Pandemia e intereses nacionales, señales de alarma

Los intereses nacionales existen y todas les estructuras e instituciones están adaptadas a esta realidad por más que aparición de instituciones supranacionales tras las II Guerra Mundial hayan creado una imagen atenuada y potenciado la ilusión de que estos intereses nacionales perdían fuerza por compromisos de solidaridad o colaboración entre naciones. Estos compromisos son, y lo seguirán siendo porque no puede ser de otra forma, acuerdos sobre la base de estos intereses nacionales.

Los intereses nacionales de cada país vienen determinados por la geografía y la economía que determinan los accesos a los recursos, la historia de cada país, la demografía y la composición de la sociedad que dibujan parámetros que se mantienen a lo largo del tiempo. Luego están los gobiernos y los regímenes que interpretan esos intereses y cómo deben ser alcanzados o defendidos. Y ahí entra la pugna de legitimidades. Cuanto más democrático y controlado es el poder más garantías existen de que esos intereses son gestionados con proporcionalidad. Lo contrario está en el origen de las guerras.

La pandemia está realzando el aumento de la cotización de esos intereses por encima de los acuerdos de convivencia y esa es mala señal. A caballo de la crisis sanitaria no debe engordarse el egoísmo nacional con el miedo, la incertidumbre y las emociones a flor de piel. Esto está en la base de la guerra comercial en el mercado de los suministros sanitarios de que hablamos en esta edición y en la que han aparecido iniciativas cercanas a la piratería institucional. Ese es otro de los grandes riesgos de la actual situación mundial.

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