Biden ensaya sus primeros pasos

El futuro presidente de los Estados Unidos, Joseph R. Biden, ha comenzado a mover piezas. Personajes de su entorno y asesores de los que serán los integrantes de su primer gobierno han iniciados contactos de aproximación con autoridades chinas por un lado e iraníes por otro, para elaborar una estrategia con la que enfrentarse a los dos principales retos de su política exterior.

En el caso chino, como se ha explicado desde estas páginas, el diagnóstico de situación del equipo de Biden no difiere del de la Administración Trump: China juega en el mundo comercial con las ventajas de un sistema totalitario  que actúa como una gran empresa dirigida por los dirigentes del PC chino. Pero Biden va a tratar de enfrentarse a Pekín con formas más suaves y con una estrategia dura pero más discreta y tratando de conseguir una mayor coordinación cn sus aliados, fundamentalmente como los asiáticos del Indo-Pacífico. Esto tiene algunas dificultades porque las formas de Trump han abierto brechas con algunos de ellos.

El caso de Irán tiene más aristas. Por una parte, las relaciones con Teheran y el rol iraní en la región tiene casi tanta influencia hacia el este iraní: Afganistán, Pakistán e India, sobre todo tras el acuerdo del régimen de los ayatollah con China, como hacia el oeste: Siria, Israel, Líbano y el mediterráneo oriental. Europa, junto a países musulmanes menos moderados, presiona para volver al escenario Obama y a un acuerdo en el que Irán se comprometía a frenar su rearme nuclear durante diez años pero no garantizaba inspecciones. A la vez, países árabes aliados tradicionales de EEUU, como Araba Saudí, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos  (precisamente los que están en un proceso de reconocimiento y colaboración con Israel) presionan, junto al gobierno de Jerusalén, por mantener las sanciones contra Irán y no recuperar el acuerdo con Teherán hasta obtener más garantías. Además, Irán prevé celebrar elecciones en 2021 y las relaciones que se establezcan con Estados Unidos o la evolución de los enfrentamientos militares, indirectos por el momento, con Israel, serán armas electorales (en unos comicios muy controlados) tanto para los duros del régimen como para los que quieren mejorar relaciones con Occidente, por razones económicas y de imagen, ya que en la sociedad iraní crecer la crisis y el descontento.

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