuenta el nivel de las universidades, el número de publicaciones científicas y el número de solicitudes internacionales de patentes.

Como datos más técnicos que significativos de la situación global de la investigación científica en China, resulta interesante destacar que la revista Nature designo este año a Pekín como la capital que más contribuye al desarrollo científico, por delante de Paris, Nueva York y Cambridge. Shanghái aparece en quinto lugar. Tampoco deja indiferente que, en su intento de reproducir el éxito norteamericano de Silicon Valley, China esté planificando la construcción de una ciudad de la ciencia, como ya hicieran en el pasado sus vecinos de Japón y Singapur. Pretenden que el proyecto se complete en 2020 y, según las autoridades chinas, concentraría a los mejores investigadores, científicos nacionales, universidades, institutos de innovación y centros de I+D internacionales.

¿Cómo ha conseguido China avanzar tan rápido en el ámbito científico?

En los últimos años China ha tomado una serie de medidas para acelerar su transformación de país manufacturero a centro mundial de innovación, siguiendo las directrices políticas para convertirse en una “nación de innovación” para 2020, líder en 2030 y potencia en 2050.

En este sentido, ha lanzado planes gubernamentales (Clase mundial 2.0, proyecto de los 1.000 Talentos, etc.) que proporcionaban financiación y medios para la investigación, al tiempo que trataba de recuperar los científicos formados en el extranjero para aprovechar su conocimiento y experiencia. Asimismo, ha establecido una red de parques tecnológicos y ha ofrecido apoyo financiero a las empresas encargadas de transformar los avances científicos en productos y servicios.

Sin embargo todavía les queda camino que recorrer. Aunque China ocupa el tercer puesto mundial en registro de patentes, el porcentaje de transferencia tecnológica evidencia un gap entre la investigación académica y su utilización para obtener resultados comerciales. Asimismo, aunque China tiene el mayor número de publicaciones científicas del mundo, su calidad todavía está algo por debajo de la media internacional (medida por el número de veces que se cita a sus investigadores). También se mantienen las trabas burocráticas y administrativas que provocan una excesiva supervisión y control gubernamental.

Aunque parece que Trump está empeñado a ayudar al Imperio del Medio. Cómo se explica si no su política basada en recortes presupuestarios, cuotas de inmigración (que afecta también a los investigadores extranjeros de los que se nutren los centros de investigación norteamericanos), o la falta de liderazgo político, como demuestra que todavía no haya sido designado un Consejero Presidencial de Ciencia. Pese a todo, EE.UU. todavía sigue siendo el destino predilecto por los estudiantes asiáticos para realizar o complementar su formación académica.

¿Qué piensan los investigadores de la comunidad científica internacional sobre el papel de Asia en el ámbito del I+D? Tras realizar numerosas entrevistas a los asistentes al Congreso SHIFT2017, se constató que existe un consenso respecto a que China ha avanzado muy rápido en el ámbito científico, aumentando tanto la cantidad como la calidad de sus investigaciones. Sin embargo, se percibe una gran disparidad en términos de calidad, dependiendo de la universidad china de procedencia.

Respecto a su proyección de futuro existen diferentes sesgos en función de si la valoración corresponde a los países asiáticos o si procede de Europa o EE.UU. Los primeros presentan más dudas sobre la preeminencia científica de China a corto plazo, mientras que los segundos son mucho más optimistas en sus previsiones, apuntando incluso que ya han superado a Occidente en algunas especialidades científicas.

En cualquier caso, y así se pudo comprobar durante las conferencias, la comunidad científica internacional tiene una gran predisposición, y quizá también necesidad, de compartir sus resultados para avanzar en sus investigaciones. En este sentido, es muy esperanzador que la base científica internacional colabore de manera tan eficaz y sea capaz de mantener a cierta distancia las cuestiones políticas que impregnan muchos otros ámbitos de la sociedad.

Bosque oscuro

La Teoría del Bosque Oscuro. Miguel Ors Villarejo

El pasado mes de enero la Academia China de las Ciencias invitó al novelista de ciencia ficción Liu Cinxi a visitar el imponente radiotelescopio que las autoridades han construido en la remota y atrasada provincia de Guizhou. El FAST (iniciales de Five-hundred-meter Aperture Spherical Telescope o Telescopio Esférico de 500 Metros de Apertura) es una ensaladera del tamaño de 40 campos de fútbol cuya sensibilidad duplica la del observatorio de Arecibo.

