Trump-Kim, hacia su segunda cumbre. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Se vive en EEUU un ambiente político caldeado en la capital, una acalorada confrontación entre los líderes del partido de oposición y la Administración Trump y, lo más llamativo, el cierre de gobierno más largo de la historia, con operaciones mínimas, pero con el empecinamiento del presidente en seguir adelante hasta que el Congreso le apruebe los fondos para construir el muro en la frontera con México. Mientras, en el plano internacional, Washington tiene en la agenda un segundo encuentro histórico entre Trump y Kim Jon-un, y que no es descartable que empiece a dársele prioridad para cambiar el foco de atención de los problemas doméstico a los internacionales.

Kim Jong-un estuvo de visita oficial en la capital china, como quien va a pedir permiso para encontrarse con el adversario. De hecho, el pasado jueves el presidente de Corea del Sur -Moon Jae-in- afirmaba que el viaje de Kim a Beijing es un anuncio del inminente encuentro que tendrá lugar entre Trump y Kim. Así sucedió previamente al primer encuentro y después de su regreso de Singapur.

Corea del Norte tiene muy pocos aliados, y China es más que un aliado para Pyongyang; es su tarjeta de protección, una especie de escudo internacional que lo ha ayudado a sobrevivir tal aislamiento. Kim lo sabe y además lo acepta, por lo que la visita refleja casi una pleitesía a Xi Jinping.

Esta visita coincide con el aniversario de los 70 años de relaciones bilaterales entre ambos, y demuestra un fortalecimiento estratégico de su cercanía, junto con una agenda común para el año. En las conversaciones seguramente se plantearon los posibles escenarios en un segundo encuentro con Trump, y hasta dónde puede Kim ser flexible y dónde debe plantarse.

A principios del año, Trump dijo en un tweet que estaba a la espera de encontrarse con Kim mientras dejaba claro que Corea del Norte tiene un gran potencial económico del que es consciente su líder. Y luego dijo que están negociando el lugar en el que se llevará a cabo el encuentro. De acuerdo con la CNN los lugares que se está barajando son Vietnam, Tailandia, Hawai, incluso quizás Nueva York o Ginebra.

Vietnam es un país con cercanas relaciones con Estados Unidos, al que el secretario de Estado ya visitó el verano pasado y en cuya visita expresó cómo “la economía vietnamita se ha beneficiado de sus intercambios con América” y, además, puso el énfasis en lo positivo que ha sido para Vietnam que abandonaran su programa nuclear, como un buen ejemplo a seguir para los norcoreanos.

Tailandia es un país más cercano a Corea del Norte, y donde tienen sede diplomática. Kim Jong-un seguro que se siente más cómodo asistiendo a una cumbre allí. Además de ser relativamente cercano a la península coreana, tal y como ya se discutió antes durante los preparativos de la primera cumbre de Singapur, Pyongyang no cuenta con un avión con capacidad de volar al otro lado del mundo. Aunque eso sería resuelto con la ayuda de China, es muy posible que para el orgullo de Kim no sea fácil de aceptar, pues su régimen y su persona viven del orgullo y la imagen.

Hawai no es territorio neutral. De hecho, es literalmente territorio enemigo para Kim, por lo que es muy poco probable que sea la sede. Mientras que Nueva York, aunque por ser sede de Naciones Unidas, sería más factible, sigue teniendo la gran dificultad de la distancia. Lo mismo sucede con Ginebra. Incluso el mismo Kim dijo que podía llevarse a cabo en Pyongyang, pero para Washington sería un lugar incómodo y donde no tendrían control, incluidos sus servicios secretos, que estarían supeditados al régimen norcoreano.

Toca esperar a que la decisión sea tomada y anunciada. Con la prontitud que actúa Trump, en cuanto se conozca se prepara todo y allí que se presenta. El problema es de fondo, los avances a la desnuclearización no se han hecho efectivos. Pyongyang quiere que sean suprimidas las sanciones internacionales, pero sin haber dado señales reales de cambio.

Los servicios oficiales de prensa china publicaron que Xi y Kim habían abordado el tema nuclear y la necesidad de la desnuclearización, como quién manda un mensaje a Washington de que están avanzando en ello. Pero lo cierto es que no hay pruebas que lo afirmen.

El gran ganador sigue siendo Kim Jong-un quien en menos de un año ha visitado cuatro veces China en visita oficial y con todos los honores de un Jefe de Estado: se ha encontrado con el presidente de Corea del Sur un par de ocasiones; envió una delegación a participar en los Juegos Olímpicos de invierno, y a día de hoy, se encuentra preparando un segundo encuentro con el líder estadounidense cuando tan sólo el enero pasado estábamos temiendo un ataque desde  Pyongyang  y hacía impensable un cambio de relaciones.

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