INTERREGNUM: Kim reaparece. Fernando Delage

Después de tres semanas de ausencia pública, durante las que se extendieron los rumores sobre su posible muerte, el líder norcoreano, Kim Jong Un, reapareció el pasado 1 de mayo.  Las razones de su “desaparición” no son tan relevantes como la incertidumbre que sobre su sucesión se ha puesto de manifiesto. Una lucha por el poder como consecuencia de la muerte de Kim incluiría la disputa por el control del armamento nuclear del país, con el consiguiente riesgo de una intervención militar de China, de Estados Unidos o de Corea del Sur.  La implosión del régimen podría provocar asimismo el choque entre distintas facciones y un flujo masivo de refugiados, poniendo a prueba la estabilidad de la región.

Sin que pueda descartarse, en efecto, un escenario de pugna por el poder, no pocos medios han fijado su atención en la hermana de Kim, Kim Yo Jong, como posible sucesora (quizá como “regente” hasta que un hijo de Kim cumpla la edad suficiente para sustituirle). Es, aparentemente, su asesora más cercana, le ha acompañado en sus viajes al exterior, y ha adquirido un mayor perfil en el partido gobernante. Entre los demás miembros de la familia, el hermano mayor del actual líder, Kim Jong Chol, no fue elegido en su momento para sustituir a su padre, Kim Jong-il, y no parece que esté en la lista de potenciales candidatos.

La “ausencia” de Kim Jong Un se produjo tras un periodo de notable actividad por parte norcoreana. En marzo hubo hasta nueve lanzamientos de misiles, seguidos por otros dos en abril, en vísperas de las elecciones legislativas en Corea del Sur y del cumpleaños del fundador de la república Kim Il Sung (conmemoración a la que su nieto no asistió, desencadenando los rumores sobre su estado de salud). Dada la opacidad del país, resulta difícil conocer las causas de estas nuevas provocaciones mientras el resto del planeta afronta los efectos de la crisis del coronavirus (del que oficialmente no ha habido ni un solo caso en Corea del Norte). Parece evidente en cualquier caso que, pese a las sanciones impuestas y el cierre de fronteras, Pyongyang continúa desarrollando sus capacidades nucleares.

Tampoco ha servido la pandemia para reanudar el diálogo diplomático. Tanto en el supuesto de una lucha por el poder como en el de un colapso interno, el episodio ha hecho evidente la necesidad de la coordinación internacional para hacer frente a una potencial crisis humanitaria, asegurar el control del arsenal nuclear norcoreano, o evitar las circunstancias que puedan conducir a un conflicto armado en la península. Esa colaboración no parece primar, sin embargo, sobre la búsqueda de ventajas geopolíticas individuales. La administración Trump insiste en mantener, o incluso reforzar, las sanciones a Pyongyang, mientras urge a adoptar medidas de protección frente a posibles amenazas de ciberataques desde Corea del Norte. China y Rusia defienden, por el contrario, una relajación de las sanciones. La cooperación de Estados Unidos con Corea del Sur se ha complicado por otra parte tras fracasar, a principios de abril, las negociaciones sobre el reparto de cargas financieras relacionadas con la presencia militar norteamericana en el país. Esta falta de coordinación entre Washington, Pekín y Seúl no hace sino aumentar la incertidumbre sobre las posibles consecuencias de la mala salud de Kim Jong Un.

Es previsible que, durante los próximos meses, Corea del Norte mantenga sus provocaciones, especialmente de cara a la celebración, en octubre, del 75 aniversario de la fundación de la república. Cabe dudar asimismo de que Kim quiera retomar las negociaciones con Washington antes de las elecciones norteamericanas de noviembre. Es más, la estabilidad que necesita Trump para su reelección ofrece al líder norcoreano la ocasión para exigirle concesiones.

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