Hong Kong bajo presión. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Hong Kong, ese pequeño territorio de poco más de mil kilómetros cuadrados, es el Silicón Valley de Asía, donde se desarrolla tecnología de primera, y que hace de puente entre China y Occidente. Con una cultura asiática fuertemente influenciada por la británica, vive bajo la declaración de 1984 que se convirtió en una especie de constitución hongkonesa, en la que se establece “un país, dos sistemas”.

Un país y dos sistemas radica en que Hong Kong es parte de China, pero con su propia autonomía. Desde Beijing se definen y articulan las políticas que el partido comunista considera apropiadas y necesarias, mientras que Hong Kong tiene un sistema autónomo de Beijing, donde se garantizan los derechos humanos, tiene su propia economía, moneda y sistema político independiente, desde donde se legisla.

En los años recientes, según China ha crecido en poder económico, ha ido intentado hacerse con mayor control de Hong Kong. En 2015, cinco dueños de casas editoriales de libros desaparecieron, y uno de ellos, Lam Wingkee, pudo escapar y denunció que fue secuestrado y forzado a confesar en televisión. Posteriormente en el 2017, Xiao Jianhua -el multimillonario chino canadiense- fue secuestrado por agentes chinos en el Hotel Four Seasons de Hong Kong y no ha sido visto desde entonces; sólo se pudo saber que fue llevado a China continental.

En los últimos cinco años, Beijing ha incrementado su presión sobre los legisladores hongkoneses. Joshua Wong y Nathan Law, ambos prominentes políticos jóvenes, fueron privados de libertad por su participación en el Movimiento de los Paraguas de 2014, que es considerada la demostración democrática más larga en tierra china desde la masacre de la Plaza Tiananmen en 1989.

La estrategia de Beijing detrás de abrirles procedimientos judiciales a los legisladores, democráticamente electos, consiste en neutralizarlos a largo plazo. La razón por la que se centran en los más jóvenes es precisamente intentar erradicar el deseo de estos de militar en política, infundir miedo, y con eso asegurarse el control sin oposición de Hong Kong en unos años.

El caso de Nathan Law es llamativo por haber sido el legislador más joven electo al parlamento hongkonés, y sentenciado junto con otros cinco legisladores injustamente a salir del parlamento. Y tal y como el mismo Law dijo la semana pasada en Washington, en el testimonio que dio ante la Comisión Ejecutiva del Congreso sobre China, “esto es una respuesta del gobierno chino a la generación de los paraguas para reprimir nuestras demandas y deseos democráticos”.

En este momento, el centro de la discusión se centra en la Ley de Extradición de Hong Kong, que ha producido masivas protestas en las calles. Así como también ha despertado el temor entre los extranjeros y ejecutivos residentes en esta ciudad, pues la ley en cuestión abre la posibilidad de que cualquier individuo que se encuentra en Hong Kong pueda ser extraditada a la China continental. Si está ley fuera aprobada, según los juristas, sería el fin del status especial de Hong Kong, del “un país, dos sistemas”. Lo que en la práctica será el fin de la autonomía de dicha región.

En la sesión de la Comisión ejecutiva del Congreso de los Estados Unidos, en la que 4Asia estuvo presente, los testigos alertaban con urgencia a los miembros del Congreso sobre la gravedad de la situación, que va más allá de los ciudadanos hongkoneses, pues como ellos mismos explicaban, cualquier ejecutivo de una empresa europea, estadounidense o australiano entre muchas otras nacionalidades, podría ser extraditado a China continental, lo que automáticamente socava los principios democráticos, además de que desencadenaría el principio del fin de la economía hongkonesa.

El Partido Comunista Chino ha venido usando el sistema legal para sus fines políticos. Estos son sólo algunos ejemplos de sus prácticas habituales. En la China continental tiene mucho más controlada a la población a través de miles de cámaras instaladas por todo el país y a través de la inteligencia artificial y el reconocimiento facial, mantiene a la población absolutamente identificada y, por lo tanto, atemorizada.

Mientras, Hong Kong es el centro financiero y portuario más grande del mundo, y su población es consciente de que disfruta del gran beneficio de un sistema democrático donde las protestas libres son lo que distingue a Hong Kong de China. Y tomando las palabras de Law, el legislador que fue obligado a quedarse sin su escaño: “Una victoria al gobierno opresor de Beijing, es una victoria al autoritarismo en todas partes del mundo”. (Foto: Andri Yudatama)

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