Un escenario incierto

La lucha contra la pandemia sigue introduciendo cada día elementos nuevos en el escenario mundial. La Unión Europea, a pesar de políticas nacionales a veces improvisadas, ha sido capaz de dotarse de instrumentos financieros que, a falta de definirse quién, cómo y con qué requisitos van a acceder a ellos los Estados miembro, han creado una red que impedirá la gran catástrofe. Esto supone un avance, relativo, pero un avance.

También supone una disminución del ya reducido margen de la UE para intentar un liderazgo que la situación internacional necesita y para el que la UE no tiene instrumentos con capacidad y voluntad. Así las cosas, China, a pesar de su responsabilidad en el inicio de la crisis sanitaria actual mantiene intacta su capacidad de influir y manejar no solo el relato sino incluso las medidas a tomar, con simpatías entre adoradores europeos de Las medidas arbitristas y autoritarias.

Y mientras tanto, Estados Unidos, poniendo de relieve su ineficacia en la gestión de la crisis, sin liderazgo interior y sin mucha voluntad, más allá de las proclamaciones propagandísticas, de ejercerlo en el exterior, facilita la ofensiva política y diplomática china para convertir la crisis en ventajas propias.

Ese fue también el intento de Rusia en una primeria fase, pero ellos están en mitad de la pandemia, no se sabe de la eficacia de sus gestores y la caída del precio del petróleo añade una incertidumbre más a los planes de Putin. En este panorama, es posible que la pandemia vaya remitiendo, lentamente y con altibajos, en las sociedades occidentales que se aprestarán a pasar a la fase de control de daños económicos con enormes contradicciones, pero ese será un mundo nuevo en el que la evolución de la crisis sanitaria en África y en América Latina puede jugar un papel clave en la recuperación y en la disputa de zonas de influencia.

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