No sin mi hija. Juan José Heras.

Cuando el recién elegido Presidente de EE.UU., preguntó a sus asesores porque Xi Jinping no le cogía el teléfono, su respuesta fue unánime: “No sin mi hija”. Se referían al enfado de Pekín por el cuestionamiento del principio de “Una sola China”, que considera a Taiwán y a China continental como un mismo país. Y es que cualquier Jefe de Estado sabe que no es posible mantener relaciones diplomáticas con China si no se reconoce este principio, que convierte la reunificación con Taiwán en uno de los temas “innegociables”  para Pekín.

En este sentido, China no tolerará un retroceso del statu quo actual, estando dispuesta a llegar incluso a un enfrentamiento militar en caso de producirse una declaración de independencia por parte de Taiwán. Sin embargo, de no producirse este supuesto, Pekín no forzará un proceso de reunificación que ambas partes asumen como inevitable y se limitará a mantener su presión económica y diplomática sobre la isla.

Por su parte, el gobierno pro-independentista de Taipei (PDP), aunque no lo reconoce oficialmente, dirigirá todos sus esfuerzos a retrasar ese momento tanto tiempo como sea posible, aprovechando la ayuda de EE. UU. y respaldado por la mayoría de la población, que considera que este partido obtendrá mejores condiciones para una eventual reunificación que el Kuomintang, partido conservador afín a Pekín.

Tras la vuelta al Imperio del Medio de Hong Kong y Macao, Taiwán constituye la última pieza del puzle para completar la reunificación del país y poner fin a los 200 años de humillación que comenzaron con las guerras del opio. Bajo esta misma lógica de unidad, las inercias independentistas de Xinjiang y Tibet también están incluidas en este selecto club de “innegociables”.

Por último está el Mar Meridional, del cual China reclama más del 80% y al que también atribuye la consideración de “innegociable”. No es extraño si tenemos en cuenta sus importantes reservas pesqueras y fósiles, o que alberga las rutas marítimas necesarias para el suministro energético y la actividad comercial del gigante asiático.

Sin embargo, este último tema no se puede meter en el mismo saco que los independentismos o Taiwán por varias razones. En primer lugar porque no amenaza a la integridad territorial china; en segundo lugar porque ante un eventual enfrentamiento con EE. UU., en este escenario, China tiene más que perder, arriesgando incluso la credibilidad del régimen ante una derrota. Y en tercer lugar, porque puede conseguir avanzar en sus objetivos respecto al Mar Meridional sobornando a sus vecinos ribereños gracias a su gran capacidad de financiación.

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