Aparte de abordar proyectos abstrusos, como aclarar el modo en que el universo se expande o aprovechar el latido de los púlsares para detectar las ondas gravitacionales de Einstein (y, eventualmente, ganar algún Nobel), el FAST se ocupará también de la búsqueda de inteligencia extraterrestre, más conocida por su acrónimo inglés SETI. De ahí la invitación de la Academia a Liu. “En cierto modo”, escribe Ross Andersen en The Atlantic, “[su] presencia no constituye ninguna sorpresa. Su opinión es muy apreciada […] y la agencia aeroespacial ya le ha consultado para otras misiones”.

“Pero”, añade a continuación, “no deja de ser una extraña elección”. La obra de Liu gira en torno a los encuentros en la tercera fase, pero a diferencia del Spielberg de ET, no dibuja a los alienígenas como encantadores e inofensivos enanitos verdes, sino como implacables máquinas de matar. Cuando los humanos agitamos los brazos como náufragos para alertar de nuestra existencia, nos ponemos absurdamente en su punto de mira. Es la Teoría del Bosque Oscuro: cada civilización es un cazador al acecho en una noche sin luna.

Liu no tiene por qué estar en lo cierto, pero su hipótesis es inquietantemente congruente con la paradoja de Enrico Fermi. Este físico italiano consideraba que, dada la ingente cantidad de estrellas, la probabilidad de que hubiera otros seres inteligentes en la galaxia era muy elevada. “¿Dónde están?”, se preguntaba. “¿Por qué no hemos encontrado ningún rastro […], por ejemplo, sondas, naves […] o transmisiones?” La respuesta de Liu es que están agazapados en el Bosque Oscuro.

Hay que decir, no obstante, que la capacidad de anticipación de la ciencia ficción es relativa, como revelan la abundancia (jamás materializada) de coches voladores en el género, desde Los Supersónicos a Regreso al futuro, o el triste destino de firmas como Pan Am o Atari, cuyos anuncios aparecen triunfalmente en Blade Runner, pero que quebraron hace tiempo.

Más que oráculos, estas utopías/distopías son a menudo el reflejo de obsesiones colectivas. Las películas de marcianos de los 50 eran una alegoría de la Guerra Fría y el terror que en su día inspiró La invasión de los ladrones de cuerpos a los americanos no se debía tanto al peligro remoto de ser abducido por un platillo volante, como a la amenaza mucho más próxima de acabar convertido al comunismo.

Del mismo modo, la Teoría del Bosque Oscuro recoge los ecos de un doble trauma. Por un lado, el error incomprensible que supuso el abandono de la vanguardia científica. China descubrió la pólvora, la brújula, la imprenta y, en un momento dado, dejó de innovar. ¿Por qué? Voltaire culpaba al énfasis que Confucio pone en el respeto de la tradición. Otros han hablado de la molicie que genera la falta de competencia: mientras en Europa media docena de naciones debían urdir constantemente modos de imponerse a sus vecinas, los mandarines carecían de rivales a su nivel y se acomodaron. Sea como fuere, cuando a mediados del XIX las potencias occidentales irrumpieron con sus acorazados de vapor y sus modernos cañones, la tecnología bélica casi medieval de Pekín sufrió una humillación detrás de otra. Este es el segundo trauma.

La moraleja que extrae Liu de la historia es tajante: las civilizaciones superiores aplastan a las inferiores. Sus compatriotas quizás no compartan su negra opinión sobre los alienígenas, pero no pueden decir lo mismo de los demás habitantes de este planeta y por eso impulsan proyectos científicos como la ensaladera de Guizhou.

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Misiles y Seguridad estadounidense. Ficción o realidad

Washington.- 4Asia participó la pasada semana en el seminario de “Defensa de Misiles” organizado por el Centro de Estrategias y Estudios Internacionales, uno de los think tank más importantes de Washington. Con la presencia de militares estadounidenses, australianos, canadienses además de un grupo de diplomáticos de distintas nacionalidades, un destacado grupo de especialistas analizó el sistema defensivo que provee a los Estados Unidos de un complejo sistema de seguridad que resguarda su territorio y el de sus aliados.

