INTERREGNUM: Moon en Pekín. Fernando Delage

Tras varios meses de tensiones bilaterales, el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, realizó una visita oficial a China la semana pasada. La razón principal de las tiranteces entre ambos países ha sido el despliegue de un sistema de defensa antimisiles por Seúl (realizado bajo la administración de la presidenta Park Geun-hye, destituida en marzo), y las duras sanciones económicas impuestas por Pekín como respuesta.

Aunque fue una medida que tenía como objeto reforzar las defensas surcoreanas con respecto a la amenaza que representa Pyongyang, Pekín la interpreta como parte de la estrategia de Estados Unidos dirigida a debilitar sus capacidades estratégicas. Ambas partes parecían haber llegado en octubre a un acuerdo para dejar de lado sus discrepancias. Seúl se comprometió a no ampliar el número de plataformas desplegadas, y declaró que ni participará con Washington en una red regional de defensa antimisiles, ni se sumaría a ningún tipo de alianza trilateral con Japón y Estados Unidos en la región. A cambio, Pekín reduciría las sanciones a las empresas surcoreanas. No obstante, durante la visita de Moon, el presidente Xi Jinping reiteró la posición de su país sobre dicho sistema defensivo, que—según indicó—espera Corea del Sur “continúe respetando y considerando desde la perspectiva adecuada”.

No debe sorprender que tanto la prensa como la oposición política surcoreana hayan calificado la visita como un fiasco. Si a ello se suman la gestión del protocolo—a Moon lo recibió a su llegada un mero viceministro y no se le ofreció el almuerzo de rigor con el primer ministro chino—, y el acoso de la seguridad china a periodistas surcoreanos que acompañaban a su presidente, su viaje puso de relieve cómo actúa una República Popular más poderosa con quien no sigue sus preferencias políticas.

Sin embargo, como corresponde a un presidente surcoreano de centroizquierda, su perspectiva sobre Corea del Norte sigue más próxima de la de Pekín que la de Washington. Tema central en su agenda bilateral, Moon y Xi acordaron cuatro principios con respecto a la cuestión: no aceptarán una guerra en la península; están firmemente comprometidos con la desnuclearización; ésta debe perseguirse mediante negociación; y la mejora de las relaciones intercoreanas es decisiva para la resolución de la crisis. Pese a la obviedad de dichos principios, resulta llamativo que no hubo ni comunicado final ni comparecencia de prensa conjunta. Adversarios en la guerra de Corea (1950-53), China y Corea del Sur celebran este año el 25 aniversario del restablecimiento de relaciones diplomáticas. En este periodo, la República Popular se ha convertido en el primer destino de las exportaciones y de las inversiones directas surcoreanas. Al igual que otras naciones asiáticas, Seúl afronta ese complicado dilema de cómo equilibrar las relaciones entre su principal socio económico—China—y su aliado estratégico, Estados Unidos. Con la complicación añadida, compartida con Pekín, de una animosidad con Tokio derivada de la historia.

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