La batalla por el dominio marítimo en el Pacifico. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Ya en 1890 el capitán estadounidense Alfred Tahyer Mahan, en su libro La influencia del poder del mar en la historia, explicaba la importancia estratégica del poder naval como el factor que elevó al imperio británico y, con un revolucionario análisis para aquel momento, pronosticaba que Estados Unidos debía desarrollar su poderío naval como elemento de control geoestratégico. Asimismo, sostuvo que aplicando el modelo de Gran Bretaña en la política exterior estadounidense se conseguiría una expansión en los mercados internacionales. En su precoz visión de mundo globalizado, le dió mucha importancia a establecer bases navales en distintos puntos, advirtiendo que con ello se ganaría influencia en el exterior.

Inspirado probablemente por la compra de Alaska en 1867, y la influencia estadounidense en Hawái a través de un tratado donde se estableció la unidad  de las islas, seguido por la idea ambiciosa del canal de Panamá defendido por William Seward, secretario de Estado de ese momento, Mahan entendía que era fundamental para los Estados Unidos poder comunicar sus costas y tener un mayor control marítimo.

A día de hoy la presencia estadounidense en el Pacífico es fuerte y ha sido consistente en los últimos años. Con el riesgo de Corea del Norte ha ido fortaleciendo su presencia con ejercicios militares, buques de superficie y submarinos.  El sistema THAAD es el ejemplo más claro de esos esfuerzos y lo mucho que ha avanzado la tecnología. Los radares de alerta temprana están operando permanentemente y transmitiendo información en tiempo real, y técnicamente serían capaces de neutralizar un misil cuyo objetivo sea Estados Unidos, alguna de sus bases o sus aliados.

Michael Fabey, reportero estadounidense de las fuerzas navales con una larga experiencia en el Pacífico, y que acaba de publicar un libro sobre el choque de poder entre Estados Unidos y China en Asia, sostiene que a día de hoy Estados Unidos sigue siendo, y seguirá siendo por un tiempo, la potencia naval más poderosa, sobre todo porque cuenta con el apoyo de bases militares en distintos puntos del Pacífico. Sin embargo, el crecimiento del poderío chino en pocos años es realmente preocupante.

Fabey afirma que, de haber una batalla entre ambas fuerzas, sería realmente sangrienta porque los chinos tendrían cómo responder con armamento muy poderoso lo que los mantendría en combate por un tiempo largo.  Aunque los Estados Unidos a largo plazo ganarían porque su poderío militar es mayor entre portaviones, equipos de guerra y aliados regionales, así como sus aliados internacionales, a los que se sumarian los europeos, australianos, y sobre todo los indios, que, de acuerdo con este periodista, mantienen una relación muy estrecha con los Estados Unidos en el campo militar.

A la presentación de este libro, al que 4ASIA asistió, pudimos constatar cómo China en los últimos 30 años ha cambiado su mentalidad, y entiende, en su habitual postura de copiar y reproducirlo todo, pero en su propia versión, como ha hecho con el comunismo, que deben seguir ampliando su capacidad naval para apoderarse de la hegemonía en el Pacífico, y con ello sembrar respeto y temor en sus vecinos. El mar de la China meridional junto con las islas artificiales, es como el Caribe para los Estados Unidos. Quieren dejar claro que ellos son los que controlan ese mar, y los únicos que pueden patrullarlo. Lo dejan abierto para la circulación, pero bajo su control.

La situación actual con la Administración Trump es más compleja porque los chinos no saben cómo leer lo impredecible de este gobierno, lo que podría acabar en un escenario indeseado. Sin embargo, el libro plantea que un conflicto entre ambas potencias podría pasar por controlar el espacio, más que por un control marítimo regional. A pesar de los casi 130 años que separan el libro de Mahan donde se planteó la importancia de poseer una fuerza naval fuerte para ejercer control geoestratégico de los mares, Fabey en su libro sigue avalando esa teoría y explica cómo China está haciendo su propia versión de Mahan en el Pacífico.

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