El presidente Reagan fue quien inspiro la idea del sistema defensivo antimisiles, pero en aquel entonces con el propósito de neutralizar armas nucleares provenientes de la Unión Soviética. Y las posteriores administraciones, desde Bush padre, Clinton, Bush hijo, e incluso Obama, mantuvieron entre sus prioridades nacionales el programa de seguridad contra misiles como un sistema defensivo para la protección del territorio estadounidense.

El origen de este concepto se remonta a 1996, cuando se llevan a cabo los primeros avances tecnológicos en esta materia. Sin embargo, fue en 2002, justo después del mayor ataque terrorista del 11-S, cuando Bush hijo impulsó el despliegue a gran escala de este sistema. A la vez, se comenzó a invertir en un sistema defensivo fuera del territorio estadounidense con el objetivo de neutralizar potenciales peligros externos hacia los aliados, e incluso como escudo capaz de interceptar a larga distancia un ataque a territorio estadounidense.

El sistema de defensa antimisiles está asociado a 15 husos horarios distintos, incluyendo sensores en tierra, mar y en el espacio.

Thomas Karako, uno de los expertos más prominentes en el tema, dice que este importantísimo sistema, vital para la seguridad de EEUU, no es del todo fiable, a pesar de las astronómicas sumas de dinero que han sido invertidas. Según sus propias palabras, ha madurado de una etapa de infancia a  la adolescencia, y, sin embargo, el camino a la perfección es largo, y llegar allí requiere de mucho más tiempo y pruebas que permitan robustecer la fiabilidad del mismo.

Estados Unidos cuenta con un importante número de bases de capacidad defensiva contra misiles, ubicadas a lo largo del planeta capaces de detectar la presencia de algún tipo de amenaza, y algunas de estas bases cuentan además con la capacidad de neutralizar misiles, destruirlos o derribarlos. Entre las ubicadas en territorio estadounidense, hay una base marina en Hawái con un radar móvil, junto con 34 barcos desplegados en el océano. En California dos, otra en Colorado. Alaska cuenta con una base aérea y dos interceptores, más el radar Cobra, que está recibiendo y enviando información a la NASA, la Agencia de Defensa de Misiles, así como el Comando aeroespacial estadounidense. En cuanto a la costa este, hay una en Nueva York y otra en Massachusetts. Fuera de su territorio, Japón tiene dos bases terrestres, más el SPY-1 que es un radar muy sofisticado capaz de detectar y eliminar cualquier misil. El mismo tipo de radar que está instalado en la base de Rota, en España. Así, existe otro en Israel y otro en Turquía. En el Reino Unido y en Groenlandia también cuentan con otro tipo de radares de alerta temprana.

Recientemente, a finales del 2016, se instalaron 36 interceptores en las bases de Alaska y California, tratando de prevenir misiles de largo alcance provenientes de Corea del Norte y potencialmente de Irán. Y otros 8 serán instalados a finales de este año. Este sistema no fue concebido para prevenir amenazas provenientes de otros países, como Rusia o China, sino que fue ideado fundamentalmente para detener un ataque de Corea del Norte. De acuerdo al Senador republicano Dan Sullivan, Corea del Norte tendrá muy pronto un misil balístico intercontinental capaz de llegar a territorio estadounidense, por lo que asegura que hay que seguir tomando medidas de prevención e invertir más recursos en defensa. Así mismo enfatizó que en el caso de un ataque de Pyongyang, Washington debería realizar una respuesta masiva.

Corea del Norte es percibido como un gran riesgo en crecimiento. Kim Jong-un ha aumentado sus ensayos de misiles exponencialmente en los últimos años. Claramente están mejorando con cada prueba y afinando su tecnología. El Senado de los Estados Unidos ve unánimemente a Corea del Norte como el mayor riesgo de este momento, capaz de perpetrar un ataque continental o bien a algunos de los aliados estadounidenses. Prueba de esto es la carta que 30 senadores firmaron para alertar al presidente Trump sobre este grave riesgo, previo a la visita del Presidente Xi Jinging, y con el propósito de que Trump diera prioridad a este punto en su agenda e intentara cerrar un compromiso en el que China presione a Corea del Norte para frenar su carrera armamentística y sus ambiciones nucleares.

Nos toca esperar a ver si China quiere jugar su carta de interlocutor y se posiciona en un rol de intermediario. A nadie le beneficiaría un ataque de Kim Jong-un, pues la respuesta estadounidense podría parecerse mucho a la guerra de las galaxias, pero en versión real, con efectos devastadores para la región de Asia Pacífico y sin duda para la estabilidad del mundo.