Taiwán y su ejemplar manejo del COVID-19. Nieves C. Pérez Rodriguez

El centro de control de enfermedades de Taiwán, a finales de diciembre, pudo conocer a través de fuentes digitales que hubo al menos siete casos de neumonía atípica en Wuhan, sabiendo por experiencia que ese término es usado comúnmente para referirse al SARS, que es una enfermedad que se transmite de humano a humano. Razón por la que el mismo día que Beijing informaba a la OMS de un nuevo brote de una neumonía desconocida -el 31 de diciembre- Taiwán alertaba a la misma organización de la posibilidad de que esa enfermedad podría ser de la familia de los coronavirus, y por lo tanto lo probable era que se pudiera transmitir entre humanos. 

Taiwán fue el único lugar en tomar medidas incluso antes de que la OMS informara del virus. El mismo 31 de diciembre Taiwán impuso controles aeroportuarios de pasajeros provenientes de la región de Wuhan.

Posteriormente, el 12 de enero, Taiwán envío un grupo de expertos a China, a quienes se les permitió tener acceso a información, aunque con límites pero que, a pesar de ello, regresaron a Taiwán con una ida bastante clara de la gravedad del virus, y, sobre todo, convencidos del hecho de la transmisión entre humanos. Por lo que en ese momento activaron un protocolo en sus hospitales que consistió en realización de pruebas, seguimiento y control de los pacientes y registro de información de sus viajes y personas con las que han tenido contacto.

Taiwán ha sido el mejor ejemplo de manejo del COVID-19. Su primer caso fue reportado el 21 de enero, y a día de hoy sólo tienen 6 víctimas fatales y 388 casos diagnosticados en total de acuerdo a Johns Hopkins Institute, y eso a pesar de la cercanía de China continental.

Pero la respuesta de la OMS hacia Taiwán, curiosamente en vez de alabar, ha sido de denuncia. El pasado 8 de abril el director general -Tedros Adhanom- acusaba a Taiwán de orquestar ataques personales a su persona. Denunciaba que el ministro de exteriores taiwanés condenó fuertemente, y seguidamente la misma presidenta taiwanesa Tsa Ing-wen publicaba una declaración en la que citó las propias palabras previas de Adhanom de “que no se debe usar el coronavirus para ganar posiciones políticas”.

Las denuncias de la máxima autoridad de la OMS son llamativas puesto que, desde el principio de esta epidemia, Ashanom dedicó tiempo a reconocer la extraordinaria labor china de manejo del virus, en su opinión, y por lo tanto la opinión de la institución que representa.

Mientras, la comunidad científica internacional coincidía en reconocer el fenómeno manejo del COVID-19 en Taiwán, la cabeza de la OMS desviaba la atención a denuncias. Y todo esto contribuyó a la exacerbación de las dudas sobre la institución y en general el multilateralismo, en medio de la ofensiva diplomática china más agresiva que se ha visto, cristalizada en la ruta sanitaria de la seda, la activa presencia de sus diplomáticos en medios y una campaña de acercamiento a sus ciudadanos en el exterior a través de sus embajadas.

Y en respuesta a esta ofensiva la embajada estadounidense en Taiwán prometía más cooperación con la isla por los años venideros el pasado 10 de abril, a pesar de que técnicamente las relaciones entre ambos no pueden ser de tipo diplomático, porque esas deberían estar reservadas entre Washington y Beijing. Sin embargo, existe el “Acta de las relaciones con Taiwán de 1979 que ha permitido intercambios sobre todo de carácter económico entre ambos. Esta ley se creó en el momento en que Washington reconoció diplomáticamente a Beijing. Pero durante la Administración Trump ha sido un recurso para potenciar más intercambios y mayor acercamiento con Taiwán. En el Congreso estadounidense hay un grupo que activamente han venido haciendo campaña para permitir relaciones más amplias con Taiwán. Muy a pesar de las protestas de China, todo parece indicar que la estrategia de la Administración Trump es continuar su acercamiento con Taiwán, más allá de la venta de armas. O del “Acta de viajes a Taiwán” que consiste en permitir viajes entre oficiales de ambos gobiernos. La labor de Taipei con esta pandemia pone en evidencia su valor para Estados Unidos e incluso Europa, además de su estratégica posición en el Pacífico.

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