¿Ha sido diligente China en el manejo de la crisis del coronavirus? Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Aunque es pronto para tener certeza de ello, lo que sabemos hasta ahora es que no hay indicios de total transparencia. El primer caso del virus fue reportado por la prensa china el 8 de diciembre. Pero no fue hasta el 31 de este mes que el gobierno chino anunció oficialmente la aparición del virus. Mientras tanto, las redes sociales en China se llenaban de preguntas, preocupación y hasta afirmaciones de quienes aseguraron que habían perdido miembros de sus familias por una pulmonía de origen desconocido.

Se podría cuestionar la veracidad de las redes, pero el manejo de los medios en China y el que desapareciera toda la información lo hace aún más sospechoso. Aunque sepamos que es la manera en que opera el Partido Comunista Chino, no deja de generar preguntas.

También resulta curioso que los periodistas chinos dejaran de informar sobre el virus desde que el caso lo tomó el gobierno. Y todavía más se activan las alarmas cuando se rememora la historia y los casos en los que China no ha sido transparente en la cooperación y trasferencia de información con el resto del mundo. El SARS en el 2002 es sin duda el que más se recuerda debido a sus más de 800 víctimas, pero también la gripe aviar cuya última aparición fue en el 2017.

No fue hasta el 12 de enero que oficialmente se confirma la primera víctima por el coronavirus, y diez días más tarde se decreta cuarentena a la ciudad de Wuhan -capital de la provincia de Hubei (una ciudad de 11 millones de habitantes de acuerdo a Naciones Unidas) epicentro del brote del virus. Seguido por la segunda declaración de cuarentena, que sucedió sólo un día más tarde, en otras 12 ciudades más, lo que en su total equivale a la población total de España.

El cierre de lugares íconos como la Ciudad Prohibida y una parte de la gran Muralla, el parque Disney en Shanghái, junto con otros lugares turísticos en plena celebración del año nuevo chino, festividad que moviliza más personas en el mundo, añade más a la alarma. Beijing anunció también la suspensión de autobuses entre ciudades aledañas. La construcción de dos hospitales en menos de diez días, exponen el nivel de preocupación del gobierno chino.

Todas estas medidas muestran el estado de alerta en el que se encuentran las autoridades chinas. A pesar de que la Organización Mundial de la Salud en sus reuniones a finales de la semana pasada no hicieron la declaración de pandemia sino de alerta internacional, al menos de momento.

Por ahora han sido reportados casos en catorce países o regiones. China sobrepasa los 1400 casos, Hong Kong, Taiwán, Macao, Japón, Malasia, Tailandia, Singapur, Vietnam, Nepal, Corea del Sur, Nepal, Australia, Francia y Estados Unidos, según CNN internacional.

Y según el Colegio Imperial de Londres en su tercer informe del sábado pasado se estimaban que por cada infectado el riesgo de transmisión del coronavirus es de 2,6 personas. Mientras que otras investigaciones apuntan a que la transmisión estaría en 3,8. Lo cierto es que los pronósticos del riesgo de contagio son muy altos y la duda de las cifras genera mucha angustia.

Y mientras tanto el Partido Comunista Chino (PCCh) sigue esforzándose por “deificar” a Xi, al puro estilo Mao Zedong. Xi ha asumido personalmente el mando de las operaciones de contingencia del virus, aprovechando el momento de fortalecer su liderazgo en medio de la crisis.  Se valen de la oportunidad para elevar al líder en medio de un duro momento nacional, como parte de la propaganda china. Pero el hecho de que la provincia donde brota el virus ahora concentre el 53% de los casos es un mal indicio, pues significa que el virus se ha propagado a muchas otras regiones chinas y potencialmente al resto del mundo.

A pesar de los esfuerzos del PCCh, Xi Jinping está atravesando un duro momento. Primero, la paralización de la economía china como consecuencia de la guerra comercial entre Beijing y Washington, ya que el crecimiento económico se ha frenado por primera vez desde que China despegó en su desarrollo. Segundo, la situación de Hong Kong está lejos de ser controlada, las peticiones de los ciudadanos son exactamente las mismas de hace seis meses, y ni el brote del coronavirus ha parado a los manifestantes. Tercero, Taiwán reeligió a su presidenta Tsai Ing-Wen, con más votos que hace cuatro años, indicando el deseo del pueblo taiwanés de mantener su status quo. Y ahora esta epidemia, que podría convertirse en la peor crisis sanitaria china de los últimos años.

China, como superpotencia, tiene una gran responsabilidad internacional. No sólo se puede aprovechar de las instituciones para influir o conseguir apoyos. Como la segunda economía del planeta debe ser transparente y abierto a comunicarle al mundo situaciones de un potencial peligro como esta. Pero no solo debe comunicarlo, sino que debe existir la confianza entre las naciones de que la información compartida es veraz y certera.

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