Qué significa el cambio de estatus para Hong Kong (II). Nieves C. Pérez Rodríguez

Hong Kong atraviesa uno de los momentos más duros de su historia. Hace justamente un año que el pueblo salía a las calles a protestar en contra de la ley de extradición. Protestas que han permanecido activas durante doce meses sin parar a pesar del alto costo para la economía y sus propios ciudadanos. Los hongkoneses intuían que tenían que seguir en las calles para demostrarle al mundo su rechazo a la injerencia china en su sistema jurídico y por tanto en su territorio, a pesar de estar bajo la fórmula “un país, dos sistemas”.

Ahora la situación es bastante más compleja que hace un año debido a la aprobación de la ley de seguridad nacional china, que según los analistas amenaza las libertades civiles y políticas fundamentales en Hong Kong. Y que pone en las manos del Partido Comunista chino el futuro de este territorio que conoció democracia en su mayor florecimiento.

Para entender lo que significa para Hong Kong el nuevo estatus, incluido el posible revocamiento del estatus económico especial que le concedió Washington en los años 90, 4Asia conversó con Greg Knowler, editor en Europa de “Journal of Commerce”, revista especializada en comercio e intercambios internacionales.

Knowler tiene una larga trayectoria cubriendo transporte y logística en Europa y Asia Pacífico. Trabajó durante diecisiete años en Hong Kong y conoce profundamente la actividad económica de la isla. A continuación, lo que nos dijo:

“La razón por la cual Hong Kong evolucionó y se convirtió en un centro financiero y comercial es precisamente por su estatus de libre mercado, con un poder judicial independiente, un estado de derecho, supervisión regulatoria y bajos impuestos y libertad de expresión.

En cuanto al trasporte y la logística, debido a que Hong Kong no es parte de la China continental -por su ubicación geográfica- depende totalmente del movimiento transfronterizo de carga tanto del puerto como del aeropuerto, desde donde sale la carga que se transborda a los mercados extranjeros.

Si se perdiese la autonomía, el estado especial de la zona se vería amenazado, pero mis contactos en Hong Kong insisten en que la economía hongkonesa y la china están intrínsecamente unidas y mutuamente dependientes. Por lo que no creen que Beijing tenga interés alguno en cambiar esa realidad.

En cuanto a la amenaza de Washington de acabar con el estatus económico preferencial, sospecho que es sólo una amenaza, sólo una retórica mal dirigida que terminará perjudicando negocios estadounidenses en Hong Kong. Dicho esto, no se debe subestimar la intolerancia del Partido Comunista chino a la disidencia, y la frustración de no haber podido acabar con las protestas en Hong Kong.

La fuerza policial de Hong Kong pasó de ser un cuerpo de seguridad querido y respetado por la sociedad civil, a ser visto como la extensión del poder de Beijing en territorio hongkonés. Y la imposición de la ley de seguridad nacional les dará aún más autoridad.

Pero al final, lo que debería mantener aislado y a salvo a Hong Kong de los elementos destructivos del gobierno del Partido Comunista Chino es, precisamente, su papel como centro financiero y de intercambios comerciales. China no puede permitirse acabar con eso”.

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