China sigue consolidando posiciones en Oriente Próximo

En su larga, y minuciosa, marcha para hacer realidad la nueva Ruta de la Seda hasta las puertas de Europa y fortalecer los intereses y los nuevos espacios de influencia, China no deja ningún resquicio en el que pueda tener presencia. Y uno de estos espacios es Turquía, en el extremo occidental de la ruta, en una posición estratégica activa en los conflictos regionales y que, además, acoge a miles de exiliados uigures, la minoría islámica de China, perseguida y humillada, como hemos denunciado desde este espacio. Los uigures, cuya lengua, etnia, cultura y religión tiene estrecho lazos con Turquía los pueblos de Asia Central, han visto a Turquía como referente en la última década.

Pero ahí están los intereses chinos y los turcos. Un tratado de extradición entre China y Turquía, firmado años atrás, fue ratificado en diciembre pasado por Pekín, lo que preocupa ahora a los uigures en Estambul. China viene insistiendo ante las autoridades de Ankara en que sus medidas  internas son contra el terrorismo islamista y reclama la entrega de líderes de la posición uigur exiliados en Turquía. Si el Parlamento turco también lo rubrica, Ankara podría extraditar o repatriar a activistas uigures reclamados por China.

 Hasta ahora, el discurso oficial del gobierno islamista turco que preside Recep Tayyip Erdogan ha sido de “solidaridad con los hermanos uigures”, pero el tono ha cambiado. Turquía, distanciada de Estados Unidos y la Unión Europea, con una relación complicada con Rusia con la que discrepa respecto a Siria y Libia (en ambos países hay tropas turcas), enredada en la crisis de Yemen donde quiere apadrinar una solución aliada con los suníes más ligados a Qatar que a Arabia Saudí y con problemas económicos, ve con alivio la posibilidad de inversiones chinas y apoyo de esta potencia. Esa es la rendija por la que China está filtrando influencia en una estrategia de largo alcance e infinita paciencia.

Pekín no descuida nada. Mantiene relaciones con Irán, país del que necesita petróleo, quiere gestionar puertos en Israel, en el que quiere hacer importantes inversiones, tiene ya una base en Somalia y riega de dinero la zona sin descuidar Arabia Saudí, que no pasa su mejor momento en sus relaciones en Estados Unidos. En este mapa complicado, endemoniado y explosivo, el pragmatismo chino para inmune a todo lo que no sean resultados favorables a los intereses chinos a medio y largo plazo al margen de quienes gobiernen y con qué instrumentos o instituciones.

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