Irán y Siria, cambios en el escenario

Irán no pasa por un buen momento, a pesar de su continua propaganda, y sus planes y actuación en Siria está cambiando, y no por voluntad sido obligado por las circunstancias.

Hasta hace dos meses, Teherán estaba en pleno despliegue de su estrategia de consolidación de su poder y su influencia para imponer su presencia como potencia regional. Basándose en las poblaciones chiitas en la región y la alianza con Rusia para sostener el régimen de Al Asad en Siria, con creciente presencia en Líbano a través de Hizbullah y en Yemen, y haciendo crecer su presencia indirecta en los territorios palestinos a través fundamentalmente de la Jihad Islámica (sunnitas pero necesitados de recursos y apoyos) la sombra de Irán se extendía como una mancha provocando dolores de cabeza en Arabia Saudi y Egipto, además de en Washington y Jerusalén.

Así, bajo la dirección del general Qassem Soleimani se consolidaban las alianzas, se establecían bases cercanas a las fronteras de Israel y se negociaba con ese poder sobre la mesa.

Pero la muerte de Soleimani en un ataque estadounidense cambió el escenario. La coordinación entre las unidades iraníes sobre el terreno sirio se ha debilitado, los continuos ataques aéreos israelíes sobre posiciones iraníes y de Hizbullah ha causado numerosas bajas de oficiales iraníes y Rusia no está dispuesta a apoyar presiones sobre las fronteras de Israel. Y a todo esto hay que sumar el frente interno, es decir, extensión de la Covid 19, crisis económica y protestas crecientes aplastadas por la policía.

Resultado: Irán ha comenzado a replegar fuerzas hacia su territorio, retrocede en Yemén y planea reforzar sus actuaciones indirectas, es decir, terroristas en sus acciones exteriores.

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