Negociar sobre el filo de la navaja

El despliegue de nuevas maniobras militares navales en el mar de Corea por parte de las armadas de Estados Unidos y de Corea del Sur, aprovechadas por medios rusos, iraníes y otros de su órbita, para presentar lo que llaman “los planes ocultos de Trump desde hace meses”, parece una escenificación de la máxima presión, que probablemente es una baza más para apoyar la posición de EEUU en las negociaciones secretas que se están desarrollando, en principio de manera indirecta, entre Washington y Pyongyang. La frase de hace unos días del secretario de Estado Tillerson de que “negociaremos hasta que caiga la primera bomba” sería parte de esa escenificación porque, hasta el momento, nadie considera seriamente la posibilidad de un enfrentamiento militar directo entre Estados Unidos y Corea del Norte. Aunque cada día  se teme que un incidente no deseado o un error de cálculo en la presión desate este enfrentamiento.
En realidad, los analistas coinciden también en señalar que en caso de un enfrentamiento, el resultado, desde el punto de vista estrictamente militar, se decantaría a favor de Estados Unidos, pero conviene recordar que el mismo ejército derrotó brillantemente a la dictadura de Sadam Hussein y luego no supo ni explotar ni gestionar aquella victoria, dejando tras de sí un caos que aún pende sobre toda la región. Así, el principal peligro no es un enfrentamiento militar entre Corea del Norte y Estados Unidos, sino los efectos de este enfrentamiento en una región con creciente inestabilidad que está en una fase de reequlibrio de alianzas estratégicas. Y no olvidemos el creciente protagonismo chino que aspira a afianzar con una potenciación de sus fuerzas navales, y Rusia, que quiere recuperar y aumentar su influencia regional.
Todos esos elementos, tal vez demasiados para un presidente, el de Estados Unidos, cuya improvisación, cultura (escasa) y protagonismo no son lo mejor en estos momentos, deben ser tenidos en cuenta. Y no sólo por la Administración estadounidense, sino también por algunos gobiernos europeos cuyas críticas a Trump parecen a veces estar más dictadas por unos tópicos ideológicos alineados con la izquierda que por la racionalidad y oportunidad de esa críticas.
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