El Departamento de Estado: ¿la clave del retorno de América? Nieves C. Pérez Rodríguez

La nueva Administración Biden, en su segunda semana, hacía una visita al Departamento de Estado, una de las instituciones más golpeadas por la era Trump. El cuerpo diplomático se sintió dejado a un lado por la anterior Administración y el mismo Pompeo fue un personaje con poca aceptación interna entre los funcionarios de carrera. Al mismo tiempo, Trump ha sido el presidente que envió el menor número de diplomáticos de carrera al exterior en la historia moderna de los Estados Unidos y, además de eso, hubo una huida considerable de oficiales diplomáticos de alto rango durante los últimos cuatro años; de acuerdo con la Asociación Americana del Servicio Exterior, más del 13% de estos experimentados oficiales de carrera abandonaron el servicio.

La visita de Biden, en compañía de su vicepresidenta Kamala Harris, demostraba lo importante que es para su agenda el Departamento de Estado y el rol que esta institución tendrá en su mandato.  De acuerdo con las palabras del propio Biden: “América está de regreso, la Diplomacia está de vuelta”, decía aprovechando la oportunidad para decirle al mundo que Estados Unidos volverá a los foros internacionales y recuperará los espacios abandonados. Y a nivel doméstico reafirmaba al cuerpo diplomático su compromiso con quienes han trabajado por la promoción de los valores estadounidenses en el exterior y quienes han representado a Washington por el mundo.

Con la visita, Biden rompía la distancia que mantuvo la Casa Blanca con la institución, que sólo recibió la visita de Trump una vez durante toda su legislatura. Y además usó el escenario para mencionar alguna de las que serán las líneas estratégicas de su política exterior que, tal y como hemos descrito en esta columna, no rompe con la política exterior de Trump sino con las formas trumpistas.

En su corta alocución, que hay decir que fue bastante general, afirmó que “Estados Unidos enfrentará los abusos económicos de Beijing, contrarrestará su acción agresiva y coercitiva para hacer frente al ataque de China a los derechos humanos, la propiedad intelectual y la gobernanza global”.

Con un Secretario de Estado como Antony Blinken, que cuenta con entrenamiento político y experiencia diplomática en el terreno y un gran corazón europeísta, el multilateralismo y el internacionalismo de Estados Unidos está garantizado.

En cuanto a Naciones Unidas, la nominada por Biden como embajadora ante la ONU, Linda Thomas Greenfield, es una veterana diplomática que se retiró del Departamento de Estado en la época en que Rex Tillerson fue Secretario de Estado, a pesar de contar con una prominente carrera como diplomática valorada muy positivamente hasta ese momento por demócratas y republicanos. Sin embargo, en su audiencia de confirmación en el congreso, un grupo de senadores republicanos manifestaron su inquietud sobre la nominación basados en que la embajadora Thomas Greenfield había dado una conferencia en 2019 en la Universidad estatal de Savannah sobre el rol de China en África, en la que fue muy complaciente con los comportamientos e irregulares prácticas chinas.

Varios senadores la interpelaron fuertemente por esa intervención mientras le recordaban que su discurso fue pagado por el Instituto Confucio que estuvo operando en esa universidad durante seis años hasta su cierre en julio de 2020. Aunque ella expresó su arrepentimiento por haberlo hecho, insistió en no saber que el Instituto Confucio estaba de por medio. 

En cuanto al Consejo de Seguridad Nacional, Jake Sullivan ha sido nombrado asesor de la Administración de Biden. Sullivan trabajó en la era de Hillary Clinton en el Departamento de Estado y es respetado por sus conocimientos sobre Asia. Y al equipo de Sullivan todo apunta que se le unirá Kurt Campbell, otro veterano en la materia que ha publicado libros y ensayos explicando la compleja situación entre Estados Unidos y China. En el 2019 ambos publicaron un ensayo juntos en Foreing Affairs cuyo título era “competencia sin catástrofe con China” en el que señalaban que la Administración Trump había acertado en identificar a China como un competidor, pero aseveraban que esa competencia debe librarse con humildad y vigilancia con el objetivo final de convivir con China en vez de pretender cambiarlos.

En otra publicación más reciente de Campbell, en conjunto con el director del área china del Instituto Brookings, planteaba que Estados Unidos podría mantener el orden internacional en Asia si restauraba el equilibrio de poder con China reforzando alianzas para rechazar las acciones agresivas de Beijing.

De momento, todo parece apuntar que en la nueva Administración estadounidense prevalecerá el pragmatismo y la estrategia. Aunque la primera polémica que ha surgido es precisamente relacionada con los nombramientos que han ido anunciando, que en el caso especifico del Departamento de Estado parecen estar priorizando a aquellos que trabajaron en la campaña de Biden por encima de los funcionarios de carrera. A pesar de que muchos de ellos hayan sido diplomáticos previamente, lo cierto es que ahora mismo son figuras políticas que están asumiendo posiciones tradicionalmente ofrecidas a los altos rangos en el servicio, lo que ha generado incomodidad en estos primeros días.

Mientras el Departamento de Estado retomó la práctica de las ruedas de prensa diarias que fueron eliminadas durante la era Trump, intentando restablecer normalidad y cercanía a la prensa,  el secretario de Estado ha pasado la mayor parte de su tiempo recibiendo y haciendo llamadas a líderes en todos partes del mundo, con el propósito de dejar por sentado que efectivamente la cotidianidad ha regresado y quizá el ímpetu estadounidense de liderazgo esté reapareciendo.

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