THE ASIAN DOOR: ¿Ruta de la Seda de la Salud o nuevo orden geopolítico?

La crisis sanitaria ha generado un efecto tsunami de la pandemia que se ha extendido a nivel global. Como resultado del ritmo de propagación, China ha entrado en una fase de mayor estabilización mientras el resto de países multiplican sus esfuerzos para contener la transmisión del COVID-19. La falta de material sanitario y aparatos específicos para el tratamiento es una cuestión generalizada que comparten todos los países y China, como fábrica del mundo, es el origen de una parte importante de la producción mundial.

Recuperada en parte la producción industrial en China, el gigante asiático ha sido capaz de responder a la ingente demanda de suministros médicos. Sin embargo, la pandemia también ha supuesto para China poder desplegar su influencia a través de la ayuda ofrecida a casi un centenar de países tanto por parte gubernamental como a través de las grandes corporaciones tecnológicas. Una demostración de soft power en auge como mecanismo para convertirse en actor global en 2050 con capacidad de influir en la gobernanza mundial.

Al igual que otros países asiáticos, China ha basado la contención de la pandemia en un uso masivo de las capacidades que ofrecen las nuevas tecnologías. Sin embargo, el gigante asiático es el único que dispone de una iniciativa con capacidad de influir de forma global. De Oriente a Occidente, la nueva Ruta de la Seda se extiende desde Asia hasta Europa, pasando por África y dando el salto a América Latina como la mayor iniciativa de desarrollo de infraestructuras mundial que es una herramienta de conexión de mercados, pero también de expansión de influencia geopolítica.

En una primera fase fueron los corredores que forman la vía terrestre y la Ruta de la Seda Marítima los que dieron forman a la iniciativa, para pasar en una segunda etapa a complementarse con la Ruta de la Seda Digital. Ahora, en tiempos de pandemia, es la denominada Ruta de la Seda de la Salud la que corre paralela a las otras vertientes de la iniciativa para crear un marco global en el que se complementan la geopolítica de la tecnología con una amplia demostración de soft power. Se trata de una nueva era de la globalización, donde los mecanismos de conexión establecidos por la nueva Ruta de la Seda, en todas sus vertientes, serán una parte esencial para generar los futuros modelos de gobernanza mundial en las próximas décadas. China comienza a recuperarse de la pandemia y la actividad industrial se reanuda casi en tu totalidad. No así los flujos comerciales que todavía sufren la parálisis global que está produciendo la crisis sanitaria a medida que va afectando de forma más severa al resto de países. Italia, uno de los países más sacudidos por el COVID-19, fue el primero de los países pertenecientes al G7 en adherirse a la nueva Ruta de la Seda. Hoy recibe el apoyo de hasta tres equipos médicos chinos con el objetivo de ayudar en la contención de la crisis sanitaria y, por ende, acelerar la reanudación de la actividad comercial. Un paso más hacia la recuperación del crecimiento económico global, siendo China, como primera potencia exportadora mundial, uno de los países más interesados.

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