Turbulencias americanas. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La semana en Washington ha comenzado con turbulencias que vienen desde la cuenta de Twitter del presidente Trump, quién retoma el argumento del gran déficit que tiene Estados Unidos con México y Canadá, para justificar por qué el Tratado de Libre Comercio del Norte de América (Nafta) se encuentra en proceso de renegociación, y aprovecha la oportunidad para afirmar, una vez más, lo perjudicial de éste acuerdo para la economía estadounidense pues, afirma, ha ocasionado la reubicación masiva de empresas y trabajos, fundamentalmente fuera de territorio estadounidense. A la vez, asegura que los aranceles en aluminio y acero serían descartados sólo si se firma un nuevo y justo acuerdo Nafta. Los aranceles, que anunció para dar comienzo al mes de marzo, en el que propuso que Estados Unidos imponga a las importaciones el 10% al aluminio y 25% al acero.

Las respuestas a este polémico anuncio no se hicieron esperar. Canadá, el vecino afable, respondió con firmeza a sólo horas del anuncio, afirmando que siendo uno de los mayores proveedores de acero de Estados Unidos, repudiaban esta medida. Mientras que, desde México, los industriales del acero y el aluminio pidieron a su gobierno responder con medidas equivalentes.  Por su parte, la Unión Europea aseguró que es una brutal intervención para proteger la industria estadounidense y no está basada en ningún motivo de seguridad. Mientras, el Fondo Monetario Internacional advirtió que esos aranceles pueden causar daños a la economía fuera y dentro de los Estados Unidos. La Organización Mundial del Comercio alertó de que una guerra comercial no le interesa a nadie. La industria de aluminio japonesa ha pedido a Trump reconsiderar su postura, pues agregar esa tarifa no sólo podría lastimar al gremio nipón sino que podría tener un su efecto dominó hacia otras industrias y generar un crecimiento de proteccionismo global. Y China ha dicho que se opone al proteccionismo y que defenderá sus intereses y derechos.

La polémica ha sido tal que los dos máximos representantes responsables de estas áreas en la Administración Trump participaron en programas de televisión el domingo, en horario estelar, para intentar bajar un poco la tensión y contener el impacto global que ha tenido el anuncio. Wilbur Ross, secretario de Comercio, y Peter Navarro, director de la oficina de intercambio y manufacturas, ambos conocidos por sus tendencias proteccionistas y nacionalismo económico, llamaron a la calma. Además, Navarro es especialmente conocido por su extrema postura anti-China, y precisamente China ha sido acusada en múltiples ocasiones de vender acero y aluminio a precios por debajo del valor de producción, (en parte por la gran capacidad que tiene), lo que lo pone a él en el ojo del huracán.

Debemos retomar las promesas electorales de Trump en las que ofreció endurecer los controles de importaciones para beneficiar a los trabajadores y obreros de industrias de estos sectores, ubicados sobre todo en el Oeste Medio de los Estados Unidos. Lo que es aún más preocupante, pues no es simplemente un Tweet aislado que pensó y escribió, es que se trata de una idea que han venido considerando por un largo periodo.

En el más reciente análisis hecho por Bloomberg sobre el impacto que tendrían estos aranceles, de ser aplicados, en otros sectores económicos, fueron identificados 5 sectores que se verían golpeados por esta medida: uno, la industria de vehículos y aeroespacial, y con ellos sus más de dos millones de empleados; dos, productos enlatados, para los que Estados Unidos no produce suficiente material por lo que habría que importar del exterior, lo que incrementaría altamente los costos; tres, la tecnología (teléfonos móviles y otros productos de la marca Apple); cuatro, manufacturas que incluye los paneles solares y, quinto, el sector de oleoductos, que según estudios, podrían incrementar el costo hasta unos 76 millones de dólares por cada oleoducto que se construya. Lo que se traduce en una desventaja mayor que un beneficio para la economía doméstica estadounidense.

Incluso en las filas republicanas, que han respaldado al presidente, se han ventilados desacuerdos al anuncio hecho por Trump el pasado jueves. Paul Ryan, el portavoz del Congreso, comenzó su semana afirmando expresamente que dichas tarifas a las importaciones del acero y el aluminio podrían desencadenar una guerra comercial. Y que la amenaza de imponer dichos aranceles provocaría respuestas más que concesiones a sus pretensiones. Da la sensación de que el periodo de relativa calma, en el que Trump se había mantenido medianamente comedido, se ha acabado, ¡y de qué manera! Y luego, con este anuncio y durante el fin de semana en un comentario en el que dejaba ver su admiración por Xi Jinping, dijo que así como él es presidente de por vida en China, Estados Unidos, (la cuna de la libertad y el mayor contendiente al comunismo), debería probar ese sistema a ver si funciona. ¿Pero qué es lo que ésta pasando? ¿Egolatría exacerbada o será más bien ignorancia extrema? (Foto: M_Laurie_DM8106, Flickr)

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